FORO CUBANO Vol 4, No. 34 – TEMA: TRAYECTORIAS PROFESIONALES DE PERIODISTAS INDEPENDIENTES CUBANOS–

Lo importante no es el periodista, sino el periodismo

Por: Glenda Caridad Boza Ibarra, entrevistada por Ted A. Henken
Julio 2021

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Nacida en un hogar revolucionario, Glenda Caridad Boza relata como pasó del periodismo oficial al periodismo independiente, señalando, entre otros asuntos, que el buen periodismo no debe ser necesariamente enemigo del régimen, sino que debe servir como herramienta para construir un mejor país, esto apegado a los hechos y a la imparcialidad

Glenda Caridad Boza Ibarra (Las Tunas, 1988) viene de una familia “revolucionarísima”, en las propias palabras de ella. Todos los miembros de su familia nuclear eran militantes o del PCC o de la UJC, incluyéndola a ella. Además, ella fue dirigente escolar a todos los niveles: primaria, secundaria, preuniversitario y universidad. Gracias a sus padres – con quienes ya no está de acuerdo en más de una cosa – ella todavía cree en la esencia de la Revolución Cubana, aunque hoy cree que queda muy poco de esa savia inicial y que cada día se aleja más de los ideales y principios originales.

 

Se graduó con una Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Camagüey en 2011, pero durante sus años como estudiante realizó sus prácticas laborales en todos los medios de prensa de Las Tunas: corresponsalía de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), el Periódico 26, la Radio Victoria y Tunasvisión. Al graduarse, consiguió un trabajo como periodista en la corresponsalía de la ACN en Cienfuegos. Pero durante los dos años que practicaba periodismo allá (2011-2013), llegó a frustrarse porque el trabajo de agencias premia la redacción de noticias e inmediatez, pero no le permitió desarrollar otros géneros como el reportaje de investigación, la crónica o el comentario. Ya para 2012 y 2013, se sentía una mera máquina de producir cables noticiosos, sin pasión.

 

Cambió de trabajo al periódico oficial “5 de Septiembre”, pero antes ya había abierto un blog como un espacio de catarsis y desahogo. En 2015, colaboró un par de veces con OnCuba pero lo hizo bajo el seudónimo “Osiris del Sol” porque el medio estatal 5 de Septiembre prohibía las colaboraciones en la prensa independiente. Finalmente, en 2017 llegó a El Toque, el medio donde sentía que podía realmente desarrollarse como periodista, profundizando sus habilidades y mejorando su situación económica. Además, la flexibilidad de colaborar con la prensa independiente la dio la libertad de estar al lado de su madre quien estaba muriéndose de cáncer en aquel entonces.

 

“Dejar en ese momento los medios estatales”, indica, “aún creo que fue la mejor decisión de mi vida, aunque cuando la tomé creía que el mundo se me vendría abajo”. Irónicamente, sus colegas de la Unión de Periodistas (UPEC) de Cienfuegos rumoraban que ella ya colaboraba con El Toque desde mucho antes bajo seudónimo. Pero en vez de sentirse difamada o insultada, reaccionó a esa mentira con arrepentimiento: “realmente debí haber empezado a colaborar con El Toque desde mucho antes”, concluye.

 

Boza se identifica como “mestiza”, pero algunos le llaman “mulata” pero aclara que se ve más como “jabá”, aunque se presenta como una mujer negra. Mas allá de lo físico, ella se define en relación a los lugares que ha vivido en Cuba. “Soy oriental y orgullosamente tunera”, explica, “aunque tengo una relación muy especial con Cienfuegos”. Como ha vivido en varias ciudades se siente “en casa” en muchas partes. “He vivido en varias provincias, pero en Las Tunas tengo mi hogar”, dice con una rima, “y en Cienfuegos un puerto seguro al que regresar.”

 

No obstante, como sigue publicando periodismo independiente crítico y serio desde que emigró a España, teme no tener un “puerto seguro” ya en Cuba. De hecho, dado los casos múltiples de emigradas como la periodista independiente Karla Pérez que ya no pueden volver a la isla, Boza dice: “Sales como emigrado y en un abrir y cerrar de ojos te conviertes en exiliado”.

