FORO CUBANO Vol 4, No. 32 – TEMA: CENSURA EN LAS UNIVERSIDADES CUBANAS–

Entrevista a Dimas Castellanos

Por: Omara Ruiz Urquiola
Mayo 2021

Vistas

Dimas Castellanos es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de La Habana (UH), al egresar se desempeñó como profesor de filosofía marxista en la Facultad de Economía y, más tarde, en el Instituto de Ciencias Agropecuarias de La Habana, ISCAH. En la actualidad es periodista independiente y ha publicado múltiples artículos para distintos medios, asimismo ha impartido conferencias en diversas universidades en Europa y Estados Unidos, es autor del libro “La Revolución Fracasada”. En esta oportunidad, Omara Isabel Ruiz Urquiola, académica y activista cubana, se reunió con él para conversar acerca de su trayectoria en el ámbito universitario en Cuba, la cual ha estado definida por la censura y la persecución política.   

Omara Ruiz (OR): Profe, primero yo quiero hablar del año 1977, ya sabemos que los años 90 fueron bastante complejos respecto a la persecución, pero el proceso de censura académica inició desde 1959. ¿En 1977, usted ya tenía una familia constituida y era profesor, qué posición ocupaba en la universidad?


Dimas Castellanos (DC): En el 77, yo estaba en la categoría de Instructor, dictaba el curso de filosofía marxista, vivía solo, no tenía familia constituida.


OR: ¿En el 77, era todavía la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana?

DC: Exactamente, porque ahí empezaron los Centros de Educación Superior y la Facultad de Agronomía se convirtió posteriormente en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (ISCAH), antes ubicado en la Quinta de los Molinos y después en San José de las Lajas. Yo inicialmente trabajaba cuando aún era de la Universidad de La Habana y ese era mi vínculo, yo empecé siendo profesor de la Facultad de Agronomía. 

OR: ¿Teniendo eso en cuenta, el primer intento de despido es en el ISCAH, y no en la UH? 

DC: Exactamente, ya era el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana. 

OR: ¿Quién dirigía el ISCAH en ese entonces?

DC: El ingeniero Efraín Abreu, en este momento reside en México. 

OR: ¿Entonces, ya usted era profesor, joven, en el año 77?

DC: No tan joven, nací en 1942, tenía 35 años y era Instructor. Uno de los problemas que yo tuve ahí, además de mis ideas, es que yo tenía la categoría de Instructor pero ya me correspondía ascender a la categoría de Asistente, ahí empezaron las presiones conmigo, había un montón de oportunistas. Un día me llamaron a conversar y me dijeron que teníamos que “cuadrar la caja”, esa fue la expresión que usaron, eso significa que lo que yo impartía en clase no me correspondía, además yo tenía una posición bastante crítica con los profesores mediocres de allí. 

OR: ¿También eran profesores de filosofía marxista?

DC: Sí, tenían categoría de Asistentes, y todos eran miembros del Partido. 

OR: Según eso, pienso que ha pesado institucionalmente la mediocridad, para fustigar a las personas que son verdaderamente activas en lo intelectual. 

DC: Totalmente, a uno de los profesores lo puse en ridículo porque no sabía absolutamente nada de lo que le correspondía y, aun así, era profesor; sin embargo, era miembro del Partido. Ese hombre estaba en mis clases y en las discusiones que yo promovía. Por otro lado, existía otro problema, durante ese tiempo se estaba dando un curso de posgrado, yo fui y dicté 4 ó 5 conferencias, y eso creó un ambiente que dividió a los que saben de los que no saben, “cuadrar la caja” era repartirnos el botín dentro de la misma caja. 

OR: “Entrar en caja” es no ver la mediocridad, por lo menos no señalarla, verla y quedarse callado. ¿Cuántos años llevaba en la universidad en el 77?

DC: Yo empecé el mismo año en que me gradué, eso fue en el 75.

OR: Llevaba un par de años, es decir, ya le tocaba cambiar de categoría, ya tenía que transitar y más si venía de la categoría de Instructor.

DC: Y tenía todas las condiciones para eso, porque además Zaira Rodríguez me tenía como seminarista para un curso en la Universidad de La Habana, era un grupo de 10 seminaristas, yo lo aproveché, pese a no venir de la filosofía sino de la ciencia política. Pasé el curso con ella, hice mi examen, indudablemente tenía todas las condiciones: idiomas, experiencia, con buenos resultados y evaluaciones. 

OR: Además usted estudió en la Unión Soviética, ¿Cómo fue esa experiencia?

DC: Yo estuve en la Unión Soviética estudiando ingeniería mucho tiempo antes, pero no me gradué de nada. Lo mío es un caso atípico ya que el problema es que yo desde niño trabajaba, hice hasta el tercer grado en la escuela normal, ya en 4to y 5to grados fue nocturna porque en el año 63 hicieron la prueba de escolaridad, y perdí un grado. Más adelante fue la secundaria obrera, trabajaba en el día como soldador, entré en el segundo semestre del año, ya que al inicio estaban desfasados. 

OR: ¿Esa fue la enseñanza general?

DC: La enseñanza general fue de gran calidad, a la Unión Soviética fui a estudiar ingeniería en el instituto Lenin de San Petersburgo, había buenas asignaturas y yo tenía habilidad para dibujo técnico pero para las matemáticas no, también nos daban Historia del Partido Comunista y Filosofía, en una Unión Soviética comunista. Los profesores me recomendaban pasarme a la Facultad de Humanidades ya que creían que yo no estaba hecho para ese curso, me alegro de no haberlo terminado, no soy místico pero mi vida tenía un plan, tenía que pasar por ahí porque tenía una misión, así lo veo, tenía que estar ahí para conocer el comunismo. Yo llegué creyendo que aquello era una maravilla, en Cuba yo era crítico con esto, descubrí que aquello no era lo que pintaban. 

OR: ¿Y empezó a estudiar en la Universidad de La Habana?

