Que canten los trovadores

Por: Germán Quintero

Mayo 2019

“Se partió en Nicaragua otra soga con cebo, con que el águila ataba por el cuello al obrero” dice la Canción Urgente para Nicaragua de Silvio Rodríguez, haciendo directa alusión a la intervención que se llevaba a cabo en ese país por parte de los ‘contras’ para combatir al Frente Sandinista de Liberación Nacional en la década de los ochenta. Esta canción, además de ser una protesta al intervencionismo de los Estados Unidos en la región, era parte de una estrategia que había nacido en el seno de la Revolución cubana: la influencia musical como parte de una estrategia de soft power.  

Desde la década de los sesenta hasta bien entrada la de los ochenta, al mundo hispanoamericano llegaba con mucha fuerza, sobre todo para la población joven, la “nueva canción”, una alternativa a las tendencias del mundo anglo que incluyen el rock and roll, el blues, el foxtrot, entre otras, y, asimismo, a las baladas que provenían del antiguo continente, particularmente aquellas compuestas por cantautores italianos y traducidas al español. Como respuesta a esta tendencia apareció en el mundo hispano la “nueva canción”, corriente musical cuya particularidad era el contenido de sus letras: una actitud contestataria y contra cultura que ponía en entredicho las formas sociales y las costumbres de las generaciones pasadas, y que cuestionaba el papel de los gobiernos y de las intervenciones de Estados Unidos en los países de América Latina. De decidido corte liberal y, en algunos casos, con claros visos socialistas, muchos artistas de la “nueva canción” padecieron la persecución y la censura, particularmente en el cono sur. Es precisamente en este contexto en el que la “nueva trova cubana” se gesta, no sólo como efecto de una libre y espontánea eclosión cultural sino como una estrategia de política exterior del régimen de Fidel Castro.

Apelando al imaginario de la Revolución – coraje, liberación, creatividad, grandes ideas de paz y cambio- la música cubana de ese entonces se volvió uno de los principales productos de exportación para los jóvenes hispanoparlantes. Con éxito, el régimen logró explotar el discurso antiimperialista que había calado en las juventudes que habían vivido -o tenían noticia por sus padres- en las dictaduras y en los gobiernos militares que habían gobernado en Hispanoamérica desde la década de los 50 hasta la caída del muro de Berlín. En el entorno, las música protesta era de buen recibo.

Sin embargo, el gobierno de Castro no solo creó los nuevos ritmos musicales y se inventó todo el andamiaje para que la nueva trova cubana pudiera dejar ese indiscutible legado en la música latinoamericana. También alimento una pléyade de manifestaciones intelectuales, artísticas y culturales, producto ellas mismas, del contagio de optimismo de la población en vista a un futuro que aparecía promisorio. Además “educó” adecuadamente a las nuevas promesas de la música cubana, para sacarlos de la alienación y llevarlos a que comprendieran las causas objetivas de la lucha revolucionaria. Incluso, logro hacer que los nuevos artistas fueran conscientes de su papel como “vanguardias culturales”, que debían guardar los éxitos obtenidos por la Revolución en Cuba y despertar a los jóvenes del mundo (del mundo hispanoparlante, por lo menos) de ese sueño de la opresión y llamarlos a que unieran fuerzas para resistir a los embates del imperialismo y el capitalismo.

Silvio Rodríguez, uno de los mayores exponentes de la “nueva trova cubana” había sido declarado por el gobierno cubano como artista no apto para la Revolución (“fuera de lugar”). No fue sino hasta que tuvo la experiencia de trabajar en un barco pesquero llamado “Playa Girón” y que conoció los padecimientos del trabajador cubano que comprendió la importancia de la Revolución. Silvio afecto a la Revolución, cuenta así la historia en el relato que lleva el mismo nombre del barco, publicado en 1994. Sin embargo, otras fuentes apuntan a que su experiencia en el pesquero no fue por voluntad propia sino por invitación del gobierno cubano y que la posibilidad de salir de Cuba no fue real.

“¿Qué diría Dios si amas sin la Iglesia y sin la Ley?”

La familia, la propiedad privada y el amor. - Silvio Rodríguez

Del mismo modo, Pablo Milanés experimentó los campos de concentración en un intento del gobierno de reeducarlo para que fuera, como Silvio, un cantante apto para la Revolución. En una entrevista que hizo en 2015 Milanés cuenta que la represión se daba a aquellos que no encajaran en el ideal revolucionario, no solo en términos de pureza ideológica sino de carácter también. A él, que lo consideraban afeminado, lo recluyeron en un campo de trabajos forzados cuando tenía veintitrés años. Logró escapar y se fue a La Habana a poner la denuncia con tan mala suerte que en lugar de dejarlo libre lo encerraron en la fortaleza “La Cabaña” durante dos meses. Sin embargo, durante las décadas siguientes, tanto él como Silvio Rodríguez tuvieron una carrera musical asombrosamente exitosa. Se presentaron en numerosas giras, juntos e independientes, en muchos países de América Latina y el mundo.

Si el que asomó al futuro su perfil
Y lo estrenó con voces de fusil
Fuiste tú, guerrero para siempre, tiempo eterno,
Qué puedo yo cantarte comandante.

Si el Poeta Eres tú- Pablo Milanés

Después de la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS, el régimen relajó su política de censura y el panorama artístico parecía benévolo para la aparición de nuevos modos y estilos de música. La apertura de la Isla, paulatina, al turismo y al comercio fue de la mano con la aparición de una oposición política que se asomaba como una posibilidad de cambio. Sin embargo, a la muerte de Fidel Castro y a la sucesión de Raúl, su hermano, por Miguel Díaz-Canel en unas elecciones “libres”, aparece nuevamente la amenaza de una cerrazón cultural y política que vuelve a poner a los artistas de la isla en un nuevo modo de reeducación. Sin poder contar con los espacios necesarios para componer y crear libremente, sin poder presentarse en los lugares públicos por no contar con la debida autorización del gobierno, a los artistas cubanos no les quedará más remedio que “reeducarse”.

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