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FORO CUBANO Vol 6, No. 65 – TEMA:  EL FANTASMA DEL AUTORITARISMO EN LA REGIÓN Y LAS NUEVAS FORMAS DE GOBIERNO

El miedo y la esperanza y su relación con el cambio en Cuba

Por: Juan Ernesto Sardiñas Reyes
Febrero y marzo 2024

Por muchos años emigrados, estudiosos y foráneos se han quedado estupefactos ante el aparente carácter monolítico del régimen que gobierna Cuba. Han caído y nacido dictaduras a lo largo y ancho del mapa, se ha disuelto el bloque socialista de Europa del Este, han venido e ido gobiernos de todos los colores en las democracias del mundo; pero ellos, los que integran la cúpula que ostenta el poder en Cuba y su “revolución”, siguen ahí.  

Acólitos y afines argumentarán que es debido a un supuesto “apoyo inquebrantable” al sistema político implantado en la isla, pero los que no comulgamos con las ideas del oficialismo cubano y tenemos un mínimo de conocimiento acerca del mundo que rodea Cuba sabemos que no es por eso. 

La situación de Cuba es paupérrima en muchos sentidos: los dos grandes estandartes propagandísticos del régimen (salud y educación) no son ni la sombra de lo que eran, y aún así nunca fueron suficientes para justificar la legitimidad y el mantenimiento en el tiempo de un régimen autoritario de partido único, un totalitarismo de manual. La pobreza es la norma en un país con sus fuerzas productivas devastadas y una población envejecida. Los edificios colapsan constantemente por el pasar del tiempo sin ser renovados ni sustituidos por otros más jóvenes y en el proceso dejan atrás ruinas que dan a nuestras ciudades un toque apocalíptico. Si hablamos de derechos y garantías para cualquier disidente u opositor a la narrativa y la ideología oficial la situación es igual de pésima.  

Todo lo anterior, e incluso mucho menos, provocaría una debacle de proporciones gigantescas para la formación o la ideología que estuviera a cargo de los poderes legislativo y ejecutivo en cualquier régimen electoral abierto y democrático, e impulsaría el surgimiento de alternativas en el marco de la crítica y la opinión libre. Sin embargo en Cuba nada de eso pasa. El régimen totalitario y su aparato enraizado en la sociedad han hecho correctamente el trabajo para el cual fueron conformados. Han logrado tan bien su propósito que incluso después de diez años del inicio de la generalización del acceso a Internet a muchos cubanos les cuesta o incluso no han comenzado a emprender el camino para salir del marco mental único impuesto por el entramado Partido-Estado-Gobierno-Revolución. 

Con la llegada de fuentes de información que terminaron con el monopolio de los medios que tenía el régimen cubano han habido avances, sí; pero cuando un cubano cierra su red social favorita o la última noticia de su medio independiente favorito y mira a su alrededor casi todo sigue igual que hace diez años. Sigue prácticamente la misma cúpula en el poder, solo que pusieron (selección a dedo mediante) a otro burócrata que regurgita consignas desgastadas y propaganda desconectada de la realidad a cargo del ejecutivo. Los funcionarios van y vienen, pero si ese cubano alza la voz contra su adorado Partido o su idolatrada Revolución se arriesga a marcar para siempre su futuro profesional, estudiantil, familiar o legal. Por eso, igual que hace diez años, guarda lo que esté viendo en su dispositivo móvil y continúa con su día a día sin romper con “la tranquilidad ciudadana” de la que tanto alardea el régimen, que no es más que quedarse callado para que todo siga igual sin romper las leyes impuestas por un entramado que aborrece cualquier cosas semejante a un estado de derecho o la separación de poderes. 

Lo anterior, situación que prácticamente todo compatriota del autor ha vivido, viene dado por uno entre muchos factores, el cual recientemente hemos tratado de dar visibilidad desde nuestra humilde posición como medio independientemente: el totalitarismo mató la esperanza del cubano y la sustituyó por el miedo a las consecuencias que puede tener cultivar esa esperanza. Una esperanza muy concreta: la de que un país mejor (siguiendo un modelo diferente, donde quepan todos) es posible. 