DC: Empecé en la UH con problemas, señalado, porque yo era el que dirigía los Círculos de estudios políticos del Instituto, en la Unión Soviética, teníamos cierta independencia, no nos guiábamos de otros círculos que no tenían idea del discurso de Fidel Castro y eso era lo único que analizaban. Yo hice una selección de las revistas de pensamiento crítico y lo que discutíamos eran temas de las dictaduras en América Latina, y de economía. En el año 69, próximo a la Zafra del 70 en Cuba, nos convencimos con mi grupo de que esa zafra no iba. Una vez vino un consejero de la embajada, y se reunió con nuestro comité en una reunión fortísima con nosotros, durante 2 días discutiendo nuestros criterios. En julio, cuando Fidel reconoció que la zafra no iba, entonces el organizador me llamó y me confirmó lo que yo ya había dicho y me confesó que antes del reconocimiento de Fidel nos iban a llevar presos, algunos podrían seguir estudiando, otros no, y los demás irían presos. 

OR: ¿En qué lista creía usted que estaba?

DC: Yo venía en la lista de la “candela” porque era uno de los instigadores, iba para la caldera del diablo. (risas)

OR: El mismo procedimiento hicieron en el 89-90 con los estudiantes del Instituto de Ciencias Técnicas de Dresden en Alemania, y en el 92 con estudiantes cubanos en Moscú, los querían meter en un barco y llevarlos presos, lo que pasa es que no tenían apoyo de autoridades locales, ya había caído el muro de Berlín, si no se los hubieran llevado.

DC: Yo entré a Cuba como me dio la gana, vine solo, en un barco de carga, era el único pasajero y me hice amigo del capitán, el me preguntaba siempre por qué teniendo en cuenta el clima cubano tenían ellos que llevarles papa siempre, esto fue en el 70. Llegué aquí y a los días fui al Ministerio de Educación a entregar el pasaporte. 

OR: Desde entonces, ya todos los estudiantes y profesores que llegaban del extranjero tenían que entregar su pasaporte. En fin, ¿volvió a Cuba en el 70 e inmediatamente empezó en la Universidad de La Habana? ¿Pudo matricular la carrera que quiso?

DC: En Ciencias Políticas ya habían iniciado, por eso yo entré en el año siguiente, durante ese tiempo me matriculé en la Escuela de Química para estar dentro de la Universidad y luego hacer el cambio, ahí estaba Marta Prieto, quien ahora es doctora en derecho y era parte de mi grupo.

OR: ¿Fue cursando asignaturas o no?

DC: Fui adelantando, yo crecí en la política, en la tabaquería de mi padre en Bayamo, cuando yo era niño.

OR: ¿Era de su papá?

DC: Era una cooperativa de 7 u 8 socios, ahí se vivía debatiendo y es donde yo entré a la política, en la tabaquería las 8 horas de trabajo eran 8 horas de debate, hombres de 3ro ó 4to grado de escolaridad pero con un nivel cultural por encima de cualquier universitario de hoy, debatían sobre muchos temas. Toda mi vida tiene que ver con esa tabaquería, mis ideas se formaron allí. 

OR: Ustedes son familia tabaquera, nosotros familia tabacalera. Ustedes eran proletariado, nosotros campesinado. El tabaco es increíble, combina las dos cosas. 

DC: El próximo paso en mi formación política tiene que ver con las imprentas, son dos oficios parecidos.

OR: ¿Cómo llegó allí?

DC: Desde niño, iba a la escuela en la noche y tenía que trabajar con mi madre. 

OR: ¿Lo hacía por necesidad económica?

DC: No necesariamente, ir con mi madre cada día a las zonas de campo con una maleta a ayudarle a vender ropa, ambulante, casa por casa, me desconectaba de la escuela y no tenía el interés. A los 10 años empecé a trabajar en la imprenta en Bayamo, y este es un oficio en el que también se debate, no tanto, pero con un nivel superior, ya que el tipógrafo conoce de novelas, de ortografía, la imprenta me redondeó y me dio visión.

OR: Interesante, ¿Su mamá era independiente económicamente de su papá?

DC: Ella ganaba su dinero.

OR: La gente no suele entender eso, las mujeres de mi familia ganaban su dinero, el hombre no se metía ahí.

DC: Mi madre tenía crianza de puercos, luego de gallinas, en Bayamo tenía crianza de pollos, intensiva. Ella siempre tuvo sus negocios, una bodeguita, cosas que no tenían que ver con la tabaquería, a veces sí se relacionaba vendiendo el mazo de tabaco en las bodegas y yo iba con ella, por eso conocía los centrales desde pequeño. 

OR: Una vida muy intensa.

DC: Yo he vivido como 180 años.

OR: Entonces se gradúa y se queda dando clases en la universidad, me imagino que por los buenos resultados, los que se quedaban era por destacarse como estudiantes, por investigación o por ser de interés para algún profesor, ¿Por qué se quedó?

DC: Yo me quedé por dos razones, soy el segundo “expediente negro”, además dirigía la biblioteca de Ciencias Políticas cuando era estudiante sin tener cargo alguno, el decano me lo pidió ya que el director se había ido. Mientras estudiaba Ciencias Políticas, yo era alumno ayudante de la asignatura Psicología social, ya que en la Escuela de Psicología me permitieron matricular materias de allí para calzar mi trabajo de alumno ayudante. Ellos no me querían en la docencia, eso fue una guerra tremenda, terminaron de ubicar a todo el mundo menos a mí. En ese tiempo en que ellos decían que no había un lugar para mí, yo conocí al decano de la Facultad de Economía, Roberto Iglesias, me dijo que necesitaba gente, así que no había excusa. 

OR: Es decir, no quedó directamente en la Facultad de Ciencias Políticas. 

DC: Me quedé en la de Economía.

OR: Me parecía extraño que se hubiese quedado en la de Ciencias Políticas.

