FORO CUBANO Vol 5, No. 47 – TEMA: 11J: "A UN AÑO DEL GRITO DE LIBERTAD" –

Estallido social en Cuba y crisis de régimen 

Por: Lennier López 

Agosto 2022

1. Introducción

El malestar social en Cuba y el estallido del 11J han sido, como casi siempre en estos casos, un fenómeno multicausal. Por un lado, la reversión de las medidas de “normalización” a la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos parecen haber sido un traspié un tanto inesperado para el régimen de La Habana, así como para las no siempre fundadas esperanzas de un amplio sector de la sociedad cubana de que progresivamente el régimen iba a cambiar. Por otro, la crisis sanitaria y económica como resultado de la pandemia vinieron a acelerar la frustración y hartazgo de la sociedad. Sin embargo, el malestar -y la movilización en torno al mismo- que le precedieron y sucedieron al 11J tienen, principalmente, una explicación endógena: el fracaso del régimen político y su lenta pero sistemática erosión a lo largo del tiempo. Esto es, el 11J es, ante todo, un síntoma de lo que parece ser una crisis de régimen.  

El régimen político cubano se ha caracterizado por ser un totalitarismo un tanto peculiar. Por un lado, si bien el poder del estado es casi absoluto y ha intentado suprimir, generalmente con éxito, toda autonomía en la sociedad -eliminando casi totalmente a la sociedad económica o convirtiendo a la elite política en económica, cooptando y estrangulando a los grupos de la sociedad civil, y disciplinando a la sociedad política- por otro, todo esto se ha dado bajo el mando de militares en detrimento de la supremacía del poder civil (Mora F. O., 2007). Y estos militares no solo tienen supremacía política sobre los civiles, sino que, a su vez, se han convertido en empresarios (Mora F. O., 2004).  

En cualquier caso, el regimen politico cubano sigue siendo uno que se distingue por no tener competencia política formal lo que lo hace una autocracia cerrada, en contraste con autocracias electorales (Lührmann, et al., 2018) o autoritarismos competitivos (Levitsky & Way, 2002) donde la celebración de elecciones periódicas y el reconocimiento formal de libertades civiles y políticas permiten algún tipo de competición política.  

El régimen cubano, al igual que otros regímenes unipartidstas o de un partido dominante en la region y el mundo (por ejemplo, Mexico bajo el PRI o la actual Russia) han sido capaces de entregar un bien a la sociedad: gobernabilidad. En tal sentido, a medida que el régimen politico cubano falla en entregar esto, su sobrevivencia parece cada vez menos probable. El 11J, asi como las movilizaciones que le antecedieron y le han sucedido, sugieren que nos encontramos ante la una crisis final del actual régimen politico cubano. Sin embargo, esto no quiere decir que el colapso del totalitarismo o post-toalitarismo -si empleamos la terminología popularizada por Linz and Stepan (1996)- o el autoritarismo cerrado -si, en cambio, nos ajustamos a una definición más general como la que ofrecen Lührmann et al. (2018)- es inevitable en el corto o mediano plazo, ni que la democratización será necesiaramente la salida a la actual crisis de régimen.  

 

Para apoyar todo lo expuesto arriba apunto lo siguiente: primero, el empleo de la manifestación contra el gobierno como mecanismo de participación política apunta a una pérdida del miedo de la ciudadania y de su repolitizacion.. Segundo, las propuestas institucionales ante el descontento han sido muy superficiales. Con esto, la gobernabilidad está en peligro. Tercero, el capital político del gobierno se ve agotado con su arremita represiva. Y cuarto, a pesar de todo, el gobierno ha mostrado capacidad para movilizar sus fuerzas y reprimir duramente -una vez más- y extensivamente el disenso cada vez que se los ciudadanos han decidido o planeado manifestarse.   

2. Reacción del régimen durante y después del 11J 

Tradicionalmente el gobierno del Partido Comunista ha manejado el disenso de, al menos, dos formas. Por un lado, asume una actitud antagonista ante este, colocando al estado, al gobierno, al partido, y al “orden público” como víctimas. En tal sentido, el estado necesita eliminar al “enemigo”. Por otro lado, trata a algunos otros de “desviados”, dando al estado y a la represión una función “reparadora” o “sanadora” del “enfermo” o “desviado”.  

