Vistas

Por:  Alejandro Bohórquez-Keeney       

Marzo 2019

Hace 60 años se dio uno de los hitos del pasado siglo XX en el hemisferio occidental, que ha logrado deslumbrar con un idealismo ciego a varias generaciones concediéndoles un balneario turístico sin culpas, a la vez que ha logrado perpetuar una de las dictaduras más duraderas de la historia: la Revolución Cubana. Así entonces, puede decirse que además de su sobrevalorada tradición musical y sus cigarros, Cuba ha logrado perfeccionar en el continente algo que le es muy suyo, los regímenes autocráticos.

En un continente plagado por dictaduras, y en un país que sólo ha conocido este tipo de régimen desde su independencia, no sorprende la longevidad de esta forma de gobierno sino el hecho que haya abrazado la doctrina marxista-leninista, ganando así el aval de la antigua Unión Soviética en su rivalidad con el hegemón regional. Todavía hoy cuando la Guerra Fría es un recuerdo, sigue siendo una piedra en el zapato, o mejor aún, un mal rezago y posible advertencia. En esa pugna geopolítica e ideológica, también es interesante ver el comportamiento de Colombia frente a este evento político, el cual podría confirmar algunos de los estereotipos que se tienen del país andino, en especial los que tienen sus propios habitantes.

Echando una mirada al mapa se pueden evidenciar las similitudes entre Cuba y Colombia, ya que ampos países hacen parte del Mare Nostrum americano, y de ahí que ninguno de los dos pueda salirse de la influencia estadounidense por más bravatas que haga; no más hay que ver al equipo olímpico cubano de béisbol y la malograda ‘pelota caliente’. Por un lado, desde la llegada de los españoles Cuba ha sido considerada la llave de las américas y es innegable el fácil acceso que se tiene al resto del continente desde la isla, y por ello ha tenido que acomodarse al bloqueo impuesto desde la crisis de los misiles mientras termina de poblar Miami. Por otro lado, si bien Colombia perdió su mayor activo estratégico con la independencia de Panamá pagada por los estadounidenses, mantiene su calidad de punto de interconexión continental, optando por el camino de menor resistencia siendo uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región.

Todo esto cobra una vital importancia durante la mencionada Guerra Fría, con un Estados Unidos recién graduado como superpotencia, era de esperarse que la Unión Soviética buscara desestabilizar su zona de influencia, particularmente en los pivotes o puntos de conexión. De ahí, que haya sido en ese periodo el único momento histórico en que esta región del mundo haya tenido importancia alguna para el acontecer global, y por eso no es descabellado pensar que esa es la razón por la cual los dirigentes de nuestros países insistan en esas retóricas ideologizadas de finales de siglo XX, tanto seguidores como detractores. Sin embargo, es de notar que Colombia no siempre estuvo tan pegada a las resoluciones estadounidenses, como bien podría esperarse.

A pesar de que el en ese entonces presidente de Colombia Alberto Lleras Camargo aprobó la Declaración de Santiago de Chile, en la que se expulsaba a Cuba de la OEA, el canciller colombiano Julio César Turbay Ayala realizó varios esfuerzos para mediar entre Estados Unidos y Cuba. Ante todo, la preocupación en ese momento era la entrada de una potencia foránea al hemisferio y por eso el otrora canciller argumentaba que esta situación debía resolverse dentro de los mecanismos y estamentos provistos por el sistema interamericano del momento, sumado a que no se tenían pruebas de que Cuba estuviese apoyando a las guerrillas colombianas; esa sorpresita vendría unos años más tarde. No obstante, estos intentos de acercamiento por parte de Colombia fueron vistos por Cuba como acciones hostiles, lo que distanció a ambos países.

Incluso con el cambio de gobierno colombiano en 1962, el país andino presentó ante la OEA una lista de requisitos para aceptar soluciones al caso cubano, los cuales no solo fueron recibidos con beneplácito por sus homólogos, sino que endurecieron algunos de estos. Con esto, se marcó la clara tendencia anticomunista de los gobiernos americanos haciendo que Cuba fuera la facilitadora de las guerras proxy en el continente, con su consabido apoyo a las emergentes guerrillas comunistas bajo el respaldo soviético, al no tener otros gobiernos que la respaldaran ideológicamente, aunque es falso suponer que todos rompieron lazos diplomáticos con la dictadura castrista. Es más, Colombia fue enfática en recalcar que fueron todos los Estados americanos los que excluyeron a Cuba, cuando ésta denunciaba ante la ONU a los Estados Unidos por actos de intervención y agresión.

Nuevamente, es interesante aquí mirar las similitudes entre los dos países hispanoamericanos, por cuanto ambos reflejan particularidades propias del resultado de la fragmentación de un antiguo imperio, y que marcan la pauta al día de hoy. Como buenos rezagos del Imperio Español, Cuba y Colombia han demostrado cierto ensimismamiento en materia de política exterior donde las afrentas se limitan a discursos grandilocuentes en foros internacionales o a intervenciones indirectas vía proxy, evitándose a toda costa cualquier confrontación directa, de pronto esperándose que las cosas se resuelvan por sí solas. Aun con las alineaciones fluctuantes en el hemisferio, que siguen las desgastadas trazas ideológicas de la Guerra Fría que tanto favorecen a Cuba al darle su única razón de ser, no existe temor a una escalada entre los dos países. De hecho, parece que ahora Cuba devuelve el favor de la mediación.

No obstante, las relaciones colombo-cubanas no siempre han estado marcadas de tensión, y siguiendo la tendencia del momento, durante la détente se hicieron varios intentos de acercamiento entre los dos países, curiosamente interrumpidos por Turbay ya presidente y convencido del apoyo a las guerrillas. Esto ha marcado otra pauta desde la Revolución, la dependencia a la percepción que tenga de Cuba el gobierno de momento en Colombia, teniendo en cuenta la consistencia y persistencia que solo puede proveer el tener al mismo gobernante absoluto por más de 50 años, teniendo éxito aquellos que se muestran bajo ese hálito de “El Mediador”. A la larga, hasta se podría decir que es un aspecto positivo al mantenerse la pasmosa calma de la región.

Así pues, hace 60 años se marcó la tendencia de dos países con importancia geoestratégica en la región más apartada del globo, y que se cubren con el estatismo de la retórica de un periodo pasado. Las acusaciones no han cesado, como tampoco los intentos de acercamiento y buenos entendimientos a los que lleva la necesidad, aun así, con el reacomodamiento global donde la rivalidad entre potencias retoma las lógicas de poder sin escondrijos ideológicos, y un presidente americano bastante díscolo, será interesante notar como es aprovechado dicho estatismo. Gracias a la Revolución, las relaciones entre Colombia y Cuba serán un más de lo mismo aprovechado en el ajedrez global.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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