FORO CUBANO Vol 4, No. 35 – TEMA: REFLEXIONES DE LA GUERRA FRÍA–

La internacionalización del Movimiento 26 de Julio

Por: Valentina Bohórquez
Agosto 2021

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Con el Movimiento 26 de Julio, se gestó una vocación de internacionalización del modelo cubano de corte socialista. Aquí la autora aborda este asunto haciendo hincapié en el intento de exportación de la lucha de tipo guerrillera desde Cuba y el modo como una esperanza de cambio se tradujo en fracasos y promesas incumplidas.

La Guerra Fría hasta el día de hoy representa la paradoja de dos potencias que pudieron tener la fuerza de directamente enfrentarse e indirectamente dividir el mundo en dos. Lo cierto es que la bipolaridad no llega sola, llega a partir de motivaciones de supremacía, pero arrasando por doquier en territorios que se interponían en el paso de esta meta. En tanto, Latinoamérica no era más que un objetivo adicional en dónde ponerse de un lado u otro, era muestra de la interposición de uno de los dos poderes sobre el contrario. Lo anterior a la luz del día de hoy, y sin resultar una reflexión meramente anacrónica, fue perjudicial al intentar leer el mundo en un espectro de blanco y negro, porque los seres humanos configuramos nuestras acciones y nuestras intenciones sociopolíticas en una enorme cantidad de grises, reconociendo preexistencias distintas dentro de cada territorio y entendiendo las diferencias circunstanciales que se hayan en cada una de las poblaciones; era erróneo intentar pensar en un mundo que se dividiera radicalmente en dos y que reprodujera modelos que se implantaban y no llegaban desde la espontaneidad.

 

Cuba dentro de este contexto representaba una de las suertes más esperanzadoras para la época, en un mundo donde las dictaduras eran la cotidianidad y donde los intereses de las minorías no importaban más allá que para un discurso, Cuba representaba la sublevación de un pueblo capaz de encontrar la salida de las manos del tirano. La esperanza llegaba desde las manos de un grupo guerrillero en 1959 que había logrado crear una estrategia tan conjunta que se convertirían los salvadores al descoronar a Fulgencio Batista. Esta esperanza encontraría la forma de llegar a toda Latinoamérica, a través de las guerrillas y la promesa de derrotar a las oligarquías imperantes en cada uno de los países de la región, es asi como aparece la estrategia de la guerra de guerrillas (Guevara, 1960). Por lo tanto, la revolución había empezado a exportarse dentro de varios escenarios, el primero de ellos como la esperanza de algo diferente en América Latina, la creación de un nuevo aire con promesas de cambio económicas, políticas y sociales; el segundo, dentro de la lucha armada guerrillera como un creador de la posibilidad de victoria; y en tercer lugar a partir la concepción del territorio latinoamericano desde el exterior, encontrando así que las potencias ensimismadas en gloria pusieran sus ojos en las islas caribeñas. De modo que, la configuración de un espectro binario gracias a las concepciones de la Guerra Fría definió de manera apresurada el statu quo como la defensa de los valores estadounidenses y las luchas que se salieran de estos como el enemigo comunista; incluso, muchas veces se dibujaron a las alternativas fuera de la lucha armada como el enemigo rojo que no debía llegar al poder.

 

Dicho lo anterior, el Movimiento 26 de Julio empieza a representar un modelo de exportación a diferentes territorios, generando ejércitos de liberación nacional que bajo la modalidad de la guerra de guerrillas buscaran procesos emancipatorios que alejaran a las clases dominantes del círculo de influencia de Estados Unidos. La guerra de guerrillas debía ser, bajo esta concepción, la reproducción de estrategias conjuntas que llevaran a un mismo resultado. No obstante, no todos los territorios latinoamericanos respondieron bajo los intereses guerrilleros, no todas las estrategias demostraron unidad y sobre todo, no todas las teorías cubanas se validaron en territorios con alta densidad y con capacidad de respuesta mucho más amplia.

