Castro, la mano que custodia Miraflores 

Por: Manuel Camilo González

Julio 2019

Vistas

Febrero de 1992, un fallido golpe militar abre la puerta a una nueva Guerra Fría en América Latina. En Caracas, el idealista coronel Hugo Chávez, intenta tomar por asalto el Palacio de Miraflores para derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. Su movimiento militar clama por una transformación del sistema democrático que por causa de la bonanza petrolera se ha corrompido a niveles escandalosos. Simultáneamente, en La Habana y Washington, dos agentes de inteligencia, se despiertan repentinamente ante el inesperado anuncio de una nueva misión: ser el brazo ejecutor de sus gobiernos en el país con la mayor reserva de petróleo en el mundo.

Así inicia la novela Dos Espías en Caracas del reconocido analista político Moisés Naím. Esta novela, que combina géneros como la novela histórica y el thriller político, retrata los entresijos del poder en Venezuela en clave geopolítica tras la llegada a la presidencia de Chávez en 1998. Es la historia de una Venezuela de la que han rumorado mucho pero nadie se ha atrevido a indagar, y en la que Cuba y Estados Unidos son los principales protagonistas. Ambos compiten por la influencia en las decisiones del presidente venezolano y en una tradicional trama de espionaje, Iván Rincón, espía del G2 cubano, y Eva López, su rival de la CIA estadounidense, intentan neutralizarse el uno al otro para proteger los intereses de la Revolución o de la Casa Blanca. Sin embargo, la maquinaria y la voluntad cubana son más agresivas que la estrategia estadounidense de mantener a raya a Castro.

El libro es claro en demostrar que la denominada “Revolución Bolivariana” se ha sustentado en cuatro grandes pilares: Chávez, las elites petroleras y militares, el crimen organizado y Cuba, representado por el equipo del G2 que será la mano protectora de Fidel Castro en Caracas. Es este último pilar el fundamento de la supervivencia de Chávez en el poder. Hugo Chávez es un personaje omnipresente pero decorativo en la novela, es una personalidad carente de autonomía para tomar decisiones y dependiente de los consejos de Fidel Castro. El líder venezolano es retratado como un sumiso político que recibe órdenes sin chistar, temeroso de desagradar a su mentor político; y aun cuando rechaza en desconfiar de su Alto Militar por consejo de Fidel, el intento de golpe de abril de 2002 da la razón al viejo líder cubano.

Así pues, Chávez se convence de la sabiduría revolucionaria por una lógica de supervivencia política más que ideológica, y Castro se aprovecha de esto. Su revancha frente a la Venezuela de Rómulo Betancourt es patente: logra que el petróleo venezolano sea el “combustible de la Revolución” para una América Latina girando hacia la izquierda.

En el frente doméstico, la lección es clara: Petrodólares, intimidación, concentración, poder de fuego e información, constituyen la receta autoritaria para detentar el poder. “A mí no me vuelven a joder” responde Chávez a las cinco verdades del autoritarismo. Para implementar su plan está Iván Rincón y su equipo, quién bajo la fachada de un exitoso empresario dominicano chantajea a las elites petroleras y militares, e intimida a la oposición democrática y a los valientes periodistas que van descubriendo las tramas de corrupción del gobierno con grupos ilegales y empresarios de dudosa reputación. Digno ejemplo de otros autócratas aplicó la máxima: “pPlata para los amigos, palo para los indecisos y plomo para los enemigos”.

Va más allá cuando vulnera las últimas fronteras de independencia política del país suramericano: los sistemas electoral y judicial. Un episodio polémico relatado por Naím es el control de la información individual de los ciudadanos desde La Habana por medio de un cable que conecta Caracas con la Isla, y en donde el tráfico de datos representa más que la cooperación,  la entrega absoluta de la soberanía al control castrista. De esta operación encubierta surgen la infame Lista Tascón, la manipulación de cifras electorales, el seguimiento a líderes opositores y los montajes para justificar sentencias severas por “traición a la patria”, en la que incluso caen miembros prominentes del chavismo. En la Venezuela chavista, la información es poder, y es poder para suprimir a los enemigos políticos.

Finalmente, Chávez se vuelve una ficha dispensable en el juego de dominación política de Fidel Castro. Su cáncer avanza, y los cubanos van pensando en la sucesión. Fingen experticia en luchar contra el cáncer que sufre Chávez, pero lo que ha sido en puesto en marcha es una nueva etapa de dominación cubana en Venezuela. Nicolás Maduro, un convencido de la causa castrista, es el elegido para suceder a Chávez cuando los cubanos ejecuten el Protocolo 21, que prevé que el carismático Chávez debe comenzar a morir en La Habana y descansar en paz en Caracas junto a su pueblo.

Dos Espías en Caracas es una  apuesta literaria por visibilizar los verdaderos detentadores del poder en Venezuela y darnos cuenta de que la noción del poder ha cambiado radicalmente. Es un intento desmitificador del liderazgo de Chávez, una puesta en realidad del verdadero carácter de la relación entre Castro y Chávez, una amistad peligrosa que condenó a todo un pueblo a padecer las adversidades más recias que unos hombres pueden imponer a otros.

En la misma línea, el libro de Moisés Naím es un intento por resolver los interrogantes de cómo y por qué un país autoritario y empobrecido logró dominar a otro más próspero y democrático. Es aquí quedonde el poder de la información cobra un valor fundamental para entender el poder  de los autócratas en el siglo XXI. Cuba perfeccionó sus servicios de inteligencia y los volvió mercancía para ambiciosos líderes políticos como Chávez, quien canjeó las riquezas de su país por su impulso de dominio político, sin sospechar que habían entregado su alma y la de sus ciudadanos a uno de los peores tiranos de la historia del continente.

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