Entrevista a Yoani Sánchez

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Yoani Sánchez es una reconocida periodista y filóloga cubana que desde el 2007 viene promoviendo la libertad de prensa, principalmente mediante medios digitales. El día 10 de septiembre del 2019, María Paula Infante, miembro de Programa Cuba, tuvo la oportunidad de entrevistarla en Bogotá (Colombia) para conocer, desde su experiencia personal y conocimiento profesional, su percepción sobre las luchas feministas, el proceso de reivindicación de derechos de las mujeres en Cuba y, sobre todo, la respuesta del Estado frente a los temas de equidad e inclusión de género. A continuación presentamos los resultados de la entrevista.

 

María Paula Infante (MP): El inicio de las reivindicaciones feministas en Cuba se remontan a principios del siglo XX, décadas antes de la Revolución. ¿Qué caracterizó la lucha feminista de esa época?

 

Yoani Sánchez (YS): Bueno, hay que decir que sobre todo a partir de la década de 1920 hubo en Cuba un movimiento feminista muy pujante, que lograron una visibilidad pública importante en los medios y varias conquistas, por ejemplo, el derecho al divorcio, no solo su legalización sino también que se entendiera como algo aceptado. En una sociedad tan machista eso fue una conquista del movimiento feminista cubano. También en cuestiones sindicales y laborales relacionadas, sobre todo, con las mujeres que trabajaban en la industria conocida como maquilas, que hace referencia a ese concepto industrial masivo donde hay muchos empleados. Entonces, uno de los grandes contrastes es que parecía que el movimiento feminista cubano iba a ser un movimiento protagónico en la sociedad cubana en todo el siglo XX, parecía que íbamos a ser abanderadas de muchas cosas. Incluso, saliéndonos del movimiento feminista, Cuba era una sociedad donde en los espacios culturales, en la alta noche y en la farándula, se vivía con bastante apertura todo este tema. Por ejemplo sobre el tema gay, grandes figuras de la música y de la cultura cubana eran abiertamente homosexuales. Había igual machismo y muchos prejuicios, pero todo ese movimiento parecía que iba encaminado a que la mujer tuviera un rol importante, político.

 

Entonces ocurre la Revolución cubana, e impone un discurso de emancipación. Todo esto es muy simbólico donde estos hombres revolucionarios no sólo, en teoría, liberan un pueblo sino que de repente también rompen las cadenas que atan a las mujeres. Pero, en realidad, lo que hicieron fue frenar muchísimo el movimiento feminista cubano, que como te decía era importante, tenía una fuerza y una visibilidad en los medios, y de pronto se les secuestra toda esa voz para empezar a formar parte de un coro ideológico y político afinado. De manera que es una pena porque yo siento que hubo una fractura donde el feminismo perdió. Quizás en el discurso político se ganó porque (la Revolución) se apropió, fagocitó, y tomó esas voces femeninas en un primer momento, tomando medidas, por ejemplo, para facilitarle a todas las mujeres que ejercían la prostitución medio de trabajo.

 

Dentro de todo había una esperanza de cambio, un ímpetu que hacía parecer que la mujer iba a sumar su voz pero para obtener mucho a cambio, pero la vida demostró que lo que obtuvo a cambio fue, además de una doble jornada laboral, la obligación de responder a un poder que ya había apartado la agenda femenina, y lo que estaba impulsando era una agenda política e ideológica clara. Además, sabiendo que toda esta ideología marxista no adelanta nada de lo que pueden ser estudios de género; entonces, cuando se empezaron a guiar por el manual (comunista) ya los temas de la mujer quedaron apartados y todos éramos proletarios, compañeros, militantes. No había espacio para las diferencias.

 

MP: Y ¿Qué impacto tuvo la creación de la Federación de Mujeres Cubanas dentro de las luchas feministas?

 

YS: La creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) fue una idea muy bien orquestada entre comillas, porque fue posicionar a la mujer cubana como activista. Incluso desde el principio se le da la tarea de dirigir esta organización a la esposa del hermano de Fidel Castro, la señora Vilma Espín, casada con Raúl Castro. De manera que se pone al frente de un fenómeno convulso, vivo y dinámico, a una persona que responda directamente a las órdenes del líder. Eso se está haciendo también con el CENESEX de Mariela Castro, por ejemplo. Al fenómeno complejo se le trata de abrir un paraguas encima para que esté muy bien controlado y monitoreado.

 

Esto empieza con un discurso muy emancipador de la mujer en las tareas productivas, la mujer en la milicia, la mujer en los campos, como que la mujer de pronto va a empezar a vivir dentro de nuevos espacios, donde antes no era permitido por los estereotipos de género y los prejuicios. Pero lo cierto es que esta es una Federación que tiene un pecado original, y es que no nació para representar los intereses de la mujer frente al poder, sino para hacer polea de transmisión del poder frente a la mujer, ese es un pecado original del que no puede saltar. Incluso, porque las niñas y jóvenes cubanas casi que automáticamente entran a la FMC al cumplir 14 años, y desde allí, lo que están recibiendo es un discurso ideológico.

