FORO CUBANO Vol 5, No. 45 – TEMA: INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN CUBA –

Alimentarse en Cuba, el reto de los que no acceden a las tiendas en MLC

Por: Bertha K Guillen [1]

Junio 2022

Vistas

Las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC)  llegaron al  panorama económico cubano en el segundo semestre de 2019 para cumplir, según declaraciones del gobierno en aquel entonces con tres objetivos fundamentales: dar un nivel de oferta demandada por un segmento solvente  del  mercado, captar divisas, que se estaban ‘fugando hacia el extranjero’ buscando sustituir los ingresos  que reportaban los rubros exportables del país, especialmente el turismo y por último redistribuir esas divisas al resto de la economía.

 

Con la premisa de “Imprescindibles y Temporales” el gobierno cubano avanzó la implementación de este mercado en tres etapas, la primera entre julio de 2019 y octubre de 2020, comprendía tiendas de electrodomésticos y automotores. Le sucedió la inauguraron otras 72 tiendas de alimentos y aseo, justo cuando la pandemia de covid 19 azotaba con más fuerza en la isla y el acceso a los alimentos se dificultaba cada vez más; por último, una tercera etapa que incluyó la incorporación de pequeños mercados, tiendas de los hoteles, comercio online y pagos con tarjetas desde el exterior.  Actualmente es perceptible el funcionamiento de la mayoría del comercio en MLC.

 

La histórica ecuación de alimentarse, vestirse o calzarse en Cuba con un salario insuficiente continúa sin tener una solución a la vista, de hecho, los últimos meses la posibilidad de cubrir estas necesidades básicas se ha visto truncada por otros elementos agregados a la fórmula. Inflación, crisis post covid, sanciones producto del embargo norteamericano, una guerra en el viejo continente y sobre todo, una pésima gestión gubernamental en los aspectos neurálgicos de la nación, que derivan en miseria para buena parte de la población cubana.

 

El 7 de febrero de 2020, a pocos meses de inauguradas las primeras tiendas en moneda libremente convertible MLC, el vice primer ministro y ministro de economía y planificación Alejandro Gil Fernandez sintetizaba la apertura de este mercado como “Una medida que no afecta a nadie y beneficia a todo el pueblo”. Dos años después, a pesar de la grave situación económica que se vive actualmente en el país y el descontento popular que generan estas tiendas, Gil repite exactamente el mismo discurso ante las cámaras de la televisión cubana. “Es una medida que beneficia a todo el pueblo, con independencia de que no todo el pueblo pueda acceder a la moneda libremente convertible y comprar esos productos en las tiendas, pero esas divisas captadas por el país, debido a su sistema socioeconómico, se revierten en beneficio a la población”.

 

En todo este tiempo hay que destacar el impacto negativo que han tenido las políticas fallidas del gobierno para la economía de los hogares cubanos. El Reordenamiento monetario, por ejemplo, fue de las más nefastas, a raíz de eso las tasas inflacionarias se dispararon y los ahorros en moneda nacional se disolvieron.

 

La apertura de este mercado que se vendía como una tabla de salvación para los cubanos, y una medida de justicia e igualdad social obvió, desde el principio, cuestiones fundamentales como el acceso de un sector importante de la ciudadanía a una moneda distinta a la que recibían como pago por su trabajo. Al respecto reconocidos economistas cubanos como Mauricio de Miranda apuntan que hay que tener en cuenta «el impacto negativo que la existencia de este mercado tiene desde el punto de vista político. Al instaurarse un mercado dolarizado y establecerse una dualidad monetaria, no solo se segmentan los mercados sino a la población misma (...) Los mejores productos se comercializan en una moneda a la que no se accede directamente a partir de los resultados del trabajo de la mayor parte de las personas. Esto es inadmisible políticamente, porque implica una segregación de esa parte considerable de la población cuya ruta de llegada a estos bienes es mediante la ayuda de familiares en el exterior por vía de remesas” concluye.

 

La realidad de las calles supera la ficción de cualquiera de las oficinas del Consejo de Estado y de Ministros cubanos, el cansancio, el desgaste físico, mental y emocional de los que permanecen en el país rompe cualquier barómetro estatal.