 

“Yo emigré de Cuba”, explica, “pero he comenzado a sentir que, por mi periodismo, el día de mañana puedo convertirme en exiliada. Cuando se teme volver al país de origen ya una no siente más que emigró, sino que se exilió. Quiero creer que todavía soy solo una cubana que decidió salir del país, pero siempre tendrá las puertas abiertas al regreso. Quiero creer eso, aunque cada día aumente el miedo de no poder regresar o, de hacerlo, no poder salir.”

¿Cuál fue tu experiencia de los acontecimientos históricos en Cuba del día 11 de julio – manifestaciones antigubernamentales masivas y represión violenta policial seguidas por detenciones y condenas a los manifestantes – y durante los días y semanas después?

 

Me tocó vivir el 11 de julio a través de las redes sociales. Localizando videos, descargándolos para que luego no se pierdan, etiquetándolos, anotando datos, detalles, todo. Fueron —y son aún— jornadas de trabajo intensas para el equipo de El Toque. Intensas profesional y emocionalmente. Y me gusta la dinámica que hemos creado y cómo logramos articularnos a pesar de estar lejos. Lo más preocupante siempre han sido los colegas en Cuba, las personas en Cuba, sobre todo cuando cortaron el Internet.

 

Ver a la gente conectarse luego —mediante VPN— y subir fotos y videos, y contar sus experiencias fue un gran alivio, y también trajo tristeza, y rabia, y frustraciones, y decepciones, y hasta alguna pizca de odio. No voy a mentirte. Las imágenes de la represión de la policía, de los actos vandálicos en algunas ciudades, de las Brigadas de Respuesta Rápida, las personas detenidas, condenadas y juzgadas injustamente, los llamados a la violencia desde dentro y fuera de la Isla o de la manipulación de los medios de prensa nacionales e internacionales me dieron mucho miedo. La manifestación pacífica en muchas otras ciudades, la actitud coherente de mucha gente que admiro y quiero, el trabajo serio de varios medios de prensa por suerte, me trajo cierta esperanza.

¿Podrías describir tus orígenes familiares y sociales? ¿Qué trabajo o profesión practicaban tus padres y cuán “integrada” fue tu familia en el proceso revolucionario durante tu niñez? ¿Cuán “integrado/a” fuiste tu de joven/adolecente? ¿Cómo fueron tus experiencias educacionales hasta y durante el preuniversitario?

 

Nací y me crié en un seno revolucionario, revolucionarísimo.

 

Gracias a mis padres yo todavía creo en la esencia de la Revolución Cubana, aunque creo hoy que muy poco queda de esa sabia inicial. Mi padre dirigía una empresa de la construcción y mi madre fue miembro de la policía. Ambos nacieron antes de 1959. Él es un negro con dos ingenierías —civil y geofísica— y de niño era muy pobre. Su primer maletín de la escuela tenía grabado el apellido Miller, la familia norteamericana para la que mi abuela cocinaba. Ella había recogido el maletín de la basura.

 

Mi madre no pudo estudiar en la universidad. Fue la mayor de sus hermanos y a los 14 tuvo que ponerse a trabajar. Alcanzó solo el nivel técnico medio, pero me enseñó de informática muchas de las cosas que sé hoy. Fue miembro de la policía y nunca perdió el vínculo con la seguridad del estado. Fue vanguardia nacional por más de 10 años y tuvo medallas y distinciones de todos tipos. Mi hermana mayor fue profesora del politécnico de la salud y de la escuela provincial del partido.

 

Te explico todo esto porque a toda esa historia se debe la mujer que soy hoy. No pude crecer en una familia más integrada que esa. En mi casa todos éramos militantes, del PCC —mis padres y mi hermana mayor— o de la UJC —mi hermana mediana y yo—. Yo fui dirigente escolar a todos los niveles: primaria, secundaria, preuniversitario, universidad.

 

La mujer que soy hoy, se lo debo a mi familia, aunque en más de una cosa ya no estemos de acuerdo. Yo sí creo en el estado de derecho socialista y por eso me irrita que “eso que hay en Cuba” sea llamado socialismo. Cada día siento que se alejan más.

¿Cómo y porqué decidiste estudiar periodismo en la universidad?

 

A ciencia cierta no había una razón específica para estudiar periodismo. Fue una carrera que decidí desde pequeña porque me llamaban la atención la radio y la televisión. Era una carrera “chic” y las personas siempre me decía que por mi facilidad para comunicarme podía elegirla. A mí me gustaba la conducción televisiva y creí que el periodismo era lo más cercano a ello. Había también en esa elección cierta vanidad de adolescente.

