Cuba y Latinoamérica: Crisis y perspectivas

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Por: Jorge Ignacio Guillén Martínez

Octubre 2019

La región latinoamericana se encuentra en un momento de incertidumbre, al menos con dos grandes retos por delante, los que demandan esfuerzos enormes para superar la crisis crónica que se ha padecido durante los últimos años. Por un lado los niveles de crecimiento se han estancado y las predicciones no son alentadoras para el cierre de 2019. Las cifras apuntan a un estancamiento de los niveles de crecimiento en unos casos y en otros a una ralentización del crecimiento en los últimos años, los datos de la CEPAL  (2019) indican que el crecimiento promedio de la región se ha estado deteriorando en términos generales en los últimos cinco años y se prevé que para el 2019 se cierre con un crecimiento de 0.5%, seguido de una discreta expansión en 2018 de apenas 0.9%. Específicamente países como Venezuela, Nicaragua y Argentina son altamente responsables del bajo crecimiento de la región, mientras que países como Bolivia, Perú, Colombia y Chile han mantenido tasas de crecimiento aceptables y buenas en algunos casos.

Por otro lado las desigualdades siguen siendo uno de los mayores obstáculos regionales, los índices colocan a la región como la más desigual del mundo (CEPAL, 2017), y esta se expresa tanto entre países como al interior de estos. En este caso es un problema fuertemente expandido a lo largo del territorio latinoamericano, y que afecta tanto a países que son “referentes” para la izquierda regional (Venezuela), como a otros donde la derecha ha dominado el escenario político por años (el caso de Chile).

La inestabilidad política, es a su vez uno de los mayores problemas de la región con constantes giros de la izquierda a la derecha, políticas de gobierno que no logran articular proyectos económicos, políticos y sociales sostenibles en el largo plazo en la mayoría de los países de la región, además de alimentar la desconfianza hacia las instituciones democráticas, generar apatía, desinterés, crisis de los partidos políticos, y crisis de representatividad en sentido general (Alcántara, 2004; Martínez, 2009). Al mismo tiempo, esta es una de las causas de las pocas perspectivas reales para la integración, la amplia heterogeneidad política existente con frecuencia mutila los intentos de integración.

El panorama señalado supone retos enormes para la región latinoamericana, entre ellos una ampliación del concepto de desarrollo y un reconocimiento de la gran heterogeneidad existente entre los países de América Latina, a fin de adoptar una definición más amplia y multidimensional, que incluya no solo mejorar los estándares de vida de las personas, sino también lograr procesos de crecimiento sostenibles e inclusivos que se hagan cargo de la desigualdad social, la pobreza y otros males que caracterizan a los países de la región. Este cambio de paradigma en cuanto a la búsqueda del desarrollo representa -desde mi punto de vista- el principal y mayor reto económico que enfrenta Latinoamérica.

En segundo lugar, las reformas estructurales que dado el contexto de desaceleración económica que se vive en la región han de impulsarse con el fin de propiciar una transformación de la matriz productiva, la reducción de la dependencia de los commodities y la diversificación de mercados para el comercio exterior y la inversión, son otros de los retos importantes que se plantean. Al mismo tiempo estas reformas estructurales han de generar incentivos para una mayor productividad y profundizar la competitividad de manera que la región se pueda integrar con mayor efectividad en la economía mundial (Llorente & Cuenca, 2015).

En consonancia con lo anterior, la competitividad y la productividad son tareas urgentes en el contexto latinoamericano actual. Precisamente una de las mayores brechas que afecta a la región es la de la productividad e innovación, este último elemento vital para garantizar mayor competitividad. Tanto la productividad como las inversiones en investigación y desarrollo (I+D) en el caso de América Latina los niveles son muy inferiores a lo que son en los países de la OCDE o comparado con Estados Unidos. Al analizar los datos de muchos de los países de la región latinoamericana se puede observar que los gastos en I+D no superan los 0,5 % del PIB, mientras que, en Europa, EEUU y Japón, varían entre 2,0 % y 3.6 % del PIB (CEPAL, 2010).

