FORO CUBANO Vol 5, No. 44 – TEMA: DEPORTE Y AUTORITARISMO –

Para el gobierno chino, no basta con ganar medallas

Por: Lina María Muñoz

Mayo 2022

Vistas

Abordar la represión en el deporte, exige abordar el caso chino.

 

En efecto, son bien sabidos los mecanismos detentados por el régimen de dicho país para ejercer un control cercano y efectivo hacia su población y consecuencia hacia sus deportistas, quienes no solamente deben cumplir con ganar medallas y dejar en alto el nombre de su país, sino que además deben adscribirse al prototipo de deportista que ha construido el régimen, a saber: un deportista que además de ser experto en su modalidad, no crítica lo establecido y por el contrario defiende los ideales bajo los cuales se sustenta el autoritarismo del régimen chino con el Partido Comunista a la cabeza.

 

Dicha represión ha venido acompañada de una mayor visibilización gracias a las redes sociales, empero, paradójicamente, ha devenido en un asunto cada vez más normalizado. La anterior premisa se materializa en lo siguiente: China como sede de los Juegos Olímpicos (en adelante JJ. OO) de Invierno de 2022. Lo anterior parece entonces un sinsentido y permite formular un interrogante clave, ¿Por qué China, país con un régimen que persigue a sus deportistas, fue elegida la sede del evento deportivo más importante del mundo? La respuesta a dicha pregunta fue abordada por Wharton (2021), quien afirma cómo Pekín resultó la mejor opción en su momento, de hecho, el Comité Olímpico Internacional (en adelante COI) reunido en julio de 2015, al ver como diferentes capitales europeas se retiraban de la contienda y ante las dos opciones restantes -Pekín y Almaty en Kazajstán- decidió decantarse por la megaciudad china, la cual les brindó la seguridad financiera para desarrollar el evento deportivo, pues la millonaria inversión de más 80.000 millones de euros en infraestructura, debía ser asegurada por un país con la suficiente robustez económica para ello. De haberse seleccionado Almaty, se especula que el evento posiblemente no se hubiese llevado a cabo.

 

Siendo China elegida sede de los principales eventos deportivos del mundo y aludiendo específicamente a los recientes Juegos Olímpicos de Invierno que tomaron lugar en febrero del año en curso, las medidas excesivas fueron denunciadas por algunos deportistas y periodistas que acudieron a Pekín para el evento. Tal como lo expone Mozur et al. (2022), muchas de las medidas fueron impuestas para garantizar la seguridad sanitaria ante la pandemia por la COVID-19, sin embargo, otras medidas fungieron para demostrar el funcionamiento del sistema de control social chino. Con ello en mente, el activista Hu Jia -por ejemplo-, denunció como tras haber manifestado su opinión respecto a los JJ. OO, este fue visitado por la policía en diversas ocasiones y fue amenazado con mermar las visitas a su madre. Con respecto a los controles a los deportistas, se hizo uso de una aplicación móvil de descarga obligatoria para vigilar la salud y el movimiento de estos dentro de las sedes, frente a ello se denunciaron errores de encriptación que permitieron que la información personal de estos estuviese expuesta Mozur et al. (2022).

 

Pese a la gravedad de lo anterior, en la antesala de los JJ. OO de Invierno, China ya estaba envuelta en diferentes sucesos que exponen su estrategia de control social. Uno de estos y quizá el que mayor aqueja a la Comunidad Internacional es el de la represión a las minorías chinas, especialmente a los pertenecientes a la etnia uigur, quienes viven principalmente en la región de Sinkiang, son musulmanes y han sido el blanco de lo que diversos países de occidente -con Estados Unidos a la cabeza- conocen como un genocidio. En efecto, la situación de los uigures ha sido ampliamente denunciada, en tanto se asegura que el gobierno chino posee campos de trabajo forzado para estos, a su vez, ha perpetrado torturas, tratos crueles, desapariciones, detenciones, esterilizaciones forzadas y demás vejaciones en la campaña que el propio régimen reconoce como una iniciativa para “prevenir el terrorismo”, dicha represión también es padecida por las minorías del Tíbet y los pertenecientes a otras nacionalidades como los Kazajos. Frente a los hechos, se ha venido efectuando un boicot diplomático, imponiéndose sanciones a miembros del gobierno chino, empero, los efectos no han sido los esperados. Otro caso relevante y que pone en cuestionamiento el que China siga liderando eventos deportivos es el de la tenista Peng Shuai, quien a finales de 2021 denunció haber sido víctima de abuso sexual por parte de un ex primer ministro chino, noticia que posteriormente fue censurada en el país y procedió con la desaparición de la tenista de los medios, así, se inició la campaña en redes #WhereIsPengShuai la cual fue respaldada por la Asociación de Tenis Femenino, asimismo, se impusieron una serie de sanciones a los eventos tenísticos que toman lugar en China, empero, no surtieron ningún efecto contundente. Semanas después, la tenista apareció en una entrevista con el COI, asegurando que se encontraba sana y salva y que su mensaje había sido malentendido, pues nunca había sufrido de abuso sexual.

