El “geotabaco”: entre humo y política desde La Habana

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Por: Cesar Niño*

Agosto 2019

*Ph.D. Profesor Asociado de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.

¿Alguien imagina a Winston Churchill, Stalin o Roosevelt sin un tabaco, al Papa Pio VI sin un bastoni di tabaco o a Fidel sin el suyo e incluso al joven Kim Yong Un sin un Cohiba? ¿Qué sería de Occidente, incluso de Oriente sin el tabaco? si aquellos cigarros banales pudieran contar lo que sus consumidores pensaban mientras descansaban sobre sus labios o ceniceros… ¿la forma de contar la historia sería la misma? Más allá de las tendencias políticas o las ideologías en los modelos de mercado, de los regímenes políticos o del oscurantismo cubano del siglo XX después de Bahía Cochinos, el tabaco es el centro de gravedad de una configuración cubana que cualquier nación desearía tener.

Desde un punto de vista desprevenido, abordar los asuntos concernientes al tabaco no parece ser un tema de gran importancia en materia geopolítica y de relaciones internacionales. No obstante, el asunto del “geotabaco” configura una dimensión estratégica y de alcance profundo cuando de poder se trata. El tabaco cubano es quizá uno de los puntos convergentes mediante el cual Cuba es Cuba y el tabaco es tabaco, incluso, la política es política. Este producto ha forjado la cosmovisión local de la isla como engranaje de las actividades sociales, políticas, económicas y culturales (Ramsdell, 2012).

Cuentan las tradiciones ancestrales cubanas que cuando Colón llegó a sus tierras, se impresionó al ver a los nativos “bebiendo humo” (Higman, 2011) de algo que no era un simple cigarro. En efecto, Cuba se convirtió en el tabaco de los españoles, de los franceses, de los portugueses, de los británicos y comenzó una relación de comercio entre la isla y Europa; una actividad comercial que incluso, tendría más réditos que el oro. Tal sería su dimensión estratégica que desde 1676 en España, y en 1731 en el resto del continente, se construyeron las primeras plantas tabacaleras a escala industrial que tendrían un mercado interesante en el centro de Europa e incluso en el Imperio Ruso. Cuba como epicentro del tabaco, conquistaba espacios bárbaros. Y es que el tabaco constituye no sólo una forma primitiva de injerir humo sino también una dimensión de comercialización de nuevas formas de mercado, así como de entender algunas relaciones de poder.

Por ejemplo, Jean Nicot, antiguo embajador francés en Lisboa, envió un sólido cargamento de tabaco proveniente de la isla a Catalina de Médicis, en ese entonces reina de Francia, y en efecto, aquel diplomático conformó una comisión botánica sobre la planta y de ahí el descubrimiento de un químico adictivo que desde 1560 se llamó nicotina. La hoja del tabaco era explotada en Cuba y llevada en barco hasta España, para posteriormente fabricar bastoni di tabaco a petición del Papa Pio VI en Roma. Una ruta que no tenía nada que envidiarle a la de la seda de Marco Polo pues, fue hasta el año 1800 que los italianos comenzaron a hacer sus propios “palitos de tabaco”.

En efecto, cuando la demanda europea creció lo suficiente, los mercaderes se dieron cuenta que fabricar tabaco en Cuba era mejor idea que enviar la hoja y construirlos en Europa, y así se formalizaron las primeras fábricas en lo que hoy es La Habana. De esta forma, para 1817 Fernando VII de España firmó un decreto real que permitía el libre comercio para la isla de Cuba. La provincia de Pinar del Río fue la elegida como el epicentro y fuente de tabaco que desde Cuba el humo se convertiría en el placer de algunos.

Lo curioso es que más allá de ser un producto de comercio como otros tantos que salían de las tierras americanas, el tabaco se introdujo más rápido al otro lado del Atlántico por los marineros, piratas y cargueros de embarcaciones de guerra de británicos, ibéricos, franceses, holandeses e incluso rusos. El tabaco ha estado presente en el curso de la historia y a su alrededor discusiones políticas de gran calado han surcado el devenir del mundo contemporáneo, Cuba presente, indirectamente, de los sucesos más trascendentales de los últimos tiempos.

A pesar de las actuales campañas de salud, muchas impulsadas por la Organización Mundial de la Salud, con claros objetivos de protección de la salud pública y sus múltiples informes sobre los riesgos y correlaciones con los accidentes cerebrovasculares, y las imposiciones arancelarias con prohibiciones de venta y consumo en el Brasil de Bolsonaro, el tabaco en Cuba crece en ventas y consumidores. El “geotabaco” es la razón. Quiere decir que alrededor del tabaco y sus presentaciones provenientes de la isla, la tradición del tabaco no solo consiste en fumarlo sino en aprender a armarlo; una herencia aprehendida que se remonta a una cosmovisión del humo en la sociedad. Una noción de poder que trasciende la clásica relación de espacio y poder (Murphy, Bassin, Newman, Reuber, & Agnew, 2004) por una relación alternativa pero invisible ante los tomadores de decisiones como lo concerniente a lo “sur-alterno” (Niño & Palma, 2019). Por eso el famoso Festival del Habano es el evento mundial de mayor expectativa entre los fumadores, artistas de Hollywood, políticos asiáticos, latinos y europeos, intelectuales, escritores y poetas en el que se reúnen bajo “el grial de lo social” (Ravsberg, 2012). Cuba, más allá de la Revolución, es el centro de gravedad de gustos, disputas geopolíticas, cultura y adicciones que no serían lo mismo sin el humo de un habano.

Es difícil imaginar la victoria de Churchill en la Segunda Guerra y su derrota por la reelección en Londres sin un tabaco; imposible concebir las guerras mundiales sin la compañía del tabaco pues las gélidas temperaturas en el invierno europeo obligaban a los soldados a compartir trozos de habanos; difícil interpretar las costumbres religiosas occidentales y no occidentales sin sentir “palitos humeantes”; complicado leer al novelista Ciro Alegría, al dramaturgo y ensayista Pio Baroja, a la controversial y adelantada a su época Simone de Beauvoir, a Albert Camus, al creador de Sherlock Holmes Arthur Conan Doyle, a Julio Cortázar, a José Ortega y Gasset.

Al parecer el tabaco es el común denominador en términos geopolíticos de los grandes eventos mundiales, o al menos, de los que han marcado la historia reciente de la civilización. Por eso hay que saber apagar un tabaco, no se debe aplastar contra un cenicero como de manera análoga se hace entre poderosos y menos poderosos; se debe dejar extinguir bajo su nobleza.

¿Qué hubiera sido de Postam y Yalta sin el tabaco? Un escenario contrafactual que deja a un protagonista invisibilizado, el tabaco habanero.

Referencias

Murphy, A. B., Bassin, M., Newman, D., Reuber, P., & Agnew, J. (2004). Is there a politics to geopolitics? Progress in Human Geography, 28(5), 619-640. https://doi.org/10.1191/0309132504ph508oa

Niño, C., & Palma, D. (2019). La construcción de los conceptos de la «sur-alteridad» y la geopolítica en el Caribe. Finisterra-Revista Portuguesa de Geografía, 55(111). https://doi.org/10.18055/Fin nis16030

Ramsdell, L. (2012). Cuban Hip-Hop Goes Global: Orishas’ «A lo cubano». Latin American Music Review, 33(1), 102-123.

Ravsberg, F. (2012). Cuba, paraíso de los fumadores. Recuperado 13 de agosto de 2019, de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/02/110223_cuba_tabaco_sao

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