Ante esto, no es de extrañar que la respuesta del régimen ante el masivo descontento haya sido de negación en lo discursivo, muy cruel en lo represivo, y muy tibia en lo propositivo. Por ello, por un lado, el régimen y sus voceros niegan que haya existido en Cuba un estallido social. A su vez, niega que las manifestaciones hayan sido mayoritariamente pacificas1, y además niega que el descontento tenga nada que ver con la gestión del gobierno y mucho menos que sea antisistema2. Es decir, los pocos -desde su lógica- “confundidos” que salieron a reclamar, lo hicieron a causa de los efectos de la pandemia y, no puede faltar, las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos. 

Por otro lado, el régimen identifica un “enemigo” que atenta contra el estado y en respuesta apela a la represión. Es de esperar entonces que la represión sea parte fundamental del abanico de acciones que tomase el gobierno ante este “enemigo” en tanto emplea otro tipo de abusos para “encarrilar” a los “confundidos”. Ninguna de estas estrategias es nueva, pero su intensidad ha crecido con el 11J, y las manifestaciones que le antecedieron y sucedieron.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 1: Datos tomados del Observatorio Cubano de Derechos Humanos3 

 

La figura 1 recoge la represión del gobierno entre febrero de 2021 y junio de 2022, distinguiendo entre detenciones arbitrarias y otros actos represivos. Esto último incluye la intimidación y la amenaza4, detenciones arbitrarias5, la encarcelación y sentencia a manifestantes6 y el exilio forzado o destierro7 (OCDH, 20222). Como se puede apreciar, hay un pico muy elevado en las detenciones en el mes de julio, lo cual confirma dos cosas: primero que las manifestaciones fueron muy extensas; segundo, que la respuesta del gobierno también lo fue. Además, vemos otro incremento sustantivo de la represión en general en noviembre. Pero esta vez, sin embargo, el mayor cambio tiene que ver con otras formas de represión y menos con detenciones. Este cambio se explica por la naturaleza planificada de la movilización anunciada para el 27 de noviembre -y adelantada para el 15- lo que hizo que las autoridades abordaran la amenaza de una forma distinta empleando varias de las herramientas represivas mencionadas arriba.  

La ola represiva -que como se ve, comienza antes del 11J mismo, pero se dispara en cuanto a detenciones- ha incluido además una creciente militarización del espacio público, los cortes del acceso a internet y el asesinato de la reputación de opositores8, periodistas independientes, líderes, y demás actores civiles que se opongan al régimen y su despliegue represivo. Vale notar que ninguno de estos métodos es completamente nuevo o ajeno a regímenes autoritarios, lo que ha cambiado es la intensidad y la extensión con los que el régimen los ha empleado durante este último año.  

Por ejemplo, si bien el régimen ha perseguido y arrestado a disidentes de forma sistemática desde inicios de la revolución misma, nunca lo hizo -con la excepción de los primeros años de la revolución donde el régimen se asentaba mediante el uso de la fuerza- tan extensiva y duramente como este último año. No solo hemos visto juicios sumarios y persecución judicial por “delitos” tan irrisorios como “incitación a delinquir” contra personas que transmitieron manifestaciones a través de redes sociales, sino que todo esto ha implicado a centenares de familias e incluso a menores de edad.  

3. Efectos del estallido del 11J 

3.1. Efectos institucionales 

Aparte de la represión cruenta y extensa en contra de la sociedad, el régimen hizo muy poco en términos institucionales para aplacar el descontento. El 15 de julio, por ejemplo, la Aduana General de la República levantó el límite a la importación de productos de alimento, medicina y aseo, medida que ha continuado extendiendo. Con esto el gobierno buscaba aliviar la grave situación económica, alimenticia y sanitaria que vivía -y vive- el país. Más adelante el Parlamento aprobó un nuevo código penal el cual formalizó varias de las prohibiciones ya existentes como el financiamiento de medios de prensa independientes y ONG. Mucho menos sustanciosa -pero válido apuntar en la retórica que lo acompaña- fue la declaración, por parte del Consejo de Ministros, del lunes 3 de enero como día feriado con sueldo, justificándolo con “el esfuerzo realizado durante el presente año por nuestro pueblo, protagonista principal de las victorias obtenidas contra todo tipo de agresión  [9] y en el enfrentamiento a la pandemia de la COVID-19” (Consejo de Ministros, 2021). Asimismo, el gobierno anunció recientemente que empresas extranjeras podrian invertir en el mercado mayorista del pais. Finalmente, y ante la gran impopularidad de las tiendas MLC, el gobierno finalmente comenzó a vender divisas -pero solo hasta 100 USD por persona- en las tiendas de cambio. 

