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Por: María Paula Infante       

Marzo 2019

La Revolución Cubana es, sin lugar a dudas, uno de los acontecimientos históricos más relevantes de América Latina en el siglo XX. La instauración de un régimen revolucionario dentro de un país tan cercano -geográfica, ideológica y económicamente- a Estados Unidos significó un reordenamiento político e ideológico en la región. Este cambio en la escena política continental provocó numerosas reacciones por parte de todo tipo de actores, incluyendo a líderes políticos e intelectuales, que dentro del contexto de la Guerra Fría se veían en la necesidad de adherirse a este proyecto político, o por el otro lado a rechazar los ideales encarnados en el mito revolucionario.

 

Es ampliamente conocido que escritores, artistas e intelectuales de prestigio mundial como Jean Paul Sartre, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, C. Wright Mills, entre otros, manifestaron su apoyo al triunfo de la Revolución, e incluso muchos viajaron a la isla e hicieron parte de iniciativas vinculadas al campo cultural. Estos aliados de la Revolución son resaltados constantemente, pero hay una parte de la historia que no se destaca tanto y es sobre las mujeres que han apoyado el régimen; las aliadas de la Revolución. Es por eso que en este artículo se busca mencionar algunas mujeres destacadas internacionalmente que han sido simpatizantes de Cuba tras la Revolución.

 

Quizás la aliada del régimen más conocida sea Simone de Beauvoir, que junto con Sartre realizaron un viaje a Cuba a inicios de 1960, momento para el cual de Beauvoir ya era una figura muy importante no solo por sus escritos y producciones teóricas, sino además por su participación en diversas luchas sociales. El propósito del viaje a la isla cumplía un objetivo personal y político, tanto Sartre como ella deseaban alejarse de la situación política francesa y la guerra con Argelia. Cuando llegaron se estaba viviendo una “luna de miel” en La Habana, la reforma agraria, la campaña de alfabetización, la reforma urbana y de servicios básicos estaban a punto de ser implementadas. En palabras de la autora francesa: "es la luna de miel de la Revolución, no hay maquinaria, no hay burocracia, sino un contacto directo entre los líderes y las personas, y una masa de esperanzas confusas. No duraría para siempre, pero fue una visión reconfortante. Por primera vez en nuestras vidas, fuimos testigos de la felicidad alcanzada por la violencia”. Esto evidencia que a pesar del panorama utópico que se vivía en la Cuba de 1960, Beauvoir tenía dudas acerca de la continuidad de ese panorama esperanzador.

 

Durante la década de 1960 y comienzos de 1970 el Estado cubano se fortaleció, adoptando muchas de las acciones centralistas implementadas por la Unión Soviética, y el papel del intelectual aliado o cubano, cambió. Como lo señala Lázaro Bacallao-Pino, la función intelectual de ciertos individuos dentro del proceso revolucionario se presenta como una cuestión de particular complejidad y conflictividad, sometida a numerosos debates y planteando unos límites que pueden llegar a interpretarse como la subordinación de la creación y lo intelectual a la Revolución.

 

A partir de este recrudecimiento de la censura a aquellos que el régimen no consideraba como “auténticamente revolucionarios”, sumado a nuevos fenómenos de interés como la Guerra de Vietnam, muchas aliadas como Susan Sontag y Simone de Beauvoir expresaron su descontento con la creciente rigidez política y cultural del régimen. Esto tuvo su punto de quiebre en 1971 cuando el poeta Heberto Padilla fue encarcelado por su colección de poemas Fuera de Juego, generando indignación por parte de muchas figuras internacionales que se mostraron críticas como Marguerite Duras o Marta Traba y que llegaron incluso a retirar totalmente su apoyo a la revolución como en el caso de Rossana Rosanda.

 

En cuanto al racismo, el régimen de Fidel hizo múltiples condenas de palabra, y se habló en varias ocasiones de la necesidad de acabar con este mal en la isla, pero en la práctica estas dinámicas persistieron y esto llevó a que varias figuras afroamericanas de izquierda como Kathleen Cleaver y Ruby Dee Davis se pronunciaran sobre el particular, mientras que otras como Alice Walker asumieron una posición incondicional de apoyo a la Revolución.

 

En suma, a pesar de que una vez se acabó la "luna de miel con la Revolución" y se fortaleció el autoritarismo del régimen dentro de todos los ámbitos, muchas amigas de la Revolución disminuyeron su apoyo o lo condicionaron, pero de todas formas el régimen siguió teniendo muchas aliadas incondicionales. Esto se puede evidenciar, por ejemplo, en la firma de un número importante de mujeres del documento titulado En defensa de Cuba, que surgió como respuesta a la resolución del Parlamento Europeo el 11 de marzo de 2010 sobre la situación de presos políticos y de conciencia en Cuba.

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