Viajes, remesas y trabajo por cuenta propia: Relaciones económicas entre los cubanos emigrados y su país de origen

Por:  Jorge Duany         

Abril  2019

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos en julio de 2015 generó grandes expectativas acerca de las nuevas oportunidades y desafíos económicos para los residentes de ambos países, entre ellos los ciudadanos de origen cubano en Estados Unidos, particularmente en el sur de la Florida. Desde mucho antes, los cubanos emigrados enviaban miles de millones de dólares, así como enormes cantidades de mercancías, a sus parientes y amistades en la isla. Cientos de miles visitan a Cuba cada año y, una vez allí, consumen bienes y servicios dolarizados, especialmente en el sector no estatal de la economía cubana. Hoy en día, los cubanos residentes en el exterior representan uno de los actores claves de la economía cubana y aportan sustancialmente al bienestar material y sobrevivencia cotidiana de miles de hogares en la isla.

¿Cómo se manifiestan las redes familiares entre los cubanos de la isla y del exterior? En primer término, las llamadas telefónicas son una práctica clave para mantener lazos transnacionales entre los emigrados y su país de origen. El volumen de las llamadas ha aumentado sustancialmente desde el relajamiento de las restricciones gubernamentales y el abaratamiento de las telecomunicaciones entre Cuba y Estados Unidos, especialmente desde el 2005 (véase la Gráfica 1). Para el 2014, el último año para el que existen cifras oficiales, se facturaron más de 180 millones de mensajes desde Estados Unidos a Cuba. En ese año, Cuba representaba el cuarto país con mayor tráfico telefónico desde Estados Unidos, con un valor de $227 millones.

En segundo lugar, muchos emigrados han utilizado el correo tradicional para mantenerse en contacto con sus familiares en Cuba. Desde la suspensión del servicio postal directo entre Cuba y Estados Unidos en agosto de 1963 hasta su restablecimiento en junio de 2018, la correspondencia entre ambos países funcionaba lenta e irregularmente, debido a que se canalizaba a través de terceros países como México o Canadá. Por lo tanto, una carta enviada desde Estados Unidos podía tomar meses para llegar a Cuba, si es que llegaba. Así las cosas, muchos emigrados dependen del envío de cartas, fotos, vídeos y otros efectos por vías alternas —tales como individuos que visitan a Cuba por razones familiares o profesionales. Por otra parte, el correo electrónico aún no ha logrado una difusión masiva en Cuba, debido al alto costo de adquirir una computadora y acceder a Internet. No obstante, las estadísticas oficiales muestran un extraordinario crecimiento en el número de internautas en la isla desde el año 2002, cuando apenas 420,000 personas —el 3.7% de la población cubana— tenían acceso a Internet. Para el 2017, el gobierno cubano informó que casi seis millones de cubanos —más del 53% de la población— tenían acceso a Internet. Aun así, la conectividad en línea sigue siendo limitada, costosa, lenta y esporádica.

En tercer lugar, las visitas familiares representan un intercambio constante de personas entre Cuba y Estados Unidos. Los viajeros estadounidenses de origen cubano a la isla ascendieron de unos 2,600 en 1990 a más de 126,000 en el 2002 (véase la Gráfica 2). El número de visitas se contrajo entre 2004 y 2008, cuando la administración del presidente George W. Bush impuso medidas draconianas sobre los viajes a Cuba. Por su parte, el presidente Barack Obama levantó muchas de las restricciones a los viajes de los cubanoamericanos, especialmente durante el segundo período de su administración (2013–17). El flujo de pasajeros incrementó rápidamente desde 2014, cuando Obama anunció sus planes de “normalizar” las relaciones con la isla. A su vez, el gobierno cubano relajó los controles migratorios a sus ciudadanos a través de una reforma legal implantada en enero de 2013. Tras reanudarse los vuelos comerciales entre Estados Unidos y Cuba en agosto de 2016, los precios de los pasajes se redujeron drásticamente, comparados con los de los vuelos fletados. A fines del año 2018, el gobierno cubano informaba que una cifra récord de 585,600 cubanoamericanos había viajado a la isla.