A pesar de que a nivel agregado, estos siguen siendo problemas enormes, de manera particular existen algunas lecciones que pueden ser ilustrativas para entender mejor la manera en la que Cuba ha de avanzar en el desarrollo de su modelo económico y político. Si bien Latinoamérica no es el ejemplo perfecto para seguir de cara al futuro de Cuba, la experiencia de esta región plantea importantes retos y desafíos que han de ser tomados en cuenta para que en Cuba se pueda construir un modelo económico capaz de garantizar a sus ciudadanos prosperidad, justicia social y sustentabilidad.

¿Dónde se encuentra Cuba?

Frente a este panorama regional, Cuba no queda al margen, sino que es parte de estos problemas y se enfrenta a los mismos desafíos que el resto de la región en términos generales, aunque en condiciones distintas. Elevar los niveles de crecimiento, es hoy en día la principal tarea que se presenta en el país caribeño, luego de 60 años de crisis crónica del modelo económico; mientras que enfrentar de manera efectiva las desigualdades es también prioridad en un contexto en el que si bien no se habla mucho del tema, ya se observan marcadas diferencias hacia el interior del país.

En los últimos cinco años el crecimiento del Producto Interno Bruto en Cuba ha estado por debajo de 2.5% anual, con excepción del año 2015, y en tres de los últimos cinco años el crecimiento ha sido inferior al 2%. Si se tiene en cuenta el estimado de crecimiento de la CEPAL para la economía cubana en 2019 (CEPAL, 2019), sumaríamos otro año con muy bajo crecimiento, 0.5% en este caso. De esta manera el promedio de crecimiento del PIB cubano entre 2010-2019 (tomando en cuenta el estimado de 0.5% de la CEPAL para 2019) se sitúa en un 2.1%, y si reducimos el rango a los años comprendidos entre 2016-2019 el promedio de crecimiento baja a 1.2% del PIB (ONEI, 2018). Los datos hablan por sí solos. El gobierno cubano ha declarado la necesidad de crecer a ritmos superiores al 5-7% anual para lograr solucionar las principales contradicciones del modelo económico cubano actual, de manera que se necesita potenciar los niveles de crecimiento de forma exponencial.

La economía depende sensiblemente de tres variables externas, que constituyen los tres ingresos fundamentales del país. En primer lugar los acuerdos de colaboración política que hacen posible la exportación de servicios profesionales, y que pueden verse fuertemente dañados por cambios políticos que acontecen en la región, como demuestra el ejemplo de los más de 8 000 médicos retirados de Brasil luego de la victoria de Bolsonaro, o la limitación que impone la crisis venezolana para seguir ampliando la exportación de profesionales hacia este país. Por otro lado, las remesas, fuertemente afectadas con las sanciones del gobierno norteamericano hacia la Isla. Un ingreso que también depende en gran medida de la política exterior de otro gobierno, y que no puede ser capitalizado de forma autónoma, efectiva y en su totalidad por la economía cubana. Por último, el turismo constituye el otro ingreso importante que tampoco depende de Cuba en gran medida, las sanciones una vez más son una fuerte limitante al respecto.

Respecto a lo anterior, la región latinoamericana no ofrece grandes perspectivas para Cuba a no ser en lo referente a la exportación de médicos. Pues ni el turismo, ni las remesas vienen de los países latinoamericanos. Además, como ya señalé con anterioridad, la inestabilidad política de la región condiciona los posibles contratos de exportación de servicios profesionales al corto plazo, sin hablar de lo injusto, cuestionables y desacreditador de este rubro de la economía en términos políticos y de respeto de derechos humanos. De modo que, poco puede contar Cuba con Latinoamérica si no se desarrollan nuevas líneas de colaboración, si no se genera una apertura económica, si no se produce un cambio en la Isla que facilite la creación de nuevos vínculos comerciales y de inversión. Para los países latinoamericanos, sin lugar a duda, existen mercados mucho más atractivos que el cubano, potencias como China y Estados Unidos tienen una fuerte presencia en la región, y ningún país latinoamericano priorizará el comercio y las inversiones con Cuba ante que con alguno de estos u otros socios. De este modo, los cubanos podemos seguir aferrados a un modelo socialista y centralmente planificado, plagado de ineficiencia y baja productividad, o podemos generar un cambio estructural del modelo económico con vistas a aumentar el atractivo  de los grandes mercados mundiales y también latinoamericanos, con vistas a eliminar la dependencia de acuerdos políticos con países afines, con el objetivo de abrirnos verdaderamente al resto del mundo para diversificar nuestras fuentes de ingreso y aprovechar al máximo nuestras potencialidades como país.

