La vulnerabilidad social en Cuba: Mujeres, minorías máximas, entre miedos y desafíos, un parte aguas económico y político

Por: Roberto Díaz Vásquez

Junio 2020

Vistas

Para Alejandra (Ayer Alex) todo se volvió oscuro y doloroso, los golpes iban dirigidos a su rostro y abdomen, los improperios y obscenidades proferidos por su padrastro resultaban menos lacerantes que la ausencia de comprensión de su madre y hermano, que se mostraban impasibles ante el maltrato del que era objeto, simplemente por el hecho de querer ser libre en sus modos y maneras de ver el mundo y disfrutar de su sexualidad sin las ataduras y los convencionalismos de la sociedad machista y retrograda que aun hoy pervive en Cuba.

Alejandra es toda una profesional del mundo de las ciencias médicas y es homosexual.

Dania tiene 30 años, estudió lenguas extranjeras en la universidad, posee un posgrado en administración de empresas y trabaja, desde su graduación, en uno de los hoteles más lujosos de la Habana, es dirigido por un militar retirado que tiene más de 70 años y jamás ha tenido nada que ver con turismo o ha estado asociado al sector de bienes y consumo.

Dania es la más capaz para dirigir su departamento, incluso en boca del director general del hotel: ”[…] es la mejor posibilidad que tienen para encargarse del área administrativa…” solo tiene un “pequeño” problema, es negra.

Karina es hija única de campesinos, posee estudios medio superiores en explotación del transporte y es graduada de 4to nivel de inglés. Comenzó en 2016 con 28 años un pequeño negocio de comidas rápidas. Para el 2019, su negocio continuaba siendo de comidas rápidas, pero ya no era pequeño, posee una cadena de distribución en toda La Habana, lo que le permitió traer a sus dos padres envejecidos y enfermos de su provincia natal, ahora viven en una lujosa casa del vedado habanero y ella posee un automóvil moderno para su ocio y esparcimiento, además de tener la propiedad de la finca de su padre, la que produce el 90% de la excelente oferta que tiene en su negocio.

Karina se vio obligada a emprender una vida desconocida con 28 años, por el acoso sexual del que era objeto por parte de su jefe, quien la humillaba todo el tiempo e, incluso, la sancionó simplemente por no ceder a sus caprichos íntimos.

Lo antes descrito pasa de manera consciente ante la mirada impávida de los diferentes organismos de la administración central del Estado y gobierno en Cuba. No obstante, algo ha empezado a cambiar, los ejes o matrices culturales sobre los que se asienta hoy la soberanía individual han sufrido una sacudida en la forma de rebeldes y complejas reacciones sociales ante la realidad nacional: Los cubanos estamos cambiando, por consecuencia, Cuba cambia.

“En Cuba, […] siempre ha existido una población sobre la cual han recaído las mayores desigualdades estructurales, los desequilibrios en el nivel de vida y la discriminación por el color de la piel, fue la crisis económica de finales de los 80 y principios de los 90, con fuertes atisbos de crisis social, la que hizo reaparecer este fenómeno, no solo como rezago del pasado, sino como una peligrosa tendencia a su reproducción, tanto en el marco de la subjetividad individual como del entorno familiar, en las relaciones de poder, en algunas instituciones y en el subconsciente de la sociedad toda”. (Cuba Vega, 2019)

Se identifican varios grupos vulnerables y que resultan proclives a las expresiones de discriminación de todo tipo, estas van desde el color de la piel hasta la definición sexual del individuo, sea hombre o mujer, afectando de manera particular el desarrollo de la persona humana en todas sus manifestaciones, dentro y fuera del entorno familiar.

Expertos han definido el tema de la racialidad y las diferentes exposiciones discriminatorias en la realidad cubana como el resultado de un profundo cisma cultural, generado en medida principal por la ausencia de literatura o referentes a la composición étnica y los aportes de la afro descendencia a la cubanidad, así como la herencia hispánica en cuanto a las formas y conceptos en la observancia de las minorías y sus reflejos y/o aportes a la actualidad social y cívica en Cuba.

