FORO CUBANO Vol 4, No. 33 – TEMA: APARATOS CULTURALES Y DE PROPAGANDA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE–

La cultura, la propaganda y la política: la trilogía inmanente

Por: Alejandro Cardozo Uzcátegui
Junio 2021

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El desmoronamiento del bloque socialista supuso un momento de celebraciones para el orbe, aunque brevísimo, fue un período de expectativa unipolar (Cardozo, 2021) que se traducía en el fin progresivo de los relatos autoritarios de la era pasada (el sovietismo estalinista y sus corolarios en Asia y el Caribe), por ende, el triunfo de la democracia liberal, la economía libre de mercados y la sociedad abierta. 

Sin embargo, lo corto, lo breve del momento unipolar, donde Estados Unidos estaba comprometido con la apertura de los sistemas autoritarios y de las economías cerradas, se sentenció con los ataques del 11 de septiembre de 2001, hecho que modificó traumáticamente su política exterior en miras de una ofuscada vendetta marcada por el dolor y la ignominia del terrorismo sufrido en el corazón simbólico de la sociedad abierta: Nueva York.

Estados Unidos abandonó su agenda de inversión y de atención política y geoeconómica en América Latina, su región natural de influencia; ese abandono no significaba que los gobiernos regionales no tuvieran la mayoría de edad como para programar sus propias estrategias políticas y de integración regional, no, de hecho se implicaban dos elementos históricos desatendidos en la historiografía del tiempo presente: 1) que varios programas regionales estaban preparándose para una integración sin precedentes con Estados Unidos y Canadá, una versión continental del Nafta, empero, semejante proyecto debía tener un acompañamiento político fuerte de Washington, porque 2) hay un fenómeno que han descuidado todas las democracias liberales occidentales, pero que las izquierdas mundiales no, la santísima trinidad del poder: cultura, propaganda y política van juntas y no descansan. Retomaremos esto en dos párrafos.   

Eran los años 90 en América Latina, y la agenda Clinton quería la reunión económica de todo el continente, había un contrapeso que hacerle al exitoso proyecto europeo –China todavía era un rival de cuidado pero no determinante, más bien ellos estaban aprendiendo de Occidente cómo abrir su economía– y Clinton, con una visión global de su agenda, pensó eso mismo para las Américas, una Zollverein americana. El subcontinente parecía que quisiera jugar en las grandes ligas. No obstante, el Alca necesitaba un acompañamiento político muy de cerca. Había también un regionalismo interesante que habría que saber cómo acoplarlo a la Zollverein de Clinton: la Comunidad Andina de Naciones y Mercosur. Pero aquéllos esquemas eran compatibles con la Zollverein, de hecho, eran necesarios y esa experiencia jurídico-política acumulada desde el acuerdo de Cartagena de 1969 más los exitosísimos espacios de negociación y diálogo regional como el Grupo de Contadora-Río, eran todos buenas experiencias y se traducían en la madurez de América Latina.

Sin embargo, la desmembración soviética y la fiesta unipolar hicieron que los grandes centros de intelligentzia de Estados Unidos y América Latina descuidaran –o abandonaran– la carrera propagandística mundial: los grandes centros de propaganda y cultura del Departamento de Estado (que comenzaron con la Ley Smith-Mundt de 1948 en la la National Psychological Strategy Board, para transformarse en 1953 en la United States Information Agency) dieron por ganada la Guerra Fría y dejaron a la región a merced de la santísima trinidad de poder de las izquierdas.

  

Así pues, transcurren los años noventa, y en paralelo a las grandes expectativas de la agenda Clinton y las democracias regionales que querían desestatizar sus naciones, regular su biología tributaria y liberar sus economías, un veterano de la Guerra Fría, ante sus sospechas previas a la navidad de 1991, sabía que su gran benefactora estaba por derrumbarse y que debía idearse un plan de supervivencia ideológica. Así es como Fidel Castro concibe el Foro de Sao Paulo poco antes de la desmembración de la Unión Soviética. Será el puente que él levantará ante el abismo de la historia: un puente que supere el fin de la URSS y el sovietismo mundial, que lo lleve a cruzar al otro lado del río de Fukuyama. La astucia de Fidel para cooptar grandes aliados fue bien conocida. Así es que se reúne con el líder sindical más influyente de la potencia industrial subregional más importante: José Ignacio Lula da Silva.

