FORO CUBANO Vol 4, No. 32 – TEMA: CENSURA EN LAS UNIVERSIDADES CUBANAS–

Una visión externa

Por: Jhon Bayron Bedoya Sandoval [1]
Mayo 2021

Vistas

La instauración del régimen castrista impuso el adoctrinamiento en las aulas, así como la restricción de medios de comunicación no oficiales, frente a ello, el autor resalta como el acceso a internet ha permitido visibilizar estas problemáticas en Cuba

El acceso a internet en Cuba (aunque limitado) ha permitido la creación de medios y portales independientes y la visibilización de movimientos políticos y sociales contrarios al oficialismo, lo que se ha traducido en un aumento a las versiones alejadas de la realidad oficialista; permitiendo que en Latinoamérica podamos conocer y divulgar parte de su realidad.

Pero al mismo que esto sucede, el régimen ha aumentado el control y la censura en los distintos escenarios, entre ellos el académico, para así evitar la fuga de información no oficial y las disidencias del pensamiento “revolucionario”.

Un breve vistazo al interior

No es un secreto que desde la instauración del gobierno castrista, la educación en todos los niveles ha presentado un fuerte proceso de ideologización a favor del régimen; dicho proceso ha promovido los valores revolucionarios y ha castigado el pensamiento opositor; ahora bien, estos no solo han sido promovidos en términos sociales, sino que ha condicionado la enseñanza y la producción académica, lo que afecta la calidad educativa y restringe la libertad de expresión de los docentes y estudiantes. 

El gobierno ha ajustado las leyes para que los docentes y estudiantes deban promover y alentar el pensamiento político oficialista, siendo esta una de las formas de evaluación para darle continuidad a su vinculación laboral y académica con las instituciones.

No cumplir con los “estándares” ha llevado a la degradación en los puestos de trabajo, el despido injustificado y la expulsión de los alumnos de los centros de enseñanza superior; pero aún más grave ha conllevado al daño de la reputación de docentes y estudiantes opositores utilizando: los servicios de inteligencia para hostigar a los disidentes, moldeando los medios legales para arrestarlos e iniciarles procesos disciplinarios y a los medios de comunicación masivos oficialistas, para destruir la reputación de quienes se oponen a las políticas del gobierno castrista.

El panorama de la comunicación

Mientras el régimen acentúa la restricción de medios de comunicación no oficiales, los portales y sitios independientes se han transformado y adaptado a las difíciles condiciones para comunicar lo que sucede en la isla; lo que ha significado la detención y hostigamiento de quienes dan voz a los docentes y estudiantes que han sufrido atropellos por parte del régimen.

El panorama para estos medios, al igual que para los miembros disidentes de la comunidad universitaria no ha sido fácil, pues los que operan desde el interior de la isla han sufrido bloqueos en sus plataformas y problemas para lograr un efectivo enlace a internet.

La dificultad del acceso al interior de la isla para publicar contenido, realizar conferencias o en vivos en distintas plataformas, no solo dificulta el acceso al interior, sino que no permite conocer una información verídica de lo que sucede hacia el exterior de Cuba, lo que ha permitido que el régimen sostenga aun una imagen positiva en términos de libertad ciudadana.

Dos vías de la realidad

Al hacer una reflexión sobre las formas en la que se ha abordado el tema educativo cubano en gran parte de América Latina, podemos encontrar dos visiones: una con gran difusión, que ha sido la que el régimen castrista ha vendido a lo largo de su historia en el poder, en la que se muestra una sociedad ampliamente educada y adepta a la revolución.

Esta visión de perfección, no solo se ha enseñado en una parte de los círculos intelectuales del continente, sino que se ha replicado a través de charlas en centros de enseña, en mi caso esta fue la primera visión que conocí: una educación gratuita, de calidad y abierta a las distintas visiones.

No fue difícil escuchar diversas voces con esta misma visión, pues el aparataje cultural y propagandístico del régimen ha sido tan grande, que ha hecho que se esparza esta imagen por el mundo, y bajo el mito del Che y Fidel han camuflado los abusos hacia quienes piensan diferente al régimen.

La otra visión, aunque con menor difusión y aceptación que la primera, se ha transmitido en gran parte gracias a internet, pues es bajo esta figura que algunas personas interesadas en temas de derechos humanos y cubanos, hemos podido acercarnos y conocer un poco más sobre la realidad de Cuba.

Difundir esta otra realidad no es fácil en escenarios académicos y sociales externos a Cuba; he comprobado que hablar de estos temas con algunas personas se vuelve un callejón sin salida, en el que prima más la idea de que lo que sucede al interior de los centros educativos es una pantalla extranjera que busca desestabilizar el régimen y no una estigmatización, violación de derechos y destrucción de la imagen de quienes son oprimidos por pensar distinto.

Visibilizar y trabajar posiciones distintas a la establecida y difundida por el régimen no es fácil, y mucho menos en países con graves problemas sociales como Colombia. Sin embargo, es importante difundir las graves violaciones a los derechos humanos sin importar estas dónde se comentan; más aún cuando en nuestros países algunos quieran emular el modelo político cubano promoviéndolo, incluso, desde las aulas de clase.

A diferencia de las décadas anteriores, en las que el régimen ocultaba las infracciones que cometía en las universidades, difundía en América Latina un exitoso modelo educativo; en la actualidad, y gracias a las voces de quienes se han visto afectados al interior de los centros académicos, podemos conocer la verdad y ser partícipes de los cambios políticos y sociales que han costado la libertad, los derechos, la educación y el trabajo a muchos académicos y estudiantes en Cuba.

En medio de los desafíos que enfrentan los distintos países de la región, se hace importante señalar que la educación no debe ser un instrumento de los regímenes, pues es en la investigación y en el aula de clase que convergen algunos de los valores y derechos humanos primarios, como son la libertad de pensamiento y expresión.

 

[1] Historiador, Universidad      de      Caldas.      Estudiante    de    Maestría    en    Política    y     Relaciones     Internacionales, Universidad   Sergio Arboleda.