FORO CUBANO Vol 4, No. 31 – TEMA: CRISIS SOCIAL Y REORDENAMIENTO ECONÓMICO–

Ética y ordenamiento: Reencontrar las palabras

Por: Teresa Díaz Canals

Abril 2021

Vistas

En un contexto de crisis económica, política y social, llegó la COVID-19 para recrudecer el panorama, haciendo más difícil el acceso a medicinas y poniendo en evidencia la precaria infraestructura hospitalaria

La maldita circunstancia del agua por todas partes

Me obliga a sentarme en la mesa del café.

[…]

¡País mío, tan joven, no sabes definir!

[…]

¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?

[…]

Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.

[…]

¿Dónde encontrar en este cielo sin nubes el trueno

cuyo estampido raje, de arriba a abajo, el tímpano de los

durmientes?

[…]

¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!

¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!

[…]

Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,

Un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:

Virgilio Piñera “La isla en peso”

Lo que “da a pensar”

 

La terrible pandemia desatada por el Covid-19 es una situación extraordinaria a nivel mundial, pero en el caso cubano la enfermedad ha tenido lugar en un contexto de extrema gravedad, pues se une a la crisis económica, política y social que afecta a nuestro país desde hace muchos años. Los estremecedores testimonios nos “dan a pensar”, nos muestran que cada situación es única e irrepetible y no nos sustraen de una especie de sufrimiento que algunos sentimos por la existencia de estas calamidades provocadas por un grupo de autodenominados revolucionarios, por un partido único, por un equipo de funcionarios burócratas e inútiles.  

 

Entre las noticias que son motivos de memes en las redes se encuentran juicios acerca de las medidas que se desprendieron de las supuestas reformas que aparecen para contrarrestar la inmensa escasez de alimentos en el país y que denominaron Ordenamiento. Los últimos, entre muchos otros, tienen que ver con la liberación de la venta de carne de res, leche, la disminución de las elevadísimas tarifas eléctricas en el trabajo agropecuario y la sustitución del ineficiente ministro de agricultura, después de haberlo mantenido durante once años en ese cargo, para terminar, despidiendo al aparentemente máximo responsable de esa infernal tarea económica que lejos de aliviar la situación la ha profundizado. A continuación, transcribo un chiste que de manera divertida resume una verdad:

 

 “Ayer me intentaron asaltar, el ladrón me dijo: “tu dinero o tu vida” y yo le dije: “Pipo, estamos en Cuba… ¿qué dinero? ¿qué vida? Y nos abrazamos llorando juntos…fue muy lindo”. En los momentos actuales las bromas en Cuba se entrelazan con una realidad que escapa de la tragicomedia, de ese choteo que describió magistralmente el filósofo Jorge Mañach en uno de sus clásicos ensayos, como instrumento de evasión de la realidad. Son recientes cuatro suicidios, uno de una mujer de edad avanzada discapacitada que vivía en el Vedado. Su hijo debió regresar al país para atenderla, después de haber emigrado. Es obvio que estaba muy deprimida y que su problema no pudo ser medianamente resuelto por una institución estatal. Un muchacho de la región oriental de poco más de veinte años, multado por vender plátanos en una carretilla con una multa de 5000 pesos se ahorcó, así como también lo hizo otra joven de esa misma edad, quien era la presidenta de la Federación de Estudiantes Universitarios de la ciudad de Holguín. El último suicidio por depresión y desesperación fue el de un joven reguetonero, quien estaba esperando el nacimiento de su niña.

 

Las colas o filas constituyen una práctica cotidiana. Cientos y cientos de personas acuden a cualquier tienda - ya sea en moneda nacional (CUP) o en la libremente convertible (MLC) - en horas de la madrugada, con el objetivo de “marcar” para aspirar a comprar los productos ofertados. La organización de esas aglomeraciones es escoltada por fuerzas policíacas que pueden llegar a ser tenientes coroneles y representantes del Estado. Entregan un ticket, y en muchos lugares te marcan en el cuerpo - con un plumón - un número o te incrustan una pegatina para que lo conserves hasta el momento de entrar. En todos los casos te exigen el carnet de identidad y te “escanean” tu identificación, con ello no podrás comprar en una semana, aunque los coleros y coleras en realidad entran diariamente. Se diseñó un sistema para personas vulnerables que acuden con sus achaques y bastones a hacer una pequeña cola aparte. Por la noche, en el noticiero de televisión, una periodista se encarga de preguntarles a algunas personas si se respetan en el país las medidas de protección contra la Covid, es decir, el distanciamiento y uso del nasobuco. Todos responden exactamente con la misma respuesta: no, la gente es irresponsable, indisciplinada. Culpables inocentes, inocentes culpables.