A primera vista puede parecer algo abstracto, una expresión sin mucha sustancia y que realmente no aporta nada. Pero con los hechos que lo acompañan se entiende mejor el fenómeno al que nos referimos: 

La narrativa totalitaria hizo suya la idea de que no existen escenarios mejores posibles, no es posible buscar una alternativa por fuera de la “Revolución” y su entramado ideológico de poder. Simplemente no vale la pena, fuera del Socialismo, la Revolución, o como se quiera llamar, todos están peor. No hay alternativa. Por lo tanto es mejor “resistir” y “vencer”, sin dejar muy claro qué implica esa victoria final. Al mismo tiempo se justifican las carencias y problemas autóctonas con causas y enemigos externos, dígase ciudadanos indolentes que no entran en la descripción del ´´hombre nuevo´´ servil y entregado o ´´el bloqueo´´ (inexistente, por cierto) a la Isla. Esta idea, este marco que cierra el paso a la legitimidad de la abrumadora mayoría de propuestas fuera del status quo, fue por años sembrada en la opinión pública cubana mediante el control omnipotente e irrestricto de la prensa, la radio, la televisión y cualquier medio de comunicación que existía por parte del régimen cubano y sus organizaciones de control totalitario asociadas. Simplemente es imposible que en diez años del fin del monopolio de la narrativa que tenía el régimen, un solo medio (el Internet, que es apagado a gusto cuando hay protestas o demostraciones de disidencia) pueda contrarrestar al resto de medios de comunicación y décadas de control absoluto de la verdad. 

A lo anterior se añade que cualquier rastro de oposición mínimamente organizada fue diezmado y reprimido por los aparatos represivos de la mal llamada “Revolución” de manera constante, ante la mirada cómplice o poco interesada de los actores internacionales.  Cada voz, cada pequeño núcleo u organización que se ha alzado como alternativa o simple disidencia a lo oficial ha enfrentado un precio alto: represión, ridiculización, violación flagrante de los derechos de los individuos involucrados, etc. 

Esto ha llevado consigo la creación de un daño antropológico en la sociedad cubana. El disenso simplemente es visto por el ciudadano promedio una amenaza existencial, que trae consecuencias demasiado graves como para correr el riesgo. Son comunes aún las expresiones “habla bajito”, “te vas a meter en candela”, “ten cuidado con lo que hablas” o “yo no me meto en política” entre los cubanos, es el resultado de una cultura política tóxica donde la autocensura ya está normalizada producto de lo que implica salirse del patrón aprobado por el régimen totalitario. 

La reflexión sobre este fenómeno es importante a la hora de articular alternativas, iniciativas e ideas en la sociedad civil cubana, que a pesar de todo, existe y resiste, muy limitada por las condiciones pero siempre quedan hombres y mujeres donde cabe la dignidad de miles, y no temen a oponerse contra la injusticia. 

Este grupo de personas que ha tomado conciencia sobre la situación debe unirse, tener objetivos claros, y por supuesto, tener parámetros de seguridad mínimos para sobrevivir a la respuesta represiva del régimen. Muchos de los que leen esto ya saben todo lo anterior, es el ABC de hacer oposición en un régimen autoritario. Desearía añadir una recomendación para el contexto totalitario, donde se perdió la cultura de la pluralidad hace mucho tiempo,  de que se debe fomentar la esperanza y la imaginación de objetivos reales si se logra una alternativa democrática. Este elemento puede tener un gran potencial para unir a más ciudadanos a iniciativas y articulaciones alternativas al régimen impuesto. 

Considero que, en el caso de Cuba, lo anterior puede ser desarrollado mucho más y puesto en práctica. Primeramente se fomentaría de nuevo la capacidad del cubano de reconocerse como ciudadano independiente, con derechos inalienables y capaz de proponer variantes disímiles a la realidad impuesta. Saberse poseedor de derechos tales como el de hacer rendir cuentas al oficialismo existente será fundamental para presentar agendas propias, objetivos a futuro, y con ello la impresión de que es imposible tener algo diferente y mejor se irá desvaneciendo. 

Lo anterior no niega el honrado y arduo trabajo que hacen muchos activistas cubanos dentro y fuera de la Isla, consumiendo tiempo, energía, salud mental, recursos, y, en muchos casos poniendo en peligro su seguridad y la de sus seres queridos.  

Sin embargo, esta es una propuesta más para lograr avanzar a lo que muchos queremos: una sociedad donde todos tengan su espacio y donde se puedan tener debates mucho más honestos y plurales, de donde salgan las mejores decisiones para tener un país mejor. Para ello es fundamental que la esperanza venza al miedo como factor preponderante en nuestra cultura política, dañada por décadas de represión y la hegemonía de un pensamiento único. 

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