TEMA: ESPECIAL GRIPE ESPAÑOLA

La ardua lucha para salvarnos a todos

Por: Carlos Carvajal, Laura Posada, Geraldinne Ramos y Alejandro Rojas

Mayo 2020

Vistas

“La verdadera generosidad hacia el futuro está en darlo todo en el presente”. Albert Camus

A inicios de septiembre de 1918, se estaban reportando los primeros casos de la gripe española en la región cundiboyacense de Colombia. Al principio, nadie sabía qué tipo de enfermedad era con exactitud, pero era un virus que cuatro meses atrás había ocasionado la muerte de miles de personas a nivel mundial y que, en septiembre, llegó al territorio colombiano. Un mes después se registraron las primeras muertes por esta enfermedad, no obstante, una de las características principales de la gripe era que actuaba con mayor daño en zonas de tierra fría, como es el caso de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá. En la ciudad de Bogotá, los sectores más altos de la ciudad se vieron afectados con mayor fuerza durante la crisis, tal es el caso del barrio “El paseo Bolívar”, barrios donde la densidad poblacional era alta, se encontraban las peores condiciones sanitarias y una precaria prestación de servicios públicos[1].

La epidemia de gripa que azotó a la ciudad entre octubre y diciembre de 1918 se presentó como un escenario ideal para que ese discurso higienista se intensificara, desde un lugar de experticia de gran influencia (la medicina), y se criticara la incapacidad de los dirigentes de la ciudad para poner en práctica las recomendaciones que desde mucho tiempo atrás se venían haciendo[2]. La epidemia se presentó con gran fuerza y la ciudad de Bogotá fue una de las más afectadas por la gripe, por lo que las iniciativas y medidas tomadas para hacer frente a su avance fueron lideradas y llevadas a cabo, en su mayoría, por la Gobernación de Cundinamarca, la Alcaldía de Bogotá y la Junta Central de Higiene. Sin embargo, como la gripe no logró ser controlada a tiempo, la higiene pública se mostró con diversos problemas para combatir con eficiencia y eficacia la pandemia y, durante meses, el único organismo que realizó frente a la pandemia con resultados positivos fue la Junta de Socorros, la cual contaba con el apoyo de la caridad de los bogotanos, quienes estaban dispuestos no solo a contribuir con donaciones monetarias, sino, también, con su trabajo en la realización de diversas actividades. Ya para mediados del mes de enero de 1919, la velocidad con la que avanzaba la gripe española comenzó a disminuir en Bogotá y otras zonas del territorio nacional.

 

Imagen 2. Extraída de la revisión de prensa

Enfrentándose a lo desconocido

A mediados de octubre de 1918, en Bogotá, ya azotada por los brotes de la gripa, los ciudadanos desconocían las acciones del gobierno para evitar el contagio, no sabían otra cosa que tomar remedios caseros. “La acción de las autoridades encargadas de velar por la pública salubridad no se ha hecho sentir. Hasta ahora la Junta de Higiene no ha tomado providencia alguna. Esa inercia es inexplicable y muy mal sentado quedaría el nombre de esa entidad si no trata a la medida de sus fuerzas de combatir el flagelo”[3]. De esta forma, los medios escritos de la época evidenciaban la incapacidad institucional de la Junta de Higiene para realizar labores para prevenir y combatir la gripe en la capital.

Si bien las acciones tomadas por la Alcaldía fueron un poco tardías, con relación a la alta mortalidad en Bogotá, esto no significa que no se hayan tomado cartas en el asunto y no se emprendieran distintas decisiones de carácter institucional para detener el contagio. Dentro de las primeras acciones, se destacan las recomendaciones hechas por los médicos de la Junta Central de Higiene, las cuales iban desde aislar a los ancianos, a los niños y a las personas cuyo débil estado de salud las pusiera en alto riesgo, hasta prohibir la aglomeración de gentes. Por ejemplo, en los cementerios, se prohibieron las ceremonias de entierro. La publicación de las recomendaciones en el periódico fue una forma de dar alivio a las preocupaciones de la ciudadanía y de mostrar que las autoridades competentes se estaban coordinando entre ellas para dirigir todos los esfuerzos para cesar los estragos causados por la enfermedad.