En 1989 Fidel se reunió con Lula, y crearon el seminario internacional donde la izquierda se reuniría anualmente a discutir sus planes de cara a la toma del poder en América Latina. Acordaron la primera reunión en Sao Paulo en julio de 1990 para repensar los planes regionales tras el colapso del mundo socialista. En una de las siguientes sesiones del Foro, en México, concurrieron Izquierda Unida del Perú, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, Frente Sandinista para la Liberación Nacional de Nicaragua, Partido Comunista de Cuba, Frente Amplio de Uruguay, Partido de Revolución Democrática de México, Movimiento Lavalás de Haití y Movimiento Bolivia Libre. Su declaración final fue:

Nesse sentido, considerou-se a tarefa primordial de solidariedade na defesa da soberania de Cuba e dos esforços para frustrar os planos do poder imperialista estadunidense contra a Revolução Cubana. Destacou-se a necessidade de defender as conquistas da Revolução Sandinista, ameaçadas após a derrota eleitoral da FSLN; de apoiar os significativos avanços democráticos do povo haitiano, encarnados no governo do padre Aristide; de nos solidarizarmos com a luta da FMLN e demais forças progressistas de El Salvador na busca de uma sólida política negociada que erradique as causas da guerra; de apoiar a luta da URNG da Guatemala e sua proposta de uma solução política ao conflito armado sobre bases justas; de respaldar a luta pela saída das tropas ianques do Panamá; de assumir a luta anticolonial dos porto-riquenhos e dos demais povos das colônias do Caribe; de rechaçar a intervenção militar que sob o pretexto da “guerra andina contra o narcotráfico” os Estados Unidos praticam na Bolívia, Peru, Equador e Colômbia; e de condenar as fraudes eleitorais e todas as modalidades de repressão.

 

(Declaração do México, Cidade do México-DF, 12 a 15 de junho 1991).

Uno de los factores que describe el Foro de Sao Paulo a sus 30 años de actividad disciplinada es que es el más grande dispositivo revolucionario de izquierdas, es una organización metódica en agitación política –propaganda–, y cuenta con centenares de organizaciones culturales las que son constantes en la acción, y atinadas para hacer sus alianzas revolucionarias en centros universitarios de toda América Latina. Este dispositivo revolucionario consiguió su primer asset político en diciembre de 1994 cuando Fidel, indirectamente, invitó a Hugo Chávez a dictar una conferencia en la Universidad de La Habana. El recién liberado teniente coronel golpista no esperaba que en las escaleras del avión comercial que lo llevó a Cuba, lo esperara nadie menos que el mismísimo Castro en persona. De ahí en adelante se forjó una alianza muy sólida: Chávez triunfa en las elecciones de 1998 y sus dos focos prioritarios de política exterior fueron Cuba y Brasil, viajó a La Habana más de 40 veces, y a diferentes ciudades de Brasil más de 30 veces. La nueva ingeniería de integración regional del Foro de Sao Paulo (Unasur, Celac, Petrocaribe y Alba)  sustituyó al proyecto Alca para las Américas, fueron todas esas instancias profundamente ideologizadas y no llegaron a ningún lugar, pero acabaron con la expectativa de la integración económica y comercial de las Américas. Adiós a la Zollverein de Bill Clinton.

 

Cuando George W. Bush gana las elecciones presidenciales en Estados Unidos (doble periodo 2001-2009), aunque su puesta en escena era muy diferente a la de Clinton, pues será un neoconservador temido por liberales estadounidenses e izquierdas occidentales por igual, desea continuar con la Zollverein Clinton para el continente. Empero, ya llevan mucha ventaja las izquierdas latinoamericanas: el Foro de Sao Paulo ya había logrado dos assets cruciales: Chávez y Lula, quienes garantizaban la supervivencia de los hermanos Castro de La Habana, con lo cual el centro cultural y propagandístico de la revolución latinoamericana quedaba a buen resguardo; ya lo dijo Daniel M. Braddock –el último funcionario estadounidense en salir de Cuba rotas las relaciones con Estados Unidos en 1961– en un informe confidencial enviado desde la embajada, el 14 de abril de 1959 dice que los militantes comunistas cubanos “han sido tradicionalmente fuertes en el campo de las actividades culturales”, incluso durante la dictadura de Batista se mantuvieron activos en la agitación cultural como método subversivo (Braddock, 1959).

La suerte acompaña a los osados: uno de los más lamentables sucesos del siglo inaugural fue el ataque al WTC de Nueva York en 2001, como decíamos antes, aquello conmovió las bases existenciales de la sociedad estadounidense así como de sus fuerzas de gobierno, seguridad, militares y de inteligencia. Todo aquello hizo que la agenda Alca para las Américas quedara en un segundo o tercer plano de las prioridades de la nueva administración de G. W. Bush, y eso sumado a la antipatía contra su perfil neocon hizo que hubiera un profundo desacompañamiento político por parte de la Casa Blanca hacia sus antiguos aliados de la década anterior (Caracas, Brasilia, Buenos Aires, Montevideo, entre otros) donde empezó un resurgir de agendas políticas revisionistas a la integración desde Estados Unidos y a cualquier otra iniciativa satanizada –como neoliberal, imperialista, capitalista genocida– por los aparatos culturales, las redes académicas y los sistemas de propaganda latinoamericanos.

