FORO CUBANO Vol 5, No. 48 – TEMA: 11J: "CIUDADANOS CUBANOS EN BUSCA DE SU LIBERTAD PERDIDA"–

Del Movimiento San Isidro al exilio

Vistas

Por:  Yanelys Nuñez Leyva

Septiembre 2022

No alcancé conciencia política hasta el inicio de mi juventud. En la escuela, era obediente y participaba de las actividades extracurriculares que no eran voluntarias, siempre sentí cierta indiferencia hacia todo lo que sonara a política. Ni odio, ni amor, ni compromiso, ni desprecio sentía yo hacia el llamado “proceso revolucionario”, solo, total indiferencia. Por suerte, en mi casa no había nadie del Partido Comunista, ni familiares dirigentes, ni devotos fidelistas. Era una familia de obreros, como cualquier otra, inmersa en la ingente tarea de sobrevivir en La Habana Vieja. 

Y digo por suerte, porque tuve amistades a las que, pese a su desinterés, sus padres les obligaban a ser parte de mesas electorales, o asistir a mítines relámpagos, reuniones del CDR, u ofensivas revolucionarias que se desarrollasen en el barrio. 

Entre la apatía y la nula formación política, hice mis estudios hasta culminar el Bachiller en un preuniversitario en el campo. Aunque era aficionada a los libros, mi encuentro con ellos era sin referencias, ni tutorías, así que mis lecturas no podían alertarme de asuntos demasiados serios. 

Es en la universidad, y no necesariamente por el programa académico, sino debido a mi relación con personas de la blogosfera, que comienzo a mirar mi entorno, mi vida, mi país, con otros ojos. 

Aunque sobre el 2008 - 2009 había poco acceso a Internet, siempre agradezco, la existencia de diarios independientes como Havana Times, que me abrieron las puertas a una Cuba vegetariana, ecológica, intelectual, lesbiana, gay, lectora, comunitaria, negra, innovadora, animalista, locuaz. 

Es a través de mis colaboraciones en Havana Times, y de mi encuentro con personas que hacían, sin recursos y sin permisos, campañas de desparasitación para animales domésticos y callejeros; limpiezas de costas; sembrados de árboles; bibliotecas comunitarias, además de denuncias ciudadanas y propuestas para un país más próspero y justo; que comienzo a relacionarme con la isla de otra manera y me voy reconociendo como sujeto político. Entre 2008 y 2009 se ampliaron mis lecturas y mi conocimiento sobre la represión con la que actúa el Estado cubano de forma sistemática.  
 
Recuerdo de esta época la Marcha por la No Violencia que se realizó en el Vedado, en el año 2009, y que tuvo a la cabeza grupos de artistas como Demóngeles y Los Aldeanos. La noticia del arresto de Yoani Sánchez y de otros periodistas y activistas, hizo que la manifestación transcurriera en medio de tensiones. De todas maneras, que consiguiésemos hacerla fue un logro, y más adelante, se convirtió en un referente al cual recurrir.  

En el 2014 comienzo a trabajar con Luis Manuel Otero, y nuestros cuestionamientos, en total sintonía, no podían alejarse de lo que pasaba en el país: desde la poca intimidad a la hora de acceder al Internet en Cuba en las zonas wifi (a la que nos referimos en la performance “Bodas de Papel-Unidos por la Wifi”), hasta el maquillaje que le daban los dirigentes a las calles por donde peregrinaría el Papa Francisco (intervención que denominamos “Por aquí no pasó el Papa”). 

Más tarde, a finales de 2015, llegaría el Museo de la Disidencia en Cuba, un proyecto que habla de diálogo, reconciliación, encuentro, polarizaciones, memoria, pluralidad política y creación artística. La defensa de estas nociones hizo que comenzara el acoso hacia nosotros. 

Pese a la violencia que sufrimos - yo fui expulsada de mi trabajo en la revista Revolución y Cultura, y Luis fue expulsado de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA) - logramos realizar varios eventos importantes de forma independiente como, por ejemplo, “Maltrato a la propiedad del Estado. Cartografía del grafiti en el barrio de Colón”; la presentación del libro “El compañero que me atiende” de Enrique del Risco; la “Jornada – homenaje Otro poeta suicida”; y quizás el más relevante para nosotros, la #00Bienal de La Habana, que fue coorganizada por Amaury Pacheco, Katherine Bisquet, Iris Ruiz, José Ernesto Alonso, Yuri Obregón, entre otros que prefirieron mantenerse en al anonimato. Cuando concluyó la #00Bienal creíamos que habíamos conseguido mayor libertad en el espacio público- político - cívico cubano, y también que habíamos contribuido a eliminar un poco más el miedo, la apatía y la paranoia dentro de la comunidad artística. 

Durante estos años de intenso trabajo donde no dejaron de haber arrestos, decomisos, prisión domiciliaria, amenazas, golpes de la policía, difamación en la prensa nacional, etc. pudimos organizarnos medianamente a nivel de comunidad artística, no solo desde el Movimiento San Isidro (MSI), fundado en medio de la Campaña contra el Decreto 349 (julio – diciembre de 2018), sino desde un lugar mucho más general. Todos los artistas e intelectuales que se posicionaron públicamente en contra del Decreto 349, y que exigieron ser escuchados por las instituciones oficiales del país; fueron el germen del plantón del 27 de noviembre de 2020 frente al Ministerio de Cultura, en el Vedado, cuando más de 300 personas se aglutinaron y exigieron el cese de la represión y la violencia contra el MSI y contra toda la ciudadanía. 

Esto no quita que hubiese heterogeneidad en las posturas e ideologías a la hora de enfrentarse al autoritarismo del Estado; tampoco quita que los niveles frontalidad e implicación a veces fluctuaran; e incluso tampoco quita que, dentro de dicha comunidad, se escuchasen discursos racistas y clasistas.  

Sin embargo, tener conciencia de esta pluralidad y de dichas problemáticas, nos dio y nos da, la medida de dónde estamos como nación, algo para nada despreciable en un país sin espacios de encuentro ni de debate; en donde las redes sociales han sido de las pocas ágoras para compartir ideas, para ampliar las convocatorias y para conectar con una parte del exilio. 

Actualmente las tensiones que se hicieron manifiestas entre la comunidad artística y el régimen cubano se han extendido a otros sectores de la población cubana; y el estallido social del 11 de julio ha sido la expresión máxima de ello. 

Desde mi exilio – soy solicitante de asilo político desde el año 2019 en España – he podido percatarme de la inestabilidad que se vive en estos momentos dentro de la isla, pero también de la imposibilidad de la dictadura de ofrecer vías de escape y de supervivencia a los ciudadanos. Eso les deja con la violencia como único mecanismo para mantenerse en el poder frente a una sociedad que se les rebela.