La "Revolución estancada" y la "situación coyuntural" en Cuba. Una crisis estructural sostenida por las mujeres

Vistas

Por: Elaine Acosta González

Septiembre 2019

El 7 de marzo de 1990, al finalizar el discurso pronunciado en la clausura del V Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, donde Fidel Castro anunció el inminente comienzo del llamado “Periodo Especial”, regresó inesperadamente a los micrófonos y pronunció el siguiente mensaje, provocando risas y aplausos: “Les iba a decir que cuidaran la ropa para el período especial, porque a lo mejor en el período especial también tenemos que reducir considerablemente esos artículos, produciríamos solo para los muchachos, para los que nacen, para los que crecen; pero con la ropa que ustedes tienen, bonita y elegante, a lo mejor tienen ropa para el período especial y no necesitan ni un metro de tela en dos años, tres, cuatro o cinco. Estoy seguro de que pasan cinco años en un período especial y nos reunimos, y ustedes vienen tan elegantes y tan bellas como han venido esta noche”

El resto es historia… el chiste se convirtió en la pesadilla de la gran mayoría de mujeres cubanas que, desde entonces y hasta la fecha, han tenido que hacer malabares para garantizar el día a día de la supervivencia propia y de sus familias. Vale recordar que con el Periodo Especial se deterioraron casi todos los indicadores y servicios sociales. En paralelo, se comenzaron a introducir estrategias de focalización y familiarización de la política social, transfiriendo más responsabilidades a la familia, en particular a las mujeres, y derivando otras al mercado. Todo ello en un contexto de caída del ingreso real, de diferenciación de los ingresos y del acceso al consumo, así como de la posibilidad de satisfacer las necesidades básicas para diferentes grupos sociales.

Junto con la crisis económica, se puso en evidencia, no sólo las debilidades y desafíos de sostenibilidad que venía presentando el modelo de bienestar - que en los últimos sesenta años tuvo la equidad y la cobertura universal como sus principios rectores-, sino también que han sido las mujeres cubanas quienes han cargado con el mayor peso de la crisis y, a su vez, las más impactadas por ella. Entre otras razones, por continuar sosteniendo, en condiciones desiguales, la reproducción social.

 El 11 de septiembre reciente, compareció en la televisión el gobernante Miguel Díaz-Canel para anunciar medidas de ahorro en respuesta al inicio de una situación calificada como “coyuntural”, pero cuyos impactos ya se estaban sintiendo en la población antes del reconocimiento gubernamental. A juzgar por el tenor de las medidas, puede esperarse una mayor precarización de la vida para la gran mayoría de la población, especialmente para los grupos más vulnerables. En esos grupos, una vez más, las más empobrecidas y explotadas son mujeres, que además de cargar con el trabajo de cuidado no remunerado deben cargar con el trabajo precarizado, el subempleo y la pobreza.

Pero lo que no puede perderse de vista es que a la situación de ´crisis coyuntural´ se agregan otras crisis ya instaladas en la sociedad cubana. Me refiero a la crisis de los cuidados que remite a la ‘stalled revolution’ (Hochschild, 1989), la revolución estancada. Un proceso protagonizado por las mujeres, fundamentalmente en las sociedades desarrolladas, a través del cual han accedido, sin precedentes, a la fuerza laboral, pero sin menguar su protagonismo como cuidadoras en el ámbito doméstico. Con esta reflexión queremos reconectar la relación entre dicha crisis, con lo que también pudiéramos llamar la “revolución estancada” protagonizada por las mujeres en Cuba, y los posibles impactos que la actual situación denominada ´coyuntural´ tiene sobre este grupo.

Desigual participación en el trabajo remunerado

Investigaciones sobre familia muestran que la mujer cubana sigue siendo la principal proveedora de cuidados en la familia, y aquellas con compromisos públicos viven el conflicto de intentar conciliar las demandas del hogar y el empleo (Fleitas, 2014). Frente a las debilidades de la política social para cubrir el déficit de cuidados, la participación laboral de las mujeres en Cuba, según la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG, 2016), ha continuado siendo muy inferior a la de los hombres (49.48% vs 76.87%). La brecha entre hombres y mujeres es de alrededor de un 30% y, paradójicamente, la tasa de participación laboral femenina cubana es de las más bajas de la región, donde el promedio ronda el 66% (BID, 2019).

Sabemos además que un número indeterminado de mujeres –y de personas, en general– engrosan el sector informal. Sin embargo, no hay cifras públicas para dar cuenta del fenómeno (Torres, 2019). Por otro lado, como parte de las recientes medidas derivadas de la crisis de combustible que vive Cuba, el gobierno ha propuesto promover el trabajo a distancia o teletrabajo[2]. Si bien a primera vista puede parecer una medida razonable para evitar las ausencias o tardanzas laborales, uno de los riesgos de un paquete de medidas que se aplica sin tener en cuenta el género de las personas afectadas, es tener efectos perversos sobre quienes ya cumplen una doble jornada.

El regreso del trabajo doméstico remunerado

El trabajo doméstico remunerado volvió a aparecer como actividad económica formal desde que, en 2010, el gobierno de Raúl Castro flexibilizó los trámites y amplió el número de actividades permitidas a ejercer por cuenta propia. La creciente demanda de cuidados en el ámbito doméstico familiar explica el acelerado y significativo incremento de las licencias para ejercer dicha actividad. En el año de su aprobación, las autoridades registraron 211 licencias otorgadas en el país para el servicio doméstico. Para el cierre de 2013, la cifra había ascendido a 3.149 licencias, a nombre de mujeres en su inmensa mayoría (González, 2016). La incipiente investigación social sobre el tema (Romero, 2015) evidencia la creciente ocupación en el servicio doméstico privado en Cuba, ejercida mayoritariamente por mujeres de manera informal, y donde claramente se manifiestan problemas como discriminación, el abuso laboral y sexual, así como la desprotección legal.