Acto seguido, la Alcaldía, con el apoyo de la Gobernación y la Junta Central de Higiene, expidió el 24 de octubre el Decreto número 57 de 1918, mediante el cual se ordenaba “crear una comisión sanitaria compuesta de cuatro médicos y cuatro practicantes, la cual tiene la obligación de visitar a todos los enfermos notoriamente pobres y expedir las correspondientes fórmulas; encargarse a la Dirección de Higiene y Salubridad del municipio para que contrate con más farmacias este servicio; Destinase para los gastos, que ocasione el presente decreto la suma de mil pesos”[4]. Todo con el objetivo de combatir la gripe en Bogotá, mandando un mensaje de alivio a toda la población civil y decirles que la Alcaldía y el resto de las instituciones tomarían las medidas necesarias para enfrentar de la mejor forma posible la expansión y los efectos generados por la gripe española.

 

Imagen 3. Extraída de la revisión de prensa

No pasó un día para que la Alcaldía decidiera dar el siguiente paso en su lucha contra la gripe. El 25 de octubre, expidió el Decreto 59 de 1918, el cual “constituía una Junta encargada de allegar recursos para aislar a los pobres atacados de la epidemia reinante; La misma junta será auxiliar de la Comisión Sanitaria que trata el Decreto 57” [5]. Es así como nace la Junta de Socorros, encargada de socorrer a los enfermos de la epidemia reinante, organizar los hospitales provisionales y administrar los escasos recursos para hacer todo lo que estuviera a su alcance para aminorar los efectos negativos de la gripe. De igual forma, a solicitud de la Junta, el Ministerio de Instrucción Pública presentó un decreto suspendiendo las labores en las Escuelas y Colegios[6], y también, se siguieron publicando las recomendaciones que desde la Junta Central de Higiene se consideran medidas de higiene necesarias, como suspender las reuniones públicas y los espectáculos en teatros y salones.

La labor que comenzó a realizar la Junta de Socorros fue de gran ayuda para atender a los enfermos, pero los recursos eran un obstáculo, no eran suficientes para todas las acciones a las que debían destinarse. Por esta razón, la Junta decidió apelar a la solidaridad de los ciudadanos, publicando en el periódico del 25 de octubre: “la Junta de Socorros, ruega a las personas caritativas que consignen en el Banco de Colombia en la cuenta de la misma Junta, las sumas con las que quieran contribuir al fin indicado” [7]. Es así como la caridad se convirtió en una virtud indispensable para combatir la gripe, se empezaron a organizar comités de señoras encargadas de socorrer a los pobres, dentro de los cuales también están confeccionando ropa para los que no tenían cómo vestirse. Las recomendaciones no pararon de hacerse presentes en los diarios, sugiriendo que se desinfectaran con el mayor esmero los carros del tranvía, por considerarse focos de propagación.

El número de enfermos desbordaba los servicios de salud de los hospitales de la capital, por lo que se hizo necesario la instalación de nuevos centros médicos. Uno de los primeros en estar listo fue el Hospital de La Hortúa. Su instalación permitió tener una mayor capacidad de acción en cuanto a la atención de enfermos en la capital. Así mismo, era necesario organizar una farmacia oficial con el objetivo de entregar la droga a los doctores para tratar a los enfermos de gripe, siendo posible gracias a la iniciativa del Doctor Enrique Fonseca, quien sugirió que dentro del Laboratorio Municipal se podía organizar una que pueda suministrarles a los médicos encargados todos los medicamentos indispensables” [8].

La lucha continúa

Con el fin de impedir el contagio de la enfermedad, el Alcalde dictó un decreto único el 30 de noviembre de 1918, que estableció que se prohibían los entierros en las iglesias de la ciudad, por lo que los cadáveres debían ser conducidos directamente al cementerio[9]. Esta era una actividad común en Colombia, la cual aglomeraba grandes cantidades de personas, por lo que era un foco de contagios para los ciudadanos de la capital.

Resuelto parcialmente lo anterior, otra situación alarmante salió a la luz. Debido a la alta tasa de mortalidad, y a la costumbre religiosa de darle santa sepultura a los que parten a un mundo mejor, el cementerio había ocupado toda su capacidad para enterrar los muertos que había dejado la gripe. Frente a esto, la Alcaldía tuvo que volver a pronunciarse el 31 de octubre, esta vez por medio del Decreto 61 de 1918, el cual definía la creación de fosas comunes para el entierro de los fallecidos [10].