Estos factores unidos hicieron posible una suerte de fenoménica de la nueva izquierda latinoamericana, desde donde se ha logrado, inclusive, a menos de un lustro de la caída del bloque socialista –demostrado su fracaso profundo, sus violaciones a los derechos humanos, su ideario contra las libertades, etc.–  hablar y proponer un “socialismo del siglo XXI” ¿cómo fue posible volver a hablar del sistema económico y político socialista tan cerca del rotundo desengaño de la revolución castrista? Miles de balseros naufragan y mueren ahogados en el corto trecho entre la isla y Estados Unidos, huyen por miles; La Habana está en ruinas, salvo El Laguito y las otras zonas privilegiadas de la nomenclatura castrista; la ciudad se cae a pedazos ¿cómo es posible ensalzar la revolución y el socialismo cubano si la evidencia está a la vuelta de la esquina? Precisamente por la trilogía cultura, propaganda y política, trinidad inmanente al poder.

 

Este dossier de Foro Cubano muestra, precisamente, una casuística en los artículos que presentamos, donde se describe cómo es que funcionan los aparatos culturales y los sistemas culturales como dispositivos de propaganda, diplomacia, soft power, agitación política y armas ideológicas.  

El Mayo del 68 como un fenómeno que ha influido y moldeado profundamente nuestros “valores, actitudes y creencias durante las últimas cinco décadas. Este tipo de acciones e influencias contiene una fuerza misteriosa” que, acaso, ha eliminado poco a poco una cultura política para instaurar otro mecanismo diferente, “mítico” sobre y acerca de la rebelión antisistema, empero, aquella mitificación, precisamente, es resultado de la manipulaciones por décadas de los aparatos culturales sobre una historia difícil de desentrañar como fue la de aquellos acontecimientos a la margen izquierda del Sena.

Asimismo, el artículo sobre el Noticiero del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos enseña cómo se aprovechó el capital simbólico con que contaban “y fueron dirigiendo a las masas por el camino que la máxima dirección del régimen necesitaba en aras de afincarse en el poder y eliminar a sus competidores políticos”. Desde este aparato cultural, que como bien lo identificó Lenin, el más importante medio de difusión de la revolución –el cine–  se inoculó un extraño odio hacia Estados Unidos y el esencial estado paranoico de la alerta permanente para que el aparato propagandístico funcionara en aras del poder y la entronización del castrismo como única fórmula para gobernar la revolución.

El artículo sobre los movimientos literarios más importantes de los años sesenta y setenta venezolanos, demuestra cómo el arte, en su manifestación literaria –narrativa, poesía y teatro– puede llevar una profunda carga ideológica que matiza –hasta llega a justificar desmanes–, por la confusión “romántica” de la revolución abstracta, sistemas profundamente autoritarios como Corea del norte, China, la URSS y, principalmente, Cuba. No solamente estamos ante un fenómeno de “matización” o mera justificación, estamos de cara a un aparato propagandístico bien disimulado que logró la cooptación ideológica de, prácticamente, todo el sistema cultural y académico venezolano de esos años.

Veremos en este dossier de Foro Cubano cómo los aparatos culturales pueden también levantar un ambiente diplomático entre naciones. Su arquitectura puede dar pie a formas de relación basadas casi exclusivamente en una diplomacia cultural como “aquella forma de comunicación exterior de los Estados en la cual la cultura desempeña una tarea central, pero instrumental, subordinada a objetivos vinculados a la propaganda de la imagen exterior del país”.  

 

Este dossier nos anima a repensar por qué los sistemas liberales, democráticos y abiertos padecen una especie de arrogancia que les impide comprender la importancia de trazar una estrategia cultural y propagandística para defender sus valores, de manera tan escatológica como lo hacen los relatos autoritarios de izquierda. Pareciera que las democracias liberales y las sociedades abiertas están tan convencidas de sus propias virtudes, que es suficiente la demostración silenciosa. Resulta que esta era, profundamente escandalosa y visual, requiere otros mecanismos para comprender las bondades de sus propios ecosistemas políticos y económicos; no basta el bienestar, la libertad y la libre expresión dadas, hay que explicar –por mecanismos culturales– en qué se transforma un país cuando pierde todo aquello por la revolución y por el socialismo. Los relatos autoritarios son tan eficientes en esto, que nos hace pensar en el año 2008 cuando el presidente venezolano de entonces, Hugo Chávez, el primer hijo del Foro de Sao Paulo, encabezó la VII Conferencia de Ministros de Información del Movimiento de los Países No Alineados, un evento específicamente dedicado a los ministros de la cartera de información, que en este caso debiéramos traducir en ministros de propaganda de los países como Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia. En este tipo de conferencias se trazaban las estrategias informativas de sus gobiernos, las tácticas propagandísticas y las agendas culturales para enfrentar a sus enemigos externos e internos. Estas estrategias, como veremos a lo largo de este dossier, se fundamentan en una compleja estructura cultural por donde se inocula la ideología hegemónica y se silencian las voces disidentes del sistema.

Referencias

 

Braddock, Daniel M (1959). “Despatch From the Embassy in Cuba to the Department of State”, Rescatado de https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d278

Cardozo Uzcátegui, Alejandro (2021). “Ni democracia ni seguridad. Implicaciones de la Guerra Fría en América Latina”, en Lozano Alberto y Abelardo Rodríguez, Seguridad y asuntos internacionales. Siglo XXI: México, 586-602.