¿Hacia donde va América Latina?

Por: Nicolás Liendo*

Noviembre 2019

Este nuevo número que honrosamente se me ha invitado a coordinar de la revista Foro Cubano, y en el cual estoy agradecidos a los destacados académicos y expertos de la política regional que contribuyen con sus análisis, busca darle pistas al lector interesado en Cuba y la región Latinoamericana de los grandes interrogantes que se despiertan luego de un nuevo largo ciclo electoral, y sus ramificaciones posteriores. Por primera vez en mucho tiempo, los resultados electorales parecen no estar marcando un rumbo uniforme en la región, es decir, ni se terminó de dar un giro completo a la derecha ni hubo un retorno a la izquierda de inicios del siglo XXI. Adicionalmente, algunos países se han visto sacudidos por protestas callejeras de grandes proporciones y extensa duración, que en algunos casos ya fueron solucionadas (Ecuador, Bolivia), y en otros aún perduran (Colombia y Chile). En todo caso, la democracia en América Latina y su calidad siguen en debate.

 

El 2019 entra en su recta final, luego de seis procesos eleccionarios. En El Salvador, luego de décadas del dominio de los dos partidos tradicionales ARENA y FMLN, Nayib Bukele obtiene una victoria holgada para llegar a la presidencia montado en un discurso populista y en un partido de dudosa reputación. Su carisma y estrategia de contacto directo usando las redes sociales le permitieron conectar con una base descontenta de jóvenes votantes no alcanzados por los escasos frutos del magro crecimiento económico y estabilidad institucional. Con la seguridad en el centro de la escena durante la campaña, Bukele impuso su estilo derrotando las maquinarias tradicionales.   

 

En Guatemala, de la mano de Giammatei la derecha vuelve a retener la presidencia, pero con escasa legitimidad y sospechas de corrupción. La disolución de la CIGIC, que estaba destapando escándalos sistémicos de corrupción y determinando sus actores, es una mala noticia que aleja aún más a la ciudadanía y sus cuantiosas e imperiosas demandas desatendidas, de la clase política, que aunque compite en las elecciones, parece convivir cómodamente en los negocios y la rotación en el poder. El texto del Prof. Omar Sánchez de la Universidad de Texas State recoge esta situación, relata como fue el proceso de eliminación de las candidaturas de 3 importantes candidatos y encuentra que la elección de Giammatei representa continuismo y un panorama de escasa gobernabilidad.

 

Las elecciones en Panamá determinaron el regreso al poder del PRD, con Laurentino Cortizo en el ticket presidencial. La centro-izquierda retoma el mando luego de más de una década de gobiernos de centro-derecha. La corrupción infiltrada por Odebrecht y la necesidad de una mejor repartición de los beneficios económicos del crecimiento de los últimos años, fueron los ejes centrales de la campaña.

 

En el segundo semestre cinco procesos electorales avivaron la competencia por el poder en América Latina. En Cuba, luego de la entrada en vigor de la nueva constitución, Miguel Díaz Canel fue reelegido como Presidente pero de manera indirecta -sin participación del pueblo-. Sin embargo, la Carta Magna modificó las antiguas funciones de este puesto, pero mantuvo innegociable la democracia de partido único. En conclusión, tal y como los profesores Angel y Chaguaceda habían manifestado aquí, a pesar de los cambios constitucionales, donde se introducen los derechos humanos y algunas otras provisiones sociales, sería un error interpretar el nuevo contexto post-castro como un avance, sino más bien como otra oportunidad malograda de aliviar el totalitarismo vigente en América Latina.

 

En Bolivia, el régimen autoritario competitivo que Evo Morales venía desarrollando fue puesto a prueba en las elecciones de Octubre contra un ex presidente como Carlos Mesa. Aún desconociendo su propia constitución reformada a su antojo, y de la rotunda derrota en el referendo de 2018, Evo se presentó a una re-re-reelección con el aval de su Corte amiga. En este número especial de Foro Cubano contamos con dos análisis detallados del caso boliviano. Eric Cícero Landívar nos cuenta cómo se gestó el fraude electoral de Evo, y Julio Ascarrunz presenta un estudio de cómo se fue deteriorando la democracia en Bolivia y siembra esperanza sobre el proceso posterior a la renuncia de Evo y la llegada de Añez.

 

En Argentina, el peronismo retorna unido a la Casa Rosada luego del interregno Macrista. Tal como explica magistralmente el Profesor de ITAM Adrían Lucardi, la fórmula de Alberto Fernández y la ex presidenta Cristina Kirchner derrotan claramente en primera vuelta al presidente Mauricio Macri y el senador peronista díscolo Pichetto por dos razones principales: primero, la crisis económica, pero sobretodo su pobre manejo de las crisis, los magros resultados de gestión, y segundo, la poca capacidad de Macri para desunir al peronismo y unir al bloque antiperonista. Adicionalmente, es menester destacar que Macri pasa a formar parte de la escueta lista de presidentes en ejercicio de América Latina que cuando intentan ser reelegidos desde el poder no lo consiguen.