DC: No, yo allí tenía tremendo problema, me habían querido sacar.

OR: ¿Lo quisieron sacar siendo estudiante?

DC: Exactamente, por la conducta que yo tenía allí, criticaba al Partido y por eso tuve ciertos problemas. 

OR: ¿Pero no lo atacaron de frente?

DC: Una vez, la Seguridad mandó a Esteban Morales a hacer eso, convocaron una reunión sorpresa de 3 días. Con una grabadora en mano, 2 alumnos de Ciencias Políticas nos acusaban a mí y a otros 3, pero sobre todo a mí, de tener ideas políticas diferentes, esos 2 alumnos eran: Cristian Jiménez, el que era director del Instituto Nacional de Deportes (INDER), y el otro de apellido Herrera, miembro del equipo nacional de baloncesto y que ahora es funcionario del INDER.

OR: ¿En qué año estaba de la carrera?

DC: Aproximadamente en 3er año. 

OR: ¿Aun así se pudo quedar en la UH? 

DC: Había creado otros problemas, cuando estaba en 3ro ó 4to año, había un estudiante de Ciencias políticas que era ciego, él trabajaba en la biblioteca y se robaba los libros, al final lo sacaron por esta esta razón, todos se preguntaban, y si es ciego, por qué se roba los libros?, resulta que también lo sacaron de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). A partir de eso yo decidí investigar, así que hablé con su familia y desde la Escuela de Psicología se determinó que tenía determinada condición o enfermedad y tuvieron que devolverle la militancia en la UJC.

OR: Tenía una especie de cleptomanía. 

DC: Y todo lo que yo hacía era un problema. 

OR: Entonces, ¿Se quedó en la Escuela de Economía?

DC: El decano, Roberto Iglesias, tenía una deuda conmigo. Yo fui presidente de los Jóvenes Rebeldes en Guantánamo, yo estaba ahí y Roberto era de mi equipo en la Dirección Municipal.

OR: Mi papá fue un Joven Rebelde.

DC: Cuando yo pasé al Comité Provincial en Guantánamo, había una secretaria del Partido llamada Rita Díaz, ella tuvo un problema con Roberto Iglesias y al final lo hizo polvo, lo eliminó, y entonces yo lo promoví para mi comisión del Comité Provincial para hacer núcleos por la zona de campo y lo salvé de aquella crisis, él vino para acá después, se hizo ingeniero y después llegó a decano de la Facultad. 

OR: ¿Cuál es el argumento para que lo saquen en el año 77?

DC: El argumento es que yo no era militante del Partido.

OR: ¿En el año 77 había que ser militante para ser docente?

DC: No había que serlo, ellos tenían que sacarme. En mi apelación está el planteamiento de que ese argumento de no ser del Partido no era suficiente, había otros que no lo eran y no los sacaron, o sea que era un problema conmigo, algo personal. 

OR: ¿Convocaron una reunión? ¿Alguien lo llamó?

DC: Me llamo el jefe del departamento, que era amigo mío y siguió siéndolo, en ese momento lo obligaron.  Ese fue el argumento. Me llamaron y me dijeron que estaba fuera.

OR: ¿Usted era plantilla?

DC: Sí, entonces yo hice una apelación, al final no me expulsan, pero me dicen que no puedo ser profesor y me ofrecen 4 ó 5 puestos como trabajador de mantenimiento. Yo apelé, sabía que durante ese tiempo ellos no me podían hacer nada. Duré 27 días sin ir al ISCAH, ahí mismo ellos creyeron que la mesa estaba servida y un vicerrector de economía tomó la decisión y me expulsaron por ausencia de 27 días injustificada. 

OR: Es increíble porque es el mismo patrón que le aplicaron a mi hermano en el 2016, por ausencia injustificada. 

DC: Entonces claro, en la apelación no tenían ese argumento y en ese momento estaba la misión cubana en Etiopía y yo me movilicé.

OR: ¿Usted qué  hizo? ¿Se presentó en el Comité Militar?

DC: Yo conocía a un médico del hospital militar, el capitán Ojeda. Él era mi amigo y estaba haciendo los chequeos para la tropa. Yo tenía la aspiración de ir a alguna misión desde hacía tiempo, me faltaba conocer que cosa era una misión en África, así que Ojeda habló con el de contrainteligencia y me fui a Etiopía.

OR: ¿El proceso de despido quedó ahí? ¿Se detuvo hasta que usted regresó de Etiopía?

DC: Exactamente.

OR: Al regresar de Etiopía ¿Qué hizo?

DC: Cuando regresé de Etiopía, volví como un héroe, yo seguía siendo plantilla del Departamento, aunque me hubieran sacado. En ese tiempo, por mis méritos hasta me gané un refrigerador (risas).

OR: Claro, las misiones internacionalistas acumulaban cantidad de méritos.

DC: Luego de eso, plantearon la resolución de que como no era del Partido, me sacaban. Aún así me ofrecieron otras plazas, y lo más cercano a mi perfil era la de Técnico en Información Científica, así que me quede en esa área.

OR: Es decir que su apelación al ministro en el 77, se quedó en stand by ya que se fue para Etiopía, al regreso, ¿lo vuelven a citar?

DC: Exactamente, me vuelven a citar. Mi cambio no tenía reversa, me ofertaron puestos de trabajo y uno de ellos era el de Información Científica, así que me quedé en ese, matriculé un curso de dos años de informática en la Universidad de La Habana, lo aprobé bien y desarrollé un trabajo muy bueno para adquirir literatura científica.

OR: Usted procesó la separación de la docencia con relativa calma.

DC: Sí, la respuesta definitiva era dejar la docencia, así que me ofrecieron otras plazas, o me iba o aceptaba, no me podían dejar sin trabajo porque la cuestión no era fácil. Me metí en informática e información. En ese momento, me desarrollé con mi nuevo perfil y traté de vincular filosofía con informática, me publicaron artículos y me decían el “filósofo de la información”, de ahí me sacaron definitivamente más adelante.

