FORO CUBANO Vol 3, No. 24 – TEMA: PRENSA INDEPENDIENTE –

La prensa independiente enterró la Cuba distópica de los medios estatales

Por: Abraham Jiménez Enoa

Septiembre 2020

Vistas

Antes que el gobierno cubano impusiera en La Habana un toque de queda desde las siete de la noche hasta las cinco de la madrugada como medida para evitar la propagación de la pandemia del coronavirus en la provincia, todas las tardes salía a correr por el malecón de la ciudad para intentar soltar un poco de energía. Una de esas tardes, hace poco más de dos meses, me topé con un amigo querido de mi curso de periodismo de la universidad. Hace tiempo que no lo veía, corrimos un par de kilómetros juntos y luego nos sentamos encima del muro del malecón a actualizar nuestras vidas. Mi amigo es periodista de la televisión cubana y entre otros programas trabaja en el noticiero estelar de la noche.   

Lo que debió ser una conversación amena, de allá para acá y de aquí para allá, se tornó un monólogo de él: mi amigo me contó, mirando el mar, que lo habían sancionado por retwittear una denuncia mía días atrás. El día en cuestión, varios agentes de la Seguridad del Estado vestidos de civiles y una patrulla de policía con cuatro oficiales me impidieron salir de casa y me dejaron en arresto domiciliario cuando me disponía a cubrir una marcha pacífica de protesta -que a la postre no llegó a concretarse, pues alrededor de un centenar de periodistas independientes, activistas y opositores fueron detenidos antes de llegar al lugar- por el asesinato de un joven negro en Guanabacoa.

Mi amigo, al ver mi tweet, decidió amplificar la noticia. Una decisión que le costó perder parte de su sueldo ese mes, el servicio gratuito de internet móvil que les otorgan a los periodistas del noticiero todos los meses y una amonestación pública delante de sus colegas de trabajo. Atónito, por lo surreal del pasaje y apenado, por mi implicación indirecta en su sanción, no pude hacer más que decirle que sentía lo sucedido. A lo que mi amigo contestó: “no te preocupes, si en estos días han sancionado hasta a Boris Fuentes, el periodista del presidente Díaz-Canel, por no percatarse y publicar el video donde el hombre dijo que en Cuba la limonada es la base de todo”.

Esgrimir que en Cuba los periodistas que trabajan para el Estado, tienen la obligación de pasar de largo y no denunciar o solidarizarse ante la represión y el acoso que sufren por parte del gobierno sus colegas que han decidido hacer periodismo fuera de la sombrilla del oficialismo, es una obviedad; en los regímenes autoritarios la vida transcurre de ese modo cruel. Por tanto, lo revelador del pasaje que me contó mi amigo, es que esta isla ya no es solo un país donde el presidente selecciona a los únicos periodistas encargados de dar a conocer su gestión, sino también que esos periodistas, previamente escogidos por sus capacidades para lidiar con una realidad trastocada, tienen que velar celosamente por cada una de las palabras que el presidente enuncia y pagar las culpas en caso de que se escape a la opinión pública alguna frase con tintes para memes y burlas.

El caso de Boris Fuentes, el ex periodista del presidente, es un excelente ejemplo para darnos cuenta de lo que enuncia en su artículo 55 la Constitución de la República de Cuba: “Los medios fundamentales de comunicación social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo o de las organizaciones políticas, sociales y de masas; y no pueden ser objeto de otro tipo de propiedad. El Estado establece los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social”. Una aseveración ley que, sobre todas las cosas, es la encargada de hacer ilegal todo el ejercicio del periodismo que se realiza fuera del Partido Comunista de Cuba, -único reconocido por la Carta Magna- rector de todos los medios de comunicación estatales.  

Es por ello que los medios de prensa del oficialismo, al responder a los intereses políticos del Partido Comunista, no pueden cumplir con lo que debiera ser su encomienda primera y fundamental: mostrar la realidad nacional. Porque se encuentran con que una de las directrices del aparato ideológico partidista es exponer todas las zonas nobles, caritativas y virtuosas de la sociedad, que son a la larga los segmentos menos apreciables de la cotidianeidad cubana, lo que convierte, sin ellos percatarse, a la verdadera realidad cubana en un fenómeno subversivo en sí mismo.

La agenda editorial de esos medios de prensa no pueden narrar esa realidad subversiva, ya que su discurso es consustancial e indispensable para mantener en pie el régimen totalitario y dictatorial que es el gobierno cubano, y es justo ahí donde se produce el desfase en contenido y contexto, que ha existido en Cuba durante más de seis décadas, entre el discurso periodístico de los medios y el escenario donde estos se circunscriben. Una brecha profunda donde cae y se entierra todo lo que es políticamente incorrecto ante los ojos de los comisarios ideológicos del Comité Central del Partido Comunista, los encargados de custodiar la conducta de los medios y el reflejo del país ofrecido en ellos.     

