Vivir antes de la Revolución. Entrevista a Rafael Rojas 

Rafael Rojas es un historiador y ensayista cubano que ha trabajado sobre la Revolución Cubana y sus consecuencias tanto para la institucionalidad, como para la sociedad civil. En 2006 ganó el premio Anagrama de Ensayo por su texto "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006).

 

Y, desde 1996, se desempeña como profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) en Ciudad de México, donde actualmente reside. El 16 de Noviembre del presente año, charló con el profesor Sergio Angel sobre la Cuba antes de Fidel, y el posterior impacto que su liderazgo generó. A continuación presentamos la primera parte de la entrevista, enfocada al escenario pre Revolucion.

 

Sergio Angel (S.A): Tomando tres momentos claves: uno, el antes de la revolución de 1940, dos, después del golpe de Batista, y, tres, lo que se va a producir en el 59 con la Revolución, ¿cómo era el acontecer cubano en términos de vida cotidiana en el antes y después de esos tres hitos?

 

Rafael Rojas (R.R): La historia de Cuba, en la primera mitad del siglo XX, se divide tradicionalmente en dos periodos. El primero, que es la Primera República, regida por la Constitución de 1901, es todo un periodo en que la historia de la isla reproduce algunas pautas de la historia regional y, específicamente, de la historia caribeña y centroamericana pero con algunas especificidades. Cuba, como otros países de la región, está inscrita en una zona geopolítica marcada por múltiples intervenciones de Estados Unidos, por el crecimiento de sus intereses económicos, políticos e incluso militares en la región; sin embargo, frente a otras experiencias tanto del Caribe como de Centroamérica, en Cuba logra darse, con grados de dependencia económica y política, un proceso de institucionalización muy interesante.

 

En la primera mitad del siglo, es una República presidencialista con una división de partidos bastante tradicional, liberales y conservadores, y una clase política controlada por los veteranos de la guerra de independencia, militares y nuevos letrados del periodo inicial de la República. La Constitución de 1901, para su época, es regresiva pues vuelve al modelo republicano clásico de la Constitución Norteamericana de 1787; cuando era el momento en que el constitucionalismo latinoamericano comenzaba a abrirse al repertorio de los derechos sociales, esta, al contrario, iba al repertorio clásico de los derechos individuales. La Revolución del 33, lo que produce en resumidas cuentas desde el punto constitucional y político, es un ajuste de ese desfase dando lugar a una constitución como la del 40, abierta enormemente a los derechos sociales, que sigue el patrón del constitucionalismo social de la Constitución Mexicana de Querétaro y de la Constitución de Weimar en Alemania.

 

Entonces, tiene derechos para la familia, el trabajo, la cultura, la educación, una ampliación de derechos sociales pero manteniendo una estructura más democrática. La Revolución del 33 cambia el sistema político cubano, se pasa del viejo modelo binario de los partidos conservadores y liberales a un repertorio político mucho más rico donde aparecen corrientes nacionalistas revolucionarias, populistas, más en la línea del populismo civil y no del populismo clásico tipo Perón o Vargas, más del tipo Gaitán en Colombia o Acción Democrática en Venezuela. El Partido Auténtico y el Partido Ortodoxo, que eran dos partidos importantes de izquierda y centro izquierda en la Cuba de los años 40 y 50, giran en torno a ese modelo del populismo cívico y del nacionalismo revolucionario de estirpe mexicana.

 

En otros partidos también gana mucha fuerza el ánimo de formar parte del proyecto constitucional y del primer gobierno de la república, así, desde el primer gobierno democrático de Batista gana mucha fuerza el Partido Comunista. Lo único que no encontramos en Cuba, a diferencia de otros partidos de otros países latinoamericanos, es una fuerte corriente católica o demócrata cristiana, esta llega pero muy tarde, en los años 50 antes de la Revolución. Entre los años 40 y 50 tenemos una vida política muy plural, con elementos semi-parlamentarios en el sistema político, una gran modernización de la esfera pública cubana que refleja en buena medida el crecimiento económico, y la dilatación de la clase media que se vive en Cuba. Cuba, de ser un país dependiente de la exportación del azúcar hasta las primeras décadas del siglo XX, se convierte, en una economía de servicios que permite esa dilatación de la clase media, las riquezas y la diversidad de la sociedad civil cubana.