 

Imagen 4. Extraída de la revisión de prensa

Uno de los problemas que empezó a suscitar la atención de las autoridades fue el transporte, no solo de los enfermos, sino de los médicos también, por el miedo que implicaba la posibilidad de contagio y así, empeorar la situación en la capital. Esto fue sobrellevado gracias a que el Gerente del Tranvía, dispuso un carro de uso exclusivo para la Junta del Socorro, destinado para recoger a los enfermos de las calles[1]. Igualmente, la Alcaldía dispuso varios coches para que los médicos encargados pudieran desplazarse por la ciudad y pudieran visitar a los enfermos[11].

Durante el mes de noviembre, las labores se concentraron en dirigir la atención médica a cada rincón de la ciudad. Por esto, el primero de noviembre se hizo de conocimiento general la instalación de “un nuevo hospital, el cual queda situado en la calle 13, número 28, y está destinado para atender únicamente a los enfermos del Paseo Bolívar” [12], también se dio a conocer que en el edificio de las escuelas públicas de la calle 19 se estableció un centro médico para atender a los enfermos[13]. Por lo tanto, es notorio cómo las autoridades buscaron diversificar los puntos de atención médica y de entrega de medicamentos para contener el contagio y aliviar a los enfermos.

En este mismo sentido, se decidió que debía establecerse inmediatamente el servicio de asistencia médica de los enfermos a domicilio y allegar los recursos necesarios para atenderlos, y se indicaron las medidas de profilaxis[14]. Luego, los miembros de la Junta acordaron con el gobernador y con el Alcalde “dividir la ciudad en diez zonas, cada una de las cuales debía ser atendida por un médico y practicantes, llevando medicamentos”[15].

La luz al final del túnel

Durante los primeros días de noviembre empezaron a disminuir los muertos a causa de la epidemia, sin embargo, el periódico relataba otra realidad: “la epidemia de gripa no ha pasado. El mal continúa cebándose en las clases pobres. Es, pues, necesario no desmayar en la patriótica y caritativa obra de ayudar a la Junta de Socorros” [16]. El periódico seguía siendo un medio para interceder por los más necesitados, poniendo en evidencia su situación desfavorable ante la crisis de salud y exigiendo al gobierno de turno acciones que mitigaran su avance en esta población[17].

 

Imagen 5. Extraída de la revisión de prensa

La gripe española ocasionó la muerte de miles de personas en Colombia, pero, al final de todo, los habitantes de la región cundiboyacense pudieron volver a salir de sus hogares y poco a poco retomar sus actividades y labores cotidianas. Para la segunda semana de noviembre, las clases más vulnerables mostraron su agradecimiento a la Junta de Socorros por su labor, en la mañana del 10 de noviembre, “se verificó un gran mitin obrero de la Junta de Socorros, destinado a darle las gracias en nombre de las clases proletarias por la generosa y benéfica labor que esta junta realizó durante la pasada pandemia” [19]. También se agradeció a la Alcaldía por la creación de la Junta y demás medidas adoptadas por las autoridades para combatir la gripe. Pese a que el gobierno nacional no tuvo un papel preponderante durante la amenaza del brote y la lucha contra la gripe española en la capital, las gobernaciones y las alcaldías no se quedaron de brazos cruzados ante la crisis, sino que pusieron en práctica diferentes medidas, lo que dio un mayor número de oportunidades para alcanzar la victoria contra el virus de la “Dama española”.

Cabe resaltar que fue determinante la ayuda que ofrecieron las personas, a través de la donación de dinero, medicamentos e implementos médicos; junto con la disposición y el tiempo para confeccionar ropa y repartir comida a los más necesitados. Sin el alma caritativa de estas personas, la labor de combatir la gripe en Bogotá hubiera sido más dispendiosa y menos efectiva.

Como se hizo evidente a lo largo del trabajo, el periódico El Tiempo sirvió como medio para llamar la atención de todas aquellas personas dispuestas a colaborar en la lucha contra la epidemia. Este espíritu de ayuda se mantiene hoy en día con un gran número de iniciativas de ciudadanos particulares y fundaciones para hacer más llevadera la situación de las comunidades más vulnerables frente a la pandemia del Covid-19 que enfrenta el país y el mundo. Sin embargo, hay diferencias significativas en los medios utilizados para hacer públicas estas labores, las redes sociales como Instagram, Facebook y YouTube se han convertido en las principales plataformas para realizar donaciones y conocer los proyectos de caridad, mientras que los canales digitales de periódicos y noticias se han dedicado a reportar la situación actual del país y, en menor medida, a mostrar acciones destacadas llevadas a cabo por ciudadanos.