¿Tenías conciencia en aquel entonces que al ser periodista en un país como Cuba ibas a servir los intereses del gobierno-partido (para la propaganda) y no servir al interés público (para la información)?

 

Cuando una sale de la universidad tiene muchas ganas de hacer cosas, pero poco a poco las rutinas productivas a veces nos hacen seguir la corriente del periodismo cómodo y fácil. Yo misma hice notas que hoy critico y utilicé frases y palabras que hoy me irritan. Y siento que nunca fui de las que más se acomodaron. Pero me satisface saber que muy pocas veces —no voy a decir jamás para no generalizar—escribí algo con lo que no estaba de acuerdo. Sin pecar de egocéntrica, creo que, puedo darme con una piedra en el pecho porque siempre he sido de las que no se esconden para decir lo que piensan. De las “boconcitas” como diría mi mamá.

¿Qué era el enfoque de tu tesis de grado y quien fue tu tutor?

 

Mi tesis de grado fue una investigación sobre la estancia de Haydée Santamaría en el municipio de Amancio Rodríguez durante la zafra de los 10 millones. De esa historia no contada salieron varios productos periodísticos. Amancio es un pueblo desfavorecido al sur de Las Tunas. Mi familia es de allí. Siempre lo he visto como un pueblo medio olvidado, muy pobre. Creo que estar lejos de la carretera central lo afecta mucho. A veces parece detenido en el tiempo. Haydée estuvo allí en 1970 y muy poco se contó de todo lo que hizo durante su estancia.

 

Mi familia —mi madre específicamente— tuvo contacto con ella y fue de las personas que ella ayudó. Pero Haydée se suicidó y su decisión nunca fue bien vista. Hay mucho misterio todavía por descifrar en su vida. De esas historias de mi madre, de esa neblina llena de prejuicios alrededor de Haydée, salió la motivación para contar la historia. Mi tutora fue una profesora recién graduada en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV), Meilys Cruz Fernández.

¿Cuál fue tu primer puesto laboral como periodista en el sector oficial/estatal? ¿Fue agradable o desconcertante? ¿Cómo combinaban estas experiencias profesionales con las esperanzas y ambiciones que tenías como estudiante?

 

Cuando me gradué comencé a trabajar en la corresponsalía de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en Cienfuegos. Por un lado, fue muy agradable porque yo estaba recién llegada a Cienfuegos y ese trabajo —solo éramos la corresponsal jefa y yo— me permitió conocer casi todo sobre la provincia: lugares, historia, cultura, personalidades, características socioeconómicas, dirigentes, etc. También me permitió ser conocida y me abrió puertas, que en el mundo del periodismo siempre es importante.

 

Aunque el periodismo de agencia brinda muchas habilidades periodísticas en cuanto a redacción de noticias e inmediatez, no permite desarrollar en profundidad otros géneros como el reportaje de investigación, la crónica o el comentario. Durante aquellos primeros años llegué a sentir que yo era una máquina de producir cables noticiosos, así en automático, sin pasión.

¿Y tu crees (o creíste en aquel entonces) que eso de ser “una maquina de producir” era función del trabajo que tenías en este medio especifico (ACN) o una característica mas fundamental los todos los medios oficiales?

 

En la ACN se evaluaba por productividad, más que por calidad. Y yo siempre he sido puntualita. A veces escribía una información diaria. Creo que es un error de los medios de prensa exigir a sus periodistas una cantidad “X” de trabajos al mes. Eso le quita rigurosidad a la profesión. Hay quien necesita meses para terminar un reportaje, o a quien se le dan más fácil las entrevistas o las crónicas.

 

Exigir que cada autor tenga varios géneros periodísticos al mes, solo hace que se desaprovechen las potencialidades de cada cual y el periodismo y los medios se vuelvan una máquina de “moler” noticias. Y aparezcan entonces pésimos hábitos como segmentar los datos de una noticia para convertirlos en dos o más informaciones. Esas prácticas las he visto mucho en la prensa escrita y en la radio, fundamentalmente.

¿Podrías compartir una anécdota de tu estancia en ACN que ilustre este sentir de frustración creciente en ti?

