FORO CUBANO Vol 4, No. 28 – TEMA: ANÉCDOTAS II –

Martí es de todxs

Por: Marta María Ramírez[1]

Enero 2021

Vistas

(La autora comenta la compleja situación de maternar en medio de un contexto cargado de censura y amenazas, específicamente a lo largo de la realización del largometraje “Quiero hacer una película”).

 

Ser madre es de las mejores experiencias que he vivido. Lxs que me conocen saben que no promuevo las maternidades. Gestar, parir y acompañar son tareas muy difíciles en el patriarcado. Mi embarazo fue muy accidental, por lo que lo interpreté como una persona creyente interpretaría un milagro. Lo confirmé el 13 de marzo de 2018 mientras recibía, junto al resto de lxs miembrxs del equipo del largometraje “Quiero hacer una película” (en adelante QHUP), acusaciones de antimartiana en la prensa oficialista cubana. No lo dudé cuando vi en un aparato de ultrasonido muy viejito la imagen de un capullito. Dentro de mi panza de 42 había vida contra muchos pronósticos.

 

Eso sí, no podía ser peor momento para maternar. Lloré mucho en la Wifi de contén (los espacios que el gobierno cubano destinó a este tipo de conexión son a la interperie, sin asientos, con frecuencia desborados de aguas albañales, cerca de basureros putrefactos y habitados por unas hormigas largas que no pican, muerden). Me leí “maricón” y “mercenaria”, se burlaron de mi bisabuelo mambí que se opuso al pacto con los colonizadores españoles, pusieron en tela de juicio mi profesionalismo, y hasta recibí una amenaza telefónica -anónima, como hacen los cobardes- en la que aseguraban nos harían daño a mi criatura y a mí. Comencé a sentir miedos, no los tradicionales de una mujer sola y libre caminando por una ciudad apagada, sino los otros, los más puntuales, los de los peligros por ser una mujer con nombre y apellidos marcados, y gestante de vida.

 

Esta última violencia no puedo atribuirla únicamente a los sucesos relacionados con la censura del largo. También podría ser mi militancia feminista y una columna sobre mi maternidad que escribía por invitación de ONCuba, publicación digital cubano-estadounidense. Los discursos de odio promovidos por y en medios de comunicación oficialistas de Cuba potencian todo este tipo de comportamientos violentos, en una sociedad sin leyes que nos protejan y sí que nos condenan a lxs independientes.     

 

Tuve que hacer un pacto con mi bebé. Solo si tocaba mi panza con ambas manos era algo relacionado con ella. Si no, era asunto de mamá y nada tenía que ver con ella. Así resumí los consejos de mi hermana sexóloga, madraza casi siempre sola de tres hombres maravillosos. (Hice yoga y mil cosas para obviar ataques y un interrogatorio con la Seguridad del Estado, casi al término del embarazo). 

 

QHUP[1] era entonces un primerísimo corte de su director Yimit Ramírez y tenía un estigma. Pocos de los que escribieron mal o bien de la película o de nosotrxs, la había visto o nos conocía. Los que se oponían a la escena en que el Apostol cubano José Martí es tratado como los más jóvenes, hartxs de toda la demagogia con la que los dos bandos han usado su obra, proponían para el equipx penas previstas en el Código Penal con cárcel y multas por ofender a los héroes y mártires de la patria, algo así. Hubo quienes, desde fuera de Cuba, pidieron estado de excepción, como si Cuba viviera una democracia y esta estuviera amenazada por un personaje de ficción que llama a Martí “mojón” y “maricón”. No daba crédito.

 

Todavía no sé cómo libramos de estas condenas, aunque la película vio dilatada su posproducción hasta el 18 de noviembre de 2020, cuando se estrenó finalmente -y no en La Habana, sino en Madrid, donde está exiliado parte de su equipo. Tampoco sé qué pasará cuando la presentemos aquí, donde nació y a donde pertenece. Ningún festival al que la productora la envió la aceptó hasta Rizoma Fest. Es una película difícil de ubicar. Rodada sin guion previo, QHUP es un found footage en el que los límites de la ficción y el documental se desdibujan tanto que ni yo misma podría develar su misterio. Nada que ver con la idea neorrealista italiana que aburre en la cinematografía cubana.

 

Creo que solo se pudo rodar esta película en la autonomía. Ni siquiera la independencia hubiera permitido las libertades que tuvimos, incluida yo que llegué cuando había un 60 por ciento de la película grabada. Mi función fue clara: organizar un crowdfunding que permitiera acabar el rodaje con dignidad. Pero se me permitió jugar y diseñar una estrategia de comunicación más allá de los terribles 40 días de recaudación en Internet, desde un contén de La Habana. Hice de todo, actué e hice cámaras (algo quedó de mi registro en El Sauce, un centro cultural a donde había ido a ver a la banda colombiana Aterciopelados, del anuncio de la muerte de Fidel Castro), y la película aún haciéndose se volvió famosa por transmedial y juguetona. Ni siquiera la crítica cubana la ha entendido bien, aunque han sido, como siempre, muy benevolentes.   

 

Con algunas de las personas que nos defendieron públicamente, hablábamos en marzo de 2018 de los inicios del arreciamiento de la censura contra creadores, artistas y ciudadanía. Como si la censura que ya vivíamos pudiera ser más dura, intuíamos que algo tramaban los decisores culturales. Hace muy poco en una entrevista para un diario alemán, el periodista, conocedor de la cinematografía independiente cubana, me preguntaba si consideraba esta prohibición como un antecedente de los espurios decretos 349, 370 y 373[3], con los que el Estado cubano pone mordazas a la libertad de creación, de expresión y prensa, y de la creación audiovisual independiente. Tuve que decirle que sí, que fuimos preclarxs y peleamos con esa conciencia. Es la verdad.  

