Fraude electoral en Bolivia: El antes, durante y después.

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Por: Eric Cícero Landívar Mosiño [1]

Noviembre 2019

ANTES

Para hablar del fraude electoral acontecido en Bolivia en las pasadas elecciones presidenciales del 20 de octubre del 2019, no basta observar solamente este proceso electoral, sino retroceder varios años atrás, hasta el año 2005. Ese año, Evo Morales ganó por primera vez una elección y se hizo del gobierno nacional. Fue el primer presidente que, luego de la recuperación de la democracia y el fin de las dictaduras militares, ganó en primera vuelta con un porcentaje mayor al 50% (53.74% para ser exactos).

La Constitución bajo la cual fue electo, no establecía la reelección inmediata. Quien deseara ser reelecto, debía serlo luego de un periodo o mandato constitucional. Esta resultó ser la razón principal por la que en 2008 Evo Morales decidió llevar a cabo una reforma integral de la Constitución, en un proceso bastante tortuoso y conflictivo para el país.

Para destrabar este conflicto, fue necesaria la mediación de organismos y gobiernos extranjeros, y como resultado de esto Evo Morales anunció públicamente haber renunciado a una segunda reelección para el 2014; puesto que, si bien en el nuevo texto constitucional se garantizaba la reelección inmediata sólo por una vez, existía el antecedente del aliado principal de Morales, Hugo Chávez, quien se había valido de artimañas para perpetuarse en el poder en su país Venezuela.

De esa manera, Evo Morales resultó ser reelecto por primera vez el año 2009, en el marco de la nueva Constitución Política del Estado, pero luego sucedió lo que se temía. Cerca de aproximarse las elecciones del 2014, el partido oficialista del Movimiento Al Socialismo (MAS), que gozaba de mayoría calificada en el parlamento, en complicidad con el Tribunal Constitucional, que para ese entonces ya estaba completamente cooptado y subordinado al ejecutivo nacional, habilitaron de manera indebida a Evo Morales, bajo el argumento de que su primer periodo (2005-2009) no podía computarse como su primer mandato, puesto que fue electo con una Constitución diferente a las del 2009. Por tanto, en base a esta nueva Constitución, su primer mandato sería el del 2009 al 2014.

De nada sirvió refrescarle la memoria al señor Morales sobre sus declaraciones públicas mediante las cuales se comprometía a no buscar de manera forzada una nueva reelección. Es más, no satisfecho con haber sido reelecto de manera indebida el año 2014, el 2016 (poco más de un año de su segunda reelección) promovió una reforma a la Constitución que él mismo había impulsado, para que la reelección inmediata no sea sólo por una vez sino dos. Es decir, trataba de asegurar su tercera reelección para el año 2019.

La mayoría del pueblo boliviano, decidió rechazar dicha reforma constitucional y votó por el NO a una nueva reelección de Evo Morales. Sin embargo, Morales en una actitud completamente antidemocrática y en su afán de permanecer a cualquier costo en el poder, decidió desconocer los resultados y su partido estableció cuatro mecanismos para garantizar su reelección el 2019; al final, optaron por la fórmula utilizada por Daniel Ortega en Nicaragua, y acudieron nuevamente a sus cómplices en el Tribunal Constitucional, para que declaren la reelección indefinida como un derecho humano. De esta manera, no sólo contradecían la voluntad soberana del pueblo boliviano que se manifestó de manera democrática contra la reelección, sino que habilitaban a Morales para que pueda ser reelecto cuantas veces quiera.

Así fue como se llegó al proceso electoral del 2019, con una candidatura impuesta ilegalmente por segunda vez, pero lo más lamentable, por encima de la expresión democrática de los bolivianos que votaron No a otra reelección.

DURANTE

En las elecciones del 2009 y el 2014, ya existieron muchas denuncias sobre fraude electoral. Sin embargo, en estas elecciones la preferencia electoral de Evo Morales era altamente mayoritaria, superando el 60% de la votación; por tanto el fraude realizado no buscaba asegurar su victoria, sino garantizar el control del poder legislativo, obteniendo una mayoría calificada, lo cual era necesario para consolidar su estrategia de cooptar y someter a las diferentes instituciones del Estado y resquebrajar la independencia de poderes.

Esto fue diferente en las elecciones del 2019, puesto que debido a los constantes atropellos cometidos, la preferencia electoral de Evo Morales se desmoronó estrepitosamente, a tal extremo que por primera vez desde el 2005, no logró superar el 50% de la votación. No obstante, tal vez previendo esta situación, en la constitución aprobada el año 2009, se estableció que para ganar en primera vuelta, ya no era necesario únicamente superar la mayoría absoluta de los votos, sino que se estableció una fórmula en la que se declara ganador a quien supere el 40% de los votos y tenga una distancia de 10% con el segundo lugar.