En buena medida, resultaría incomprensible, incluso para los más avezados especialistas, definir el tema de la racialidad y las diferentes manifestaciones de discriminación que hoy existen y se han fortalecido por años. Son una figura del enmarañado sistema de control político nacional o, lo que resulta aún más complejo, una forma única de establecer controles sociales desde la percepción creada por el propio gobierno durante décadas al interior, de la sociedad agotada en su apreciación de la realidad, no por incierta, más bien por las ponencias de legitimidad que los diferentes modelos de experimentación psico-sociales creados e impuestos desde los centros de investigación en Cuba han promovido y aún promueven entre los grupos considerados vulnerables, lo que impide a su vez mayores y más completas libertades para aquellos que han sido identificados por el color de la piel, por ser mujeres o por su orientación sexual “diferente”, presentándolos como potenciales figuras de distorsión para el sistema político que obligatoriamente tiene que reformular ciertos pilares o patrones de comportamiento en su camino hacia la reforma socio política, que irremediablemente tendrán que emprender luego de los avances que indeteniblemente han experimentado los empresarios privados en Cuba, que les abocan a la creación de mercados capaces de cambiar las tornas civiles en la isla.

A partir de 2010 se evidencia un despegue de las fuerzas productivas nacionales en la figura de los empresarios privados que van a darle una coloración cívica completamente diferente a la hasta hoy hegemónica visión del partido comunista y el estado, en sentido general, de lo que es Cuba y cómo somos los cubanos. No obstante, pese a estas nuevas figuras de carácter económico y social, persisten muy arraigados e incluso forman parte de la política de gobierno el no empoderar o hacerlo solo como relleno de espacios públicos o políticos a figuras e individuos sin ningún peso o poder real en la toma de decisiones, que pertenecen a estas minorías máximas. Se pone de manifiesto un término que, si bien no resulta nuevo, en la actualidad domestica está alcanzando cifras verdaderamente alarmantes: “Neo-Racismo”. En una acertada definición, Roberto Zurbano lo define como: “…fenómeno que integra gestos, frases, chistes, críticas y comentarios devaluadores de la condición racial (negra) de personas, grupos, proyectos, obras o instituciones” (Zurbano, 2012, pp. 270-271). No se trata de simples gestos u opiniones marcadas por el prejuicio racial, sino de conductas que ejercen tal prejuicio sin miramientos y se producen hoy en espacios públicos institucionales o no -incluyendo los medios de difusión y la publicidad- y que resultan lesivas y humillantes para aquellos contra quienes se dirige, aunque algunos las aceptan acrítica o irremediablemente.

Estas formas de conducir la sociedad se ponen de manifiesto en prácticamente todos los ámbitos e incluso la generación económica privada no escapa a estas cuestiones, los mestizos, los negros y los homosexuales, por solo mencionar algunas de las figuras que se contemplan en el ambiente de discriminación nacional, ocupan puestos de baja relevancia o calificación, como pueden ser: choferes, cocineros, parqueadores, servicios gastronómicos e incluso sin las debidas compensaciones, pues estos oficios muy por debajo de sus reales potencialidades y calificaciones los ejercen por la “izquierda”, como suele llamarse a los que no se encuentran debidamente contratados o, lo que es igual, sin las consabidas garantías laborales y de protección al trabajador.

Persisten en la sociedad cubana las insuficiencias morales heredadas y, hasta hoy, mantenidas por el ideario Marxista de una sola clase como solución a los grandes males asociados al capitalismo. Durante años se ha mantenido de maneras subterráneas una formulación ideológica que propicia el fortalecimiento intercultural de estos fenómenos, sobre los cuales no se ha trabajado suficientemente en opinión del politólogo Esteban Morales, quien señala, a raíz de la presentación del informe del 2018 ante ONU por parte de Cuba: “Existe una bochornosa actitud de negar que en Cuba persisten el racismo y la discriminación racial”, refiriéndose al término usado por los exponentes cubanos en el evento, quienes señalan como “simples vestigios” lo que, en opinión de Morales, resulta en avasalladoras pruebas de la inequidad social que existe hasta hoy en la supuesta sociedad igualitaria que se consiguió posterior a 1959.

A estas apreciaciones se suman las incomprensiones de padres y madres de cualquier color de piel, en cuanto a relaciones amorosas o sexuales de sus hijos; la reproducción del fenómeno de la exclusión en las propias instituciones estatales y en los negocios de la nueva figura del trabajador por cuenta propia, a partir de la subjetividad del dirigente o el propietario, según el caso; el abordaje de la criminalidad y la marginalidad desde posiciones prejuiciosas racistas; la contradicción entre una mezcla racial evidente y tradicional en el pueblo cubano y la existencia de prejuicios dentro de las propias familias o en las relaciones interpersonales en distintos espacios, incluso los destinados al gobierno y partido comunista donde resulta en extremo importante señalar que ninguna de sus figuras de primer nivel o sea los tomadores de decisiones pertenece a grupos vulnerados de la sociedad cubana (Cuba Vega, 2019).