 

La Federación se ha invisibilizado en la lucha de cosas tan básicas para las luchas feministas, como la violencia doméstica, y, hasta hace poco, no propiciaban nada como alojamientos o lugares de refugio para las mujeres con parejas abusadores. Pero empezaron a crear algo que se llama la Casa de la Familia Cubana, que no son lugares donde las mujeres puedan quedarse pero si acaso reciben algo de orientación. Entonces, (la Federación) ha estado apartada de las grandes luchas del feminismo internacional y, tratando de exorcizar aquellas mujeres que quisieran expandir sus reclamaciones más allá de lo que se ofrece desde allí, ha sido un movimiento para apaciguar a las féminas, hacerlas más conformes, ideologizarlas de manera muy clara. La Federación de Mujeres Cubanas ha sido nefasta para el feminismo cubano.

 

MP: Dentro de numerosas declaraciones de la FMC se plantea que defienden a la “Mujer revolucionaria”, ¿Cuáles atributos, roles o actitudes crees tú que la FMC, y el oficialismo, asocian a esa “mujer revolucionaria”?

 

YS:  La docilidad, el que no haga preguntas ni cuestione demasiado, que acate órdenes. Una mujer revolucionaria para la FMC es una mujer que está dispuesta a que manden a su hijo a Angola a matar y a morir por una ideología sin protestar ni quejarse. Es una mujer que dice sí cuando su jefe la acosa sexualmente, porque su jefe es un ministro y es un hombre que bajó de la Sierra Maestra y no se le puede oponer. Es una Federación que promulga también el hecho de que esas féminas pongan primero intereses de tipo político e ideológico por delante de sus verdaderos intereses de género.

 

Nunca se me va a olvidar que, a principios de este siglo, hubo un proceso en Cuba que se llamó la Revolución Energética, impulsado por Fidel Castro, que en teoría nos iba a dar más soberanía desde el punto de vista energético, y hubo una escena que se me quedó en la retina donde estaba Fidel Castro enseñándoles a las mujeres a cocinar en una olla eléctrica, para que conservaran más energía y gastaran menos electricidad. Entonces era así como a “ustedes que son las mujeres les corresponde cocinar, y yo, como gobierno, lo más que puedo hacer es darles los “cachivaches” domésticos”. Y así siempre fue el lenguaje, de que el lugar de la mujer es en la cocina, que facilitan que los hombres coman porque ellos son los que trabajan.

 

Entonces ha sido un proceso muy lento, pero yo creo que el feminismo cubano ahora se está empezando a dar cuenta de los márgenes institucionales fuera de la FMC. La Federación es casposa, inmovilista, es reaccionaria, es para nada moderna. Ahí no se puede hablar de los grandes debates alrededor de género que se están dando ahora internacionalmente, ni siquiera se han sumado al pequeño #MeToo, que también ha empezado a surgir un poco en Cuba.

 

MP: Eso de lo que hablabas sobre las cocinas eléctricas me recordó un artículo que se llama “Cariño, pásame las botas”, que trata sobre estas mujeres cubanas que comenzaron a trabajar en las maquilas fabricando las botas para la milicia, y el rol de segunda clase que cumplían. Es como si quisieran tratar de reivindicar y enaltecer esto, pero en realidad están segregando a las mujeres de participar activamente en sectores alternativos.

 

YS: Claro, es que en Cuba, por ejemplo, debería existir una asociación de madres de soldados víctimas o muertos en la guerra de Angola. Esa fue la guerra más larga de Cuba, 15 años duró, y fue fuera de nuestra frontera; las cifras de los muertos son difusas pero lo cierto es que hubo madres que perdieron a sus hijos, a sus esposos o a sus hermanos en esta guerra. Entonces ¿por qué no existe una asociación así? es porque no nos lo permiten, no es que las cubanas seamos mujeres diferentes a las otras alrededor del mundo, o no queramos unirnos alrededor de una idea o de unos reclamos, es que no nos dejan! Cuántos reclamos más hay con las muchas madres que perdieron a sus hijos cruzando el estrecho de la Florida…

 

MP: Dentro de tu experiencia en la Universidad de La Habana, y otras universidades ¿se promovía por parte del Estado el espacio para investigar y hablar sobre temas de género?

 

YS: De mi tiempo en la universidad no recuerdo ningún movimiento de ese tipo, yo estudié primero en el Instituto Pedagógico Enrique José Varona del año 93 y cerca del año 97, y después en la Universidad de la Habana en el año 2000. No recuerdo este tipo de iniciativas pero también es porque era un fenómeno un poco incipiente en muchas academias latinoamericanas, apenas se empezaba a hablar de eso. Pero sí te puedo decir que no son facultades ni universidades pensadas para el debate de cualquier tipo, no solo en los temas de género. No son claustros ni aulas donde se promueva ni el cuestionamiento, ni la pregunta, ni el desmontaje de ciertas maneras de mirar la vida, sea esto desde la ideología, desde el género, o incluso desde la geografía. Cuba es un país con un discurso nacionalista muy fuerte e intenso, y eso, muchísimo menos, se puede cuestionar en las universidades. Entonces yo no creo que sean el espacio para eso.