OR: Es interesante esa separación de la docencia en el 77, además no había ninguna ley ni decreto que estipulara que por no pertenecer al Partido Comunista, usted tuviera que ser expulsado de la docencia. ¿Usted era del sindicato en ese momento?

DC: En el 77 yo estaba en el sindicato.

OR: ¿Qué papel jugó el sindicato?

DC: Respaldar a la administración.

OR: ¿La gente del ISCAH, se siguió relacionando normalmente con usted?

DC: Cuando empecé en Información Científica no fue fácil, había un veterinario que había estado castigado también, lo tenían en el ISCAH en un departamento para hacer reseñas de libros. Luego yo llegué ahí, a ocupar su lugar, como yo sabía ruso tenía que hacer reseñas de los libros en ese idioma, así empecé yo, aislado. 

OR: Fue lo que también le hicieron a otros trabajadores, los ubicaron en la Biblioteca Nacional, les daban empleo pero no podían relacionarse con nadie, ni hablar con usuarios de la biblioteca. 

DC: Había gente que les decía que no se relacionaran conmigo. 

OR: Y las relaciones de compañerismo ¿Se forjaron con el tiempo?

DC: Enseguida. 

OR: ¿Y con sus compañeros del Departamento de Marxismo, se siguieron tratando?

DC: Con Silva, con un profesor de economía y con ciertas personas, otros simplemente me dejaron de tratar. 

OR: ¿Cómo tomó el proceso?

DC: Yo no sé en donde me preparé para tomar todo con calma y tranquilidad, así es mi personalidad.

OR: ¿Tuvo algún problema en la comunidad y en su entorno al no ser más un profesor? ¿Hubo alguna resonancia en su ambiente?

DC: Todos los que vivían en esta casa (edificio) eran profesores del ISCAH, ellos sabían lo que pasaba. Pero más adelante en el 92, casi todos dejaron de tratarme. 

OR: Dejemos lo del 92 para más adelante. Son dos expulsiones, la primera vez no pudieron y lo castigaron, pero la segunda vez si fue total, viviendo una persecución durante años. ¿Sin embargo, cuando la del 77 no se le ocurrió irse de Cuba?

DC: No. Esa idea de irme de Cuba nunca la he tenido, mis amigos me dicen que no estoy bien de la cabeza, me dicen que no entienden, pero yo siempre voy a regresar, que se vayan los que jodieron esto.

OR: En ese tiempo usted se quedó, siendo joven y con experiencia desde que era estudiante, si usted pone en una balanza los recuerdos dando clases durante dos años nada más, ¿son gratos?

DC: Los recuerdos son gratos porque en esos dos años, el nivel más alto que tuve fue trabajar con Zaira de seminarista, ahí me destaqué como uno de los mejores. Tengo esa experiencia y la del curso de posgrado en el ISCAH, donde los profesores se comunicaban conmigo, y con los alumnos cubanos y extranjeros nos llevábamos bien, yo sentía que había nacido para eso.

OR: ¿Le gustaba la docencia? 

DC: Me encanta. 

OR: Entre la docencia y el trabajo de ciencias de la información, ¿cuál escoge?

DC: La docencia, además para eso tenía toda una preparación anterior, incluyendo mi nivel en el 5to grado. En el año 60 yo pasé la Escuela Nacional de Cuadros del Partido Socialista Popular aquí en La Habana, ahí conocí la filosofía por primera vez, la impartía Leonel Soto, además conocí a todos los dirigentes comunistas de Cuba, ellos eran los profesores, el claustro eran ellos: Juan Marinello, Lázaro Peña, Leonel Soto, César Escalante, Sergio Aguirre, quien me motivó a conocer la historia de Cuba, todos eran intelectuales de gran nivel. Cuando yo regresé a Bayamo, una de mis funciones era impartir clases de economía política en los Círculos de la Juventud Socialista y del Partido, era una vocación que yo traía.

OR: ¿Qué cosa le incomodó de ese corto tiempo en la universidad durante los 70?

DC: La rigidez ideológica de la universidad en la carrera de Ciencias Políticas, todos eran muy rígidos salvo algunas excepciones que se terminaron yendo de allí. Algunos venían del capitalismo y tenían otra visión, otros eran formados en el sistema socialista, como Esteban Morales quien era bastante cerrado e intolerante. Yo era muy liberal, no consultaba y allá todo era un asalto, yo no iba con eso, siempre fui un problema, esas cosas eran muy incómodas, fueron 5 años de guerra. 

OR: 7, contando sus años de trabajo en la universidad. ¿Y las discusiones profe?, ¿En la década del 70, quedaba un poco del clima de debate de los 60?

DC: Quedaba muy poco, ya había mucha gente con miedo. 

OR: Además en el año 71 fue el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, y quedó todo clarito.

DC: Para mí era difícil dar las clases, al principio describiendo que la dialéctica es un movimiento continuo que nunca se detiene, yo pensaba que la historia de la humanidad era una historia dialéctica, pasamos por el capitalismo y ahora estamos aquí, yo le decía a los alumnos ¿Aquí nos tenemos que quedar o seguimos para otro lugar? ¿Qué piensan ustedes? Ese tipo de cuestiones no se soportaban, había estudiantes que informaban lo que sucedía en las clases y eso no se toleraba.

OR: En el 77, la sanción fue excepcional y particularizada con nombre y apellido, eso no fue por tendencia como en el 92. 

DC: En el 92, ya estaba muy marcado.

OR: ¿Qué hacían los demás profesores respecto al análisis y el debate?

DC: El tema de la violencia en el Manifiesto Comunista, la lucha de clases como motor de la historia, esos son temas que yo “liquidaba”, los cuestionaba, porque si la violencia genera violencia en la que una clase toma el poder para eliminar a otra clase, eso es abrir una guerra nueva. Nadie se deja apartar del poder sin luchar por lo que tiene, no era una conciliación, siempre fui de la idea de que hay que ir a la conciliación, en la cuestión socialdemócrata, no comunista. 

