FORO CUBANO Vol 4, No. 30 – TEMA: SOCIALISMO LATINOAMERICANO. REVISIÓN CRÍTICA–

Una balada soviética a ritmo de guaguancó: El aparato de propaganda cultural socialista, Cuba y la izquierda latinoamericana

Por: Fidel Gómez Güell [1]

Marzo 2021

Vistas

La llegada de la Revolución cubana y su carácter socialista, trajo consigo la instalación de un “Aparato Propagandístico” dirigido a adoctrinar y manipular a la población, este, ha tenido una adaptación continua y actualmente ha expandido sus canales de difusión al ámbito digital

El Nacimiento

 

El Aparato de Propaganda Estatal Soviético dio sus primeros pasos en la década de 1920, pero fue durante la era más oscura del “Estalinismo”, en los años 30, que alcanzó su madurez operativa y mayor envergadura. La temible Seguridad del Estado de la Unión Soviética, llamada en aquel entonces “NKVD”, fue la encargada de manejar este perverso mecanismo de “Control Social” que casi todos los tiranos socialistas del siglo XX pusieron en práctica, algunos con más éxito que otros.

 

En aquellos años dolorosamente sombríos, los Soviets descubrían diariamente “enemigos del estado” en todos los estratos sociales; nadie estaba exento de ser considerado un espía o un “agitador antisoviético”, “crímenes” por los que podían fusilarte, encerrarte de por vida o cargarte treinta años en el Gulag, sin consideración de ningún tipo. Los fusilamientos y los presos políticos aumentaron exponencialmente, dando lugar a uno de los eventos genocidas más prolongados y siniestros del siglo XX.

 

En este contexto fue que los ideólogos comunistas se percataron de que era necesario desarrollar –de manera paralela al aparato de represión policial– un sistema integrado de propaganda y manipulación mediática, encargado de difundir la narrativa partidista, adoctrinar a la población y asegurarse de que el discurso público fuera patrimonio exclusivo de la élite que había secuestrado a la nación rusa. El costo político de asumir públicamente la realidad tal y como era 

en aquel entonces, hubiera sido demasiado alto para el joven Estado Soviético. Los comunistas estaban claros de que era necesario tener mano dura y ser implacable con el que disentía, pero a la vez había que vender la imagen de “Paraíso Socialista”, redentor de los pobres y defensor de obreros y campesinos. Es por estas razones que la dupla: represión policial – propaganda masiva, ha acompañado siempre a los experimentos marxistas donde quiera que se hayan intentado.

 

El premio nobel de literatura Aleksandr Solzhenitsyn –quien lo vivió en carne propia–, cuenta en su desgarrador libro Archipiélago Gulag:

… preferían el arresto nocturno (…), porque ofrecía considerables ventajas. Todos los ocupantes del piso estaban dominados por el horror desde el primer golpe en la puerta. El detenido era arrancado de la tibia cama, por lo que se encontraba enteramente en la indefensión del sueño y su razón aún estaba enturbiada. (…)

 

Otra de las ventajas de los arrestos nocturnos era que ni los vecinos de la casa, ni las calles de la ciudad, podían ver a cuántos se habían llevado durante la noche (…). Por aquel mismo asfalto que de noche recorrían los «cuervos», pasaba de día la juventud con banderas y flores cantando alegres canciones (1974).

Cuba y el origen del mal en América Latina

Cuando en 1961, Fidel Castro proclama el Carácter Socialista de la Revolución Cubana, ya en Cuba no había prensa libre ni medios independientes capaces de contrarrestar la narrativa que comenzó a imponerse como única lectura de la realidad (Villaescusa Padrón, 2015). Empezó bien temprano a funcionar el “Aparato Propagandístico” para “ajustar” los hechos a las necesidades ideológicas de la joven y pujante Revolución. De esto dio fe Miguel Ángel Quevedo, director y fundador de la revista Bohemia, –la más popular en Cuba y una de las más leídas en Latinoamérica durante el período republicano cubano– en su carta de despedida antes de cometer suicidio:

Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó «los veinte mil muertos». Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia (Quevedo, 2019).

Se refería a los veinte mil muertos atribuidos a la tiranía de Fulgencio Batista, inventados por el periodista comunista Enrique de la Osa a quien el sitio oficialista EcuRed define como uno de los grandes del periodismo de la isla durante el siglo XX (Díaz Castro, 2014; EcuRed, s.f).

No en vano, Fidel había advertido a los artistas e intelectuales cubanos que cualquier disenso de contenido iba a ser castigado sin piedad, en un discurso pronunciado en la Biblioteca Nacional, conocido como Palabras a los Intelectuales: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” (1961). Con esta frase, diseñaba el lineamiento central de lo que iba a ser hasta el día de hoy, el núcleo duro de la política cultural cubana, que es un mecanismo de censura ideológica al servicio del gobierno.

Así comenzaba a madurar en Cuba la peligrosa relación entre los “Órganos de Represión Interna” y la maquinaria propagandística estatal. Con la Revolución en el poder, la narrativa socialista se apoderó de la vida social y cultural. Sin prensa libre ni acceso a los medios internacionales, bajo un implacable régimen de represión, los cubanos han vivido en una especie de aislamiento informativo durante décadas, escuchando una sola versión de los hechos: la del Partido Comunista.

