FORO CUBANO Vol 5, No. 41 – TEMA: LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS EN UNA DICTADURA–

Defender los derechos humanos en un país que los silencia

Vistas

Por: Simonne (Soy alguien que tiene que usar seudónimo)

Febrero 2022

El artículo expone los riesgos del activismo por los Derechos Humanos bien sea para las personas que lo hacen de forma pública o en la clandestinidad, destacando cómo en contextos dictatoriales, la totalidad de la población civil se convierte en víctima de un régimen donde escribir, documentar o denunciar se convierten en sinónimos del miedo ante la represión

Hay dos formas en que los defensores de los Derechos Humanos asumen su activismo en una dictadura, una es la posición de defensoría pública, o sea directamente frente al agresor y la otra es mediante la clandestinidad, denunciando desde el anonimato y sembrando la semilla libertaria. 


Los activistas que asumen la primera forma de lucha son conocidos por los represores, militares, agentes de la contrainteligencia y demás mecanismos de opresión. Este tipo de postura trae consigo riesgos incalculables, donde la pérdida de la libertad, termina siendo uno de los más inofensivos. Aquí podemos señalar daños como: linchamientos morales publicitados a nivel nacional por la prensa estatal, retiro o anulación de títulos académicos, violación y exposición de su intimidad, vigilancia y acoso, prisión domiciliaria arbitraria (no ordenada por ningún tribunal competente),  regulaciones de viajes a nivel nacional e internacional, citaciones constantes para interrogatorios -incluso en lugares no oficiales-, inoculación de enfermedades mortales o invalidantes y por último cabe citar los constantes actos de repudio, donde convocan a personajes creados y entrenados por el régimen y que actúan en brigadas de respuesta rápida para intimidar y tratar de inmovilizar al activista en su entorno y alejarlo socialmente de familiares y vecinos.

La segunda posición defensora es la que se hace desde la clandestinidad, que a pesar de ser más discreta no está exenta de riesgos, pues la pérdida del anonimato, pudiera hacerlo pertenecer a la categoría antes mencionada. Lo que más marca a estos activistas es la paranoia, ya que conocen la gran cantidad de recursos tecnológicos, económicos y humanos que el régimen emplea en la detección de cualquier organización, grupo o individuo, que tenga ideas que no encajen dentro de los estrechos limites impuestos por el estado.

En las dictaduras se nos siembra el miedo, se nos enseña a hablar bajo, a callar lo que pensamos, a cumplir con leyes ridículas que no existen en ningún lugar. Los opresores ven en el pueblo a un enemigo potente, adoctrinan hipócritamente enseñando lo que ni ellos mismos creen, los dictadores se enriquecen sin importar las condiciones económicas de un país en ruinas. En las dictaduras no existen ilesos, todos somos víctimas (el pueblo, activistas, e incluso gran parte de los represores).


El trabajo de los activistas de los Derechos Humanos en una dictadura es un riesgo que no todo el mundo está dispuesto a correr, pero también es la convicción de que una vez que el ser humano conoce sus derechos y siente la libertad, ya jamás podrá renunciar a ellos. 

Testimonio activista:

Hoy me he levantado con ese “susto raro”, esa sensación de desprotección ante todo, creo que ese es el sentimiento general de los activistas por los derechos humanos en Cuba. Vivir con la zozobra de que pueden hacerte una llamada de un número desconocido, citarte de manera informal para alguna estación policial, una casa o un parque, cualquier lugar que se les antoje. Se te aloja en el estómago el frío de la posibilidad de un interrogatorio, te pueden llevar a una pequeña habitación donde la presencia de dos hombres te intimida, te dicen que saben todo de ti, vienen las advertencias “sabes que estás con los malos verdad”?, “aléjate de esa gente o puedes perder a tus hijos” estas y muchas otras para desestabilizarte emocionalmente, pero te esfuerzas por optar por la tranquilidad, te enfocas en no salir del caparazón que te has construido para este momento y te das cuenta de que no funciona que es una mierda y que tienes los nervios destrozados.


El activismo puede llevarme a una celda, alejarme de mis hijos, me puede costar la vida incluso, peor que todo eso, es la paranoia que me envuelve, no es nada fácil ver enemigos en todos lados, te cuidas de todo y todos, la vida social se hace complicada pues confiar, es el lazo en tu cuello, que pueden apretar en algún momento. Ver un desconocido en la acera te acelera el pulso, cualquiera puede ser un agente de la seguridad del estado, hasta tu propia familia, vives revisando todos los patrones de seguridad de tus equipos, no puedes dejar rastro……usar seudónimo es como un medicamento placebo, pero no es la cura.


Las redes sociales se convierten en un campo de batalla, el acoso, las amenazas son el pan nuestro de cada día, te sabotean las publicaciones y de la nada puedes aparecer en un sitio porno.


Escribir, documentar, denunciar la situación de Cuba, nos pone en una cuerda floja de la que podemos caer en el momento que menos esperamos.