De madres de la plaza de mayo a damas de blanco como símbolo de la resistencia femenina

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Por: Valentina Bohórquez

Septiembre 2019

‘Las campañas de los pueblos sólo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer tímida y quieta en su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible’

– José Martí.

 

Vestidas de blanco, con prendas cubiertas de dolor, con pañoletas que cubrían su angustia y en silencio, madres, esposas, hijas, hermanas y amigas reclaman y protestan desde el corazón y llevando en sí, sentimientos que no reflejan más sino los legados de dictaduras que no tuvieron respeto por los derechos humanos de su mismo pueblo.

Es así, como encontramos, en los símbolos de resistencia femenina, tejidos sociales que permiten construir desde las diferentes coyunturas sociales y políticas la figura de la mujer. Una mujer símbolo de la independencia, pero con la responsabilidad social de aportar a los diferentes contextos de los cuales hace parte. ¡Qué grande es la mujer que se levanta y lucha desde el corazón! Que la mujer haga parte de una lucha, le ha permitido a la cultura establecida, tener contradicciones frente a las labores que, se cree, esta debe desempeñar.

El siglo XX pintó a América Latina de dictaduras de diferentes vertientes, en donde los principales afectados fueron hombres y mujeres inocentes que alzaban su voz y se enfrentaban con ideas en espacios donde la pluralidad significaba ser un delincuente y estar en contra de las ideas que representaban el “bien” común. Bajo este marco político, en Latinoamérica se alzaron dos movimientos de mujeres que lucharon desde el corazón y la esperanza. Las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina y las Damas de Blanco en Cuba nos muestran una lucha constante e insaciable, por las razones que más mueven: la familia.

Las Madres de la Plaza de Mayo, nacen[1]  en el momento en que la dictadura cívico-militar de Argentina, establecida desde 1976 y prolongada hasta 1984, ignoraba los derechos humanos utilizando el terror para mantener el “statu quo”, el cual permitía desaparecer forzadamente, torturar y quitarle la vida a cientos de hombres y mujeres. Por sí mismas, las madres, abuelas, hijas y hermanas de todos los violentados establecieron su lucha desde la protesta social. Protestaban caminando en círculos por el obelisco de la Plaza de Mayo en Buenos Aires, en silencio, portando con ellas una pañoleta blanca que intentaba cubrir su angustia y desespero, con letreros, y fotos de sus esposos, hijos, hijas, nietos y nietas que se encontraban desaparecidos. Pidiendo verdad, pidiendo justicia, pidiendo una respuesta.

 

En Cuba, por su parte, el movimiento de las Damas de Blanco se estableció desde la ola masiva de arrestos y persecución de 75 hombres y mujeres que pretendían hacer una oposición pacífica al gobierno, perpetuado en el poder de Fidel Castro, llamada “La Primavera Negra”. Desde el año 2003, muchas de las madres, esposas, hijas y hermanas de estos presos políticos y los capturadas por el oficialismo, se reunían luego de asistir a misa, y marchaban vestidas totalmente de blanco, portando letreros y fotos de los presos. En silencio, con flores y con la esperanza de hacer ver al gobierno de la isla que la pluralidad no era un delito, y que las torturas establecidas representaban violar directamente los derechos humanos de los cubanos, estas mujeres protestaban contra los tratos degradantes del régimen. Hasta el día de hoy muchas de ellas siguen saliendo a alzar su voz, y siguen luchando por una Cuba con garantías y condiciones para todos y todas.

Los dos movimientos, son la representación de la lucha femenina dentro de los regímenes dictatoriales y autocráticos que han violado los derechos humanos de su mismo pueblo. Así, la pluralidad ha sido desaparecida forzosamente en el caso de Argentina, y encarcelada en el caso de Cuba. Las Damas y las Madres, han sido silenciadas y agredidas por reclamar una respuesta sobre sus familiares, y, hasta el día de hoy, su lucha se ha visto envuelta en la censura, enfrentándose directamente con los discursos oficiales, y con la respuesta nula sobre sus familias.

Las mujeres, juntas, sumamos más de la mitad de la humanidad, pero, a la vez, somos seres de naturaleza distinta. Somos trabajadoras, obreras, estudiantes, mamás, hermanas, esposas, maestras, amas de casa, activistas, y cada una de las cosas que componen nuestro día a día. Sin embargo, somos seres que, sin importar el sector o la coyuntura social y política, las ideologías o los credos, tenemos la capacidad de alzarnos y establecer una lucha constante por los motivos que nos mueven. El caso de las Madres y las Damas nos demuestra una lucha dirigida por el amor y el sentimiento de madre, hermana, esposa, e hija que cada una tenemos dentro. Mujeres luchando y estableciendo la resistencia femenina, no por ellas, sino por sus queridos y frente a gobiernos que ignoran sus voces.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

SEMILLERO DE ESTUDIOS SOBRE CUBA

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