 

En Uruguay, ocurre lo inverso a Argentina, es la derecha la que regresa al poder luego de quince años y tres gestiones frenteamplistas. Con un 90% de participación electoral, Luis Lacalle Pou del Partido Nacional (Blancos) logró superar por un estrecho margen de 0,4% en la segunda vuelta al candidato oficialista de izquierda Daniel Martínez, gracias a una amplia alianza con otros partidos de derecha. El triunfo de Lacalle, hijo de un ex presidente, se explica en parte, por el agotamiento y desgaste del modelo de país de la izquierda, la incapacidad de dar un salto de calidad en la promoción del crecimiento económico, y la complicidad en la política exterior de los últimos seis años con el régimen de Maduro, a pesar de que Almagro -actual Secretario General de la OEA- fue canciller de Uruguay y ha emprendido una cruzada continental para acabar con la usurpación del poder y devolver la democracia y la libertad a Venezuela.

 

Para terminar con los países que tuvieron elecciones en América Latina, en Colombia tuvieron lugar -las siempre importantes- elecciones regionales. Allí se destacaron dos tendencias centrales: en primer lugar, los candidatos de nuevos movimientos y de centro tuvieron éxito en las principales elecciones locales del país, dando un cierto aire renovador a las alcaldías principales y más mediáticas; pero segundo, los partidos tradicionales -Partido Conservador y Partido Liberal- continúan siendo actores preponderantes en el poder regional formando parte de coaliciones que resultaron victoriosas a 6 y 7 gobernadores respectivamente, y a más de 400 alcaldes locales sumados de los 1100 en competencia. Para ampliar el detalle de otros dos aspectos cruciales de esta mega jornada electoral colombiana, recomiendo leer el trabajo de Fredy Barrero, experto en temas electorales, quien también da cuenta de lo ocurrido con los Grupos Significativos de Ciudadanos y Nuevos movimientos políticos, así como con las tendencias de participación electoral y su impacto democrático.

 

Pero este número no solo se quedó en lo acaecido en las elecciones, ya que la democracia va más allá de los instrumentos competitivos que deciden quien gana y quién pierde cada cierto tiempo legalmente establecido. Así, este número de Foro Cubano también explora los nuevos lineamientos de política exterior de los gigantes latinoamericanos Brasil y México con dos artículos de Fernanda Nanci y Víctor Alarcón Olguín respectivamente; las causas de la ola de protestas en Chile son desmenuzadas por Rossana Castiglioni; mientras que Carlos Meléndez examina en detalle los malabarismos para sostener (y al mismo tiempo forzar) la institucionalidad democrática en Perú; así como Alejandro Cardozo indaga el rol de Juan Guaidó y otras posibles causas de la letanía, pero continuidad al fin, de la dictadura Venezolana. Cierra este número con una entrevista con Aníbal Pérez Linán, el científico político latinoamericano más agudo de toda una generación de comparativistas que estamos, -modestamente me incluyo- preocupados e interesados, por analizar rigurosamente la consolidación y la calidad de la democracia en la región. Aníbal atribuye más a factores internos que externos las movilizaciones sociales e indica que en cada país esos orígenes corresponden a temas variados, aunque por detrás haya un cierto agotamiento con la promesa de bienestar incumplida de la democracia y de sus actores. Adicionalmente, es escéptico de la capacidad de Cuba de ser los creadores de las movilizaciones -tal como algunos argumentan-, más allá de cierta influencia puntual.

 

En mi opinión, América Latina atravesará en los dos próximos años momentos decisivos para la próxima década, debido a la crisis políticas e institucionales, al contexto nebuloso económico global, y a la enorme deuda social para con su población que luego de 40 años de democracia no ha podido solucionar.  En mi impresión la heterogeneidad ideológica regional de los próximos años puede ser una oportunidad para retornar a un diálogo interestatal menos exclusivo y más horizontal y generoso que permita fortalecer mecanismos sinceros -pero con dientes- de aplicación de los principios de la Carta Democrática, así como relanzar la institucionalidad de la OEA. La democracia con unos mínimos de institucionalidad es un principio innegociable para la paz y el desarrollo armónico en la región.

 

Conjuntamente, en los últimos años, a pesar de las simpatías políticas entre presidentes de turno, los procesos económicos de integración regional han perdido fuerza y efectividad, para dar paso a políticas populistas y proteccionistas que supuestamente buscaban brindar autonomía al mercado nacional, pero cuando en realidad observamos que se escondía una mayor dependencia, monoexportadora a mercados como el chino, e importadora de combustibles de Venezuela como fue el proyecto del ALBA para algunos países de la región. El Mercosur, el CAN, el CARICOM, entre otros… merecen un renovado impulso que permitan potenciar la apertura de mercados complementarios regionales, y desde allí relanzar un posicionamiento estratégico de competitividad en el marco de la globalización y la cuarta revolución industrial. De esta manera, con instituciones políticas y económicas consolidadas poder avanzar simultáneamente hacia la reducción de las acuciantes desigualdades que aquejan a nuestras sociedades y la violencia e inseguridad cotidiana.

 

[*] Decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda. Director Ejecutivo del Programa Cuba.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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