De esa manera, en los primeros datos presentados a las 20:00 horas del día de la votación, el 20 de octubre del 2019, los resultados reflejaban que Evo Morales había logrado superar el 40% de los votos; sin embargo, no lograba la diferencia de 10% que necesitaba para ganar en primera vuelta, por tanto, la segunda vuelta era inminente. Ante esta situación y de manera inexplicable, se dejaron de reportar los resultados de la elección durante aproximadamente 22 horas. Al reanudarse la trasmisión de dichos resultados, sorpresivamente, la tendencia mostraba que Evo Morales lograba superar el 10% de diferencia que necesitaba para ganar en primera vuelta. Por su puesto que esta situación causó el repudio de la ciudadanía, en incluso Misiones de Observación Electoral como la Organización de Estados Americanos (OEA), anticiparon que era necesario de que se dé la segunda vuelta electoral, para evitar dudas sobre la transparencia de la elección y conflictos en el país.

De nada sirvieron los reclamos, tanto de la ciudadanía, las organizaciones políticas y los veedores electorales. Al final el Órgano Electoral Plurinacional dio como ganador a Evo Morales en primera vuelta, con el 47.07% sobre 36.52% que obtuvo el segundo lugar (datos oficiales al 99.85%), es decir que apenas logró superar la distancia del 10% con 0.55% de los votos.

DESPUÉS

Ante lo sucedido, hubo un total rechazo a los resultados otorgados por el Organo Electoral Plurinacional (OEP) y una completa desconfianza al trabajo realizado por los vocales que lo integraban, aún más tomando en cuenta los antecedentes que se tenían sobre decisiones que asumieron estas personas favoreciendo al oficialismo, como fue la propia habilitación de Evo Morales como candidato.

El descontento llegó a tal nivel que se realizaron una serie de protestas en los nueve departamentos del país. Estas protestas se caracterizaron por ser pacíficas y continuadas, logrando cada vez la adhesión de más grupos, sectores o simples ciudadanos.

En paralelo, el gobierno nacional aceptó que se realice una auditoría al proceso electoral por parte de la OEA para determinar si existieron irregularidades o no. La ciudadanía, no confiaba en el trabajo de la OEA debido a que su Secretario General, Luis Almagro, meses antes había realizado declaraciones manifestando su respaldo a la candidatura de Morales, lo que fue reprochado por los bolivianos pero además fue entendido como una muestra de parcialidad política.

A medida que iban creciendo las protestas ciudadanas, se fueron también modificando las exigencias. Al inicio, se pedía la realización de la segunda vuelta electoral, luego, al conocerse más detalles del fraude, se pidió un nuevo proceso electoral. Finalmente, ante la insensibilidad del gobierno nacional y su clara muestra de quedarse a cualquier costo en el poder, se exigió la renuncia de Evo Morales.

Si bien los grupos movilizados, como señalamos, desconfiaban del trabajo de la OEA, grande fue la sorpresa para todos cuando este organismo en un informe preliminar remarcó una serie de deficiencias en todo el proceso electoral, por lo cual no se podía garantizar que haya sido realizado de manera transparente y confiable, recomendando por lo tanto realizar una nueva elección.

Evo Morales trató de anticiparse a este informe, y pidió convocar a nuevas elecciones con un nuevo Tribunal Supremo Electoral, pero ya era demasiado tarde. La ciudadanía estaba al límite (recordemos que el descontento venía acumulado sobre todo desde el año 2016, por el desconocimiento a los resultados del referendo), y no aceptaría otra cosa más que su renuncia al cargo. Y así fue como el domingo 10 de noviembre a las 17:00 horas, Evo Morales y su vicepresidente presentaron sus renuncias, a pocos meses de cumplir 14 años en el poder.

Hoy se cuenta con un gobierno constitucional transitorio que tiene dos objetivos. El primero, pacificar el país; toda vez que existen grupos financiados por el ex presidente Morales realizando actos de terrorismo para tratar de causar zozobra y dar una apariencia de caos como consecuencia del cambio de gobierno.

La segunda tarea, que bien podría ayudar a superar la primera, es convocar a un nuevo proceso electoral libre y transparente, que permita la renovación política y democrática exigida por los bolivianos. De esa manera, nos afrontamos a superar un periodo de nuestra historia con sus luces pero demasiadas sombras. Estamos iniciando la fase del postevismo.

 

[1] Politólogo y Abogado Constitucionalista. Delegado nacional ante el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia del partido político Movimiento Democratá Social -DEMOCRATAS- .

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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