Sobrerrepresentadas dentro de los más pobres.

Como resultado de la menor participación en el trabajo asalariado, las mujeres cubanas en general están sobrerrepresentadas dentro de las más pobres (Espina, 2008) y, en particular, las que sobrepasan los 60 años tienden a presentar una condición más desventajada en los ingresos (Fleitas, 2014).  La ENIG (2016) evidencia cómo cerca del 30% de las mujeres cubanas entre 15 y 74 años ejercen como actividad fundamental el trabajo no remunerado (conocidas como amas de casa). La multiplicación de las estrategias familiares de supervivencia aparece como una consecuencia de esta desigualdad de ingresos, y a su vez, ha sido señalada como un rasgo clave para entender la re-estratificación social en la Cuba actual (Espina, 2008).

Mayor esperanza de vida, menos tiempo y más sobrecarga.

Las mujeres cubanas son quienes experimentan las mayores tasas de supervivencia, llegando a una esperanza de vida de 80.45 años, frente a 76.50 años de los hombres (Anuario Estadístico de Salud, 2016). Sin embargo, desafortunadamente las condiciones económicas y de salud son peores en las mujeres mayores, según lo evidencia la Encuesta Nacional de Envejecimiento Poblacional. Ambas situaciones se atribuyen a la mayor carga de cuidado que las mujeres cubanas sostienen (García, 2019); la falta de tiempo y la sobrecarga de roles que experimentan las mujeres cuidadoras en las edades de 50 años y más, son determinantes directas de sus problemas de salud (Fleitas, 2014). La posición que las mujeres mayores cubanas ocupan en sus hogares las hace doblemente vulnerables. La jefatura femenina de los hogares se ha multiplicado exponencialmente (en 2011 el 40% de los hogares cubanos tenían jefatura femenina y se estima que en 2030 sea más del 50%, según la ONE, 2011).

La distribución de la carga de cuidados en el hogar es, por lejos, muy inequitativa, ya que muchas de estas mujeres, además de proveer cuidados a otros mayores dependientes, continúan ejerciendo otros roles y, en muchos casos, presentando ellas mismas condiciones que ameritan algún cuidado.

Por su parte, la carencia de servicios de cuidado y de una infraestructura que aligere el trabajo doméstico, constituye uno de los retos más grandes que enfrenta hoy la sociedad cubana, impactando desigualmente a hombres y mujeres en términos del uso del tiempo. Los datos de la ENIG (2016) muestran que son las mujeres quienes en promedio emplean mayor cantidad de tiempo en tareas domésticas y de cuidado, con una diferencia de un poco más de 14 horas semanales respecto al tiempo de la contraparte masculina. Esa mayor destinación de tiempo es realizada en un contexto signado por los bajos ingresos, las dificultades para transportarse y la precariedad de las viviendas.

En síntesis, la baja participación laboral de las mujeres cubanas, el protagonismo como cuidadoras en el ámbito doméstico y la dificultad para remover los mecanismos reproductores de la pobreza, son resultado de los efectos combinados de la crisis de los cuidados y la crisis económica de larga data. Todo ello plantea serias dudas para sobrepasar el escenario de la señalada revolución estancada, si antes no se analizan las fallas que contiene tanto el modelo como la aplicación de la política social, además de su sustentabilidad económica. Para eso es necesario avanzar hacia la construcción de un engranaje de las políticas de protección social con las políticas de cuidado, así como el desarrollo de un nuevo pacto social - de género y generacional. Esto, si no queremos seguir las mujeres cubanas ´cuidando la ropa para el período especial´ y todo lo que ello significa.

 

ENIG (2016). Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género. Informe de resultados, Editorial de la Mujer, La Habana.

Espina, M. (2008). “Viejas y nuevas desigualdades en Cuba. Ambivalencias y perspectivas de la reestratificación social”, Nueva Sociedad, No 216, pp. 134-149.

Fleitas, R. (2014). “El discurso invisible del envejecimiento: El dilema de género”, Revista electrónica “Antropológicas”, Cátedra de Antropología “Luís Montané”, de la Universidad de La Habana.

Hochschild, Arlie R. (1989). The Second Shift. New York: Avon.

González, Ivet (2016). “El trabajo doméstico crece en Cuba, en un escenario atípico”, Inter Press Service, disponible en http://www.ipsnoticias.net/2016/11/el-trabajo-domestico-crece-en-cuba-en-un-escenario-atipico/

BID (2019). “Empleo femenino, más allá de las estadísticas”, https://www.iadb.org/es/mejorandovidas/empleo-femenino-mas-alla-de-las-estadisticas

Romero, M. (2015). “El cuidado infantil en cuba: especificidades de su desarrollo tras la nueva apertura del sector “cuentapropista””, Revista del CESLA, No. 18, pp. 255-270.

Romero, M. (2015b). Domésticas y Revolución en Cuba: entre cambios y desafíos, Políticas y líneas de acción- CLACSO, CLACSO-ASDI.

Torres, A. (2019). “Círculos Infantiles: un debate de cuidado en Cuba”, OnCuba News, 27 de agosto.

 

[1] Disponible en http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-v-congreso-de-la-federacion-de-mujeres-cubanas-fmc

[2] Ver reportaje de Maykel González en Tremenda Nota disponible en https://www.tremendanota.com/ellas-teletrabajan-mas/, publicado el 3 de octubre de 2019.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

SEMILLERO DE ESTUDIOS SOBRE CUBA

CALLE 74 # 14-14

INFORMACIÓN: 57 1 3258181

LÍNEA GRATUITA: 01 8000 110414