 

El 16 de marzo la revista norteamericana The National Review publicó el Hanke’s 2021 Misery Index (índice anual de miseria 2021 del economista Steve Hanke) que mide y ordena a 156 países de los más miserables a los más felices, de acuerdo con los resultados, Cuba ocupa el puesto número uno.  Si bien, no todos los economistas llegan a un consenso en el número exacto de los niveles de inflación que existen al día de hoy en la isla, si es cierto que sobrepasan y exponen ridículamente los calculados por el gobierno.

 

Para los cubanos, aparecer como los más miserables del mundo no fue novedad, la mayor parte del tiempo el sentimiento de infelicidad y miseria es prácticamente total. La vida de los cubanos, sobre todo los más pobres, se ha vuelto tan miserable que se reduce, muchas veces, a conseguir un plato de comida para garantizar, al menos, una comida al día.

 

Las noticias en los medios independientes y redes sociales, dan fe de las grandes filas en las puertas de los pocos mercados estatales en cup para adquirir pollo congelado, perros calientes o hot dog y picadillos mixtos de carne de res o pavo, plato fuerte de los hogares. La miseria se palpa en las conversaciones por las calles, en los rostros desesperanzados de las personas, en los platos vacíos y estómagos hambrientos.

La canasta de bienes y servicios, descrita en varios países como el conjunto de productos y servicios que necesita una persona para subsistir durante un determinado periodo de tiempo (por lo general un mes), ya sean alimentos, higiene, vestuario, salud, transporte, entre otros. A partir de la obtención de esta canasta se elaboran los supuestos para establecer el salario mínimo.

Francisco Silva Herrera, director general de Venta de Mercancías del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), explica que en el caso de Cuba esa canasta está integrada por los productos alimenticios de la canasta familiar normada (libreta de abastecimiento, con un total de 23 productos) y otro tipo de productos alimenticios y no alimenticios de venta liberada; un cálculo del consumo fuera del hogar, y servicios fundamentales(electricidad, gas, agua, teléfono).“De manera general, incluye alimentos que garantizan una ingesta diaria de 2 100 kilocalorías per cápita, aporte nutricional mínimo evaluado por el Ministerio de Salud Pública, consumidas dentro y fuera del hogar”.

Si bien la dieta de una buena parte de la población está complementada o se reduce a los productos de distribución normada, hay que tener en cuenta que estos no garantizan una dieta balanceada ni el consumo de calorías suficientes para alimentarse bien, debido a la mala calidad de los productos, la poca variación, la inestabilidad de los suministros y la cantidad.

Tanto para acceder a la moneda libremente convertible, como para adquirir productos que se comercializan en esta moneda, entre otros malabares, las familias cubanas tienen que acudir inevitablemente al mercado informal y por tanto incurrir en un delito. El domingo 15 de mayo la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó la nueva Ley del Código Penal. que establece en el Artículo 316. 1.  inciso G que se sanciona con privación de libertad de dos a cinco años o multa de quinientas a mil cuotas o ambas, a quien haga operaciones de cambio en mercados negros de monedas nacionales o extranjeras o por canales distintos a los legalmente establecidos.

Al día de hoy contar con aceite, algo de carne y productos lácteos son un lujo. A la mayoría de los cubanos no les preocupa si consumen o no alimentos saludables, las calorías que puedan aportar cada bocado, o los ingredientes de elaboración. lo importante es matar el hambre hoy, mañana ya se verá. Las principales enfermedades que afectan a la población cubana son hipertensión, diabetes, y enfermedades cardiovasculares, una buena parte de estos padecimientos se producen o se controlan a través de dietas de alimentación adecuada.

 

Las tiendas en MLC marcan notablemente la brecha económica entre los cubanos, dejando claro los distintos niveles de vida que hasta el momento permanecían solapados. En Cuba existen, los que tiene acceso a estas tiendas por remesas de familiares desde el exterior, los que pueden pagar con tarjetas visas y master card, los que pueden accedes a los dólares o MLC a través del mercado negro y los que no tienen nada de eso y se convierten, por tanto, en los que comen ‘lo que aparece, cuando aparece’.  

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[1] Investigadora, Food Monitor Program