Referencias

Carvajal, M.; Meléndez, B.; & Manrique, F. (2006). “La pandemia de la gripa de 1918 en Bogotá. Aproximación histórico-epidemiológica”. Disponible en: http://www.uptc.edu.co/export/sites/default/revista_perspectiva/documentos/LA_PANDEMIA_DE_GRIPA_DE_1918_EN_BOGOTA_APROXIMACION_HISTORICO_EPIDEMIOLOGICA.pdf

Durán, M. (2014). “Enfermedad y clases populares. El caso de la gripa de 1918. Entre la acción filantrópica y el miedo a la contaminación. Una aproximación desde las fuentes visuales”. Disponible en: http://www.bdigital.unal.edu.co/45376/1/52346346.2014.pdf

Manrique, F.; Martínez, A.; Meléndez, B.; & Ospina, J. (2009). “La Pandemia de Gripe de 1918-1919 en Bogotá y Boyacá, 91 Años Después”. Pp. 182–191.  

 

[1] Carvajal, J.; Martínez, A.; Meléndez, B.; & Manrique, F. (2006). “La pandemia de gripa de 1918 en Bogotá”. Perspectiva Salud. Disponible en: http://www.uptc.edu.co/export/sites/default/revista_perspectiva/documentos/LA_PANDEMIA_DE_GRIPA_DE_1918_EN_BOGOTA_APROXIMACION_HISTORICO_EPIDEMIOLOGICA.pdf

[2]Durán, M. (2014). “Enfermedad y clases populares. El caso de la gripe de 1918”. Universidad Nacional de Colombia. Disponible en: http://www.bdigital.unal.edu.co/45376/1/52346346.2014.pdf

[3]Cromos, 1918. “Miembros de la Junta de Socorros”. Cromos. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/276295305_5_LA_JUNTA_CENTRAL_DE_HIGIENE_DE_COLOMBIA_OTRA_DE_LAS_VICTIMAS_DE_LA_PANDEMIA_DE_GRIPA_DE_1918_-_1919_THE_COLOMBIAN_CENTRAL_BOARD_OF_HYGIENE_ANOTHER_VICTIM_OF_PANDEMIC_FLU_1918_-_1919

[4]El Tiempo. (24 de octubre de 1918). “La epidemia de gripa en Bogotá y sus estragos”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181021&printsec=frontpage&hl=es

[5] El Tiempo. (25 de octubre de 1918). “Por caridad y por justicia”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181025&printsec=frontpage&hl=es

[6] El Tiempo. (25 de octubre de 1918). “Por caridad y por justicia”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181025&printsec=frontpage&hl=es

[7]El Tiempo. (25 de octubre de 1918). “Suscripción popular para socorrer a las víctimas de la epidemia”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181025&printsec=frontpage&hl=es

[8]El Tiempo. (27 de octubre de 1918). "La lucha contra la epidemia en Bogotá”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181026&printsec=frontpage&hl=es

[9]El Tiempo. (3 de noviembre de 1918). “La lucha contra la epidemia en Bogotá”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181101&printsec=frontpage&hl=es

[10]El Tiempo. (31 de octubre de 1918). “La lucha contra la epidemia de gripa”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181031&printsec=frontpage&hl=es

[11]El Tiempo. (30 de octubre de 1918). “La epidemia de gripa”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181029&printsec=frontpage&hl=es

[12]El Tiempo. (31 de octubre de 1918). “La lucha contra la epidemia de gripa”. El Tiempo.  Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181031&printsec=frontpage&hl=es

[13]El Tiempo. (1 de noviembre de 1918). “La lucha contra la epidemia de gripa en Bogotá”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181029&printsec=frontpage&hl=es

[14]El Tiempo. (1 de noviembre de 1918). “La lucha contra la epidemia de gripa en Bogotá”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181031&printsec=frontpage&hl=es

[15]El Tiempo. (1 de noviembre de 1918). “La Junta Central de Higiene y la gripa”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181101&printsec=frontpage&hl=es

[16]El Tiempo. (1 de noviembre de 1918). “La Junta de Higiene y la gripa”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181104&printsec=frontpage&hl=es

[17]El Tiempo. (8 de noviembre de 1918). “Cúcuta y Bogotá”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181104&printsec=frontpage&hl=es

[18]El Tiempo. (7 de noviembre de 1918). “La cuestión social”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181104&printsec=frontpage&hl=es

[19]El Tiempo. (10 de noviembre de 1918). “El mitin de ayer en honor de la Junta de Socorros”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181104&printsec=frontpage&hl=es

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