Lo que Cuba debe y puede hacer

No obstante los problemas anteriormente descritos, existen países latinoamericanos que lo están haciendo bien desde un punto de vista económico, y estos son ejemplos para Cuba. De manera concreta, de las experiencias peruana, boliviana, paraguaya, costarricense, chilena, entre otras, es posible encontrar lecciones que Cuba ha de afrontar, sin copiar ninguno de estos modelos económicos pero enriqueciéndonos de lo que estos países han hecho bien en materia económica para crecer y mantener estabilidad macroeconómica. Hay cosas que inmediatamente se deben cambiar en la economía Cubana, para lograr un despegue de la economía nacional, una mayor integración en el contexto regional, un aprovechamiento de las potencialidades propias y de las oportunidades externas. Algunos de estos retos, lo son también para los países de la región, no solamente para el caso cubano.

1. En primer lugar, es necesario separar y eliminar la dependencia extrema de las cuestiones económicas respecto a las cuestiones políticas. Generar políticas de Estado y no de gobierno, pensar en el largo plazo y no solo en la coyuntura actual, ir a la raíz de los problemas económicos y no mirar la superficie de manera habilidosa para sacar beneficios políticos. Latinoamérica sufre de manera crónica este mal. Argentina es un buen ejemplo de los problemas económicos que se generan al subordinar completamente la política económica a los vaivenes políticos. El ejemplo cubano y venezolano demuestran también lo que la tozudez política puede causar en términos económicos.  Garantizar la necesaria separación entre lo político y lo económico, lo de Estado y lo de gobierno, el corto y el largo plazo, lo estructural y lo coyuntural, resulta decisivo para la efectividad de la política económica, la consecución del crecimiento económico y el enfrentamiento a las desigualdades.

Crear instituciones fuertes, transparentes, democráticas que generen el marco legal, las reglas del juego para el efectivo desarrollo de la economía cubana es también tarea prioritaria. No se puede avanzar económicamente sin organizar el “juego de los actores” en base a criterios de justicia, representación, democracia, libertad, racionalidad, ciencia. Las improvisaciones no funcionan, la experiencia cubana lo demuestra, hay que actuar de modo coherente con los principios anteriormente señalados, en el marco de un sistema que combine libertades económicas básicas y reconozca las leyes del mercado, al mismo tiempo que se garanticen espacios de regulación estatal en vistas a enfrentar externalidades y desequilibrios del mercado. Como en la mayoría de los países latinoamericanos, Cuba ha de abandonar de una vez el ineficiente modelo de planificación central. La historia ha demostrado su fracaso, la realidad cubana da testimonio de ello cada día.

2. Por otro lado, Cuba puede acabar de una vez con el parasitismo que por años ha lastrado su desarrollo económico y una verdadera apertura al resto del mundo. Ni en los tiempos de la colonia, ni de la Unión Soviética, ni en los de Venezuela se han logrado resultados positivos en términos generales como consecuencia de la fuerte dependencia de cada uno de estos países o grupos de países.