La violencia hacia la mujer: un rasgo inequívoco de vulneración social, discriminación femenina

Los feminicidios, el maltrato intradomiciliar, físico o psicológico, la negación al reconocimiento profesional, por solo mencionar tres de los más reconocidos como figuras exponenciales del flagelo de la discriminación en Cuba en contra de la mujer, aún no son evaluados en la real dimensión que tienen. Por consecuencia, el trauma generado muchas veces contribuye con la caída extrema de la autoestima y, por consiguiente, del aumento de la marginalidad provocada, que se traduce en aumentos alarmantes de la prostitución infanto-juvenil, drogadicción desde edades muy tempranas, embarazos no deseados y aumento del abandono de los estudios tempranamente, lo que contribuye con el abandono de sus aspiraciones de superación y realización personales.

Dialne es muy joven, solo tiene 20 años y es madre de dos hijos, de los cuales, de uno no sabe quién es el padre: “[…] después de que cumplí 14 años y, al ver a mi madre tener sexo en la misma habitación con varios hombres en la semana, decidí probar. Salí embarazada y parí mi primer hijo con 15 años, mi madre me botó de la casa y mi padre, que vive en el extranjero, no me ayuda. No sé quién es el padre de mi niña mayor y no tengo cómo mantener a mis dos hijos. Tengo varios amigos que me ayudan si yo los ayudo”.

Este ejemplo no es aislado ni es el más brutal o cruento de los que existen y coexisten entre los cubanos, sea cual sea el barrio, municipio o provincia en Cuba, las razones para entender que las mujeres de cualquier edad son objeto de maltrato de todo tipo, sin que esta tipicidad sea actualmente contemplada en leyes amparativas para tales casos, es el resultado de siglos de silencio y justificaciones por parte de la sociedad retrograda y machista que, aún hoy, pervive entre nosotros.

Más de 1 165 000 graduados universitarios, de ellos: 28 mil doctores en ciencias, 143 mil máster y 243 mil especialistas de posgrado; 71,7 % de la población adulta con nivel universitario o medio superior y prácticamente el resto de la población adulta con nueve grados de escolaridad. Son fortalezas en los órdenes educacionales y culturales que pueden influir positivamente en la deconstrucción paulatina del racismo y los prejuicios asociados en Cuba.

Según Rensoli Medina, estos datos tienen en sí mismos la suficiencia necesaria para lograr entender e ir eliminando el fenómeno que subyace tras los sesenta pasados años en los que los reales o supuestos problemas sociales en Cuba, vinculados de manera directa con los delitos de odio y segregación, se pueden llegar a terminar. Rensoli señala finalmente: “el socialismo como proyecto social civilizatorio es ajeno por principio a todo tipo de discriminación” (Rensoli, 2016).

Resulta obvio que los cubanos hemos estado por seis largos decenios viviendo una realidad que no es nuestra o, por lo menos, en la cual no hemos estado contemplados como posibles constructores de un mejor país, pues estamos presenciando, de maneras en extremo elocuentes, cómo, pese a los avances tecnológicos y académicos la sociedad cubana, se encuentra en los mismos umbrales del pensamiento ultrajante y primitivo que dio origen a la esclavitud y la vil explotación de los seres humanos.

Conclusiones

Los temas asociados a la racialidad, la discriminación y sus prejuicios serán una discusión recurrente en Cuba mientras este fenómeno no tenga rostro y solo se presenten explicaciones por parte de los cientistas sociales y las casas de altos estudios, sin tocar el trasfondo político que envuelve a las élites del poder real en el país. Estos temas evidentemente palpan una realidad que trasciende el entorno de lo social y hunde irremediablemente sus raíces en la composición política de un Estado que se esfuerza por vincular el social desarrollo con equidad e igualdad, pasando por alto el ser diferentes y que los cubanos lo sepamos en nuestra propia carne siempre ha sido parte indisoluble de la real politic, en la cual todos los grandes males que nos aquejan son parte de factores externos.   

Referencias

Cuba Vega, L. (2019). “Políticas para la equidad racial. Retos en el contexto cubano actual”. Revista Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina, vol. 7, núm. 2. Disponible en: https://www.redalyc.org/jatsRepo/5523/552362576005/html/index.html

Rensoli, R. (2016). “Racialidad y racismo en Cuba: discriminación y prejuicios; prevención y enfrentamiento”. Cubarte. Disponible en: http://www.cubarte.cult.cu/periodico-cubarte/racialidad-y-racismo-en-cuba-discriminacion-y-prejuicios-prevencion-y-enfrentamiento/

Zurbano, R. (2012). “Cuba: doce dificultades para enfrentar el (neo) racismo o doce razones para abrir el (otro) debate”. Revista Universidad de La Habana. Pp. 266-277.

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