Desigualdad y democracia en Cuba: una mirada desde los indicadores

Rafael Rojas (2015) en su libro Historia mínima de la Revolución Cubana muestra un panorama económico bastante positivo durante el “antiguo régimen”, caracterizado por la inversión y el crecimiento del sector de la construcción de vivienda, el rol protagónico de la isla en la producción de azúcar a nivel mundial, la capacidad de autoabastecimiento del consumo interno y el alto producto interno bruto per cápita en comparación con los demás países de la región.

Carlos Rodríguez (2017) en su libro La democracia republicana en Cuba, 1940-1952 presenta un panorama sobre la historia de la isla antes de la Revolución, que permite rescatar este periodo gracias a la Constitución de 1940 y a personajes como Grau San Martín. Allí logra mostrar una versión contraria a la que ha difundido el oficialismo en la que todos los políticos eran corruptos. Una mirada diferente que rescata el carácter democrático de ese fragmento de la historia cubana que se extiende entre la nueva constitución y el golpe de Fulgencio Batista.

Dicho esto, siguiendo a Rojas y Rodríguez es posible afirmar que las condiciones socioeconómicas no eran tan precarias como se dice muchas veces y que Cuba no había sido siempre un régimen autoritario y antidemocrático. Pero, ¿Qué nos dicen los indicadores sobre la desigualdad y la democracia en Cuba?

Dentro de la información presentada por Democracy and Dictatorship Revisited, una base de datos liderada por el investigador brasileño José Antonio Cheibhub y que recopila información sobre la democracia en el mundo entre 1946 y 2008, Cuba encaja únicamente como democracia entre 1946 y 1951. Esto quiere decir que en un sentido minimalista del término: derecho al voto, elecciones justas y limpias y posibilidad de alternancia en el poder, el país insular fue democrático durante el periodo sugerido por Carlos Rodríguez.

Sin embargo, si se mira desde el Polity Data Series, un indicador que adhiere otros atributos no minimalistas, como rendición de cuentas entre poderes, Cuba es el único país de América Latina que jamás ha experimentado una democracia en su territorio, alcanzando solo la clasificación de anocracia abierta entre 1902 y 1951. Esto significa que, aunque existían elecciones en las cuales más de un partido político tenía presencia, el país difícilmente, para este período, podía ser clasificado como democrático debido a que existían serias dudas sobre el grado de libertad y justicia de tales elecciones. Este asunto empeora con la dictadura de Fulgencio Batista y con el régimen instaurado después de la Revolución Cubana, teniendo en cuenta que se pasa de una anocracia abierta a una autocracia. Lo cual quiere decir que cuando nos alejamos del sentido minimalista del término, el país isleño nunca ha sido una democracia.

Vistas

Por: PhD (c) Sergio Angel y PhD Diego Martínez    

Noviembre de 2018

Tomando como referencia la información recopilada por el World Income Inequality Database de la Universidad de las Naciones Unidas, una de las mejores bases de datos que permiten comparar el nivel de desigualdad del ingreso de los países en un tiempo histórico bastante amplio, se puede evidenciar un cambio profundo en la distribución de la riqueza en Cuba. Mientras este país poseía en 1953 un coeficiente de GINI de 55, casi 20 años después de la Revolución, para 1978, Cuba registraba un GINI de 27. Sin embargo, es posible reparar estos datos por al menos dos razones: por un lado, solo hay acceso a cuatro años en toda la base de datos, a saber, 1953, 1962, 1973 y 1978; por otro lado, no hay información sobre este indicador recopilada por otros organismos, como el Banco Mundial, por lo que es completamente válido desconfiar de los datos antes presentados.

En términos de renta per capita, Cuba ha presentado una trayectoria muy similar al promedio de toda América Latina con tasas de crecimiento crecientes desde 1960, exceptuando el periodo entre 1990 y 1995, en el que la economía cubana sufrió un descenso importante. Cuando se analiza Cuba con otros países de la región se encuentran diferencias notorias con países como Chile y Panamá, clasificados como países de renta per cápita alta por el Banco Mundial. Con todo, también se encuentran grandes diferencias con la mayor parte de países centroamericanos, clasificados como de renta medio-baja. Sin embargo, el PIB per cápita no necesariamente refleja el nivel de bienestar social, especialmente si no se tienen en cuenta otros factores como la inflación y el grado de distribución de los recursos, estos últimos no necesariamente de naturaleza económica, por eso resulta pertinente tener en cuenta otro indicador como el HDI.

El Human Development Index (HDI) expresa mejor el nivel de bienestar de los países al incluir educación y esperanza de vida. En este indicador Cuba muestra una trayectoria positiva desde 1980, superado en la región por países como Chile y Argentina, pero muy por encima de países como Honduras, Nicaragua y Bolivia. Sin embargo, estos datos aunque positivos para el país isleño, nos dejan al menos dos dudas: primero, en términos comparativos Cuba se ha mantenido en una posición similar frente a los demás países de la región en el periodo observado; y segundo, no hay datos para comparar la posición de Cuba antes y después de la Revolución. Esto quiere decir que el índice de desarrollo humano solo nos permite observar el panorama de la isla con el castrismo ya en el poder y, por ende, no ayuda a identificar si la Revolución trajo consigo mejorías en la calidad de vida de los cubanos. Lo único cierto es que, al igual que el PIB per cápita, el HDI tiene un descenso durante la década del noventa como resultado previsible de la caída de la Unión Soviética.

Todo lo anterior nos lleva a concluir que, desde el punto de vista de los indicadores, Cuba no ha sido nunca un país democrático en el sentido maximalista del término, mientras que en el sentido maximalista del término, mientras que en el sentido minimalista solo se podría considerar democrático en el periodo que se extiende entre la Constitución de 1940 y el golpe de Batista. Lo cierto es que la historia democrática ha sido bastante corta y la ruptura revolucionaria no significó, en ningún momento, un cambio para favorecer la democracia en su sentido liberal o republicano.

Pero en relación con la desigualdad, a pesar de encontrar datos poco certeros, se puede decir que hay una mejoría en las condiciones de vida desde el punto de vista de los indicadores. El Gini mejora sustancialmente entre 1953 y 1978, el PIB tiene altibajos pero mantiene al país caribeño en una posición similar a la que ocupaba a comienzos de los sesentas frente a los demás países de América Latina, y el HDI mantiene a Cuba en una posición intermedia, con un leve descenso comparativo frente a países como Chile y Panamá. Respecto al primer indicador, el coeficiente de Gini, se debe ser cauteloso puesto que no reporta datos desde 1978, además no hay información de otras fuentes que permitan confirmar que los datos presentados son confiables. Por otro lado, sobre el HDI es importante recordar que no presenta datos anteriores a la Revolución.

En este sentido, resulta pertinente preguntarnos si el sacrificio de la democracia ha servido para mejorar las condiciones de vida de los cubanos, cuando los indicadores no nos permiten observar con claridad este tipo de transformaciones. Queda por revisar con más cuidado y desde una perspectiva experiencial si este cambio ha sido positivo o si, por el contrario, ha llevado a la pauperización del ciudadano de a pie. Por ahora se puede decir que los logros son relativos y sería oportuno que el gobierno abriera las puertas a la observación internacional, para que los indicadores reflejaran de mejor manera la realidad de la isla. Pero pedir esto al gobierno sería suponer que nos encontramos frente a un régimen democrático, y si de algo podemos estar seguros, después de estas líneas, es que Cuba no es una democracia.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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