Manifiesto pro libertad: pensar y escribir

Por: Stephany Castro García 

Julio 2019

Vistas

“Tú no eres un periodista, eres un militante de la oposición de extrema derecha (…)

¿Vienes a provocarme? Te vas a tragar tu provocación, te vas a tragar con una Coca Cola tu provocación.”

Nicolás Maduro a Jorge Ramos, periodista de Univisión.

El gran enemigo de los líderes autoritarios es siempre la opinión pública, por eso cuando llegan al poder, los ciudadanos críticos, que se cuestionan y los cuestionan, son el primer factor a “regenerar”. Es así como, alegando a su supuesta idea de libertad, se toman los medios para hacerlos otra institución gubernamental, manejada ya no por periodistas sino por funcionarios públicos que lo que hacen es replegar la opinión (privada) del gobierno autoritario, subordinada a los intereses del líder. Entonces, el hostigamiento a periodistas, el cierre de periódicos/ revistas independientes, y el establecimiento de un “nuevo periodismo responsable”[1] son los primeros pasos para de destruir cualquier atisbo de crítica y libre pensamiento, y para que la prensa que sobreviva sea sólo la que empiece a pensar como ellos y para ellos.

 

Con lo anterior me quiero referir a Cuba y Venezuela, ambos países manejados por gobiernos autoritarios y antidemocráticos donde la libertad de prensa es un sueño del que se oye hablar en los congresos internacionales. Países donde la situación de acoso y persecución a periodistas, camarógrafos y otros generadores de opinión pública, no para; donde, por año, se reportan más de 300 violaciones a la libertad de expresión (informes Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa), y donde la información es dominada por canales oficialistas – como el Granma en Cuba y la Venezolana de Televisión en Venezuela-.

 

La agresión a la prensa libre por parte de ambos gobiernos socialistas ha estado marcada por la apropiación indebida y confiscatoria de sus instrumentos y canales de comunicación, por la restricción o no renovación a las licencias de los medios, por la desacreditación de reporteros, y por la persecución, despido y exilio de periodistas disidentes. Todas acciones que han justificado con las institucionalizadas “leyes mordaza”, que legalizan la censura y las agresiones contra la libertad de expresión estableciendo sanciones a quienes no estén subordinados al oficialismo.

 

Precisamente, a finales de marzo de este año, en la reunión semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebrada en Cartagena, este fue el tema principal: el desarrollo de la libertad de prensa y la información en regímenes autoritarios, bien que se ha convertido en “El Nuevo Dorado” para los periodistas del mundo. Con la censura y represión en Venezuela, han despertado de nuevo los debates por la libertad de pensar, escribir y difundir que nacieron a principios de los 2000 con la Primavera Negra[2] en Cuba, y con los constantes episodios de hostigamiento en Nicaragua.

 

Además de los debates, durante los 3 días de congreso, se presentaron los informes de la situación actual de los medios, país por país, ante la Comisión de Libertad de Prensa e Información. Indudablemente el más lamentable fue el de Venezuela, según el Instituto de Prensa y Sociedad del país, se reportaron 155 violaciones contra la libertad de expresión entre el 1ero de enero y el 12 de marzo de este año; los ataques sistemáticos contra periodistas (nacionales y extranjeros) en calles y espacio público, y la destrucción y robo de sus equipos no han mermado y, al contrario, van en ascenso; y la agresión indirecta que sufren los diarios pequeños e independientes los ha condenado a cerrar. Para la muestra, luego de cuarenta años de ejercicio periodístico, diarios como El Aragueño, El Luchador y el Nacional, han tenido que auto clausurarse por escasez de tinta, papel y planchas para su impresión, y por las trabas burocráticas que constantemente les impone el gobierno.

 

Para tratar la situación de Venezuela, el caso de Jorge Ramos resultó paradigmático. El 25 de febrero, Ramos, periodista mexicano- estadounidense de Univisión, entrevistó a Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores. El mandatario fue cuestionado acerca de la situación humanitaria en su país, sobre su posición como presidente “usurpador”, y sobre los casos de tortura y asesinato bajo su mandato. Evidentemente, ninguna de sus preguntas fue respondida de forma clara o precisa, y, al contrario, Maduro se encargó de estigmatizarlo como militante de la oposición y como periodista extranjero incapaz de alegar razón en contra de él o sus acciones. Sin embargo, la insistencia de Ramos fue suficiente para que Nicolás Maduro decidiera acabar la entrevista y, posteriormente, ordenar retenerlo a él y confiscar sus equipos. Su caso prendió las alarmas a nivel internacional, y especialmente en la industria periodística, y acentuó el debate sobre las agresiones en contra del libre pensamiento en este tipo de regímenes.

 

Por otro lado, el informe presentado por Cuba ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos no deja de ser desalentador. Luego de 60 años de revolución, la Nueva Constitución ratificada por el recién llegado Miguel Díaz- Canel perpetúa la posición del Estado como “amo y patrón de la libertad de sus ciudadanos (…) y el máximo represor de la libertad de prensa”[3]. Según el informe, la norma ratifica el rol del Estado como estructurador de los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social (artículo 55), lo que le da capacidad al gobierno para censurar, limitar derechos y restringir actividades periodísticas en la isla.

 

En ambos países, la intimidación que sufre la prensa independiente los ha llevado hasta el exilio o la cárcel. Los castigos que han institucionalizado los gobiernos a través de su posición de juez y verdugo, y su capacidad para hacerse los de la vista gorda con los Derechos Humanos y las denuncias internacionales, los han blindado para reprimir la labor periodística en sus naciones. Sin embargo, espacios como la SIP, y ejemplos como el de Ramos, quién a pesar de los obstáculos pudo publicar la entrevista, son un manifiesto para construir escenarios pro libertad que luchen en contra de los abusos autoritarios. En ese sentido, y más para quienes se encuentran en dichos contextos, la labor más que periodística ha tomado, y debería seguir tomando, un rumbo activista, de lucha y resistencia en contra de las agresiones y censura de sus propios gobiernos. Una labor sensata, que no ceda ante las presiones y que pueda pensar y escribir de manera libre.

 

Referencias

 

Sánchez, Carlos. «No hay libertad de prensa a medias». diariolasamericas.com, 21 de octubre de 2015. https://www.diariolasamericas.com/no-hay-libertad-prensa-medias-n3410168.

 

[1] “Los gobernantes no democráticos de la región (en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua) trabajan ahora en el establecimiento de una “imagen de libertad de prensa”, basada en el “periodismo responsable” que pretende representar a una actividad acotada, subordinada, de asustados sin libertad y que solo aspire a sobrevivir en la dictadura” (Sánchez, 2015).

[2] Episodio de represión estatal en 2003 por parte del gobierno cubano, donde se detuvieron cerca de 75 disidentes para sentenciarlos a entre 6 y 28 años de prisión.

[3] Intervención de María Elvira Domínguez, presidenta de la Sociedad Interamericana de Prensa, en la reunión anual de la SIP en Cartagena, Colombia (2019).

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