Cuba: Un sueño que nunca existió

Por: Maria Paula Rodríguez Neme

Junio 2019

Vistas

Una lectura de la isla a partir de Paisaje de Otoño de Leonardo Padura

Aquella Pequeña Habana donde sobrevivía lo bueno y lo malo que se extinguió en esta otra Habana. Por eso también debía ser un sitio detenido en el tiempo, donde iba a encontrar un país que no conocí y que siempre tuve curiosidad por ver cómo había sido:
este mismo país, antes de 1959.


– Leonardo Padura, Paisaje de Otoño


El papel de las élites burguesas anteriores a la Revolución en el Estado cubano, ha estado
marcado por la deserción, la desesperación y la corrupción. El querer evitar perderlo todo llevo a quienes tenían cierta riqueza a tomar medidas desesperadas tras el triunfo castrista, aun así perdiendo grandes porcentajes de sus fortunas. Sin embargo, quienes dejaron la isla aún tienen un papel importante en la economía principalmente a través de las remesas. Avanzando en el tiempo encontramos que, el cambio de élites que se dio tras la Revolución, llevó a que solo aquellos vinculados al Partido Comunista representarán la élite de poder del Estado. Sin embargo, quienes decidieron quedarse en Cuba, en su mayoría la clase obrera que esperaba la llegada de la justicia social y la democracia popular, siguen enfrentándose a la miseria generalizada, la corrupción, la escasez y el autoritarismo del régimen, llevando a la desesperanza. Cada vez más lo que se esperaba tras la Revolución cubana no parecen más que falsas promesas, y la vida en la isla es llevada por la nostalgia de lo que pudo ser y nunca llegó.


De la corrupción y otros demonios


Las promesas de transformación política, social y económica en la isla presentaron problemas desde sus inicios, pues las élites prefirieron salir del país para salvaguardar sus fortunas o por lo menos una parte de ellas, así como la corrupción que se generó al interior de la isla alrededor de la expropiación y otras dinámicas. Como se puede ver evidenciado en la narrativa de la novela de Padura Paisaje de Otoño:


Las brillantes tentaciones de aquellas fortunas históricamente condenadas pudieron corromper la ideología de vanguardia del hombre que casi treinta años después, con el signo de la traición en la frente, moriría castrado. Quizá podía pensarse que una parte de aquellas riquezas recicladas (...) pasaron por sus manos con la promesa de una revolucionaria redistribución jamás efectuada (Padura, 1998, p. 27)


Entonces, el pueblo cubano no solo se vio afectado por las falsas promesas de un gobierno totalitario que se logró atornillar en el poder, sino que también se vieron intensificadas dinámicas de este estilo como la corrupción que aunque está presente en todos los tipos de regímenes, puede tener efectos catastróficos en países totalitarios y más en aquellos como Cuba donde el Estado planifica todos los aspectos de la economía, y donde cualquier decisión tomada por una figura de autoridad puede afectar todos los ámbitos de la vida de toda la población. Es por esto, que algunos afirman que la corrupción se ha vuelto endémica en Cuba no solo a nivel institucional con altos casos, sino también como forma de supervivencia en el día a día de los cubanos de a pie.

De esta manera, sería posible establecer una relación entre las carencias del día a día de los cubanos, y la corrupción generalizada que tanto afecta al país, al ver cómo la supervivencia se convierte en un desafío para la gran mayoría de la población, se da paso a que desde todos los ámbitos se den pequeños actos de desafío al sistema, ejemplificados en aquellas madres que alquilan a sus hijos para que otras personas puedan comprar más alimentos de los que les corresponden o actos más comunes como funcionarios que cobran dinero a cambio de agilizar ciertos trámites. En la ficción también se pueden encontrar ejemplos de estos actos que se insertan en la vida normal de la isla:


Casos sepultados bajo cantidades insospechadas de billetes, favores consentidos a cambio (...) desde un sexo joven y abultado hasta un título universitario obtenido sin asistir a clases, (...) un simple apretón de manos de alguien que sabría retribuir el favor en el momento oportuno (Padura, 1998, p. 19)


De la escasez y otros demonios


Otro fenómeno importante que ha marcado a la población cubana desde el inicio de la
Revolución en repetidas ocasiones es la escasez. En la actualidad, la isla está pasando por una situación de desabastecimiento que incluso ha traído a la memoria de las personas el llamado Periodo Especial, que tras la desintegración de la Unión Soviética y quedándose la isla sin este importante sostén económico llevó a un grave desabastecimiento, escasez y una profunda austeridad de la que se dice aún se están sufriendo sus estragos.