 

Realmente no recuerdo ninguna así en específico. Solo recuerdo que empecé a sentir la necesidad de escribir más sobre un asunto determinado, de tener más tiempo para investigar, de que mi trabajo no fuera leído solo por las personas que recibían los cables. Yo quería abordar temas de la realidad y que mi trabajo lo leyeran más personas. La ACN es una gran escuela, pero su anonimato me estaba molestando. Supongo que eran los egos de recién graduada. Hoy entiendo que lo importante no es el periodista, sino el periodismo.

 

En 2011, el escritor cubano Juan Orlando Pérez publicó una reflexión en su blog Juan sin nada titulado: “Profesión, periodista. Cubano. Perdón”. Dice que ser periodista en Cuba es la receta perfecta para una vida profesional de una “espesa insatisfacción” y “tremenda frustración”. Al mismo tiempo, describe los dos años que trabajó en La Tribuna de La Habana como los más felices de su carrera. ¿Cómo entiendes esta descripción contradictoria de Pérez?

 

Mis años en la prensa oficial no fueron años infelices, a pesar de que muy pocas veces sentí que hacía el periodismo que realmente quería. Las personas que conoces, los amigos que haces, y en mi caso toda la gente que me apoyó en mis primeros años en una ciudad y provincia totalmente desconocida y diferente a mi natal Las Tunas, hacen que extrañe aquellos años.

 

Pero extraño la gente, el ambiente —con algunas personas— y hasta la facilidad con que podían realizarse los trabajos y las entrevistas, si había autorización y no eran sobre temas incómodos. Sin embargo, era muy frustrante que la gente te sugiriera o pidiera hacer algún trabajo sobre alguna temática “compleja” y no poder ayudarlos porque “no se puede hablar de ese tema” o “tienes que cambiar algunas cosas para que no salga así”.

¿Podrías compartir una anécdota especifica o ejemplo particular de esto?

 

Recuerdo que quería hablar del caso de un trabajador por cuenta propia a quien llevaron a juicio por evasión de impuestos y estuvo preso durante tres meses a la espera de juicio, y finalmente recibió una carta de disculpa del Tribunal Provincial, pero el Ministerio del Interior nunca le devolvió todas sus pertenencias. En el caso estaban involucradas la Asamblea Provincial del Poder Popular, el Comité Provincial del PCC y otras instituciones estatales para quienes había trabajado, pero no se me permitió hablar del asunto. Tuve en mis manos todos los documentos, las pruebas, los contactos para los testimonios, pero no pude escribir ni una palabra.

 

Sin embargo, también recuerdo trabajos que “gustaron poco” en “las altas esferas” y fueron defendidos por mis superiores, sobre todo durante mi primer año en el periódico “5 de septiembre” de Cienfuegos.

 

¿Igual, podrías compartir una anécdota especifica o ejemplo particular de esto?

 

Una de las mejores directoras que he tenido se llama Alina Rosell y fue mi directora en los primeros años en el periódico “5 de septiembre”. Ella y la jefa de información en aquellos años, Magalys Chaviano, siempre defendían el trabajo de los periodistas, incluso a veces se “batían” en la propia dirección del centro y los periodistas ni se enteraban. Siempre asumieron que el trabajo de los periodistas era también su trabajo, y por tanto asumían la misma responsabilidad de los autores. Aquel acompañamiento fue una linda experiencia profesional para mí.

¿Podrías describirme tu trayectoria como periodista a través del tiempo (tanto en el sector oficial como en el sector independiente y tanto en Cuba como en el extranjero)? ¿Cuáles han sido los medios con que has publicado y como ha ido cambiando tus colaboraciones periodísticas?

 

No me creo una gran periodista. Creo que todos los medios donde estuve me aportaron como persona y como profesional. Tanto los estatales como los independientes. Sin embargo, creo que el periodismo que hago ha crecido en los últimos años, y en buena parte se lo debo a El Toque. Las dinámicas del colectivo, la manera de organizar el trabajo y hasta las diferencias entre sus miembros me han aportado distintas formas de ver las cosas y hacer periodismo. Además, he podido compartir con periodistas de otros países —durante mis años de la prensa estatal también— y ello también permite ver la profesión desde otros ángulos.

 

¿Participaste en el fenómeno “blogger” y cual fue el impacto de esta experiencia en ti?

