FORO CUBANO Vol 3, No. 26 – TEMA: EN DEFENSA POR LA DEMOCRACIA –

El sublime objeto de la censura

Por: Jaime Sánchez 

Noviembre 2020

Vistas

En tiempos de desorden, de confusión organizada,
de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar

-Bertolt Brecht

En el año 1954 es publicado el ensayo del filósofo Aldous Huxley “Las puertas de la percepción”, en donde inspirado por Blake y 400 microgramos de mescalina, busca luego de su experiencia, poner en términos del lenguaje su encuentro con lo trascendental. Basado en Bergson, menciona que cada uno de nosotros es “inteligencia libre” controlada por medio de filtros y válvulas (Huxley, 1954, p.25); lo que quiere decir que, primero somos percepción pura y el trabajo de nuestro cerebro es impedir que seamos abrumados por la cantidad de información “innecesaria” (para sobrevivir) que se presenta ante nosotros, filtrando lo que percibimos y recordamos, en orden a concentrarnos en la cantidad de posibilidades del momentum que tenemos delante. Lo que sale por el otro lado de la válvula, respecta al estado de la conciencia que permite al ser humano cumplir con sus responsabilidades diarias de ser; el conjunto ordenado de signos y símbolos que ha ideado para darle sentido a lo que la teología llama “este mundo”. 

Según el filósofo, hay una conexión con el todo que va mucho más allá de la mera conciencia. Hay personas que nacen con una válvula adicional que trampea a la reductora y hay quienes la desarrollan por medio de su contacto con lo trascendental, logrando así percibir bajo un nivel de abstracción más alto el sentido de la experiencia humana; lo que Blake y Kant entendieron como la producción de la imaginación y la creatividad. Sin embargo, se le pueden añadir filtros a la válvula. La ley, que es la articulación inconsciente de los pensamientos y la manera en la que se dirige el pensamiento del ser humano, construye el orden simbólico de cada visión individual de “este mundo”, para figurar como una válvula que limita la información que se percibe del total de la experiencia; valiendo como una herramienta para el control político e ideológico por medio de la creación, uso y manipulación de narrativas.

Aunque se ha limitado la capacidad de producción artística en diversos regímenes políticos, los artistas siempre se han hecho con herramientas que van más allá del sentido material de la obra, convirtiéndola en un estandarte político-ideológico. Si bien para la primera parte de la década de los años 10 había una posición no intervencionista, dentro de la Gran Guerra, la élite y la industria cinematográfica estadounidense cambian su interés por el belicismo y se incorporan como aliados en una configuración estadista de securitizar la guerra por medio del cine; generando un cambio progresivo en las narrativas que buscaba motivar a la sociedad a apoyar y promover la guerra de cara a mostrar la supremacía que trae la idea de que son el pueblo elegido. Se instaura el star system gracias a la facilidad que dieron los gigantes de la industria Paramount Pictures Corporation, Universal Pictures, Century-Fox, Warner Bros y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) para moldear a los actores según las necesidades discursivas de la industria; que en realidad eran manejadas por élites que respondían a comandos políticos. 

Luego del Crack del 29 y una ligera pausa en la industria, se logra el cambio del sentido narrativo y comienzan a producirse filmes belicistas que logran dar con la motivación del pueblo para entrar de lleno en la guerra, por medio de articular las historias en un sentido de lógica rival (Mouffe & Laclau, 2007). Lo cual es además posibilitado por la inversión en el escenario que trajo el programa reformista New Deal de Roosevelt y la fuerte crítica social que se dio a las condiciones y valores del país por medio del film noir. Como resultado se aumentó la censura y el control sobre la producción de filmes, se crea el Código de Producción de Hays que figuró de 1934 a 1968, limitando el contenido que se comercializaba y mostraba en pantalla en pro de realzar y modificar el imaginario sobre la nación; dando como respuesta inmediata, la sistemática producción de películas que se valieron de la creatividad para transgredir la norma en un sentido simbólico. Por medio de la especialización de los diálogos, los cortes, la estética, las locaciones y la manera de filmar se da una condena a lo bélico, a lo políticamente correcto y a la moral nacional (Niño & Sánchez, 2020).

En términos de Foucault, el Código generó una regulación productiva dando en un exceso de creatividad de cara a lo que intentaba regular; la prohibición extrema y existencial que implica la limitación de la expresión artística, es la misma responsable del disparo de estas en la cotidianidad y su inagotable reproducción (regulación positiva). La filmografía de David Lynch por ejemplo, permite hacer una comparación entre la femme fatale clásica y la femme fatale del film noir, logrando de manera explícita la posibilidad de identificar y deconstruir patrones socioculturales hegemónicos que rondan la figura de la mujer con respecto al patriarcado en el siglo XX, a partir de ver cómo evoluciona la concepción de la figura durante el boom sexual que generó la prohibición directa de su expresión en el plano artístico. 


El Código figuró realmente como un mecanismo para la liberación; la dominación política e ideológica que ejerce la Ley de la tolerancia gritando “censura”, se convierte en el vehículo subversivo para la expresión excesiva e insondable. Los artistas rompieron la válvula por medio de una traspolación reflexiva producto de la creatividad, que los llevó rebelarse a través de los mismos idearios sociales creados. La prohibición explícita en nombre de la seguridad democrática traducida en la securitización, fuera de ser una amenaza a la producción y simbolismo del arte, terminó en que las salas de cine fueran más un sentir de expresión que de reproducción. 

La superación de la censura se encuentra en la misma necesidad del mecanismo. Para poder funcionar, el sujeto al que refiere la prohibición debe establecer una condición de narrativa u objeto negativo y/o prohibido, y muestra ahora de manera filtrada la necesidad de trasgresión por la creatividad. La obra es el espacio con respecto a la dialéctica materialista, donde se hace presente la trasmutación de la conciencia humana como segunda instancia a partir de un ejercicio social de construcción identitaria (Sánchez, 2020); constituyéndose como la posibilidad y el sentido revolucionario por excelencia. 

El hambre del ser humano por ser y hacer más con su ser, es la respuesta subversiva a las válvulas que limitan su libertad; en su adecuación encuentra la instancia para la resistencia a la creación de estas, sean dadas o autoimpuestas, permitiéndole responder a su entorno bajo la conciencia e intensidad de ser su no-mismo, su ser-encia, y su ser-esencia. La reflexión y comprensión del sentido del dharma en el loto al fondo del jardín, figura como la separación del orden simbólico demandado por imaginarios que, en nombre de una narrativa, accionan mecanismos en pro de la represión y límite del accionar humano. 


Referencias

Huxley, A. (1954). Las puertas de la percepción. Edhasa.


Niño, C., Sánchez, J. (2020). La securitización del cine en el siglo XX: interpretaciones sobre la cultura y el poder. Via Inveniendi et Iudicandi, 15 (1), 191-219


Mouffe, C., Laclau, S. (2007). En torno a lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura
            Económica.


Sánchez, J. (2020). Las letras y la obra dentro del marco del materialismo histórico sobre estética. Teoría en pocos minutos. Recuperado de https://teoriaenpocosminutos.wordpress.com/2020/08/17/las-letras-y-la-obra-dentro-del-marco-del-materialismo-historico-sobre-estetica/