 

Es menester mencionar el rol de Cuba en la exportación del modelo de liberación nacional. Para el caso Colombia, la lucha armada del Ejército de Liberación Nacional (ELN hasta el día de hoy) nace en 1964 en un territorio conocido como Simacota, con influencias ya cimentadas en el territorio con la guerrilla gaitanista y las autodefensas liberales años atrás. Dos años antes de este hecho (1962), un grupo de estudiantes viajo a Cuba con becas de gobierno ya implementado en los primeros años de Fidel Castro, dentro de este grupo, algunos tenían la orientación de la lucha armada guerrillera, que al retorno al territorio colombiano representaría la creación de la Brigada Proliberación José Antonio Galán. De esta manera, Fabio Vásquez Castaño y Víctor Medina, quienes habían estudiado en Cuba, empezaron a construir las bases del ELN bajo los ideales latentes de la Revolución Cubana. Al paso de los años, los objetivos del ELN se añadirían a la atomización del objetivo cubano, sobre la internacionalización de su mismo modelo.

 

El Ejército de Liberación Nacional de igual manera tuvo una gran acogida de la experiencia nicaragüense triunfando en 1979, la cual también se nutre de la experiencia cubana. A partir de este momento, Cuba unifica sus intenciones de la generación de guerrillas en contra del poder norteamericano. En el caso concreto del ELN aunque su objetivo permaneció firme a trabajar bajo los fines nacionales, se mantuvo una doctrina antiimperialista promovida desde la isla. Según Borda (2012), el ELN nunca consiguió la legitimidad necesaria dentro del territorio, y era necesario considerar una legitimación internacional a través de los nexos con Cuba para poder llegar a sus objetivos iniciales. Incluso dentro de las producciones académicas y divulgativas de la guerrilla se habla sobre la lucha contra el imperialismo, y su intención internacional.

 

Cuba dentro de la constitución de la guerrilla generó un espacio de esperanza, pero también de oportunidad para construir una legitimidad y un reconocimiento internacional, que la llevó a acercarse con otros procesos revolucionarios de la región. Esto no solo ocurrió en el caso de Colombia, sino que se exportó en todo Latinoamérica como un espejo en países como Guatemala, Perú, Venezuela y Argentina, los cuales no lograron su objetivo final, en contraparte con el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua y los Tupamaros en Uruguay (Martínez-Rebollar et al., 2016). No obstante, figuras como Ernesto Guevara sirvieron como instrumentos de la Revolución para exportar los ideales de la guerra de guerrillas más allá de Latinoamérica, llegando hasta África y a Asia con el modelo de liberación a partir de la lucha armada. Así, el ideal cubano no se quedó únicamente en la casa de las guerrillas latinoamericanas, sino que se unificaron a una dicha internacionalización y creación de una narrativa antiimperialista dentro del contexto de un mundo bipolar.

 

Lo que creemos hoy de Cuba, con las fallas y errores cometidos dentro del proceso revolucionario, y reconociendo la insuficiencia de la crítica y autocrítica como pilar fundamental de un modelo revolucionario descrito por Lenin; es una realidad parcial de lo que realmente reflejó en los demás intereses revolucionarios a su alrededor. La capacidad de exportar un modelo de ámbitos directos en la creación y motivación de diferentes grupos revolucionarios, y la configuración de un espectro político binario alentado por las narrativas de lucha armada. Cuba representa uno de los países que tuvo la capacidad de cualificar esa fuerza y de asentarse en una posición de permanencia directa durante y después de la revolución, e indirectamente con un soft power que traslado a la cultura popular idealizada el proceso revolucionario. Del Movimiento 26 de Julio nace una esperanza, pero también nace el fracaso de diferentes procesos que no reconocieron las preexistencias sistemáticas de sus territorios y configuraron una lucha a través de bases que no generaban respuesta, y así, por lo menos para el caso colombiano se implanto consecuencias que hasta el día de hoy se deben cuestionar, se deben reflexionar y aceptar la crítica y la autocrítica, porque hasta el día de hoy la liberación no se alcanzó, y lo único que dejo su paso, fueron heridas profundas en la población que si creía en la esperanza de los cuentos cubanos.

 

Referencias

Borda, S. (2012). Internacionalización de la paz y de la guerra en Colombia durante los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Bogotá: Universidad de los Andes.

Guevara, E. C. (1960). La Guerra de Guerrillas.

Martínez-Rebollar, L., Hurtado-Heras, S., Ramírez-Membrillo, A., & Melchor-Díaz, G. (2016). El modelo cubano en la guerrilla guatemalteca. La Colmena, 91, 9-30.