OR: Usted se estaba enfrentando con el enemigo frontalmente. Ellos le metieron el apellido marxista a todo, pero con violencia contra el enemigo, ir a la dictadura del proletariado a como dé lugar.

DC: Yo usaba el término dictadura del proletariado, pero en Rusia por ejemplo en el primer Comité Central, no había sino un solo obrero, era la dictadura del proletariado de un solo obrero, y por cierto a él lo asesinaron. No había ninguna dictadura del proletariado, y en Cuba si vamos a ver los dirigentes, proletarios no hay. 

OR: A Lázaro Peña lo querían coger para eso, los demás eran intelectuales y se dejaron guiar, se desligaron (de su origen verdadero). 

DC: Era tabaquero. Los otros se sometieron, tuvieron sus debilidades, ellos no estaban a mano con el alzamiento en épocas de lucha. 

OR: Y le dieron la mano a Batista.

DC: Fueron parte del gobierno de Batista, Blas Roca fue el que entregó el Partido. Yo estuve en la 8va Asamblea Nacional del Partido Socialista Popular, en el Hotel Comodoro, en el año 60, estaba en la escuela y todavía era alumno. En el 97, cuando la policía política me estaba acosando, vinieron dos tipos y me llevaron otra vez al Hotel Comodoro, registraron mi casa y estando ahí en los pasillos, me dice uno “Dimas, ¿Alguna vez habías estado aquí?”, yo le mencioné que sí, que había estado en la 8va Asamblea, luego de eso no volvimos a hablar.  (risas)

OR: Vamos a hablar ahora de la expulsión definitiva de la educación superior que ocurrió en el año 1992, y esta vez tiene la particularidad de que no fue un caso excepcional, hubo otros docentes que también fueron víctimas del mismo fenómeno de cesura académica, lo primero es saber ¿Cuál es el origen de esto que ocurrió en el año 92?

DC: Miro atrás y pienso en la Perestroika soviética, casi todas las personas vinculadas con esto están convencidas de las ideas de cambio pero dentro del socialismo. En ese momento se había entrado en el Periodo Especial y la crisis de agudizó, había que hacer un giro cuanto antes, es en ese punto cuando surgen muchas organizaciones opositoras. En los 90, 91, 92, hubo una explosión de organizaciones políticas.

OR: ¿Surgen como organizaciones opositoras, porque yo lo que veo en un primer momento es reformismo?

DC: Bueno, yo creo que ahí hay de todo, porque la mayoría de estas organizaciones estaban influenciadas por Estados Unidos, y por tanto buscaban un cambio radical. Yo no participé en la elaboración aunque soy fundador de la Corriente, uno de mis  compañeros era joven con ideas brillantes, socialdemócratas. Este es un programa mínimo de corte socialdemócrata en el que lo que se plantea es menos de lo que el gobierno ha hecho por necesidad, cosas muy suaves, el gobierno no admitía nada. 

OR: ¿En qué año surge la Corriente Socialista Democrática? 

DC: En el año 90-91, los que vamos a parar a la Corriente éramos un grupo grande vinculado a la Juventud del Partido Socialista Popular, y ahí estaban Elizardo, Vladimiro Roca, Carlitos Menéndez, el hijo de Jesús Menéndez, y otros más, la mayoría venían de esa misma onda. Ahí entró “Chepe”, Oscar Espinosa, yo lo convencí de que entrara a la Corriente, además un grueso de las Juventud y otro grupo de economistas que estaban vinculados. Vladimiro, Elizardo y yo, formábamos el núcleo de la Corriente, ellos dos decidían lo principal, ahí la Seguridad trató de cogerme y no lo lograron. Esto surgió por la influencia de la Perestroika, por el nacimiento de las organizaciones democráticas en Europa del Este, como el Partido Solidaridad Democrática, que era de tradición liberal, buscaba un cambio radical aquí en Cuba. 

OR: ¿Tenían alguna conexión ideológica o programática con Solidaridad, de Walęsa?

DC: En nuestro caso era la idea socialdemócrata, porque teníamos mucha influencia de la experiencia sueca y noruega.

OR: ¿Cómo la conocieron?

DC: Yo la conocía desde que estaba en la Unión Soviética, porque allí la criticaban mucho y eso nos motivó a interesarnos en esta experiencia, después investigué más de ello y me di cuenta de que Suecia contaba con un desarrollo increíble y desde 1901 habían alfabetizado, lograron desarrollo y un gran nivel con bases socialdemócratas.

OR: Tienen unos programas sociales que son interesantes y un apadrinamiento de la cultura impresionante. Una vez yo iba caminando por una calle en Estocolmo, viendo las casas históricas y me explicaron que estas son del Estado, hay una lista de intelectuales buscando rentarlas, pero solo se hace contrato a personas asociadas con la cultura, que tengan la sensibilidad necesaria para conservar los valores patrimoniales de esas casas, así funciona.

DC: Así funciona, pero todo es un abanico, yo lo conozco bien porque nosotros en la Corriente creamos la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada (MROM), a esta mesa entraron 3 partidos liberales, un sindicato y una organización de lucha racial, elaboramos todo un proyecto de cambio profundo, consensuando ideas liberales con ideas socialdemócratas.

OR: Usted está mencionando una organización que aborda el tema racial, cuando hablaba del año 77, no le mencioné nada de ese tema porque era muy fuerte en esa década y en la de los 80 el hecho de buscar cifras y cuotas para borrar de golpe el problema racial, pero ahora este tema está de nuevo en escena, incluso en los 90. 

DC: José Vélez, se llamaba la figura central de esta organización. 

OR: ¿Y qué era lo que pedían ellos?