Con todo, la situación material de los cubanos se ha agravado con cortes de luz diarios que llegan a las 12 horas o más, con una inflación desorbitante y una caida del valor del peso cubano con respecto a divisas extranjeras en más del 500 por ciento en el mercado informal. Asimismo, la sociedad ha politizado estos problemas atribuyendo responsabilidad al gobierno y al régimen político. Esta politización permite a la ciudadania, aun a pesar de la dura represión, traducir estas necesidades concretas en demandas politicas abstractas y generales como lo es la “libertad” o “Patria y Vida”. En la medida que esta politización crece, se incrementa la habilidad de la ciudadania de condensar todas sus carencias -e imposibilidad para resolveralas- en torno, en este caso, a ideas como la libertad, la justicia, o, simplemente, la contraparte del castrismo: una patria que no sea el resultado de la muerte de otros, sino el espacio de vida de todos (“Patria y Vida” como respuesta a “Patria o Muerte”).  

 

3.2. Gobernabilidad 

La politización en torno al rechazo del actual régimen contribuye y se alimenta de las movilizaciones populares, generando un círculo virtuoso que pone un traspié permanente al gobierno. En tal situación, no importa mucho que pasos tome el gobierno para tranquilizar el desontento en tanto la respuesta de la ciudadania será de descrédito e incredulidad. Hablamos de una situación donde el gobierno se convierte casi en un expectador de su propio final (al menos en los términos en los que gobierna actualmente), no sin antes escalar en el uso de la violencia y la intimidación contra quienes parecen decididos a darle el “tiro de gracia”.  

El fortalecimiento de la ciudadanía cubana es inversamente proporcional a las posibilidades de sobrevivivencia del regimen. En la medida en que la sociedad civil -aun miy fragil y fragmentada- normaliza las protestas y demostraciones pacificas como método de participación, las fuerzas represivas del regimen se ven desbordadas y a destiempo. Es decir, cada vez al régimen le es más dificil prevenir y aplacar a la ciudadanía, y eso lo lleva a ser cada vez más reactivo, y más violento.  De esta forma el régimen politico se debilita. Es decir, en tanto la ciudadania decide movilizarse en contra del actual orden, y lo consigue, el estado totalitario falla en su labor más elemental: la generación de obediencia. Es por ello que la actual situación sugiere que nos encontramos en una fase terminal. 

El incremento de la represión también evidencia el aumento de la movilizacion ciudadana y el temor del propio régimen ante el descontento. Si bien el 11J es hasta ahora el climax de esta situación, incluso si excluimos los datos del mes de julio, podemos ver una tendencia hacia el incremento de los actos represivos contra la ciudadanía. Si bien en los ultimos años habiamos visto un cambio de método por parte del gobierno cubano en lo referente a la represion (Chaguaceda & Lopez, 2018), en el último año hemos presenciado como el regimen ha vuelto a echar mano de largas sentencias y juicios profundamente impopulares como respuesta. En tal sentido, existe un paralelo entre lo ocurrido recientemente en Cuba y la respuesta de Fidel Castro al Proyecto Varela en 2003. La diferencia principal, sin embargo, es que en este caso la persecusion no ha sido contra ciudadanos organizados con objetivos concretos, sino ocntra manifestantes espontaneos sin una agenda. Esto evidencia que estamos ante un régimen que se ve desbordado y no encuentra otra alternativa que emplear métodos que sabe son profundamente impopulares y que lo llevan, como en 2003, a enfrentar un amplio rechazo internacional.  

3.3 Capital político en la arena internacional 

Además de la erosión de la gobernabilidad del régimen actual, este también ha perdido paulatinamente su capital político en la arena internacional. El ejemplo más claro es la ralentización de lo que parecía sería el retorno a la política de normalización entre Estados Unidos y Cuba. En cambio, la administración de Joe Biden ha decidido solo dar pasos muy concretos y limitados -restablecimiento de vuelos directos a varias provincias del país y ampliación del personal en su embajada en La Habana- y retóricamente ha colocado el respeto a los derechos humanos como el elemento determinante de las relaciones entre ambos países.  

