De La Habana viene un barco cargado de…

Por: Julián López de Mesa Samudio*

Agosto 2019

*Magister en Historia de la Universidad de los Andes, Abogado de la Uiversidad del Rosario. Columnista de El Espectador y profesor de Historia, Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Santo Tomás.

 

Se dice que a lo largo del siglo XX ocurrieron más eventos trascendentales para la historia de la humanidad que en los diecinueve siglos anteriores; no en vano Erick Hobsbawn puso tanto énfasis en analizar los procesos transformadores de lo que él llamaría “el corto siglo XX”[1]. Es innegable que fue un corto, pero a la vez un turbulento período. Pero si el planeta se sacudió varias veces en el siglo XX y en lo que va del XXI, la isla nación de Cuba ha sentido mucho más intensamente las reverberaciones de los cambios mundiales en los últimos cien años lo cual a su vez ha incidido en su relación consigo misma, así como frente a su contexto, tanto regional como global. Las siguientes líneas plantean un somero resumen de la geopolítica cubana desde el período anterior a la Revolución de 1959, hasta la renuncia de Fidel Castro como presidente de Cuba en 2008. El propósito es mostrar cómo a pesar de las ideologías imperantes en distintos momentos históricos y la incidencia que éstas tuvieron en la relación de Cuba con su entorno y con el mundo, es la particular ubicación geográfica de la isla el factor más importante dentro de la geopolítica de este país desde su independencia en 1898.

La República, las crisis, Estados Unidos y Batista

Tras la guerra de independencia (1895) y el fin de la Guerra hispano-estadounidense de 1898, la isla de Cuba quedó sometida al control territorial efectivo por parte del gobierno de los Estados Unidos. El interés estadounidense frente algunas de las últimas posesiones españolas en ultramar no sólo incluían a Cuba sino también a Puerto Rico, Guam y a las Filipinas. Tras la victoria estadounidense estos territorios pasaron a estar bajo el dominio efectivo de los Estados Unidos: Puerto Rico, Guam y Filipinas se convirtieron en colonias estadounidenses, mientras que Cuba, considerada entonces como la joya más deseable del Caribe, entraría a estar bajo la tutela de los Estados Unidos. Este tutelaje no fue definido con precisión lo que causaría innumerables conflictos al largo de la primera mitad del siglo XX, ya no con los españoles, sino con los independentistas y republicanos cubanos.

La enmienda Platt, por medio de la cual se estipulaban las condiciones de retiro de tropas estadounidenses de la isla tras la derrota española en 1901, fue el instrumento legal por el cual Cuba permitió la injerencia directa de los Estados Unidos en sus asuntos internos hasta 1934. Esta enmienda contaba con siete condiciones para el retiro efectivo de las tropas norteamericanas, y una octava que obligaba a Cuba a firmar oficialmente un tratado, ya como república independiente, incluyendo dentro del mismo las siete condiciones de la enmienda Platt. Además de permitir la intervención discrecional estadounidense en Cuba, también se le impuso a la naciente república la obligación de ceder los espacios y territorios de ser necesarios para instaurar bases militares de los Estados Unidos.

El período durante el cual las previsiones de la enmienda y del posterior tratado derivado de ésta estuvo marcado por la visión del presidente McKinley frente a Cuba, incluso desde antes de entrar en vigor la Enmienda. Cuba tenía – y tiene – una enorme importancia geoestratégica para los Estados Unidos. Las bases militares y navales hicieron su aparición en la isla durante la primera mitad del siglo XX. Aun después de derogadas las previsiones de la enmienda Platt a partir de 1934, los intereses militares estadounidenses estaban bien cimentados en Cuba.

Los años que antecedieron a la Revolución fueron marcados por la figura de Fulgencio Batista y por su proximidad con las élites terratenientes cubanas. Esto, sumado al atractivo tropical que la isla había creado en el imaginario mundial gracias a Hollywood, atrajo a los primeros turistas extranjeros seducidos por el Caribe y la aparente prosperidad cubana en los años Treinta y Cuarenta.

De otro lado, los intereses comerciales estadounidenses y de los grandes capitales agroindustriales (tabaco y caña, principalmente) se verían favorecidos antes de 1959 pues el puerto de la Habana se convertiría en uno de los puertos comerciales más importantes de América conectando el continente con Europa y África.

La época de la República fue marcada por la tutela estrecha de la isla por parte de Estados Unidos haciéndola dependiente de su política exterior como un bastión geoestratégico para su seguridad militar y comercial. Empero, la incidencia cubana en el escenario mundial era entonces bastante limitada.

La Revolución

Todo cambió a partir de 1959. Sin embargo, la importancia geoestratégica de Cuba siempre ha sido una constante. En los años posteriores a la Revolución, Cuba se convirtió en uno de los escenarios de tensión global más importantes de la Guerra Fría. Bien conocida es la famosa crisis de los misiles de octubre de 1962; quizás la crisis más trascendente de aquel período pues ha sido en la que más cerca se ha estado de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Cuba recibió el apoyo irrestricto de la URSS desde la primera mitad de los años Sesenta hasta finales de los Ochenta con el derrumbamiento del bloque soviético.

