Camino a la Habana: La ruta de la Revolución Cubana

Por: Manuel Camilo González          

Enero 2019

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El golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, acabó el proceso de consolidación democrática en Cuba iniciado tras el derrocamiento de Gerardo Machado en 1933. Inmediatamente, Batista suspendió la Constitución de 1940, de la cual paradójicamente había sido su impulsor y, aunque el golpe había sido saludado por gran parte de la población como una medida necesaria para detener la corrupción del sistema político, pronto los ciudadanos empezaron a desencantarse con el general golpista. Las restricciones a las libertades civiles y la complicidad de Batista con las agrupaciones ligadas al crimen organizado empezaron a afectar la legitimidad del régimen.


En un clima de represión y abuso de poder producto de la elección post-golpe de 1954 que dio como resultado la reelección de Batista como presidente, la opción armada comenzó a cristalizarse en las acciones violentas de grupos radicales. El 26 de julio de 1955 un grupo de 134 revolucionarios liderados por Fidel Castro, Raúl Castro y Abel Santamaría, ex militantes del Partido
Ortodoxo, atacaron los cuarteles militares de Carlos Manuel Céspedes y Moncada ubicados en la provincia de Bayamo y Oriente, al este de Cuba respectivamente. Ambos cuarteles era estratégicos debido a sus arsenales.


Sin embargo, los ataques fracasaron y derivaron en la captura de Castro y otros asaltantes, que fueron recluidos en la prisión de la Isla de Pinos. Posteriormente, Batista concedió una amnistía política que resultó en la liberación de Castro y sus compañeros como consecuencia de la presión cívica a favor de la excarcelación de los “moncadistas”. En julio de 1956, Castro marchó al exilio en México y fundó el Movimiento 26 de Julio (M-26) con el fin de volver a luchar contra el régimen autoritario de Batista. Durante su exilio Castro y su movimiento lograron acuerdos con otros actores políticos como el Directorio Revolucionario, el derrocado presidente Prío Socarras y la Acción Nacional Revolucionaria del activista Frank País con el fin de unir esfuerzos contra la dictadura. Además de entrenarse militarmente, los futuros guerrilleros adquirieron la embarcación
bautizada como Granma de Antonio del Conde, quien colaboró en la obtención de armas para el movimiento insurgente. La noche del 25 de noviembre de 1956, Castro y 82 combatientes del M-26 zarpan de Tuxpan (México) en dirección a Cuba. Sin embargo, problemas climáticos forzaron al yate Granma a encallar en Alegría del Río el 2 de diciembre, donde las fuerzas de Batista los atacaron diezmando al grupo de guerrilleros.


Reorganizados después del ataque de Batista, Castro y sus guerrilleros se dirigieron a las profundidades de la Sierra Maestra a inicios de 1957. Desde allí comenzaron una serie de ataques a cuarteles militares en La Plata y El Uvero. Envalentonados por el éxito de las escaramuzas, el Directorio Revolucionario lideró infructuosamente el asalto del palacio presidencial en La Habana
y provocó la insurrección de la Base Naval de Cienfuegos en marzo y septiembre respectivamente.


La respuesta del régimen de Batista fue la represión que se saldo con la muerte del activista Frank País y los 400 marineros sublevados. Estas acciones revelaron la capacidad de penetración de las milicias rebeldes más allá de la Sierra Maestra y la debilidad del gobierno por contener las acciones subversivas del M-26 y sus aliados urbanos.


A principios de 1958, los rebeldes logran consolidar su dominio territorial sobre la Sierra Maestra y sus estribaciones. En este escenario, Estados Unidos cortó la ayuda militar al gobierno de Batista debido a la percepción de Washington de que Batista empezaba a perder control de la situación ante los insurgentes. Esta falta de apoyo tendrá efecto en la capacidad de las fuerzas gubernamentales para derrotar a los insurgentes, llevando a que Batista lanzara en mayo de 1958 una contraofensiva contra la Sierra Maestra que termino con la retirada de sus fuerzas del oriente de la isla en agosto de ese año. Con esta derrota, Fidel Castro traslada la guerra al Occidente, Ordenando a los comandantes Ernesto che Guevara y Camilo Cienfuegos activar el frente guerrillero en los Montes de Escambray con el fin de dividir la Isla. A finales de diciembre inicia el
asedio de Santa Clara, capital de la Provincia de Las Villas, y el 31 de diciembre, los rebeldes toman la ciudad, neutralizando el contingente de refuerzos que había envviado Batista a la ciudad por vía férrea. La caída de Santa Clara precipita la caída de Batista, quien huye ese mismo día hacia Santo Domingo, capital de Republica Dominicana.


Con este vacío de poder, La Habana se convierte en una ciudad sin autoridad. Se suceden las negociaciones entre Fidel Castro y los militares quienes intentaron crear una junta militar para evitar el colapso total del régimen. Ante la reticencia de los mandos militares de alejarse del poder, Castro ordena el avance de sus fuerzas en el frente de Escambray. A la mañana del 1 de enero de 1959, las fuerzas rebeldes logran ocupar La Habana. Fidel Castro ocupó Santiago de Cuba y desde allí se dirigio a la capital a donde entro triunfante el 8 de enero de 1959 para pronunciar las siguientes palabras:

“Creo que es un momento decisivo de nuestra historia: ¡la tiranía ha sido derrocada! La alegría es inmensa. Y sin embargo, nos queda mucho por hacer todavía”


Comenzaba así, la Revolución cubana.

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