Esta dependencia exterior casi siempre tiene que ver con cuestiones de afinidad política, se reduce a unos pocos productos y a un país determinado, lo que nos hace perder autonomía sobre el funcionamiento económico cubano, dependemos del derrumbe o no de Venezuela, por ejemplo. Esta realidad es una oportunidad que se presenta para que, de una vez, generemos procesos de verdadera integración con la comunidad internacional, cambiemos lo necesario hacia lo interno para integrarnos al mercado mundial sin condiciones preferenciales de carácter político. Cuba tiene condiciones para abandonar la condición de economía parasitaria, todo depende de que se generen o no los cambios estructurales que una y otra vez están siendo propuestos por expertos cubanos para que se despliegue todo el potencial de la economía y la sociedad.

3. Avanzar de manera concreta hacia un cambio estructural de la economía, liberando las fuerzas productivas, reorganizando los sectores de la economía y creando mejores condiciones para potenciar su productividad y eficiencia. De forma específica un verdadero cambio estructural en la economía demanda un mayor aprovechamiento de las ventajas existentes en los sectores de la agricultura y la industria, así como una potenciación de la especialización productiva que genere mayores niveles de competitividad. Reformar la agricultura, para superar de una vez sus problemas de productividad, generar exportaciones más competitivas, garantizar la seguridad alimentaria, entre otros retos. Superar las deformaciones de la industria cubana, comenzando por revertir su descapitalización mediante condiciones atractivas para la inversión nacional y extranjera, ofreciendo seguridad jurídica a los inversionistas y condiciones de mercado para su desarrollo. Por último transformar el sector de los servicios para poder aprovechar todas sus potencialidades, disminuir la dependencia de servicios de bajo impacto en términos de encadenamientos productivos como los servicios médicos, o el turismo básico de sol y playa, y potenciar actividades intensivas en conocimiento y tecnologías.

En sentido general, resulta decisivo el aumento de las inversiones en I+D. En un mundo cada vez más globalizado y competitivo, en el que no es posible hablar ya de mercados particulares sino de un único mercado global, la economía cubana ha de avanzar en su integración mediante la sofisticación de sus productos y servicios para poder aprovechar al máximo las potencialidades existentes.

Conclusión

De manera general el ambiente nacional y regional es propicio para el cambio. Mientras en Latinoamérica algunos países apuestan por la apertura económica, el respeto a las leyes del mercado, la disciplina fiscal, la potenciación de la productividad y competitividad, la integración en mercados internacionales, la generación de condiciones atractivas y seguras para la inversión extranjera, en Cuba aún se sigue hablando de continuidad de un modelo que aniquila la iniciativa privada, monopoliza los sectores mediante la ineficiente empresa estatal socialista, interviene discrecionalmente y generando condiciones poco atractivas para los inversionistas, controla el comercio y lastra la economía con baja productividad e ineficiencia.

Los problemas están planteados, las soluciones también. Es escenario de sanciones, crisis interna, nuevas generaciones, fin de los subsidios venezolanos, potencialidades del sector privado, es propicio para la apertura. Los decisores de política económica en Cuba han de escuchar las voces de académicos de dentro y fuera de la isla que de manera sesuda, constante y responsable han estado proponiendo soluciones para los problemas actuales. Aferrarse a la “continuidad” y no cambiar es la peor de las decisiones que pueden tomarse en esta hora de Cuba.

Referencias:

Alcántara, M., 2004. PARTIDOS POLÍTICOS EN AMÉRICA LATINA: Precisiones conceptuales, estado actual y retos futuros, Barcelona: CIBOB.

CEPAL, 2014. La Hora de la igualdad: brechas por cerrar, caminos por abrir, Braasilia: Naciones Unidad.

CEPAL, 2017. CEPAL: Pese a avances recientes, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 8 Junio.

CEPAL, 2019. Estudio Económico de América Latina y el Caribe, Santiago: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Llorente, J. A. & Cuenca, 2015. América Latina: reformas estructurales ante un cambio de ciclo económico, Madrid: Desarrollando Ideas.

Martínez, V. H., 2009. Partidos políticos: un ejercicio de clasificación teórica. Perfiles Latinoamericanos, Issue 33, pp. 39-64.

ONEI, 2018. Anuario Estadístico de Cuba 2018. Oficina Nacional de Estadísticas e Información, La Habana: ONEI.

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