 

Yo tuve un blog, pero fue más un espacio de catarsis y desahogo. Surgió en aquellos años cuando en la ACN no podía publicar todo lo que quería. Quizás porque nunca lo propuse. Pero no fui parte de aquella guerrilla inicial de blogueros. Luego me les uní, cuando habían quedado más como un grupo de jóvenes entusiastas que recorrían Cuba para conocer gente diversa y hacer por ellos.

¿Durante que años colaboraste con OnCuba? ¿Cuál fue el seudónimo? Y aunque la razón puede ser obvia, ¿Por qué usaste un seudónimo en OnCuba y no tu nombre real? ¿Todavía estabas trabajando en ACN cuando empezaste en OnCuba?

 

En OnCuba publiqué un par de veces, los dos en 2015. Un fotorreportaje, “Un parque ilumina la Perla del Sur”, y una entrevista al pesista Yoelmis Fernández, “Mi rival es la plataforma”. Usé el seudónimo Osiris del Sol porque yo trabajaba en un medio estatal (Periódico 5 de septiembre) y estaban prohibidas las colaboraciones.

 

¿Desde cuándo colaboras con El Toque y por qué con El Toque y no con otro medio independiente/alternativo? ¿Hay algo en particular que te atrae sobre su línea editorial y/o tienes una buena relación profesional con los editores?

Comencé a escribir en El Toque en 2017, aunque según algunos colegas de la UPEC en Cienfuegos, yo escribía desde mucho antes bajo seudónimo y una supuesta foto mía de perfil con las trenzas tapándome la cara. Mi reacción ante aquella mentira no fue de molestia, sino de arrepentimiento: realmente debí haber empezado a colaborar con El Toque desde mucho antes.

 

El Toque siempre me pareció un medio muy serio. Me gustó siempre su trabajo. Ahí leía a varios colegas que admiro mucho y que además son mis amigos, y sentía cierta cercanía emocional y profesional.

 

¿Cómo y porqué decidiste dejar el periodismo oficial y lanzarte como periodista en los medios independientes, fuera de las instituciones del estado? ¿Saliste por voluntad propia o te expulsaron?

 

Salí de la prensa oficial por voluntad propia. Modestia aparte, me fui con una muy loable carta de recomendación de mi director. No me fui directo a los medios independientes. Me salí por diferencias con la dirección del periódico y porque sentía que el ambiente se volvía hostil. Le hice rechazo al trabajo y decidí pedir la baja. No le hice rechazo a mis compañeros, sino a la dirección.

 

Además, fueron meses (mi madre enfermó de cáncer en 2015 y tuvo recaídas hasta que falleció en 2018) de problemas familiares que requerían mi presencia en Las Tunas y no bastaba con tres meses de licencia. Mi prioridad era mi familia y decidí ponerlos por encima de mi trabajo. Fue un momento de grandes cambios personales —separación, mudanza— y decepciones con dirigentes de Cienfuegos. Estaban todas las condiciones para que me fuera de Cienfuegos y de sus medios estatales.

 

En 2017 me mudé a Santa Clara y aunque quise, nunca busqué trabajo en serio en los medios estatales. Mi mamá estaba enferma y viajaba constantemente a Las Tunas, por tanto, no tenía sentido buscar un trabajo fijo. Fue entonces cuando decidí comenzar a colaborar con El Toque.

 

Tenía la posibilidad de trabajar a mi ritmo, desde la casa y aumentar mis ingresos, sobre todo en un momento en que mi familia lo necesitaba. Fui colaboradora durante un año y medio (agosto de 2017-2018) y me dio la oportunidad de estar al lado de mi mamá en su último año de vida. Y además me permitió aumentar su calidad de vida también.

 

Dejar en ese momento los medios estatales aún creo que fue la mejor decisión de mi vida, aunque cuando la tomé creía que el mundo se me vendría abajo.

¿Cuáles fueron las reacciones de las personas y los medios con quien trabajaste en el sector estatal?

 

La reacción de mis amigos —los verdaderos— no fue negativa. Continuamos frecuentando los mismos sitios juntos y, hasta compartiendo informaciones y fuentes. Algunos cuando sabían de una temática que no les iban a dejar publicar, me la pasaban. Incluso, otros colegas menos cercanos continuaron tratándome de la misma forma. Los otros se alejaron, pero esos nunca fueron importantes para mí.

 

¿Cuáles fueron los costos y beneficios de esta decisión?

