La Erosión de la Ayuda Económica Venezolana a Cuba y su Impacto en la Isla

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Por: Carmelo Mesa-Lago

Octubre 2019

Introducción

La constante en seis décadas de la economía socialista cubana es su dependencia económica con otra nación: ha sido incapaz de generar un crecimiento adecuado y financiar sus importaciones con sus propias exportaciones, sin recibir subsidios externos. Entre 1960 y 1990, el valor de la relación económica de la URSS con Cuba fue de US$65.000 millones y 60% de la misma era en subsidios de precios (no reembolsables) a las exportaciones cubanas de azúcar y níquel (pagadas a precios superiores al precio mundial) y a las importaciones de petróleo (pagadas por debajo del precio mundial). Este artículo evalúa la relación económica de Venezuela con Cuba entre 2000 y 2018, los subsidios de precios en dicha relación, así como la erosión de la misma y su impacto adverso en Cuba que ha generado la crisis actual. [1]

I. La Erosión de la relación económica de Cuba con Venezuela

La relación Cuba-Venezuela comenzó en 2000 y consiste principalmente en un trueque de petróleo por servicios profesionales cubanos con un subsidio: Cuba recibe, por cada médico, un salario igual a 27 veces lo que gana un médico venezolano en promedio.

La relación económica total en 2007-2017 alcanzó una cima de US$16.000 millones en 2012 pero, debido a la crisis venezolana, menguó a la mitad en 2017: US$8.000 millones (Gráfico 1). La relación total se desagrega en tres componentes: las exportaciones de servicios profesionales cubanos a Venezuela, el suministro de combustibles por Venezuela y el comercio de bienes no petroleros; a esto se añade la inversión directa venezolana, aunque no se incluye en el Gráfico.

La exportación de servicios profesionales cubanos (mayormente médicos) a Venezuela, que es el principal ingreso en divisas de Cuba, alcanzó en su cumbre en 2014 con US$8.388 millones y en 2017 había caído en 31% a US$5.822 millones.

El suministro de combustibles por Venezuela arribó a su cúspide en 2012 con un valor de US$6.079 millones y descendió en 30% en 2017 a US$1.838 millones. En 2012 Venezuela exportaba 105.000 barriles diarios de petróleo a Cuba, pero en 2018 se habían reducido a 47.000 barriles (menos de la mitad).[2] Además, la situación se agrava porque en 2010-2017, la producción petrolera cubana mermó en 17%, de 3.025 mil a 2.522 mil toneladas métricas, así que Cuba enfrenta un déficit energético que ha forzado recortes en el sector estatal y reducido la producción interna, contribuyendo al severo desabastecimiento de alimentos.

Gráfico 1: Evolución de la Relación Económica Cuba-Venezuela, 2007-2017 (millones de dólares)

 

El tercer componente, el comercio de bienes no-petroleros, llegó en 2012 a US$2.484 millones y menguó a US$376.000 en 2017, o sea, 85%.

El intercambio del comercio de bienes Cuba con Venezuela en su cima en 2014, fue 44% del intercambio total cubano, pero descendió a 22% en 2018 (aun así, Venezuela continúa siendo el primer socio comercial de la isla). Dicho intercambio generó en 2018 un déficit contra Venezuela de US$2.180 millones.

Por último, entre 2001 y 2014, Venezuela aprobó inversiones directas en Cuba por valor de U$8.000 millones, incluyendo la refinería de petróleo en Cienfuegos; la inversión cesó en 2015.

II. efectos de la erosión y potencial cese de la relación venezolana en Cuba

El valor de la relación económica de Cuba con Venezuela en su cúspide en 2012 era de 22% del PIB y la erosión explicada resultó en una caída a 8% del PIB en 2017, 14 puntos porcentuales menor (Gráfico 2).

Los acuerdos comerciales con Venezuela enfrentan un colapso si hay un cambio de régimen. Una salida de Maduro o un colapso de la economía venezolana provocarían una pérdida de US$8.000 millones u 8% del PIB cubano, y una caída acumulada del PIB entre 4% y 8%.

Gráfico 2. Impacto de la Crisis Venezolana en el PIB Cubano, 2007-2017

 

Habría además los siguientes efectos adversos en Cuba:

  • crisis de balanza de pagos e interrupción general de pagos internacionales en el corto plazo;

  • menguas de más de 20% en las inversiones y los términos de intercambio;

  • severo recorte en las importaciones, paralización de una parte de la industria y de la producción agrícola más dependiente de insumos importados;

  • regreso de los apagones y un deterioro del abastecimiento de alimentos y del servicio de transporte; e

  • inflación de dos dígitos y depreciación de la tasa de cambio

 

Sin embargo, el impacto de esta crisis no sería tan fuerte como la de la crisis de los años 90, porque el grado de dependencia externa de Cuba se ha reducido, como demuestra el Cuadro 1, que compara la dependencia cubana con la URSS en 1989, la víspera del colapso del campo socialista, respecto a la dependencia con Venezuela en 2018:

Cuadro 1. Dependencia Económica de Cuba con la URSS (1989) y con Venezuela (2018)

La URSS era el único inversor extranjero, aunque varios de los proyectos estaban asociados con socios en Europa Oriental. b No es posible estimar el monto de la inversión soviética en Cuba

Por el contrario,

  • Cuba perdería su principal fuente de divisas US$8.000 millones que es la compra de servicios profesionales por Venezuela;

  • también el suministro de 47.000 barriles de petróleo diarios (que cubren 60% de sus necesidades y costaría US$1.800 millones anuales), así como cargamentos rusos que en parte financia Venezuela;

  • en 1989 la economía cubana estaba mucho mejor que en 2019 (hoy sufre un agudo desabastecimiento), de ahí que ha habido un deterioro considerable antes del shock que provocado por la crisis; y

  • sería políticamente más difícil de manejar la crisis porque Fidel Castro ya no está y las grandes expectativas de que las reformas estructurales de Raúl Castro mejorasen la economía y el nivel de vida no se materializaron, creando descontento en la población.

IV. Alternativas

Rusia o China no reemplazarán a Venezuela, de manera que la alternativa lógica sería acelerar y profundizar las reformas económicas de Raúl (que no tuvieron un efecto tangible en la economía, por ser muy lentas, limitadas, con altos impuestos, desincentivos y cambios), adaptando algunas de las políticas exitosas del socialismo de mercado de China y Vietnam, especialmente en la agricultura.

Pero en la reunión de la Asamblea Nacional de Poder Popular celebrada a fines de abril, la estrategia adoptada fue más a largo plazo en 2030 (las medidas concretas son para 2020), además que recurre a viejas políticas ya probadas sin éxito, con metas vagas, y sin un énfasis en las reformas necesarias. Varios economistas cubanos han criticado esto y recomendado reformas más inmediatas, atrevidas y robustas.[3] Más recientemente, el presidente Miguel Díaz-Canel ha propuesto 22 medidas, pero salvo una, muchas no son nuevas, a más de ser muy esquemáticas, y que necesitan desarrollarse, probarse en la práctica e implementarse.

En la crisis de los años 90, Fidel Castro introdujo reformas moderadas—el turismo extranjero, el trabajo por cuenta propia, el envío de remesas, la circulación del dólar y los mercados libres agropecuarios; dichas reformas pararon la caída del PIB (35% entre 1989 y 1993) a partir de 1994.

Puede argumentarse que la dirigencia cubana actual podría tomar también políticas más radicales en esta crisis a fin de evitar el colapso económico y la explosión social.

Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos Universidad de Pittsburg, profesor/investigador visitante en 8 países y conferencista en 39. Autor de más de 400 publicaciones académicas en 8 idiomas en 38 países, la mitad sobre la economía y la política social en Cuba; fundador y editor de Cuban Studies por 18 años. Libros más recientes: Cuba en la era de Raúl Castro: Reformas económico-sociales y sus efectos (Madrid: Colibrí, 2012) y Voces de Cambio en el Sector no Estatal Cubano (Madrid: Editorial Iberoamericana, 2016). Ha trabajado en toda América Latina como asesor de varias ramas de la ONU, múltiples organismos financieros internacionales y fundaciones; ex-Presidente de LASA. Ha recibido 146 fondos de investigación de 52 instituciones, el Premio Internacional de la OIT al Trabajo Decente (compartido con Nelson Mandela), el Premio Senior Alexander von Humbolt, dos Fulbright Scholar Specialist, Premio de LASA a la excelencia en el estudio de Cuba, Distinción Anual de la ASCE, y homenajes internacionales por su trabajo sobre Cuba. Seleccionado entre los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes en 2014; finalista al Premio Príncipe de Asturias Ciencias Sociales 2015; nominado al Premio Albert O. Hirschman en Ciencias Sociales 2020.

 

 

[1] La fuente principal de este trabajo es el artículo de C. Mesa-Lago con Pavel Vidal, “El impacto en la economía cubana de la crisis en Venezuela y las políticas de Trump”, Madrid, Instituto Elcano de Asuntos Internacionales, Documento de Trabajo, mayo 2019; se han agregado eventos claves ocurridos hasta fines de octubre 2019. Todas las cifras proceden de ONEI, Anuario Estadístico de Cuba, 2011 a 2018 (La Habana, 2012 a 2019)

[2] Las sanciones de Donald Trump contra Venezuela también han afectado el suministro petrolero a Cuba. Así, respaldó la medida de Juan Guaidó de suspender el suministro petrolero a la isla, sancionó a varias compañías de transporte y barcos petroleros y bloqueó la propiedad de otros 34 buques tanque pertenecientes a PDVS; y ordenó la incautación del ingreso por ventas de petróleo venezolano en EEUU.

[3] Véase C. Mesa-Lago, “Las medidas propuestas por los economistas cubanos frente a la crisis,” On Cuba News, La Habana, 25 septiembre 2019.

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