DC: Era una organización que tenía quejas en cuanto a la participación del negro en distintos escenarios, no tenía mucho desarrollo intelectual, pero estaba creada para eso. El problema racial estuvo siempre, en 1976 cuando vuelvo donde Zaira Rodríguez, quien creó este grupo de entre 100 y 200 de profesores para pasar de categoría y aprender filosofía marxista, allí yo también dirigía mi seminario, las conferencias se daban en la Facultad de Biología, la primera conferencia la daba Zaira durante todo un día, luego cada grupo de seminario se reunía por separado. En mi experiencia, el primer día llegué con unos minutos de retraso y mi grupo ya estaba reunido, ahí estaba sentada la doctora Graciela Barraqué del Instituto Pedagógico, una lumbrera de la geografía cubana, ella junto con los demás conformaban un grupo de 20 personas, de los 20, 15 eran blancos, 2 mulatos y 3 negros, yo entré al aula, me senté, en ese momento 16 de ellos se fueron, al final me quedé solo con 4 estudiantes. 

OR: ¿Quiénes se fueron?

DC: Los doctores se fueron, eran personas mayores y vieron llegar a un negro joven a dictarles la clase, para su cultura eso parecía inadmisible, yo simplemente trabajé con los 4 que se quedaron, cuando terminé me fui para el Departamento de Filosofía, hablé con Zaira y le dije que no iba a seguir en el seminario, ella me respondió “Quédate ahí, tú tienes materia para eso. Aunque sean solo 4, tú le das clase a esos 4”. Yo me esmeraba con la preparación de las clases y con la metodología de enseñanza de Zaira. Cuando acabó el curso, el único grupo que terminó con 22 alumnos, es decir con 2 más de los iniciales, fue el mío, los que se fueron regresaron y 2 más se unieron. Se empezó a comentar lo buena que era la clase del “negrito”, digo esto para que sepas como estaba el racismo en la mente, en la universidad profesores viejos no admitían que un negro joven se sentará y diera una clase. 

OR: También hay que ver una cosa, el proceso es de todos estos estudiantes que no solamente eran negros sino también jóvenes, los preparaban e instantáneamente los imponían en la universidad a detentar sus labores para luego irrespetarlos. 

DC: Eso es posterior, en el 70 eso no ocurría todavía pero por supuesto ocurrió más adelante. Obligaban a ciertos profesores a retirarse por tener edad de jubilación pese a que ellos no querían, muchas veces la razón de ello, era que resultaban políticamente incómodos y venían del sistema anterior y por tanto querían renovar totalmente la universidad.

OR: En este lapso hasta el 92 cuando ocurre su expulsión, usted tenía otra edad, familia constituida, había personas que dependían de su estabilidad económica, además en pleno Periodo Especial cuando la crisis se hizo álgida ¿Cómo reaccionó su familia a la expulsión? ¿Cómo lo afrontaron?


DC: Voy a empezar con mi esposa, resulta que ella sabía de alguna u otra forma que yo estaba vinculado con la Corriente Socialista, pero nunca le dije que yo era una de las tres figuras claves.

OR: ¿Qué formación tenía su esposa?

DC: Graduada de economía y especializada en cuestiones de informática, trabajaba en el Instituto de Información Científica y en la Academia de Ciencias. Cuando a mí me expulsaron de la universidad, yo le comenté lo que había pasado, ella me preguntó las razones, al final me recriminó por haberle mentido, pensé que sería el final de nuestra relación, sin embargo lo logramos superar. En el 94 ella viajó a Suiza y se llevó la lista de presos políticos para entregarla en el Vaticano, la entregó en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra. 
(silencio)

OR: ¿La expulsaron del trabajo o tomaron represalias contra ella?

DC: Ella era militante del Partido, yo le comenté que probablemente iban a tomar represalias, sin embargo ella ya se estaba acoplando a mi manera de ver las cosas, se identificó y me apoyó bastante. Efectivamente, la llamaron del Partido, en el núcleo en que ella estaba todos eran miembros de la Perestroika, ellos acordaron no sacarla de la militancia, pese a ello, cuando se comentó lo sucedido a instancias superiores, dieron la orden de que, o la separaban o se disolvía el núcleo del Partido. La noche anterior a lo que se venía, nos sentamos a prepararnos y elaboramos una serie de conceptos, definimos que la familia existe y es anterior a los partidos políticos, segundo, que cada uno tiene una forma de pensar distinta y nos respetamos. Cuando asistió a la segunda reunión la orientación era que se separara de mí, ella mencionó que ni renunciaba al Partido ni me dejaba, ya que nos queríamos y nos respetábamos. La separaron del Partido al final. 

OR: ¿No la sacaron del trabajo?

DC: La trasladaron a un puesto de menor nivel, fue el precio que tuvo que pagar y no pudo progresar, por eso entiendo cuando decidió quedarse en España. Por mi parte, me quedé sin empleo, vivíamos con el salario de ambos que, si bien era bajo para la época, con eso podíamos vivir, yo creo que ganaba 230 pesos y ella un poco más. En este contexto, cuando un país tiene un solo empleador que es el Estado, si te bota el empleador te botan todos, por tanto, yo no hice el menor intento de buscar trabajo, ya estaba mi expediente marcado y no quería perder el tiempo. Lo primero que hice posterior a ello fue seleccionar una serie de libros míos, luego me iba para el Instituto Superior Pedagógico, los tiraba al piso y los vendía. Lo segundo, cuando vi que los libros no eran suficiente, empecé a vender fríjoles, ajo y acetona de la fábrica de pintura, vendía los productos en bicicleta. Lo que más vendía era la acetona que venía por litros, iba por las farmacias, hacia las etiquetas y la envasaba. En dos ocasiones me preguntaron de dónde la sacaba, siempre estaba en riesgo mientras la vendía. 

OR: ¿Su hijo qué edad tenía? 

DC: En el año 92, tenía 5 años. 

OR: O sea, que él no tuvo conciencia del cambio ni de lo que pasó, no conoció al investigador, conoció a su papá siendo vendedor ambulante, también al intelectual pero en la casa.

