En Cuba, el aborto legal, seguro y gratuito no es suficiente

Por: Alejandra Guerrero

Enero 2020

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En Cuba, el aborto fue establecido como derecho legal y asistido dentro de los servicios médicos gratuitos a partir de 1965. Este procedimiento, dentro del primer trimestre de gestación, es legal, seguro y gratuito desde hace un poco más de medio siglo; convirtiéndose así en el primer país de la región en despenalizarlo completamente. El antecedente más significativo alrededor de este tema se remonta a 1936, cuando se introduce la ley que permite el aborto bajo tres condiciones puntuales: si el feto es producto de una violación, en riesgo de muerte de la madre, y frente a la posibilidad de aparición de enfermedades hereditarias.

El aborto en Cuba, históricamente, ha carecido de sanción social, lo cual, según el rector del Seminario San Carlos y San Ambrosio en la Habana, Monseñor Antonio Rodríguez, responde al hecho de que el catolicismo en Cuba nunca estuvo muy arraigado (Dembicz, 2014). No obstante, si bien el aborto estaba penalizado en el resto de los casos, este fue comúnmente practicado como método de planificación familiar. La interrupción voluntaria del embarazo era una práctica por la cual se pagaba, se hacía tanto en clínicas como en hogares y todos tenían conocimiento de esto (Dembicz, 2014).

A pesar de que en la sociedad cubana el aborto estuviera menos estigmatizado que en otros países de la región, la no regulación de esta práctica estaba poniendo en riesgo la vida de las mujeres de la isla, un común denominador presente en las sociedades donde los abortos clandestinos siguen siendo la primera opción de una mujer embarazada. Es así como este factor se convirtió en el principal móvil que impulsó la despenalización del aborto por parte del régimen. En 1961, el aborto fue despenalizado y, en 1965, conforme a las indicaciones de la OMS, se creó la base legal para que el aborto se pudiera llevar a cabo en el marco del Sistema Nacional de Salud (Dembicz, 2014). El Estado institucionalizó esta práctica reconociéndola como un derecho humano y como una medida para disminuir las muertes maternas.

Aunque actualmente no exista una ley de aborto, la legislación cubana actual penaliza el aborto dentro del Código Penal de Cuba cuando este se lleva a cabo por lucro, se efectúa sin consentimiento de la mujer o en condiciones que puedan llevar a la amenaza de la vida y la salud de esta. Asimismo, si la gestación lleva más de 12 semanas, el consentimiento debe ser otorgado solo por los servicios médicos apropiados. Finalmente, si una mujer menor de 16 años sin casarse desea abortar, este procedimiento debe contar con el consentimiento de los padres o tutor legal.

En 2018, en Cuba, se practicaron 85.045 abortos legales, seguros y gratuitos, lo cual representa alrededor de 41,8 abortos por cada 100 mujeres embarazadas, según las cifras del Anuario Estadístico de Salud que publica el Ministerio de Salud Pública (MINSAP). En la última década, esta cifra se ha mantenido constante, siendo 36,1 la media de abortos practicados por cada 100 mujeres embarazadas. Las cifras de 2019 no se encuentran disponibles aún.

Para el régimen cubano, los derechos a acceder a servicios médicos de alto nivel en el caso del aborto y, también el derecho al aborto por solicitud, son considerados como grandes victorias en el camino de garantizar una paridad entre hombres y mujeres, que se enmarcan dentro del objetivo que se definió al inicio de la Revolución. Para Vilma Espín, la creadora de la Federación de Mujeres Cubanas, una organización que ha sido muy cuestionada a la hora de velar realmente por los derechos e intereses de su población objetivo, la política pública de planificación familiar permite realizar una decisión consciente sobre el número de hijos que se quiere tener y en qué momento. Para lograr esto, argumenta, se debe implementar una estrategia educativa para las familias de la isla, dirigida a orientarlas sobre los mecanismos de reproducción y poner a disposición una amplia gama de métodos anticonceptivos al alcance de toda la población (Espín, 1990).

Según lo dicho por Vilma Espín, como representante de una entidad estatal que reproduce las violencias patriarcales del régimen, en Cuba, aparte de garantizar el acceso al aborto de forma segura y gratuita, también se les garantiza a las mujeres el acceso a diferentes métodos anticonceptivos para que la interrupción voluntaria del embarazo no sea la primera opción a la que las mujeres cubanas recurren. No obstante, las denuncias de la sociedad civil dicen lo contrario.