 

La pluralidad política no se hubiera producido sin la diversificación de la sociedad civil, iglesias, asociaciones civiles de todo tipo, una fuerte tendencia a la autonomización, y una opinión pública muy sofisticada de alto nivel técnico y también muy heterogénea: radio, televisión, etc.; era, así, un movimiento bastante acelerado en Cuba hacia la urbanización, hacia la sociedad de consumo que produce esa esfera pública tan moderna en los años 40 y 50.

 

Además, se reproducen algunas estadísticas económicas y sociales de Cuba que la colocan, desde el ingreso per capita hasta el acceso a la opinión pública, o la autonomía de hacer asociaciones civiles, en uno de los niveles más altos en América Latina en esos mismos años. Es esa la Cuba en la que se produce el golpe de Batista en el año 52, un golpe de Estado a una dictadura muy parecida a las de la primera etapa de la Guerra Fría en Cuba, la de Rojas Pinilla en Colombia, la de Pérez Jiménez en Venezuela, una dictadura híbrida o mixta que trata de normalizarse y de constitucionalizar muy rápido. Empiezan quebrando un borde constitucional, como en el caso de Venezuela con Pérez Jiménez, y producen un régimen constitucional autoritario.

 

Así, Batista interrumpió el ciclo constitucional pero, rápidamente, adoptó estatutos constitucionales y convocó a elecciones en el 54; fue suficiente esa dictadura con elementos híbridos o mixtos para que hubiera una enorme reacción de la cultura democrática de la isla. La Revolución Cubana de los años 50 es es resultado del desarrollo de la sociedad civil, de la autonomía, de la riqueza de la opinión pública y del avance de una cultura democrática y de una cultura jurídica ligada al avance del Estado de derecho en Cuba, sino no se entiende una reacción como la que produjo los diversos movimientos revolucionarios contra la dictadura de Batista. Por eso, hay que entender la Revolución Cubana como resultado de la cultura política democrática de la antigua, que confluye en la restauración de la democracia de 1940, con la tradición del nacionalismo revolucionario que está en la Constitución del 40 con el objetivo de avanzar en una reforma agraria.

 

S.A: Para profundizar un poco más, ¿cómo era la calidad de vida en Cuba antes del golpe de Batista, y durante su periodo hasta el 59 con la Revolución? ¿podríamos afirmar que era buena?

 

RR: Sí, había una economía de servicios creciente y un PIB per capita alto que marcaban una buena calidad de vida, por supuesto que había un margen de pobreza y marginalidad, pero, por ejemplo, el analfabetismo estaba por debajo del 20% de la población, y tenía a una gran mayoría de la población en sectores urbanos en condiciones de vida muy por encima de la media en América Latina en los años 40 y 50.

 

Yo creo que, durante la dictadura de Batista, no se deteriora el nivel de vida sino que crece. A pesar de ser una dictadura muy breve, del año 52 al 58, es impresionante el nivel de inversión de gasto que hay, la inversión en construcción de viviendas, y el impulso por transitar de una economía monoproductora, monoexportadora ligada a la producción del azúcar, a una economía de servicios.

 

RR: No, es que la eliminación de los partidos no está; el golpe de Estado lo que hace es anular la Constitución, Batista produce un documento constitucional nuevo que son los Estatutos de Dolores y, luego, en el 54, convoca a elecciones. Lo que hay es una ilegalización del Partido Comunista, pero no de otros más, es decir, el Partido Ortodoxo, el Partido Auténtico, el viejo Partido Liberal de José Martí, y el Partido de la Cubanidad, y otros nuevos, se mantienen. Entonces, yo creo que no mantienen elementos de Batista. Sin embargo, institucionalmente, la Ley Fundamental tuvo algunas continuidades con los Estatutos de Dolores, por ejemplo con lo que tenía que ver con el Estado de Excepción, y la seguridad nacional.

 

Lo que buscaban los gobiernos revolucionarios era una vuelta al régimen del 40, pero con limitaciones marcadas por la nueva coyuntura de necesitar concentrar el poder para llevar a cabo las reformas que planteaban, como la reforma agraria, la reforma urbana, y la alfabetización. Sin embargo, para los 60, cuando ya hay una situación de conflicto con Estados Unidos, lo que se tiene es un modelo de seguridad nacional que suprime libertades públicas para la conservación de la soberanía nacional y de la integridad de la nación, en contraposición a lo que prometía la Ley Fundamental.

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