La campaña de manipulación permanente ha tenido un impacto devastador en la sociedad cubana, (de)formando a generaciones de ciudadanos intolerantes, soberbios e incapaces de lidiar con la realidad o debatir puntos de vista diferentes a los del oficialismo. Incluso hoy, con el moderado acceso a internet que tiene el país, un amplio sector de la población solo reconoce como fuentes válidas de información a los medios subsidiarios del Partido, desestimando cualquier otra alternativa por fidedigna que sea. Este Aparato de Propaganda –dirigido a engañar, desmovilizar y atemorizar a los ciudadanos– bien podría ser considerado en toda su dimensión, como un arma psicológica de grado militar. Algunos autores como Dagoberto Valdés o Virgilio Toledo López, hablan de un profundo daño antropológico y un proceso de genocidio cultural al que han sido sometidos los cubanos durante estas seis décadas.

Imagen 1:  Aparato Propagandístico en Cuba.

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Imagen suministrada por el autor.

Financiamiento y Expansión

Entre los años 1960 y 1990, el Aparato Propagandístico del régimen, contando con la “generosa ayuda económica” de la Unión Soviética –unos 65.000 millones de dólares, según el economista Carmelo Mesa Lago (2019),– exportó sistemáticamente cultura ideologizada hacia los países latinoamericanos y creó foros de propaganda –disfrazados de eventos culturales– tales como la Feria Internacional del Libro de La Habana, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el Premio Casa de las Américas, la Bienal de la Habana, y otros, donde siempre se han privilegiado las expresiones artísticas de corte socialista y las asociadas a los movimientos de izquierda latinoamericanos.

Todo arte “protesta” o movimiento intelectual “antiimperialista” era absorbido por un complejo y bien financiado tejido institucional de donde salieron películas, libros, pintura, poesía y canción social, como la trova del venerado Silvio Rodríguez, cuyo tema “El Necio”, es una especie de himno para la Seguridad del Estado Cubana: “…la necedad de asumir tal enemigo” dice la balada.

En este caldo ideológico-cultural se formaron durante décadas muchos líderes de opinión leales a Cuba; algunos con perfil político y otros como agentes culturales. De esta manera fue penetrando lentamente, con dinero soviético, el “Castrismo Cultural” en América Latina hasta la década de los 90, cuando los rublos dejaron de fluir hacia La Habana, producto del derrumbe de la URSS y hubo que concentrar los esfuerzos en no dejar morir de hambre a 11 millones de almas que se tambaleaban aletargadas en una isla azucarera sin azúcar en el medio del exuberante mar caribe.

El Foro de Sao Paulo fue el espacio que Fidel creó, junto a Lula da Silva, para mantener viva la llama de la Internacional Socialista, cuando el mundo entero ya se había convencido de que este sistema no era inviable, entre otras cosas, por no ajustarse a la naturaleza humana. Sin embargo, Cuba no contaba en esos momentos con los recursos para mantener la intensidad de su incansable campaña propagandística regional. Esto cambió el dos de febrero de 1999, cuando el Teniente Coronel Hugo Chávez toma el poder en Venezuela. Carlos Alberto Montaner describe así el acercamiento entre Chávez y Castro:

Finalmente, el 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez, con el auxilio del aparato cubano, que hasta le procuró grandes sumas de dinero, ganó las elecciones por un amplio margen, y en Cuba, secretamente, le prepararon una serie de charlas sobre cómo gobernar y mantenerse en el poder. Los conferenciantes estaban adscritos al Estado Mayor del Ejército cubano y al Ministerio del Interior (2017).

Chávez se subordinó ideológicamente a Fidel y se brindó a sacarlo del desastre económico en que este se había metido. Con las riquezas venezolanas disponibles para sus fantasías el “comandante”, retoma con vigor su proyecto de exportación de la Revolución, ahora con varios países latinoamericanos gravitando alrededor del llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Tras la muerte del militar venezolano y luego de Fidel, no cambió la esencia de las relaciones entre Caracas y La Habana. Al día de hoy, Venezuela sigue siendo una base de avanzada cubana para extender sus contenidos ideológicos por el resto del subcontinente.

La “Guerra Cultural 2.0”

Las nuevas plataformas digitales de comunicación han venido a facilitar esta labor de la Dictadura caribeña, desdibujando los límites de la propaganda estatal en un mar de información donde los usuarios y los ciber-activistas, se solapan en los espacios publicitarios haciendo indistinguibles los frentes de acción del “Aparato Propagandístico” oficialista. Laboratorios de noticias y ejércitos no convencionales de ciber-colaboradores, trabajan las 24 horas para mantener la supremacía de la narrativa socialista y de la izquierda radical en el contexto de la guerra cultural, que ha polarizado tan notablemente a la opinión pública internacional. En parte este fenómeno se ha visto reforzado por el algoritmo de las Redes Sociales, que tienden a encerrar al individuo en una “burbuja” de contenido donde se le muestra un fragmento de la realidad, elaborado de manera personalizada.

El “Aparato de Propaganda Cultural Cubano” ha experimentado una expansión en los últimos años con el abaratamiento de los canales de difusión. A él se conectan varios sectores de la izquierda latinoamericana que corean sus mensajes y difunden sus productos culturales. En los próximos años es previsible que siga creciendo, por lo que es imperativo el surgimiento y desarrollo en nuestras sociedades civiles de proyectos culturales y académicos que muestren visiones alternativas y lecturas menos ideológicas de las realidades que experimentamos en este espacio cultural que Martí llamó, Nuestra América.

Reseña Curricular Literaria

[1] fidelgomezguell@gmail.com