FORO CUBANO Vol 4, No. 33 – TEMA: APARATOS CULTURALES Y DE PROPAGANDA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE–

Sardianos y balleneros en la avanzada venezolana de los años sesenta

Por: Ismael Llinás Cogollo [1]
Junio 2021

Vistas

El asunto estético e ideológico motivó el surgimiento y creación de distintas agrupaciones culturales de Venezuela en los años 60. Este artículo se ocupa de diferentes grupos de vanguardia que desempeñaron un papel importante en la pugna político-ideológica del país en el contexto de la Guerra Fría

En el siglo XX los movimientos culturales hacían parte de la escena de las grandes ciudades occidentales. Muchos de ellos tenían una fuerte vinculación con la pugna ideológica que marcó esta época y podían funcionar conscientes o no como una estrategia comunicacional que buscaba imponer un tipo de narrativa a nivel mundial.

 

Durante los años sesenta, Caracas era el epicentro de las vanguardias culturales venezolanas que se manifestaban en sus calles, bares, salones de exposición, grupos de tertulias y eran el pretexto para hacer de las expresiones el catalizador de las intenciones y tensiones políticas de la época. Para ese entonces, el país apenas estaba estrenándose en la democracia, luego de medio siglo XX marcado por el predominio militar en el poder, teniendo de colofón la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Fue en este clima político donde germinaron agrupaciones culturales que, bajo motivación por una libertad política, la experimentación artística y la influencia de movimientos internacionales (el dadaísmo y surrealismo francés, el imaginario de la revolución bolchevique, los beatniks norteamericanos, entre otros) crearon la versión venezolana de las vanguardias culturales del siglo XX que hacen parte de la historia de la modernidad mundial. Del universo de estas agrupaciones, podemos destacar dos: Sardio y El Techo de la Ballena, esta última un ícono en la historia de la cultura de Venezuela y referencia del vanguardismo latinoamericano.

 

Un punto de inflexión de estos grupos era la impronta política; se puede decir que tenían dos motores que motivaban sus creaciones: el asunto estético y el tema ideológico, en donde las posiciones de izquierda es sus diferentes variaciones interpretativas, eran un común denominador. El péndulo ideológico en esta órbita se movía entre las adicciones social demócratas y el radicalismo comunista. Esa era justamente una de las razones por la cual se armaba un entramado de significaciones que se encuentran en los laberintos dejados en las líneas editoriales de los manifiestos, artículos, programas, poemas y narraciones, publicados en las revistas, periódicos, folletines y exposiciones de arte que hacían parte de las creaciones características de este tipo de movimientos culturales.

 

De Sardio a El Techo de la Ballena

 

El grupo Sardio fue el punto de llegada de lo que estaba gestándose durante los 50s en el país, pero también terminó siendo el punto de partida de lo que va a ser el devenir cultural de esta manera de asumir la actitud artística. De connotado carácter contestatario, su fundación se reconoce en 1958 cuando publicaron su primera revista y empezaron a sacar los “Testimonios” que eran unas editoriales donde dejaban por sentado su visión artística, pero sobre todo la ideológica. Se declaraban anti-burgueses (posición que siempre genera contradicciones en quien las adopta) y consideraban el arte y la literatura como un medio para generar valores y motores de cambios de fondo para la sociedad.  En Sardio participaron nombres de la literatura venezolana como Adriano González León, Guillermo Sucre, Rodolfo Izaguirre, Salvador Garmendia, Ramón Palomares, Carlos Contramaestre, Edmundo Aray, Caupolicán Ovalles, entre otros que hicieron parte de este movimiento artístico, que cuya unidad se fue diluyendo por las fricciones ideológicas que se dieron cuando una parte de la banda se declaró abiertamente en apoyo a la revolución cubana de 1959.

 

La ruptura debilitó a Sardio hasta disolverse en el mar creativo venezolano y de esas aguas emergió lo que en 1961 se llamaría El Techo de la Ballena. Una de las características que tuvo esta agrupación fue su actitud provocadora. Sabían del impacto que los medios de comunicación creaban en la sociedad y por eso diseñaban sus expresiones con el fin de trasgredir e incomodar al espectador. Sus mensajes estaban claramente enviados a la clase media y no buscaban un arte que generara placer a quien lo estaba viendo o leyendo, más bien su intención era la de violentarlo con el fin de sacarlo de la zona de confort en la que estaba acomodado en una Venezuela ya metida en los placeres que le daba los beneficios de la renta petrolera. Bien conocidos fueron las exposiciones “Homenaje a la Cursilería” de 1961 que se burlaban de los íconos religiosos, políticos y militares de la época, también el “Homenaje a la Necrofilia” en 1962, en donde hicieron una exposición con carne que, con el paso de los días, se pudrió trayendo un festín de gusanos y de olores nauseabundos. Acciones de este tipo los convertían, más que en un grupo artístico, en una guerrilla cultural de la época; incluso se venían involucrados en acciones policiales y penales. Lo cierto es que estos actos encontraban asidero en la medida en que la prensa les hacía eco y en el fondo lograban el cometido de hacerse notar en la sociedad venezolana de los años sesenta. Su labor intensa fue de tres años, desde el 61 hasta el 64, sin embargo, el grupo como tal llegó hasta 1968.