En los primeros años del triunfo de la Revolución los grandes capitales de los terratenientes se trasladaron con sus dueños al sur de los Estados Unidos y se convirtieron con el tiempo en una fuerza política importante e influyente sobre todo en el estado de Florida.

De otro lado, gracias al apoyo e incidencia soviética, Cuba refundó todas sus instituciones políticas, económicas y sociales siguiendo, en gran medida, los fundamentos ideológicos y doctrinales del socialismo soviético. Durante los años Sesenta y Setenta, principalmente, Cuba fungió como uno de los pivotes y punta de lanza de la ideología y las pretensiones de expansión del entonces llamado Segundo Mundo. Cuba se convirtió en el símbolo de las revoluciones en los países del tercer mundo y los protagonistas de la Revolución pasaron a ser íconos revolucionarios mundiales gracias al esfuerzo deliberado del gobierno por exportar las ideas socialistas a otras naciones – particularmente en América Latina y África –.

Es así como Cuba se convierte en uno de los epicentros de pensamiento político socialista en el mundo a partir de la década siguiente a la Revolución. En el plano de lo político, económico y militar, son bien documentadas las intervenciones cubanas en conflictos en África y América Latina en especial en las primeras dos décadas tras la Revolución. Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara se convirtieron en aquellos años en las caras más visibles y los símbolos máximos de las revoluciones y los revolucionarios alrededor del mundo.

Pero la injerencia de la URSS también transformó la educación en Cuba permitiéndole en muy poco tiempo profesionalizar a un porcentaje cada vez mayor de su población. Esto le permitió convertirse en proveedor y exportador de servicios educativos, así como transformarse en una potencia regional en deportes.

Al insertarse como una cuña socialista en la zona de influencia directa del bloque capitalista, a tan solo unas millas de distancia del territorio estadounidense, Cuba sirvió a las pretensiones geoestratégicas de la Unión Soviética a lo largo de casi treinta años, mientras que paralelamente se transformó en una nación activa en el escenario mundial. Esta presencia activa en el mundo no siempre siguió los parámetros de la ortodoxia de las relaciones internacionales contemporáneas a través de instituciones mediadoras globales como la ONU o la OEA, sin por ello dejar de ser menos relevante su actuar.

Fin del bloque soviético y la Globalización

Los Noventa fue, quizás, el período en que Cuba estuvo más aislada en el mundo. La caída de la Unión Soviética a principio de aquella década significó un golpe dramático para las finanzas del país. Sin el apoyo soviético, Cuba se halló de repente sola tanto en el plano regional, como en la cruzada ideológica que había ayudado a difundir durante treinta años y que ya para finales del siglo XX dejaba escapar los últimos estertores de vida. Los Estados Unidos empezaron entonces a trazar un plan de transición para una “Cuba libre” previendo el inminente resquebrajamiento del régimen liderado por un ya muy avejentado Fidel Castro. Los cálculos hacían suponer que a la vuelta del milenio, a más tardar, Cuba haría la transición a la democracia y a la economía de mercado.

Sin embargo, una serie de medidas económicas y políticas durante los primeros años de este milenio permitieron que Cuba se adaptase poco a poco a un mundo globalizado y cambiante. El turismo se ha ido convirtiendo en uno de los motores de la economía cubana, gracias, en gran parte, porque el imaginario global se ha ido nutriendo de retratos de una cultura caribeña rica y variopinta a lo largo de los últimos años.

La exportación de servicios educativos, técnicos y profesionales siguió siendo un rubro importante en la economía de un país que, para el año 2008, cuando Fidel Castro renunció a la presidencia en favor de su hermano Raúl, había excedido con creces las previsiones de caída del gobierno revolucionario y la puesta en marcha de la transición para una “Cuba Libre” diseñadas 20 años atrás por Estados Unidos. Sin embargo, en vísperas de entrar a la segunda década del presente milenio, es patente el declive de la incidencia regional cubana, salvo por la cercanía con el gobierno de Hugo Chaves en Venezuela y Evo Morales en Bolivia.     

[1] La Primera Guerra Mundial y la disolución de la URSS son los dos sucesos que delimitan el siglo XX para Hobsbawn

Referencias

Anderson, T. (November de 2005). Contesting "Transition": The U.S. Plan for a "Free Cuba". Latin American Perspectives, 32(6), 28-46.

Hobsbawm, E. (1995). Age of Extremes: the short Twentieth Century 1914-1991. Londres: Abacus.

Santos, B. d. (May de 2009). Why Has Cuba Become a Difficult Problem for the Left? Latin American Perspectives, 36(3), 43-53.

Segrera, F. L. (March de 2011). The Cuban Revolution: Historical Roots, Current Situation, Scenarios, and Alternatives. Latin American Perspectives, 38(2), 3-30.

Slater, D. (1993). The Geopolitical Imagination and the Enframing of Development Theory. Transactions of the Institute of British Geographers, 18(4), 419-437.

Toal, G. Ó. (1994). Problematizing Geopolitics: Survey, Statesmanship and Strategy. Transactions of the Institute of British Geographers, 19(3), 259-272.

Weldes, M. L. (2008). Decolonizing the Cuban Missile Crisis. International Studies Quarterly, 52(3), 555-577.

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