Con base en lo expuesto, el racionamiento de productos que genera fenómenos tales como las colas eternas de personas que buscan conseguir productos básicos para llevar a sus hogares, es un fenómeno que ha estado siempre presente desde la llegada al poder de Fidel Castro en 1959.


Aquel sitio rector del sistema de las libretas de racionamiento (...) que mucha gente, quizá por aguda imaginación poética, solía llamar Oficola, resumiendo en un desesperado neologismo todo lo que allí se engendraba: aquella oficina era la madre creadora de todas las colas, (...) forjada por una demanda que siempre superaba a las estrictas ofertas regidas por una libreta de abastecimientos que se había hecho eterna, y a través de la cual se distribuía desde los cigarros hasta los zapatos, desde el azúcar y la sal hasta los calzoncillos (¿uno o dos por año?, dudó el Conde. ¿O ninguno?). (Padura, 1998, p. 80)


La Oficola de la que se habla en la novela de Padura se refiere a la Oficina de Control de
Distribución de Alimentos (OFICODA), que se encarga de llevar el registro de consumidores para garantizar así la canasta básica de productos normados. Los cuales simplemente no son suficientes y teniendo en cuenta que el salario medio en Cuba no llega a la mitad de lo que cuesta la canasta básica familiar, lleva a preguntarse qué tiene que hacer la población para sobrevivir.


Es aquí donde el tema de las remesas cobra importancia, el dinero que sostiene a un gran número de cubanos, enviado por sus familiares en el exterior. Pero qué pasa con aquellos que no cuentan con la suerte de recibir dinero por este medio, y a quienes no les alcanza. Podría esto explicar porque se dice que la corrupción es endémica en el país en la actualidad, donde incluso en la novela Paisaje de otoño, uno de los personajes, el Rojo, “se ganaba la existencia por los resquicios de las escaseces y la ineficiencia estatal” (Padura, 1998, p. 54) , o se podría cuestionar si realmente algún día se cumplirán las promesas de igualdad y vida digna para todos que se hicieron hace 60 años y aún no rinden frutos tras décadas de sufrimiento.


Conclusión

En síntesis, la desesperanza y el desánimo que viven los cubanos es justificada, las “tantas riquezas abandonadas por la burguesía cubana, puesta en fuga estrepitosa, fueron confiscadas en nombre del pueblo y su gobierno, que ahora serían los dueños de todo” (Padura, 1998, p. 27), fue un sueño que nunca logró existir en el futuro. Lo que sucedió fue simplemente un cambio de élites que con ansias de poder, se han mantenido en la cúpula del Estado por décadas sin que se vea un mejoramiento significativo en el nivel de vida de los cubanos, ni la probabilidad de un alcance de las utopías marxistas. En consecuencia, las nuevas generaciones han sido educadas para sobrevivir a toda costa, al haber crecido insertados en las dinámicas tratadas en este texto, una vida cotidiana rodeada por estos demonios. Es por esto que las narrativas literarias son valiosas, porque permiten analizar y entender situaciones reales de la vida diaria de la población cubana que a veces pasan desapercibidas al dársele importancia a discusiones sobre la vida política o económica, sin restarles importancia, pero es importante entender que quienes están en medio de estas son personas, vidas humanas, que sienten y sufren las desidias de un régimen totalitario que se atornillo en el poder hasta el año pasado y un nuevo dirigente que solo el tiempo dirá si reformará o traerá más de lo mismo a Cuba.


Pero puede que en el futuro cuando la envejecida elite gobernante ya no pueda influir más en los asuntos del país, las nuevas generaciones logren cambiar el rumbo de la isla para que los demonios de la escasez, el racionamiento, la miseria, y la corrupción generalizada poco a poco queden en el pasado. Urge entonces que exista voluntad de transformar, de cambiar las estructuras que han demostrado su debilidad, iniciar un cambio profundo que logre erradicar la ineficiencia estatal de una revolución que no cumplió sus promesas. Es hora de avanzar y dejar de aferrarse a una utopía que 60 años después sólo resulta inalcanzable. Es hora de dejar de “vivir entre yucas postergadas por falta de aceite” (Padura, 1998, p. 63).

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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