 

Ahora mismo las universidades cubanas están prácticamente muertas en autonomía, enterradas tres metros más abajo. Por ejemplo, sobre lo que contaba Elaine Acosta de todo este debate que se ha dado en las redes sociales y la carta de protesta a partir de las declaraciones de la viceministra, esas declaraciones no son nada nuevo, eso es una pauta, es volverlas a recordar. Eso ha marcado las universidades cubanas desde hace medio siglo y las ha convertido en un lugar de máscaras de simulación donde la gente prefiere no meterse en problemas. Y sí, hay profesores valiosos como en todas partes, pero muchos de ellos están esperando la oportunidad de tener un posgrado, una maestría o un doctorado para irse a un claustro en otra parte del mundo. Y los propios estudiantes se cuidan para poderse graduar. Entonces es como un baile de máscaras donde no se pueden dar debates abiertos sobre este tipo de temas tan complicados.

 

MP: ¿Crees que ahora exista una mayor iniciativa por parte de la sociedad civil, desde fuera de la FMC, para hablar sobre temas de género?

 

YS: Sí, hay una efervescencia después de muchos años en los que no podíamos hablar de muchas cosas, como las nuevas tecnologías, la influencia también de la escuela, la llegada de información sobre lo que está pasando alrededor del mundo con las teorías feministas, y todo el cuestionamiento de los roles tradicionales de género. Todo eso, también, va permeando a Cuba porque, aunque estamos rodeados de agua por todas partes, al país llegan cada año casi 4 millones de turistas extranjeros, llega bibliografía, y nuevos libros en un memory flash, por ejemplo.

 

Entonces, todo eso ha generado una ebullición de las ideas, aunque no cuente con una infraestructura legal. Entonces sí, hay grupos de mujeres que se reúnen a hablar de violencia y de género, o llega un organismo internacional y organiza un simposio y por esos días parece que se respiran aires de libertad, pero después de que la comunidad internacional se va queda el vacío legal. En Cuba hay un delito que se llama asociación ilícita, si tu organización no está en el registro de asociaciones, no te puedes reunir porque puede parecer una conspiración, además de que para entrar al registro de asociaciones hay que pasar por un filtro finísimo. Entonces, todos estos movimientos y organizaciones sí existen pero son muy apagados y su poder de alcance es muy limitado, porque no tienen acceso a los medios de información masiva ni se les permite registrarse como organización o asociación; así, por ejemplo, todo el tema de la financiación y los fondos se convierte en algo clandestino. De todas maneras es esperanzador que ya están apareciendo.

 

MP: Es señalado constantemente el hecho de que Cuba tenga uno de los parlamentos con un mayor porcentaje de participación de la mujer en el mundo. Teniendo en cuenta el sistema político de la isla, ¿Tú consideras que existe una verdadera participación de la mujer en las esferas altas del poder?

 

YS: Es muy limitado, sigue siendo una bella flor que se coloca para adornar la habitación del poder, pero la capacidad de voz y voto, y de influir en el destino de país, es muy limitada. Te voy a poner un ejemplo, durante años y años existió un fenómeno que se llamó las Escuelas en el Campo y los preuniversitarios en el campo, donde los niños iban a estar internados y becados en unas escuelas donde, en teoría, tenían que ver clases en un horario para luego hacer trabajos de agricultura. Esto porque se pensaba que así se formaba el Hombre Nuevo, con conciencia de clase. Sin embargo, la mayoría de las familias detestaban esa situación porque era cuando los hijos adolescentes estaban en un momento complicado, la promiscuidad, las ETS, los robos, la violencia, el matoneo. No te puedes imaginar todo lo que proliferaba ahí, y en todo el tiempo que existió ninguna mujer parlamentaria se paró a decir a la Asamblea Nacional que no estaba a favor, o que había que legislar para cambiarlo. Claro que le afectaba, pero no se atrevían a hablar. Un buen día esas escuelas se acabaron porque la crisis llegó, y a partir del año 2009 empezaron a ser desmanteladas.

 

Como ese hay muchos ejemplos donde tú dices “pero sí eso afectaba a las familias y a las mujeres, por qué no hubo ninguna iniciativa parlamentaria en contra de esto”, ahí es donde te das cuenta de que eso no es un verdadero parlamento. Es una especie de lavado de cara para dar la impresión de que allí hay un cuerpo colegiado sin influencias, pero cuando lees los datos del parlamento cubano te das cuenta de una pequeña trampa que hacen siempre. Y es que dicen la cantidad de mujeres, obreros, campesinos, la diversidad de regiones, origen étnico, para que digas ¡qué maravilla!, pero nunca van a decir la composición política porque no hay diferencias. Si es campesino, es mecánico, es hombre o mujer, todos deben pensar igual.

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