En agosto de 2018, Yoani Sánchez, filóloga y periodista cubana, publicó un artículo para Deutsche Welle (DW) titulado “Aborto, un tema que incendia América Latina” (Sánchez, 2018). En este, Yoani expuso el testimonio de una mujer que a la edad de 20 años se ha practicado cuatro abortos. Al exponer sus razones para abortar, esta argumenta que se rehúsa a tener hijos con un marido abusador y que, en Cuba, las cosas no están nada fáciles, pues recorriendo una decena de farmacias en La Habana la respuesta siempre era negativa a la hora de solicitar métodos anticonceptivos como condones y píldoras.

Este no es un caso aislado, sino más bien una constante en la isla. En enero de este año, Diario de Cuba reportó la llegada de condones a la ciudad de Pinar del Río como un evento extraordinario, pues, el suministro de estos se había agotado desde diciembre (Diario de Cuba, 2020). En esta nota, Héctor Rodríguez Chávez, funcionario del departamento de medicamentos local, anunció que esta primera entrada de condones solo garantizaba diez días de cobertura mientras llegaba el resto de los suministros. El funcionario argumenta que la situación del resto de país es similar y que, en el año pasado, solo se vendieron 595.760 unidades, lo que representó el 79% del plan de anticonceptivos nacional.

Como se ha vuelto una costumbre en Cuba, la realidad no alcanza las expectativas. Está claro que, en la isla, el aborto se ha convertido en un método anticonceptivo más, lo cual continúa vulnerando los derechos de las mujeres, quienes se terminan sometiendo a un aborto tras otro al no encontrar, muchas veces, otra alternativa de planificación.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, nacida en el XVIII Encuentro Nacional de Mujeres realizado en Rosario, Argentina, ha abanderado esta lucha alrededor del lema educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. Queda claro que se aboga por un abordaje integral, en el cual, después de implementar un proceso de acompañamiento a la mujer en su derecho a decidir sobre su cuerpo, se deja el aborto como última instancia ante un embarazo no deseado. De esta forma se puede lograr un aborto legal, seguro, gratuito y feminista. Mantener una perspectiva feminista dentro de una interrupción voluntaria del embarazo es ser consciente de que no basta solo con llevar a cabo el procedimiento, ya que se requiere mucho más para que las mujeres gocen plenamente de su derecho a la salud sexual y reproductiva.

De forma inmediata se deben efectuar cambios socioeconómicos y culturales de fondo para que las dificultades económicas, violencia de género o falta de apoyo por parte de la familia dejen de ser el principal motor que lleve a una mujer a querer interrumpir su embarazo. También, se deben redoblar esfuerzos en garantizar un acceso real e inmediato de las cubanas y los cubanos a educación sexual de calidad para decidir y métodos anticonceptivos de calidad a un precio módico para no abortar. Finalmente, se debe continuar garantizando el acceso al aborto sin distinción de raza o clase, esto con el propósito de seguir reduciendo las cifras de muertes por procedimientos inseguros que suelen terminar en la muerte de la mujer. No obstante, se debe cambiar el enfoque para entender que las cubanas que abortan tienen una historia previa al procedimiento y una vida que continúa después de este, y si el Estado está garantizando la interrupción voluntaria del embarazo, también debe abogar por una menor reincidencia de las pacientes. El aborto reiterado multiplica los peligros para la salud que pueden desembocar en problemas cervicales e infertilidad.

Tal parece que el enfoque del régimen sobre un aborto legal, seguro y gratuito ha logrado que la mujer tenga derecho legal y sanitario para decidir sobre su útero, pero es evidente que lo que ocurre una vez fuera de esa clínica se le sale completamente de las manos.

Referencias

Dembicz, K. (2014). “El aborto en Cuba en el contexto socio-cultural de las libertades individuales”. CESLA UW. Pp. 289-308.

Diario de Cuba. (2020). “Los condones vuelven a Pinar del Río, pero hay que apurarse”. Diario de Cuba. Recuperado de: https://diariodecuba.com/cuba/1579842068_8904.html

Espín, V. (1990). “La mujer en Cuba. Familia y sociedad. Imprenta Central de las FAR, La Habana. P. 57.

Sánchez, Y. (2018). “Aborto, un tema que incendia América Latina”. Deutsche Welle. Recuperado de: https://www.dw.com/es/aborto-un-tema-que-incendia-am%C3%A9rica-latina/a-45016148?fbclid=IwAR3uBKIYuehluPp83ZMEmpzUBEugPK9hoYfU_9IZMGmb5oAxaOj1b333kcM

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