 

Existieron en esta Venezuela muchísimos más grupos de vanguardia como por ejemplo Tabla Redonda, que fue un caso de militancia política llevada a las expresiones artísticas ya que la mayoría de sus miembros eran parte del Partido Comunista o tenían afinidad con su visión ideológica, aunque la mayoría de sus participantes en realidad no hacían del arte un panfleto.

 

La ciudad y las vanguardias interactuando

 

Lo cierto es que estos grupos de vanguardia hacían parte de una forma como el mundo manifestaba las diatribas que se estaban dando entre dos visiones de mundo condicionado por la narrativa de la Guerra Fría. En el caso concreto de Venezuela, el papel que tenían los bandos a favor del modelo capitalista y los que estaban más alineados con la ilusión revolucionaria. En ese sentido, cuando se mira con lupa las acciones de estos grupos en muchos casos nos encontramos con el papel que desempeñaron al ubicarse en los diferentes bandos existentes de esta pugna política. Por ejemplo entre sardianos, balleneros y los de Tabla Redonda, existían ataques que hoy en día son parte del universo de significaciones que arrojaban los debates internos de las expresiones de los diferentes bandos de la izquierda. Visto desde una óptica actual, estas acciones vienen a ser una suerte de arsenal simbólico que cada bando iba lanzándose entre sí durante este periodo histórico.

 

Más allá de esto, lo interesante de estos movimientos es que por medio de ellos podemos ubicar los profundos trazos dejados por seres humanos que interactuaron en y con una ciudad que acababa de salir la dictadura militar de Marco Pérez Jiménez y crearon unos flujos de significaciones que se fueron creando una ciudad que fue el escenario de las expresiones realizadas en su trayectorias artísticas y culturales. Todo esto dio como resultado un tejido de significaciones que surgió del laboratorio artístico de expresiones en donde manifestaban su visión de mundo y se debatían con los grupos de diferentes adicciones políticas; de esta forma se fueron configurando los imaginarios del ciudadano de esa época.  

 

En ese sentido cabe preguntarse ¿Fueron estos grupos un producto cultural de Caracas; o, de hecho, fueron una manifestación del país portátil (de las regiones/provincias) que cada uno de sus miembros llevaba consigo a una mesa-barra de Caracas? ya que en realidad muchos de los miembros de estos grupos no eran caraqueños sino de la migración interna desde la provincia hacia la capital. ¿Cada quién llevaba su imaginario rural a un choque con la ciudad petrolera, rica y tolerante? En el marco de una Guerra Fría, de la represión, de la lucha armada, del debate internacional ¿Estos espacios culturales se convirtieron también en unas zonas de tolerancia y aceptación política-ideológica? Estos planteamientos nos abren en el siglo XXI -lejos de esas vanguardias del XX- interrogantes que serían interesantes resolverlas de cara a las polarizaciones actuales que tienen escenario también en el universo ideológico-simbólico que impacta en la cotidianidad de la sociedad, eso sí, carentes del poderío creativo que dejaron las narrativas urbanas de estas agrupaciones del siglo pasado.

 

Imagen 1. Primera edición de la revista Sardio

Imagen 1. Primera edición de la revista Sardio

Imagen proveída por el autor

 

Imagen 2. Balleneros promocionando la exposición Homenaje a la Cursilería en 1961: Rodolfo Izaguirre con la máscara, Edmundo Aray en el medio y Carlos Contramaestre.

Imagen 2. Balleneros promocionando la exposición Homenaje a la Cursilería en 1961: Rodolfo Izaguirre con la máscara, Edmundo Aray en el medio y Carlos Contramaestre.

Imagen proveída por el autor

 

[1] Comunicador Social de la Universidad Externado de Colombia especializado en investigaciones enfocadas a la historia de la cultura y los movimientos contraculturales latinoamericanos. Maestría en Historia de América en la Universidad Central de Venezuela, en esta misma casa de estudios candidato al doctorado en Historia, con una investigación sobre las vanguardias culturales venezolanas de los años sesenta.

Referencias

 

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