 

Los beneficios de esta decisión ya lo he contado: estar con mi madre y darle una vida digna durante sus últimos meses no tiene comparación. Entre los costos está el estigma de ser de la “prensa independiente” y todo el significado que ello tiene, no solo en colegas, sino en la población en general que puede negarte información, maltratarte, desconocer tu trabajo. Incluso, opinar y juzgarte sin conocerte.

¿Podrías dar mas detalles sobre eso de “el estigma de ser de la ‘prensa independiente’ y todo el significado que ellos tiene”? ¿De donde viene tal estigma en tu opinión? ¿Eso ha cambiado? ¿En aquel entonces decías que eras una “periodista independiente” o usabas otra terminología?

 

La prensa independiente siempre ha sido vista como la oposición, la contrarrevolución, los periodistas pagados para mentir sobre Cuba y ver solo —y exagerar— las manchas. Así también la veía yo, que ni siquiera consumía “prensa independiente”. Ese era el estigma que siempre tuvo, al menos en mi opinión. Incluso cuando empecé a colaborar con El Toque a varios amigos y colegas de la prensa en Las Tunas y Cienfuegos les sugirieron que no anduvieran conmigo, porque yo era como “la peste”.

 

Los verdaderos no le dieron importancia a eso y, aunque me alertaron de lo comentarios, no se alejaron. Sí hubo varios, algunos incluso a quienes había tutoreado durante sus años de estudiantes, que me quitaron su amistad en las redes sociales. En el fondo me dan hasta un poco de lástima. Pero entiendo que la ingenuidad puede hacer que uno se crea cualquier estupidez. Los años son los que nos van cambiando la mirada.

Mirando atrás a tu propio desarrollo profesional y orientación política a lo largo de los años ¿cómo ha ido transformándose este desarrollo y esta orientación y porqué? ¿Hubo un momento de ruptura o despertar o fue más un proceso lento y largo de distanciamiento e independencia?

 

Creo que ha sido un proceso lento y largo. Mi desarrollo profesional ha estado acompañado por una posición más crítica ante lo que sucede en Cuba. Hacer periodismo y meterme en temas muy sensibles, sin censura ni autocensura, hace que una vea las cosas de manera diferente.

 

¿Qué opinas de la prensa oficial? ¿Cómo podrías describírmela? ¿Es monolítica o tiene luces y sombras?

 

La prensa oficial cubana tiene sus luces y sombras. Tiene muy buenos periodistas haciendo muy buen periodismo, sobre todo en los medios provinciales. Hay muchos ejemplos. Hay también buenos periodistas que no pueden hacer el periodismo que quieren y se cansan y caen en la monotonía. Como en toda la prensa en general hay buenos y malos ejemplos de periodismo.

 

¿Qué es lo que diferencia fundamentalmente al periodismo independiente del periodismo oficial? ¿Cómo comparas sus condiciones de trabajo? ¿Cómo comparas sus habilidades de apoyar o facilitar el periodismo?

 

Es cierto que tienen mayor acceso a recursos, fuentes, condiciones de trabajo. Algunos las aprovechan y otros no. Entiendo además que la remuneración económica puede ser una desmotivación.

¿Qué opinas de la prensa independiente? ¿Cuáles características la definen?

 

Hay buena prensa independiente y mala prensa independiente. Algunos medios son más serios que otros. Algunos solo buscan aumentar sus clics, los lectores y otros tienen un compromiso verdadero con el periodismo, quieren ser útiles. La prensa independiente, como toda la prensa en general, se puede calificar en buena o mala. Yo, como es lógico, por respeto a la profesión que estudié durante 5 años, prefiero el periodismo serio.

 

A tu juicio o en tu experiencia como periodista y como lectora, ¿Cómo describirías el ecosistema o el espectro de los medios independientes cubanos? ¿Cómo se distinguen entre si y cuales son las características que los unen y cuales son las características que los diferencian o separan uno del otro? ¿Hay o había una distinción importante entre los medios “independientes” y los medios “alternativos” y los medio “no-estatales”?

 

En esta respuesta incluyo la anterior. Para mí la prensa, en general o es buena, o es mala. Lo que pasa es que cuando se habla de medios no estatales es para referirse a aquellos cuya política editorial la rige el departamento ideológico del Comité Central del PCC, y cuando se habla de independientes se refieren a los que no entran en esa “oficialidad” y tienen políticas editoriales diversas.