DC: Sí, exactamente, además yo era corredor y nunca dejé de serlo, mi hijo se hizo triatleta porque yo lo entrenaba.

OR: ¿Desde qué época usted practicaba triatlón, profe?

DC: Yo nunca hice triatlón, pero era entrenador del único campeón infantil que ha tenido Cuba en los Panamericanos. 

OR: ¿Y dónde lo entrenaba? 

DC: En cuanto al ciclismo, practicábamos en la avenida a las 6 de la mañana, y en la tarde en la zona de tránsito. Para la natación al principio íbamos al mar, después hablé con una profesora y ella aceptó a mi hijo para que aprendiera a nadar bien, a partir de ahí lo llevaba todos los días a la Escuela de Natación Marcelo Salado, allí había un profesor que me veía siempre en esa lucha con mi hijo, vio todo el interés que yo tenía, así que nos dio una carrilera para entrenar de 12:30 pm a 1:30 pm. Yo no sabía nadar, pero me leí 7 u 8 libros de natación e hice un manual que practicaba con mi hijo todos los días. 

OR: ¿Él no se enteró de lo que pasaba? 

DC: Exactamente, yo iba a recogerlo a la escuela y todo el mundo creía que yo era profesor de natación, incluso el entrenador que me prestó la carrilera me decía que en alguna ocasión me iba a dejar su grupo para que yo les diera clase, mi hijo me decía que tuviera cuidado o los otros estudiantes tendrían que sacarme a la orilla. 

OR: ¿Pero con su hijo no se inscribieron a la escuela oficialmente?

DC: En la escuela no, aquí en la casa con una goma de bicicleta y una reja, inventé un mecanismo para que hiciera fuerza en el brazo, en el lavadero lo entrenaba para la carrera, finalmente en el 97 cuando tenía 10 años ganó una competencia. Todo eso me ocupaba mucho tiempo y un día al pasar por el pueblo de Jamaica, saliendo de San José, había un policía  motorizado, se quedó mirándome y pensé que todo se había jodido. Caminé y me preguntó para dónde iba, yo le contesté que para La Habana, luego me preguntó sobre lo que llevaba, ahí yo tenía guardada la acetona para vender, en ese momento me inventé que tenía una tía que prácticamente se estaba muriendo y yo iba una vez por semana a traerle alcohol y frijoles, con la sangre fría le mostré el paquete, él lo revisó y luego me dejó ir, incluso al subirme a la bicicleta me impulsó. 

OR: Era una buena persona.

DC: Exacto, sin embargo luego de eso llegué a la casa y le dije a Angélita, mi esposa, que no iba a volver más a San José. Un día yo estaba sacando cuentas de otro negocio que tenía, sentado en una silla que es en donde me pasan cosas espirituales y extrañas, mientras sacaba las cuentas de lo que habíamos vendido, me entró un escalofrío por la espalda, mi esposa me preguntó qué me pasaba, le dije que no sabía, ella me comentó que creía que yo estaba sufriendo por la filosofía y que debía ocuparme de aquello y de la política, más no del dinero. De ahí para acá te puedo decir que no me he preocupado más por el dinero y nunca me ha faltado nada, después de ello, las pruebas empezaron. Un día estábamos sin aceite para cocinar y un ingeniero amigo mío, entró con una botella de aceite en la mano, en el momento justo. En otra ocasión, me quedé casi una semana sin dinero, y llegó Maricela de Estados Unidos, se sentó en esa silla, y me preguntó que cómo estaba de dinero, ella como sabía de mi situación, me había traído 107 dólares, en mi vida había visto esa cantidad. Luego en la competencia de mi hijo no tenía zapatos para correr, una amiga de España entró y me traía unos zapatos para él. En total fueron aproximadamente 20 hechos extraños, yo vengo de una formación comunista, atea, qué se yo, pero evidentemente hay cosas que no puedo explicar con el ateísmo. A veces escribo y el 90% de las veces no me pagan y yo lo hago con más gusto aún, no escribo para que me paguen, ni lo hago por encargo. Tuve problemas, pero me volví a meter a la política, empecé a estudiar y a escribir.

OR: Independientemente de que estaba ganándose la vida como podía, ¿Usted se mantuvo en la Corriente Socialista todo el tiempo?

DC: Sí. 

OR: No tenía producción intelectual en ese tiempo, ¿Empezó a escribir después de todo aquello? 

DC: Yo empecé a escribir en el año 2001, para el periódico dirigido por Jesús Díaz, escribí más de 100 artículos hasta que ellos en la dirección tuvieron un problema y se dividieron, el Encuentro para un lado y Diario de Cuba para el otro, tras la división, yo me identifique más con la gente de Diario de Cuba. A grandes rasgos escribo para Encuentro desde el 2001, y para Diario de Cuba desde el 2010, también han publicado mis escritos en Brasil, Perú y México.

OR: Profe, respecto al tema de la expulsión ¿La razón objetiva es la famosa carta?

DC: No tiene nada que ver. 

OR: Eso es el algo importante, en el año 1992 los pusieron a todos en el mismo grupo.

DC: No te puedo decir si estaba entre los del Pedagógico o en la carpeta de los de la Tecnológica de La Habana (CUJAE), lo trascendental fue lo concerniente a la carta. Lo cierto es que la universidad era un lugar que no se le podía ceder a nadie y eso Fidel Castro lo sabía, por eso la autonomía universitaria despareció en el año 1962 con la Reforma universitaria, ese proceso empezó en el 59, pero en el 62 se la “echan” totalmente. Lo primero es no perder la universidad (1977), lo segundo es que se creó la Corriente, y luego descubrieron la protesta en la CUJAE. A mí me tenían señalado, y finalmente me expulsaron por el Programa Mínimo de la Corriente Socialista Democrática.

OR: ¿Usted es firmante de la carta del 92 en la CUJAE?