 

En cuarto lugar, está el envío de paquetes postales con comida, medicinas, ropa, zapatos, espejuelos y otros artículos de primera necesidad. Una de las principales empresas dedicadas a este renglón económico anticipaba ganancias entre $300,000 y 400,000 para el año 2000. A un costo de $81 por libra en ese entonces, el envío de paquetes a Cuba era un negocio redondo para los intermediarios y sumamente costoso para los emigrados. Para el 2002, se enviaban más de 50,000 paquetes mensualmente de Estados Unidos a Cuba. En el 2013, los cubanoamericanos enviaron semanalmente a Cuba alrededor de 2,500 libras de productos. Para el 2018, algunas compañías ofrecían tarifas de entrega entre $14 y $40 por paquete, dependiendo del lugar de destino en Cuba. Según cálculos del Havana Consulting Group, con sede en Miami, estas agencias transportaron $1.5 mil millones en mercancías de Estados Unidos a Cuba en el 2015.

En quinto lugar, el comercio extraoficial entre Estados Unidos y Cuba ha alimentado un creciente número de empresas en Miami. Desde hace algún tiempo, se han multiplicado las agencias de viajes que gestionan pasajes por vuelos fletados y más recientemente por líneas aéreas comerciales a Cuba, así como trámites de inmigración, solicitudes de pasaportes y otros documentos. La venta de teléfonos celulares y tarjetas de recarga para Cuba se ha convertido en un negocio multimillonario en Miami. Varios almacenes al por mayor, conocidos popularmente como “Los Chinos”, ofrecen mercancía barata hecha en China y destinada a Cuba, como enseres, vestidos, zapatos y cosméticos. En tiendas populares de Miami como Ñooo, Qué Barato y El Dollarazo, los cubanoamericanos pueden comprar uniformes escolares para sus familiares en Cuba. Otras cadenas de tiendas como Valsan y La Revoltosa también se especializan en la venta de productos económicos, muchos de los cuales se exportan a la isla. En un caso célebre, una tienda de Hialeah, propiedad de un ingeniero ruso-cubano, suministra piezas de repuesto para automóviles rusos en Cuba.

Por último, los estimados de las remesas familiares a la isla aumentaron espectacularmente de 48 millones de dólares en 1989 a más de 3.5 mil millones de dólares en el 2017 (véase la Gráfica 3). Por un lado, el grueso de estos fondos cubre necesidades familiares básicas, como comida, ropa, medicinas y reparaciones del hogar. Por otro lado, las remesas también pueden ayudar a subsidiar el desarrollo de pequeñas empresas y otras actividades productivas en Cuba, al igual que en otros países receptores de remesas. En Cuba, las remesas han contribuido notablemente al desarrollo del llamado “sector no estatal de la economía”, sobre todo a la expansión de microempresas y fundamentalmente del trabajo por cuenta propia.

¿De dónde proviene el capital para emprender negocios privados en la isla? Según una encuesta realizada en Cuba por Maybel Padilla Pérez en el 2014, una tercera parte del capital se origina en las remesas cubanoamericanas. Los dueños de algunos “paladares” —los restaurantes familiares— dependen de tal fuente de ingresos para adquirir suministros, remodelar instalaciones y cubrir la nómina salarial. Sorprendentemente, otro estudio de campo, publicado por Carmelo Mesa-Lago en el 2016, encontró que solo el 12% de los emprendedores entrevistados declaró recibir remesas del exterior. Aunque la evidencia es contradictoria sobre este punto, es difícil imaginar que las remesas no sean el motor de la economía no estatal en Cuba.

La migración transnacional ha acelerado la reinserción de Cuba a la órbita del dólar estadounidense, especialmente desde el colapso de la economía cubana durante la década de 1990. A fines de la década de 2010, el envío de dinero desde las comunidades cubanas en el exterior representa uno de los tres pilares de la economía cubana (junto con la exportación de servicios profesionales y el turismo). En las últimas décadas, las relaciones económicas entre cubanos residentes en la isla y en el exterior se han multiplicado, no solo mediante el envío de remesas, sino también mediante las redes familiares sostenidas a través de visitas mutuas, llamadas telefónicas, regalos, envíos de paquetes y compras de mercancías. El futuro de la nación cubana depende en gran medida de las relaciones económicas entre los cubanos emigrados y su país de origen.

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