 

En enero de 2020 murieron tres niñas por un derrumbe fortuito de un balcón en la Habana Vieja, el veintidós de abril de 2021, se desplomó otro en Centro Habana donde un señor resultó gravemente herido, sus piernas fueron aplastadas por los escombros. Todos esos dolorosos acontecimientos ocurren mientras frente a la conocida heladería Coppelia, la alta jerarquía militar con oídos sordos, levanta un lujoso hotel que será el edificio más alto del país. También se construyó un enorme muro sin sentido que tuvieron que derribar en cuanto terminaron de hacerlo en el municipio Playa, por la gran cantidad de quejas que motivó el disparate. Asimismo, se erigió con concreto una monumental y horrible bandera cubana frente a la embajada de los Estados Unidos en la capital, ¿cuantas personas fallecidas y gravemente heridas se hubieran evitado si los materiales de esas absurdas construcciones se hubiesen utilizado en reparar inmuebles que se encuentran en estática milagrosa? Algunas fabricaciones “ilegales” de familias sin casas han sido destruidas, madres con niños desalojadas por ocupación indebida de locales cerrados. Violencia autorizada, deshumanización de las víctimas.

 

Mención aparte merece la poca atención que se presta a la delicadísima situación provocada por la ausencia de medicinas. Estremece constatar - a través de las redes - a la gente desesperada que pide cualquier tipo de medicamentos: para curar la sarna, antibióticos, antihistamínicos, ansiolíticos, calmantes… Observé con dolor el rostro de una anciana, su hija imploraba la donación de la pomada aciclovir y un complejo vitamínico para curarle un herpes zoster que aquí conocemos con el nombre de culebrilla.

 

Algunos de los hospitales se encuentran colapsados ante el elevado incremento de enfermos de todas las edades. Edificios destinados al alojamiento de casos sospechosos de coronavirus tienen condiciones normales, otros cuentan que las mismas son infames, como falta de higiene y pésima alimentación. No todos reciben el mismo cuidado. Eso ya existía de mucho antes. Hospitales para el pueblo y hospitales destinados a dirigentes. Lo diferente también es indiferencia. La vacuna que pudiera salvar aún se ensaya. Eso es muy comprensible, sin embargo, se rechazó una oferta de la Organización Mundial de la Salud para los países latinoamericanos. Dentro de unos días se aplicará la cubana, Dios quiera que constituya un éxito de nuestros científicos. La esperanza es la virtud de los tiempos difíciles. “Si somos algo, somos esperanza de algo”[1].

 

Déjame contar mis palabras

 

Déjame contar mis palabras, una a una: arrancadas a insomnio y ceguera, a ira y desgano, son todo lo que tengo, son todo lo que tenemos.

Octavio Paz “Himno futuro”

El panorama angustioso abarca, como es lógico, la dimensión política. Algunos incidentes con personas descontentas provocan ira y represión. La sociedad cubana se ha transformado en una masa laxa, sin elasticidad, sin comunicación entre sus trozos. Uno de los días de realización del XVIII Congreso del Partido, en una cola por el pedazo de pollo que reparten en las carnicerías por la libreta o cartilla de racionamiento - mientras transitaban por las calles pequeños ómnibus negros repletos de las tropas especiales vestidos de negros con sus armas listas para usarlas - una mujer exclamó que a todos los “delincuentes de San Isidro deberían meterlos presos”.

 

Un periodista en este tiempo de pandemia y ordenamiento se ha hecho famoso, a tal punto que acaba de escalar el peldaño del comité central del Partido Comunista de Cuba. Se dedicó a defenestrar a artistas e intelectuales, a acusarlos de mercenarios, presentó a dos niños vestidos de presos confesando el delito que habían cometido. Los inculpados no tienen derecho a defenderse, no tienen voz. Pero ser famoso no es sinónimo de ser valioso. Hay una fama negativa, por ejemplo, la de criminal.

 

Detenciones arbitrarias, cercos policiales a jóvenes que expresan sus criterios, bochornosos actos de repudio, amenazas de muerte y acciones determinadas para desprestigiar a católicos que defienden lo justo. En nuestras vidas influyen también las cosas, no solo que pasan sino las que no pasan. Silencio de mucha gente y un discurso oportunista, que no va a la esencia de los problemas, que habla de continuidad, de lo conveniente de un partido único, pero no tocan la corrupción, el desencanto, la desesperación, la ausencia de derechos.

La nueva época de esta Isla clama por ser regida con arreglo a sus necesidades reales y visibles y no a la fría soberbia que desenvuelve tenazmente con escasez de sentido humano, un plan de gobierno meramente mental y especulativo. La ética es anhelo, es deseo de que el horror terrenal no tenga la última palabra. Es necesario continuar hablando.

[1] Paz, Octavio Visión del escribiente En: ¿Águila o sol? Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2003, pág. 56