DC: No, la carta la firmaron los de la CUJAE, mi caso es que yo soy del Programa Mínimo de la Corriente, de hecho, grabábamos algunas cosas en un cassette y yo se lo solía prestar a un ingeniero para crear un comité de la Corriente en el ISCAH, sin embargo, él se lo pasó a la Seguridad del Estado.

OR: ¿Ya se había terminado el curso?

DC: Fue iniciando el año 92, el ingeniero me decía que me devolvía el cassette otro día o después, eso a mí se me hizo extraño, hasta que un día vino mi jefe, en  Información Científica, y me dijo que tenía que ir a una reunión en la rectoría. Él ya sabía todo lo que iba a pasar, me dijeron que había introducido propaganda ajena y que quedaba expulsado definitivamente del Ministerio de Educación Superior.

OR: ¿No apeló al Órgano de Justicia Laboral?

DC: No, yo sabía que eso estaba perdido, incluso fui al ISCAH en otras ocasiones y habían puesto una foto mía ahí para prohibirme la entrada. 

OR: ¿Su expulsión tuvo el respaldo de algún decreto? ¿Le entregaron algún documento?

DC: Sí, el documento planteaba que había violado una ley al introducir propaganda ajena a los intereses de la universidad.

OR: ¿Eso es un decreto? 

DC: Sí. 

OR: ¿Cómo reaccionaron sus compañeros?

DC: Los compañeros del ISCAH que vivían aquí dejaron de tratarme. 

OR: ¿Ellos aún viven aquí?

DC: El más peligroso, quién tenía la misión de vigilarme y que vivía aquí, murió hace aproximadamente 8 años. Los otros se fueron yendo y aquí quedan algunos de la Universidad de La Habana. 

OR: ¿Es decir su vecina, la que tiene la imagen del Ché en el jardín?

DC: Sí, es una viejita y su hijo es militar. Aquí solo queda un profesor dibujante del ISCAH, quién al principio dejó de tratarme, pero tiempo después volvió a tener contacto conmigo. A mí me pasa una cosa peculiar, imagina que tú estás calificado de “contrarrevolucionario” y tu esposa ha sido botada del Partido, es un escenario complejo y frente a eso me fui a España y me quedé por un tiempo allá con mi hijo. Aunque en el 96 me dijeron que jamás iba a salir de Cuba, en el 2006 pude volver a hacerlo, aquí todos dicen que yo soy un “oficialón”, ya que para ellos no hay otra explicación. 

OR: ¿Pero usted sigue siendo revolucionario? 

DC: Yo discuto lo que piensa toda esa gente. 

OR: Además, ya no tienen argumentos. 

DC: Una vez estaba con unos agentes de la Seguridad y les dije que yo no tenía nada que ocultar, yo no quería ser figura política, comenté jocosamente que ese hombre que me vigilaba, alguna vez se iba a caer del balcón por escuchar mis conversaciones. Él les decía una cosa diferente a todos, pero yo lo decía directamente. Este hombre se enfermó un día, y el hijo lo bajó al hombro para llevárselo, mi hijo me contó aquello. Después de eso una madrugada las 4:00 am tuve una pesadilla, justo en ese momento el señor se estaba muriendo. 

OR: ¿Y los compañeros del ISCAH?

DC: Unos me dejaron de hablar, otros me trataban desde lejos. Actualmente me he vuelto a hablar con algunos. 

OR: ¿No experimentó Actos de repudio?

DC: Una vez iba a tener una reunión a las 5:30 pm con los miembros de la Corriente, a las 3:00 pm vino un tipo del Núcleo del Partido y me dijo que no iban a permitir que se diera esa reunión de las 5:00 de la tarde. Yo me fui por ese lado, la reunión era a las 5:30 pm y no a las 5:00 pm, así que me excusé diciendo que a la hora que ellos mencionaban no había ninguna reunión, también les dije que ellos podían prohibirme porque tenían la fuerza, nada más. Por otro lado, afuera de mi casa había un montón de gente vestida de civil pero que venía a controlarme, yo pensaba que podían prohibirme hacer la reunión pero igualmente la haría otro día, asimismo les mencioné que a mí no me mandaba nadie y a ellos sí, y que si algún día querían saber a lo que me dedicaba que vinieran solos y no porque los mandaran. Después de un rato se fueron pero sabía que aun así debía cancelar la reunión, un compañero me ayudó a avisarles a los demás para que no se acercaran a mi casa, yo mismo me paré en una calle para evitar que eso pasara. Luego, me fui a correr con la calle llena de gente y a ellos eso los descontroló.

OR: Aquí todo es un pañuelo. 

DC: A mí sí me buscaron muchas veces, me interrogaron y me amenazaron en Estaciones de Policía. 

OR: La primera vez, en el proceso de expulsión la cara visible fue el jefe de departamento, en esta segunda ocasión fue el rector. Usted fue vendedor ambulante, ha estado en las filas de la prensa independiente, ha sido conferencista y, por gusto, no se va de Cuba.


DC: Estuve en distintas universidades fuera de Cuba y solía empezar mi intervención diciendo “Déjenme explicarles que esto no lo puedo hacer en Cuba porque a mí no me permiten entrar a ninguna universidad cubana”.   

OR: En ese momento la sanción también fue excepcional, porque usted no fue parte de la firma de la carta de la CUJAE, y ambas cosas ocurren de manera simultánea. 

DC: Exacto, probablemente ellos tenían información del cassette pero lo sucedido en la CUJAE, los impulsó a llevar a cabo la expulsión.

OR: Su trabajo en el Archivo científico-técnico me trae recuerdos gratos, logró hacer muchas cosas.

DC: Exactamente, los resúmenes que hacía, un hecho histórico reducido en dos cuartillas, todo eso lo aprendí ahí, lo que hago hoy tiene que ver con toda mi vida y con mi personalidad que es muy inconforme. 

OR: Es una universidad conforme. (Risas)