El gaslighting y la transición hacia un capitalismo de Estado en Cuba

Por: Lynn Cruz

Agosto 2019

Gaslighting es un instrumento de manipulación que puede ser usado para definir el funcionamiento del poder en el mundo de hoy. La sicóloga Stephanie A. Sarkis lo expresa claramente en su libro Gaslighting: Recognize Manipulative and Emotionally Abusive People - and Break Free. Donde toma como referente el filme Gasligth (1944) en el que un hombre manipula a su esposa, haciéndole creer que esta ha perdido la mente.

Allí, lo define como una estrategia en la cual una persona o entidad, usa tácticas para ganar poder de la que cualquiera puede ser víctima, comúnmente de individuos abusadores, con poder en el ámbito cultural, líderes, dictadores, o narcisistas. Consiste en hacer que las personas se cuestionen su personalidad, con el objetivo de enmascarar las intenciones de dominación sobre el otro. Es humano querer hacer el bien, y si alguien cuestiona algo negativo, el confrontado tendrá conflictos consigo mismo, de este modo no piensa en los defectos e intenciones de quien lo cuestiona. Puede hasta crear una dependencia, puesto que te hacen creer que te están ayudando.

Comúnmente mienten y aunque sospeches que te están mintiendo, te crean una inestabilidad porque te están preparando para una mentira mayor. Esta manera resulta efectiva porque en el momento indicado, estarás tan confundido que no podrás diferenciar entre las verdades e invenciones. Este ardid se basa también en crear rumores negativos respecto a los demás. Trata de aislarte y es ahí cuando vence, pues “a la víctima le hace desconfiar de los demás, al mismo tiempo que los demás señalan a la víctima con sospecha”.

En sociedades más abiertas, el gaslighting puede resultar difícil de detectar. La diferencia en Cuba es que el poder, al estar concentrado en la burocracia y el ejército, entonces es más burdo y hasta cierto punto localizable. Ahora bien, paralelamente a esa estructura se desarrolla un capitalismo brutal, y heredero de un poder totalitario que se vale de las mismas armas pero provocan un efecto peor.

Puesto que las conquistas sociales que sostienen la propaganda han colapsado, el panorama que rodea al individuo en esta forma de contrato social donde ha cedido sus derechos, se torna en horror. Al tener salarios basados en subvenciones ya ineficientes, el trabajador cubano pasa a la categoría de esclavo, donde legalmente ni siquiera puede reponer la energía invertida en una jornada laboral pues el salario mínimo equivale aproximadamente a unos 50 centavos USD el día.

Los departamentos de recursos humanos dentro de las empresas estatales terminan siendo la célula cancerígena de la deshumanización. En sus manos está la ley laboral, con todo aquello a cuanto tiene derecho el trabajador, sin embargo no tienen reparo en abandonar al sujeto, en nombre del poder mayor. Tampoco tienen reparos en aceptar las nuevas medidas que, por ejemplo, se ponen en acción como parte de la mutación hacia el capitalismo de Estado, respecto a temas sensibles como la jubilación, pago de impuestos, o la decisión de dónde y quién podrá realizar inversiones. Los cambios solo son comunicados una vez que han sido aprobados y, de manera arbitraria, los burócratas quienes constituyen el ejército civil acatan las órdenes y peor, aceptan que ni siquiera sean discutidas con el trabajador.

En el caso del sector privado, este parte de una base absolutamente contaminada. Los cubanos han desarrollado una especie de síndrome de Estocolmo, y entonces piensan que la experiencia de un dueño es peor que la de un poder abstracto como el del Estado y su presunta propiedad social. De esta forma se enmascara toda la ineficiencia y el descontrol estatal, siendo el saqueo al propio Estado la salida principal de supervivencia que tiene el pueblo cubano y, a la vez, la mayor ambigüedad del poder en Cuba.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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