 

El genocidio que asiste actualmente en China, la represión contra las minorías étnicas y el escándalo de Peng Shuai fueron suficiente antesala para prever lo que les esperaba a los deportistas en los JJ.OO. En efecto, la libertad de expresión y la crítica hacia el régimen es algo que no compete a los ciudadanos chinos, mucho menos a los referentes en el ámbito del deporte. El gobierno a su vez ha buscado salir bien librado, por ejemplo en la inauguración de dichos juegos y con la pretensión simbólica de defender su iniciativa de “lucha contra el terrorismo” y de paso negar su maltrato a las minorías étnicas, dispuso a un deportista uigur para que prendiera la llama olímpica, también ha dicho que sus intenciones frente a la regulación de los deportistas ha sido para mantener la seguridad en el marco de la pandemia, sin embargo, tras el historial de persecución hacia la población, el impedimento a los deportistas de expresar sus opiniones y la campaña de control social del gobierno, en la que se destaca la regulación continua, el bloqueo de redes sociales, la instalación de dispositivos para rastrear a la población e incluso la recopilación de datos biométricos, dejan prever como China sigue teniendo una deuda en lo que respecta a los Derechos Humanos.

 

Ante lo anterior, y lo que más inquieta, es que dicha deuda no será saldada en un futuro próximo y aún más preocupante: probablemente contará con el beneplácito de diversos actores internacionales. Un ejemplo de ello, es que el COI parece no dar garantías a los deportistas que visitan China, mucho menos a los chinos propiamente, frente a ello, grupos activistas como Global Athlete recomendaron a los deportistas en el marco de los JJ. OO, no hablar de Derechos Humanos mientras estuviesen en dicho país, esto al no contar con el respaldo fehaciente del COI y mucho menos de las autoridades chinas, asimismo, el Comité Olímpico y Paralímpico Estadounidense instó a sus deportistas a entender los riesgos de hablar de derechos estando en territorio chino. En cuanto a los patrocinadores, estos optaron por defender su postura neutral en el evento y no inmiscuirse en los conflictos que lo circundan, así, desde gigantes de la tecnología como Samsung, Intel, Panasonic; empresas automovilísticas como Toyota, hasta la gigante de bebidas Coca-Cola, decidieron hacer caso omiso a la violación de Derechos Humanos hacia deportistas y la generalidad de la ciudadanía China, pues después de todo las inversiones ya estaban hechas, demostrando así como el “compromiso” con el deporte, pasa por alto los conflictos o enfrentamientos políticos y sociales que le asisten a dicho país. Lo anterior demuestra cómo a pesar de las denuncias, los boicots diplomáticos y demás mecanismos, estos parecen significar menos que nada para el régimen chino, pero no solo para este, sino para actores privados que tienen intereses en la actual segunda economía del mundo.