La última actualización de Reporteros sin Fronteras (2020) en su clasificación mundial de libertad de prensa ubica a Cuba en el lugar 171, en un ranking de 180 países. En este informe de 2020 de la organización, por detrás de la isla solo se encuentran Laos, Irán, Siria, Vietnam, Yibuti, China y Eritrea, por ese orden, por lo que Cuba es el peor país en este aspecto en Latinoamérica. Si lo que acontece en el país, no acontece en la prensa. Si los medios de prensa no hacen periodismo, sino propaganda política. Si uno escucha la radio, observa la televisión o lee los periódicos y en estos sitios se habla de un país que no existe, de una realidad distópica que no es la que viven a diario los cubanos, un país surreal y construido a base de invenciones, es inevitable que Cuba se encuentre entre los peores 10 países en cuanto a libertad de prensa en el mundo.  

Al ocultar las zonas oscuras del país y enunciar -nunca cuestionar, ahondar, describir, narrar- los sucesos de interés “partidista”, a los medios de prensa del oficialismo solo les queda utilizar la lupa de la crítica para los acontecimientos extrafronteras. Nace entonces lo que se me ocurre llamarle como el síndrome del telescopio: medios y periodistas fustigan sin clemencia sucesos que ocurren fuera de Cuba, pero que, de la misma manera, acaecen en la isla con idéntica relevancia.  

Un ejemplo: la prensa oficialista cubana en pleno se cebó criticando y analizando lo sucedido en Estados Unidos a raíz del asesinato de George Floyd. Durante semanas todo el aparato de propaganda estatal cubano -periódicos, emisoras de radio, canales de televisión, webs- se volcaron a darle cobertura a las protestas del movimiento Black Lives Matter en las diferentes ciudades estadounidenses. Pero cuando en esos mismos días, el joven negro Hansel Hernández murió a manos de la policía en Guanabacoa, la agenda de estos mismos medios pasó por alto el hecho. Solo una lastimera nota emitida por el Ministerio del Interior -republicada por los medios- fue la única información ofrecida a la ciudadanía.

No obstante, lo que es innegable y aún le cuesta asumir al gobierno cubano y a quienes dirigen sus medios de prensa, es que desde que los cubanos tienen un mayor acceso a internet, aunque sigue siendo extremadamente costoso, las reglas del entramado mediático en la isla cambiaron. Con internet, nació una nueva generación de medios independientes que se unió a los medios y periodistas freelance -independientes- que ya llevaban años narrando verdaderamente el país. Con ello brotó y se conformó un discurso desde la independencia más apegado a la realidad. Un abanico de medios especializados en temáticas particulares -narrativos, diarios, LGBTI, moda, deportes, etc- se abrió pasó desde entonces. Además, muchos periodistas graduados de las universidades estatales se dispusieron a no ir a los medios de prensa del oficialismo a perder en vano sus carreras profesionales.

Por su parte, internet también impactó en la sociedad civil al empoderar en las redes sociales a activistas, opositores y ciudadanos comunes, que durante más de seis décadas no habían tenido voz en la nación y habían tragado en seco todo lo refrendado por el régimen totalitario. El auge de las redes sociales y de la prensa independiente sacó a la luz pública todas las zonas tristes y oscuras de Cuba que no estaban contadas, la cotidianeidad más cruda, esa nación que había permanecido oculta. En tanto, la red creció y se expandió, le dio la posibilidad a la ciudadanía de fiscalizar al poder. La llegada de internet a la isla hizo que Cuba se pareciese más a Cuba: acortó el desfase entre realidad y medios.         

El gobierno, molesto con el disparo en la punta del pie que se pegó al jugar a la democracia participativa dándole internet a su gente después de negarlo por años, no le quedó otra alternativa que no fuese aumentar la represión contra la prensa independiente y la emergente sociedad civil. En mi caso, he tenido que soportar que me lleven a interrogatorio y violen toda mi privacidad al pesquisarme mis medios de trabajo -celular, laptop, etc-, que mi padre y varios amigos cercanos también hayan tenido que acudir a citas amenazantes de este tipo, que expulsen a mi madre de su trabajo, que mi pareja, mi suegra y algunos otros familiares tengan que ser blanco de acoso y persecución virtual por perfiles falsos, y que me tengan restringida la salida de territorio nacional, entre otros pasajes que violan mi condición de ser humano libre.    

Dentro de toda la prensa independiente, estoy lejos de ser quien peor la ha pasado. Muchos colegas han tenido que soportar aún más viles ultrajes. Y es eso, lo que delata el extraordinario trabajo hoy de la prensa independiente cubana: la impotencia del régimen por la existencia de la misma que, lamentablemente, se traduce en más represión. En los regímenes autoritarios, como el cubano, la represión es el termómetro para medir el actuar de la prensa. Porque la prensa de valor siempre tendrá que ir contra el poder.    

 

Referencias

Clasificación Mundial Reporteros Sin Fronteras. (2020). Clasificación Mundial 2020. La libertad de prensa en el mundo. https://www.rsf-es.org/grandes-citas/clasificacion-por-paises/

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