FORO CUBANO Vol 5, No. 42 – TEMA: MEMORIA Y OLVIDO EN LA CUBA ACTUAL–

Adiós Ernesto Guevara

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Por: Ana María Bedoya S [1]

Marzo 2022

La autora presenta en este artículo cómo la figura del Che Guevara ha permanecido en la memoria colectiva de los universitarios, destacando la necesidad de decirle adiós al simbolismo de dicho personaje en tanto ya no representa las luchas actuales de los estudiantes

“El símbolo universal es aquel en el que 
hay una relación intrínseca entre 
el símbolo y lo que representa”
Erich Fromm

En el año 2016 en varios medios de comunicación se publicaron distintos artículos y reportajes acerca del debate que había generado en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, el hecho que se hubiera borrado la imagen del revolucionario y guerrillero, Ernesto Guevara, en la comúnmente llamada “Plaza del Che”.


Algunos estudiantes creían que la imagen de dicho personaje representaba en la memoria colectiva de los universitarios el símbolo de la lucha estudiantil, esa memoria heredada de aquellos estudiantes de los años 60, 70 y 80 que veían en la primera revolución comunista de América Latina un símbolo de lucha, cambio y resistencia. Sin embargo, valdría preguntarse si hoy en día el Che es el símbolo que mejor representa la universidad pública o más bien ¿es la cara del Che el mejor símbolo para definir las revoluciones, luchas y/o cambios que la mayoría de estudiantes quieren hoy en día? Yo no lo creo. 


Si bien, el Che indiscutiblemente, de manera positiva o negativa, es y seguirá siendo parte de la memoria histórica de los cubanos y demás latinoamericanos, es hora de empezar a contextualizar aquellos símbolos que definen las luchas actuales. 

El idealismo revolucionario de aquellos estudiantes de los años 60 a los 80 ya no define las luchas del contexto actual; por ejemplo, hoy la lucha armada no es una opción comúnmente aceptada dentro de las esferas académicas. Más allá del símbolo del Che como ícono de la cultura pop, es hoy en día un símbolo sin contenido, descontextualizado y carente de significado real. Es utilizado en ocasiones como estandarte de luchas que nada tienen que ver con lo que realmente quería y representó Ernesto Guevara, una descontextualización a veces utilizada para justificar pseudo radicalismos carentes de información y bases sólidas. 


La idea no es infravalorar la imagen de un personaje que marcó la historia de gran parte del continente americano y especialmente de Cuba, pero es verdad que la cara de Guevara como distintivo de las protestas o espacios académicos y estudiantiles está mandado a recoger. Si bien lo que se pretende es tener un símbolo que recoja la memoria de aquellas revoluciones y luchas que supuestamente buscaron alcanzar derechos, exigir justicia, transparencia y efectividad institucional, entonces es hora de crear nuevos símbolos que representen estos sentimientos y que se enmarquen en el contexto. 

 

Hay personajes históricos que han sido olvidados y desconocidos a lo largo del tiempo y que podrían perfectamente recoger todos esos sentimientos populares, generando una conciencia real e histórica, un símbolo con contenido adecuado de lo que se pretende generar y que al mismo tiempo construya memoria.  


Si el símbolo, etimológicamente hablando, significa lanzar algo para unir (raíz etimológica, del latín y del griego, Sin que significa con, junto o unido, y ballein, que sería lanzar), entonces podemos decir que se puede entender como una imagen con significado que representa los pensamientos de una o más personas. Según Saussure, debe haber una asociación entre el significante, que en este caso sería la imagen de Guevara, y el significado, que es el concepto de lo que representaría este personaje para las luchas de quienes deciden usarlo como representación de sus demandas. Pero no es eso lo que pasa; para muchos estudiantes el Che representa libertad, pero para otra gran mayoría no es más que un personaje histórico que utilizó las armas como medio para alzarse con el poder mediante una revolución que, hoy en día, no es el ideal de lo que se quiere vivir, una liberación fallida que desencadenó en una dictadura que reprime las libertades de su población y que se vende como un ejemplo que en realidad nadie quiere experimentar.  

 

El color verde y morado en las luchas feministas, la imagen de aquella mujer victimizada por luchar para alcanzar sus derechos, tal vez la de aquel periodista asesinado por denunciar casos de corrupción o la del estudiante que murió exigiendo sus derechos de forma pacífica, pueden servir. Son tantas caras existentes que pueden ayudar para este fin y, sin embargo, se insiste en seguir reproduciendo símbolos heredados de la memoria histórica de aquellos que ya no nos representan, ni forman parte de las luchas presentes. 
 

Una chica que milita dentro de los grupos feministas y de tendencia política de izquierda, me expresaba su gran admiración por Ernesto y su proyecto latinoamericano, sin embargo, me decía “creo que cada símbolo tiene su historia y hace parte de una generación, a mí personalmente el Che no me representaba y en mi grupo más cercano preferimos utilizar imágenes de personajes de la “tierrita” que representan la lucha populista y el tejido social”.

 

No sé hasta qué punto la falta de conocimiento de la historia hace que se reproduzcan hitos, que terminan siendo sacados de contexto y que hacen daño al sentido social de las luchas, ya que la idea es unir bajo un mismo estandarte el hecho de protestar y exigir derechos, libertades y eficiencia institucional en los diferentes grupos que alzan su voz, ¿no es pensar que el Che representa esto una forma de faltar al respeto a los manifestantes? Yo creo que sí. 


Es hora de aceptar que la imagen del Che tiene una connotación ideológica y política que en nada representa a muchos de los estudiantes que vemos marchar hoy en día exigiendo sus derechos. Dejemos descansar el símbolo del Che y si vamos a hablar de él que sea para desmitificar al hombre que dicen fue, para así mirar el trasfondo de una figura que hoy en América Latina es más un símbolo vacío, descontextualizado y mercantilizado por muchos.


La memoria histórica es importante para no olvidar, pero también nos sirve como ejemplo de que cada generación tiene sus propios símbolos, cada lucha es diferente y cada contexto precisa de sus propios estandartes. No dejemos que sea un instrumento para perpetuar imaginarios que se vuelven mitos y solo sirven para enaltecer procesos fallidos que benefician a aquellos que apoyan una dictadura en la comodidad de la distancia y que no la viven de primera mano. Es hora ya de darle el último adiós a un personaje histórico importante, pero que no es ya un símbolo para la mayoría de los estudiantes o, por lo menos, no el que más les sirve y representa. Los invito a que digamos “Adiós Ernesto”. 

 

 

[1] Historiadora Universidad de Caldas