 

Ahora, y si bien, en la Carta Olímpica -reglamento y documento fundacional de los JJ. OO-, se exalta la neutralidad política en el marco de los eventos deportivos llevados a cabo bajo su égida, el régimen chino ha sabido utilizarlos como propaganda para encubrir las violaciones a Derechos Humanos. Así, mientras un deportista uigur encendía la llama olímpica, miles de pertenecientes a esta etnia estaban siendo reprimidos en Sinkiang, los tibetanos exiliados en India hacían una protesta en rechazo de los JJ. OO llevados a cabo por un país que maltrata a las minorías étnicas y miles de deportistas tanto extranjeros como chinos, eran controlados mediante una aplicación. Frente a dicho panorama, diferentes organizaciones de Derechos Humanos como Amnistía Internacional han instado al COI de no ser cómplice de la represión en China, mientras Thomas Bach, presidente del comité en cuestión ha insistido en centrar la atención en los atletas pues lo demás “es política”, demostrando así como el COI promueve un evento por y para deportistas, pero no se preocupa por la integridad de los últimos. Por supuesto, en medio de una contienda deportiva la atención debe centrarse en el arduo trabajo que desempeñan los atletas por llegar a una de las más altas instancias en el deporte como los JJ. OO, sin embargo, ello no puede ni debe ignorar el contexto político y social que sucede en los países anfitriones de un evento de tal magnitud. La responsabilidad no recae en los deportistas, -quienes a fin de cuentas buscan asistir a dichos eventos para triunfar en sus modalidades-, esta recae directamente en los gobiernos y organizaciones que deciden pasar por alto aquellos sucesos que amenazan la integridad y garantía de Derechos Humanos de sus ciudadanos y por consiguiente de sus deportistas.

 

Para cerrar y en palabras de investigadores de Human Rights Watch, la represión que se efectúa en China supone la manera más contundente de demostrar que su modelo de gobierno -así transgreda los Derechos Humanos- funciona. Funciona, en la medida en que le ha permitido controlar a su población de manera masiva, le ha permitido crecer económicamente a costa de la negación de las libertades individuales y según los sucesos aquí mencionados, le permitirán seguir detentando su política en contra de aquello que suponga una diferencia o “amenaza” hacia lo establecido, pues internamente la población no tiene cómo defenderse, y externamente debido a su papel estratégico en el panorama internacional, los Estados y Organizaciones de Derechos Humanos que se atreven a denunciar lo que allí sucede, se enfrentan a la indiferencia de un régimen cada vez más empoderado y con un margen de maniobra que le permite prácticamente ignorar los boicots diplomáticos o las iniciativas en su contra, cuestión que se ve reforzada por los pocos esfuerzos de actores como el COI o de grandes empresas, quienes contrario a lo que se espera, deciden hacerse a un lado respecto a lo que concierne a los Derechos Humanos. El deporte históricamente se ha traducido en poder, un país fuerte e influyente ha de tener un cuerpo de deportistas que lo representen y sean la muestra fehaciente de su mando, sin embargo, en el caso de regímenes autoritarios como el chino, no basta con ganar medallas, los deportistas además de soportar la presión de ser los más destacados, deben asegurarse de cumplir con el prototipo construido por el gobierno chino y además de ello deben enfrentar la indiferencia de quienes aseguran preocuparse por el deporte pero paralelamente ignoran las condiciones que enfrentan los atletas chinos para poder ganarse un lugar en dicho ámbito y más allá de ello, conservarlo.

 

Es un sinsentido asegurar que el deporte no se relaciona con el clima político que le asiste a un país, resulta aún más ilógico reivindicar la labor de los deportistas mediante grandes eventos como los JJ. OO mientras a estos no se les respeta. Desafortunadamente ante la represión que estos sufren -evidenciado en casos como el de la tenista Peng Shuai- el control por parte del régimen chino hacia estos y hacia su población en general, no tiene obstáculo a la vista. Lo anterior se sustenta en un inciso clave y es cómo el poder económico chino ha llevado a que las denuncias y pronunciamientos respecto a la violación de Derechos Humanos sean manifestaciones pasadas por alto, y es que el asunto de China como perpetrador de persecución y represión no es algo nuevo, así, también podría cuestionarse la elección de este como anfitrión de los Juegos Olímpicos de Verano de 2008, sin embargo, ante el dominio del gigante asiático, segunda economía del mundo y próximamente la primera, las opciones parecen cade vez más limitadas.

 

China con su creciente poderío, parece ahora más intocable que nunca.

Referencias

 

Wharton, D. (2021). El lado feo de China como sede de los Juegos Olímpicos ha ocupado un lugar central. ¿Qué pasa ahora? Los Angeles Times.

 

Mozur, P., Lee Myers, S., Liu, J. (2022). China aumenta la represión y la censura para acallar cualquier crítica durante los Juegos Olímpicos de Invierno. Infobae.