 

Tengo la necesidad de discrepar incluso con mi equipx -coistas, porque nos inventamos un término para lo que hacíamos: coescribir, codirigir, cofotografiar…- en eso de que la censura nos sirvió para ser más famosos. La censura nos obligó a tener que transcribir la escena descontextualizada que la motivó y a incluirla en el corte último (quizá no habría quedado por cuestiones de metraje). QHUP es nombrada por la gente común y por conocedorxs del cine cubano, entre las que está mi entrañable Lola Calviño, como “la película de Martí”. Y no hay nada más errado y más difícil de desmontar desde la comunicación social sin acceso a los medios masivos, sin la posibilidad de exhibirla en los pocos cines que quedan en pie en la isla.  

 

La censura hará que no sea vista en las pantallas grandes, inmensas. No habrá para ella Festival de Cine de La Habana ni otros menores, pero nuestrxs. Lxs que la vean irán divididxs en dos bandos. Habrá quien ni llegue porque aún le cree a Granma y a La Jiribilla, al ICAIC que cubrió su mugre con el mal manejo de la producción de Rápido y Furioso en La Habana con nosotrxs, por solo citar el más escandaloso y corrupto de sus errores recientes. La censura dilató el proceso lógico de esta película. La censura es un mojón. No tiene justificación ni sirve para nada, ni siquiera para los censores (¿quién los convence?).

 

QHUP no es el récord de tiempo de producción del cine cubano independiente. Corazón Azul, de Miguel Coyula, tardó una década. Su director ha sido acusado de “mercenario” y hasta de “agente de la CIA”. Su película tampoco podrá ser vista en los cines, todos estatales. Habremos de perseguirla en el paquete (el émulo desconectado de Youtube en Cuba), y ver si los agentes del Estado nos dejan llegar al estreno pequeñito, para amigxs y prensa independiente. No es casualidad que Corazón Azul y QHUP tuvieran como único camino, modelos productivos autónomos. Ambas son independientes en contenidos y formas en una cinematografía casi unánime, aún en la independencia.

 

Mientras yo me enfrasco en ver cómo se quita la mancha creada por la censura a QHUP, Nina crece. Tiene dos años. Y, aunque ha estado solo tres veces en el cine, siendo muy pequeñita, ya ensaya sus propias películas. La primera es una historia sobre dinosaurios y meteoritos, moldeados en plastilinas, que tuve el privilegio de fotografiar. Seguramente su banda sonora la tomaremos prestada de Charly García. Sonará de fondo: “… los dinosaurios van a desaparecer…”. Me pregunto si, incluso siendo silente, lograría evadir la censura en esta gerontocracia en la que los muertos son eternos (¡qué manera de asustarme la eternidad!). Me alisto para echar la pelea.

 

Y no se dejen engañar: QHUP es una película sobre el amor, sobre La Habana, sobre nosotrxs que somos más martianos que los censores, aunque nuestro Martí tenga matices y hasta sombras y dudas.

 

La Habana, 26 de enero de 2021, 11:45 p.m. 

 

Nota de cierre con epígrafe

 

“La revolución no será televisada, no será televisada,

no será televisada, no será televisada.

La revolución no será en diferido, hermanos;

La revolución será en vivo”.

Gil Scott

 

Sobre la 1:00 a.m. del 27 de enero dejé de tener servicio de Internet. La práctica del monopolio de las telecomunicaciones en Cuba de dejar desconectados, incluso sin servicio de telefonía celular a activistas y creadores, junto a la tradicional oposición política ha sido documentada y denunciada. No es mi primera vez. Sabía que algo estaba pasando. Habitualmente está relacionada con alguna protesta de la que los agentes del Estado han tenido noticias. El 27 era el cumplemes de las protestas del 2N. La víspera del aniversario … del nacimiento de Martí. En horas de la mañana de ese día nuestrxs amigxs estaban siendo detenidos, imposibilitados de salir de sus casas y golpeados por funcionarios públicos del Ministerio de Cultura como respuesta a su intento de diálogo, de protesta pacífica. Viví el horror en diferido, cuando me devolvieron mi conectividad que pago cara, carísima.

 

¿Alguien sabe de algún ministro de cultura en el Mundo que haya golpeado a un artista, a un periodista, a un ser humano?, me pregunto. Pido su dimisión, la de la cúpula de ese ministerio en pleno. Mientras, los medios estatales mienten. Otra vez Martí ha sido secuestrado. Martí está secuestrado, como nuestra libertad. Pero Martí es de todxs, escribo en un soplo de ciberlibertad solidaria que me llega.

[1] *Periodista, comunicadora social y feminista autónoma cubana. Coista en Quiero Hacer una Película- QHUP. Coordinadora administrativa y de los fondos para audiovisuales independientes del Instituto Internacional de Artivismo Hannah Arendt- INSTAR.

 

[2] Trailer de QHUP: https://www.facebook.com/QHUPelicula/videos/712265332717036/?vh=e

 

[3] Ampliación, links a decretos 373, 370 y 349.

https://www.gacetaoficial.gob.cu/es/decreto-ley-373-de-2019-de-consejo-de-estado

https://www.gacetaoficial.gob.cu/es/decreto-ley-370-de-2018-de-consejo-de-estado

https://www.gacetaoficial.gob.cu/es/decreto-349-de-2018-de-consejo-de-ministros