El poder de las ideas: los esfuerzos cubanos por modelar el debate en Latinoamérica

Vistas

Por: Armando Chaguaceda y María Werlau 

Junio 2019

*Traducido por: Andrea Angel Baquero

Joseph Nye, quien acuñó el concepto de la post- Guerra Fría de “poder blando”, explicó: “Un país con poder blando puede resultar de tres recursos: su cultura…sus valores políticos…y sus políticas extranjeras…como cualquier forma de poder, puede ser manejado por bien o mal…el poder blando en las manos equivocadas puede tener consecuencias horribles”. Por casi sesenta años, el liderazgo de Cuba ha dedicado recursos masivos y trabajado con determinación, sofisticación y coherencia por distorsionar percepciones y limitar la crítica pública de su sistema autoritario. Como la dictadura más antigua de una región que ha institucionalizado el apoyo de los valores democráticos y de la protección de los derechos humanos dentro del sistema interamericano, las autoridades cubanas han buscado ejercer influencia más allá de sus fronteras en una búsqueda por legitimidad. Emprendiendo tales esfuerzos abiertamente y de forma encubierta a través de un gran y disciplinado ejército de diplomáticos, intelectuales, artistas, espías, agentes, colaboradores y propagandistas. Trabajando en sintonía dentro del aparato de inteligencia y propaganda cubano.

Las leyes y prácticas politicas cubanas que limitan estrictamente la libertad de expresión y reprimen a la sociedad civil, requieren del soporte de todo tipo de instituciones académicas, culturales y comunicativas, que permanecen bajo la propiedad y control exclusivo del Estado. Compensando eficazmente  sus limitados recursos económicos y militares, la Habana busca extender esta hegemonía más allá de sus fronteras, apuntando a las redes intelectuales y académicas influyentes a lo largo de la región en tanto productoras y promotoras de paradigmas analíticos, de legitimidad y de consenso político. Los diplomáticos cubanos y los representantes del gobierno frecuentemente bloquean la participación de los cubanos defensores de derechos humanos y miembros independientes de la sociedad civil -algunos de ellos intelectuales- en eventos internacionales. Muchos activistas de la sociedad civil están impedidos de dejar Cuba para, por ejemplo, participar en eventos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU o los foros de la OEA. Asimismo, dentro del hemisferio, Cuba ha diseñado una presencia asimétrica de apalancamiento dirigido por la influencia del Estado dentro de las dos más grandes e importantes organizaciones dedicadas al estudio de Latinoamérica: la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA por sus siglas en inglés), y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

En LASA, la delegación cubana ha recibido un porcentaje más grande de becas que académicos de otros países subdesarrollados, resultando en una representación excesiva de los intelectuales “oficiales” cubanos (por ejemplo, aquellos de instituciones del Estado sujetos a estrictos controles) e incluso de funcionarios letrados, dentro del congreso anual. Esta gran afiliación permite la elección de académicos cubanos sancionados por el Estado en posiciones de liderazgo para supervisar las actividades sobre Cuba en LASA, permitiendo a la Habana ejercer influencia indebida sobre los temas, composiciones, paneles y otros eventos organizados por la Sección Cuba y un poco más allá. Por ejemplo, los académicos que no apoyan las posiciones del régimen cubano apuntan a un sesgo en el proceso de selección de investigación sobre Cuba para ser presentadas en la conferencia anual de LASA. O en caso de ser aprobados son relegados a horarios y salones de presentación que dificultan el acceso de un público más amplio.

Declaraciones oficiales relacionadas con Cuba hechas por el liderazgo de LASA también reflejan un enfoque desequilibrado. En numerosas ocasiones, LASA ha denunciado la negación de visas a académicos cubanos por parte del gobierno de EE. UU cuando estas acciones han evitado su asistencia a los congresos de LASA llevado a cabo en Estados Unidos, pero LASA ha estado silenciosa cuando Cuba ha negado visas a académicos internacionales buscando llevar a cabo una investigación sin restricciones en la isla. Más recientemente, la afiliación en la sección de Cuba en LASA ha empezado a reflejar un mayor grado de libertad académica incorporando intelectuales centrados en Cuba quienes no llevan consigo las líneas oficiales de la Habana, incluyendo algunos quienes son incluso críticos del régimen; esto puede ayudar a que la organización tome a futuro un curso diferente de algunos de los comportamientos previos.

En CLACSO, el poder de veto en bloque es dirigido por la Habana a través de la participación masiva de académicos cubanos -exonerados de pagar, sus Centros, cuota de membresía- y la junta de directores resultante de las elecciones -donde todos Centros cubanos votan en bloque- ha tendido a alinearse política e ideológicamente con la Habana. En 2017, el 50º aniversario de CLACSO fue celebrado en la Habana, teniendo como ícono al dirigente comunista Che Guevara, estando entre los invitados de honor tres de los “Cinco héroes”, miembros de una red de agentes de inteligencia cubana convictos por espionaje en EE. UU. CLACSO también ha fallado sustantivamente en incorporar intelectuales que, dentro de la academia y la sociedad cubana, sean críticos con el régimen: en su lugar han privilegiado la inclusión de intelectuales “oficiales”. Mientras tanto, CLACSO ha estado en total silencio frente al autoritarismo en Cuba y el institucionalizado y sistemático control de la producción, difusión y debate académico.

Aprovechando las redes académicas afines, Cuba refleja una manera de ejecer el poder político que ha desarrollado unas poderosas ventajas asimétricas para aprovechar lo que es típicamente conocido como poder blando. Este enfoque proveniente del comando y control de naturaleza centralizada de un sistema, cuya dirección vertical y cohesiva de los objetivos se proyecta a través de las redes de “solidaridad” internacional, académica y periodística que operan libremente dentro del entramado social e institucional de las democracias vecinas.

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