Eres periodista, pero ejercer el periodismo fuera de la oficialidad en Cuba te convierte en una suerte de “disidente” en los ojos del estado aún cuando esta no es tu intención. ¿No? Para ti, ¿cuál es la diferencia clave entre un periodista independiente y un disidente, opositor o activista? ¿Es posible ser ambas cosas al mismo tiempo?

 

Yo soy periodista independiente solo porque el Estado no reconoce que existe una prensa al margen de la oficial. Pero no me considero ni opositora, ni disidente —aunque sí una persona que disiente—, ni activista —a no ser esta última en materia de feminismo—.

 

La prensa independiente siempre ha sido vista en relación de oposición al gobierno cubano, y por eso todo lo que huela a prensa independiente es mal visto. La diferencia entre la prensa independiente, la disidencia, la oposición y el activismo debería ser el periodismo. Punto.

 

Se puede ser opositor, activista, disidente o revolucionario, pero esos adjetivos se enfocan en las pasiones e ideologías de cada cual. Para hacer periodismo hay que ser objetivo, serio y siempre que sea posible, imparcial.

 

Para explicarlo a mí me gusta esa frase que si dice que “si una persona dice que llueve y otra que no, el trabajo de un periodista debería ser abrir la ventana y averiguar si realmente llueve”.

Si eres graduada de Periodismo, es probable que tengas amigos y colegas que siguen trabajando en el sector oficial mientras tu y muchos otros han optado por el sector alternativo, independiente, no-estatal. En tu opinión, ¿Hay algo en particular que distingue a los que se quedaron trabajando dentro de la oficialidad de los que se fueron?

 

Hay algunos amigos que sé que quieren hacer un mejor periodismo desde dentro de los medios estatales, que no han perdido la esperanza. Otros creo que siguen dentro por comodidad o por miedo a las presiones e incertidumbres de un cambio radical, o porque así lo desean. Cada experiencia de vida creo que es diferente.

 

De la misma manera, debes tener muchos colegas periodistas independientes quienes se han quedado trabajando dentro del país mientras tu has optado por salir. En tu opinión, ¿Hay algo en particular que distingue los que se han ido de los que se quedaron trabajando dentro del país?

 

Creo que en ambos casos hay mucha valentía. Los periodistas independientes que quedan trabajando en Cuba se arriesgan a presiones, interrogatorios, violaciones de sus derechos, asesinatos de carácter, amenazas a la familia y muchas otras arbitrariedades. Se arriesgan también a que las personas los rechacen cuando quieran hacer su trabajo. Los que estamos fuera también nos exponemos a esas amenazas e incluso a que no sea permitida la entrada o salida del país. Sales como emigrado y en un abrir y cerrar de ojos te conviertes en exiliado.

Como tu vives fuera de Cuba, ¿Has podido seguir trabajando como periodista fuera del país? ¿Cuáles son los desafíos de cubrir temas cubanos estando en el extranjero? ¿Cuáles son las ventajas?

 

Por suerte he podido continuar haciendo periodismo, pero hay muchos desafíos, y el principal es perder el contacto con la realidad. La muestra más fehaciente de cuánto intento mantenerme al corriente de la situación en la isla es que, tras varios meses en España, mi horario es el cubano. En vez de seis horas de diferencia, yo tengo dos o tres. Es un riesgo para la salud, pero es una necesidad de la profesión. Incluso todavía digo “aquí”, “esto”, como si siguiera en La Habana. Lo más difícil es no poder estar en el lugar para comprobar las cosas y vivirlas en primera persona. Me toca confiar en la gente que entrevisto y hablar mucho con familiares y amigos que son siempre mi referencia principal de la realidad. La ventaja de estar fuera es poder escribir con menos presiones y mejores recursos, como el acceso a Internet, por ejemplo.

Durante un tiempo se enfatizó el hecho de que algunos blogs y después medios independientes se hicieron “desde Cuba” mientras otros se hicieron “desde afuera”. ¿Para ti, todavía tiene importancia o significado o relevancia esta distinción dada la realidad cada vez más “trasnacional” del periodismo y de la nación cubana?