La represión del régimen levantó amplio rechazo internacional como pocas veces se ha visto. Lo más delicado para el régimen es que parece haber, finalmente, un consenso respecto a la necesidad de que Cuba transite hacia un nuevo régimen. Muestra de ello es, en parte, la imposibilidad -al menos hasta ahora- del régimen en traducir el retorno de la izquierda latinoamericana al poder (México, Chile, Argentina, Perú, Colombia y, de ser electo Lula este 2022, Brasil), en alianzas políticas y comerciales que podrían dar oxígeno al gobierno como ocurrió con Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil (Acosta, 2021; Werlau, 2010, 2014) en la primera ola de la izquierda en la región.   

4. Conclusiones: el régimen está en cuidados intensivos, pero no muerto 

Si bien arriba he expuesto las razones por las que el régimen actual está en lo que parece ser una crisis terminal, esto no quiere decir que su fin es inevitable en el corto o mediano plazo. En tal sentido, el régimen ha intentado y seguirá intentando buscar vías de financiamiento, así como podría embarcarse en reformas un poco más profunda que -aunque no consigan ya aplicar del todo a una ciudadanía que ha perdido el miedo- alcance para contentar al menos a un sector más amplio de la sociedad y convencer nuevamente a los Estados Unidos de que hacer negocios con la isla es la única salida, en tanto la confrontación no consiga hacer colapsar al régimen.  

En otras palabras, el tiempo es el principal aliado del régimen. Cuantos más meses resista bajo esta presión social no antes vista, más sólida se hace la tesis de que no hay salida democrática para Cuba desde dentro si el gobierno se opone a ella. A su vez, el gobierno no dejará de buscar alianzas en la región. La llegada de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia -como la muy probable victoria de Lula en Brasil- seguramente es vista como una oportunidad por el régimen cubano que ya ha dado pasos para acercarse al gobierno entrante. Asimismo, López Obrador ve con buenos ojos la contratación de brigadas médicas cubanas, lo cual de incrementarse generaría ingresos importantes para el régimen de La Habana. Aun así, ninguna de estas (posibles) alianzas parece venir a jugar el rol que jugó la Venezuela de Chávez.  

Con todo, la situación actual que vive Cuba a poco más de un año del 11J es muy precaria en todos los sentidos y la única vía que puede abrir paso a un futuro promisorio es una desarticulación pacifica del régimen totalitario acompañado -o más bien empujado- por la coordinación de la sociedad civil en torno a la democratización. Sin embargo, dada las respuestas que ha dado el gobierno parece difícil que este escenario ideal de transición pactada ocurra, y menos aún que esta llegue como resultado de reformas profundas. Por el contrario, el régimen parece decidido a llegar hasta el final aun si esto termina por llevar al país a un colapso.  

Adicionalmente, si bien estos últimos meses han mostrado un florecimiento de la protesta, estas siguen dependiendo de la espontaneidad, dejando muy claro que el régimen aún tiene la capacidad de impedir la coordinación ciudadana en torno al disenso. El ejemplo más evidente de esto lo tuvimos en noviembre de 2021 cuando un grupo de ciudadanos intentaron organizar una marcha que buscaba inundar el espacio público con un mensaje de oposición pacífica a la cruenta represión post-11J. Sin embargo, la movilización fracasó y el gobierno pudo contener con éxito la organización en todo el país, logrando además que dos de sus principales líderes -Yunior García y más recientemente, Saily González- abandonasen el país. Esto último ha sido y sigue siendo otra de las estrategias de sobrevivencia del régimen: la expulsión de opositores y líderes incómodos para estrangular a la sociedad civil. En tal sentido, el éxodo de cubanos visto en los últimos meses parecen ser un importante éxito del gobierno de La Habana.  

Finalmente, para que sea posible una transición mínimamente ordenada, también sería imprescindible un quiebre dentro de las filas del régimen. Sin embargo, no hay evidencia de que esto esté ocurriendo. Si bien es imposible que exista absoluta homogeneidad dentro del gobierno y las fuerzas armadas, cualquier disenso en su interior ha sido exitosamente manejado hasta ahora.  

Referencias 

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Werlau, M. C. (2010). Cuba-Venezuela health diplomacy: the politics of humanitarianism. Papers and Proceedings of the 20th Annual Conference of the Association for the Study of the Cuban Economy.  

Werlau, M. C. (2014). The port of Mariel and Cuba-Brazil's unusual "medical cooperation". 24. The Association for the Study of the Cuban Economy. 

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