 

Yo creo que para hacer periodismo sobre Cuba no hay que estar en Cuba, pero también reconozco que no estar en Cuba puede, en muchas ocasiones y en dependencia de las fuentes que se consulten, distorsionar la realidad. Por eso hay que ser muy riguroso en el periodismo cubano, sobre todo si no se está en el país. Cuba cambia constantemente y a los dos meses de estar fuera las cosas pueden ser muy distintas.

 

Claro, si se está en constante comunicación con familiares y amigos que hablan con sinceridad, y se consume información sobre la isla es posible hacerse una idea lo más real posible de esa realidad que se quiere escribir. El acceso a Internet ha sido además muy beneficioso porque ha logrado un acercamiento tal que una llega a sentir que no se ha ido. Y eso incluye no solo saber qué está pasando sino también seguir disfrutándola y sufriéndola. Hay medios que “desde afuera” contribuyen a distorsionar la interpretación de Cuba tanto como medios oficiales “de adentro”.

El periodismo independiente cubano siempre se ha nutrido del trabajo de periodistas autodidactas o “periodistas ciudadanos”. Para ti, ¿la distinción entre periodistas independientes “profesionales” (con títulos universitarios y experiencia en el sector oficial) y los autodidactas tiene relevancia o importancia?, y si es así, ¿en qué sentido?

 

El periodismo o es bueno o es malo. Esta es una profesión que puede realizar alguien que ha estudiado o no. Es cierto que la academia puede aportar conocimientos y herramientas, pero a hacer periodismo se aprende haciendo periodismo.

En todas partes del mundo el modelo de la financiación de los medios está en crisis. En Cuba, además hay un discurso oficial de que los medios y periodistas independientes son realmente “subversivos” y “mercenarios” porque cuentan con financiación alternativa. ¿Podrías hacer una valoración personal de cómo tu negocias en este contexto? ¿Cuáles son algunas de tus estrategias para navegar dentro de este contexto extremadamente polarizado y politizado?

 

Para mí lo más importante es ser fiel a mis principios y por consecuencia al periodismo. La clave, creo, está en dejar de un lado las acusaciones —que sí, molestan, acusan, desacreditan— pero dejar que sea el trabajo que hagas, en este caso el periodismo que hagas, el que hable por ti.

 

Solo la seriedad con que se trate un tema, la utilidad de un trabajo, el apego a los hechos y a la realidad, podrá hacer que el público decida si vale la pena o no leerte, si eres un periodista serio o no. Las descalificaciones siempre llegarán de un lado y otro, porque los ataques no son solo desde el gobierno.

 

También en el otro extremo hay quien ataca porque no dices lo que “debería decir la prensa independiente”. Pero no todo es blanco o negro. La vida, la realidad cubana tiene sus matices, y creo que lo importante es no perderlo de vista.

¿Hasta la fecha, cuál ha sido el impacto del auge del nuevo periodismo independiente digital en Cuba? ¿El periodismo independiente tiene futuro en la Isla? ¿Qué se debe cambiar para que tenga más o mejores posibilidades de existencia y éxito?

 

Para mí es esencial que el gobierno cubano reconozca que existe un periodismo no estatal que, además, está lleno de periodistas formados en las universidades cubanas. Creo que el periodismo independiente, el buen periodismo no debería ser necesariamente un enemigo del gobierno de Cuba, sino que, a corto, mediano y largo plazo, debería ser una herramienta para construir un país mejor.

 

El periodismo no siempre debe asentir, sino también denunciar, negar, poner el dedo en la llaga. El buen periodismo independiente —y lo diferencio del periodismo independiente que se disfraza de periodismo pero que es, sobre todo, propagandístico— es el contrapeso de un periodismo estatal que solo ve las luces. En la construcción de un país mejor faltan muchas cosas, una de ellas, insustituible, es el periodismo independiente.

Si pudieras recomendarme algunos artículos que has publicado que son representativos de tu trabajo periodístico a lo largo de tu carera, ¿cuáles serian?

 

católicos gestionan hospital psiquiátrico de día en Santa Clara”, El Toque, 25 de enero, 2018.

 

El negocio funerario y el Día de las Madres”, El Toque, 14 de mayo, 2019.

 

Los fantasmas de una ciudad nuclear”, El Toque, 5 de agosto, 2019.

 

Madres solas en pandemia: la “supermujer” no existe”, El Toque, 17 de julio, 2020.

 

Higiene femenina en Cuba: inventos y otros trapos”, El Toque, 16 de enero, 2021.