TEMA: ESPECIAL GRIPE ESPAÑOLA

La medicina infectó la prensa

Por: Sandra Martínez, Valentina Garavito, Tatiana Saldaña, Valeria Linares, Jorge Díaz

Mayo 2020

Vistas

La evolución de los medicamentos a raíz de la influenza y el tipo de publicidad usado para visibilizar dichos productos se viralizó en la prensa, se podría decir que incluso más que la misma gripe.

 

Jorge Luis Díaz, 5 de mayo de 2020.

La historia se repite

La gripe española fue una pandemia que se expandió por el mundo entre los años 1918 y 1919, cobrando alrededor de 30 o 40 millones de vidas, lo que representaba alrededor del 5% de la población mundial[1]. La cifra no es exacta debido a la carencia de fuentes de información y de reportes oficiales. Sin embargo, lo que sí es claro es que cobró más vidas que la Primera Guerra Mundial[2].

La primera ola de la infección se dio en la primavera de 1918; la segunda y más letal en otoño; y, la tercera, en 1920. Está es equivocadamente nombrada gripe española debido a la publicación de la crudeza del virus en el país europeo [3].

Aquí hay de nuevo una epidemia de gripa que tiene alarmada la ciudad. Por lo pronto tiene paralizada la vida; las oficinas están casi todas cerradas; los colegios lo mismo; se han suspendido los exámenes hasta en las facultades; se han ordenado cerrar teatros y cines y por las calles no se encuentra un alma de noche[4].

En esas condiciones, una Bogotá, emergente y atormentada por las consecuencias del conflicto civil permanente, se enfrentaba para 1918 a un problema epidemiológico que, no solo generó una crisis sanitaria, sino que también puso en evidencia que la ciudad no estaba en condiciones económicas, culturales, sociales, hospitalarias y sanitarias para soportar dicha problemática. La infraestructura era precaria, y como la diferencia económica y de clases cada vez era mayor, el acceso a medicamentos estaba restringido y, por lo tanto, el índice de mortalidad aumentaba de forma constante[5].  

 Es así como la infección llegó en octubre y noviembre de 1918. Aún no hay certeza si el virus llegó por un paquete postal de Estados Unidos o un buque proveniente de Barcelona que arribó a Cartagena de Indias [6]. Simplemente se conoce de él porque se registraron los primeros casos, las primeras muertes. El territorio contaba con aproximadamente 5 855 077 habitantes, de los cuales murieron alrededor de 140 mil personas [7]; un dato abrumador.

La población más afectada por el virus fueron personas entre los 20 y 40 años, y el problema de la alta mortalidad se fundamentó en que los hospitales no daban abasto, no estaban bien equipados y faltaban laboratorios que se encargaran de investigar cómo enfrentar la epidemia. Los principales tratamientos se basaron en altas dosis de aspirina, remedios con arsénico, mezclas de alcanfor con aceite de ricino y tónicos de quinina [8]. La crisis tocó, incluso, a los muertos, ejerciendo un mayor control a la ceremonia de entierro y abriendo fosas comunes ante unos cementerios repletos de cadáveres.

Los entierros pasan continuamente. El problema se ha agravado porque los sepultureros unos están enfermos, otros se han muerto en el oficio, no se consigue quién quiera hacerse cargo de él y según dicen, hay momentos en que más de cien cadáveres esperan, regados en los corredores de las bóvedas, que los pongan bajo la tierra. Por de contado, nadie quiere ir al Cementerio y los entierros, aun de los de personas notables, van sin acompañantes [9].

La publicidad de los medicamentos, a raíz de la pandemia, se viralizó en la prensa. Se podría decir que incluso más que la misma gripe. Frente a esto, se presentaron cambios importantes de destacar.

Debido a la susceptibilidad de las personas, la prensa cumplió un rol importante en brindar la información pertinente de los alcances de la pandemia y al mismo tiempo las respuestas gubernamentales y medicinales para afrontarlo; es por esto que la línea farmacéutica y de medicina casera tomó un gran rol en el framing periodístico de la época. Las medidas sanitarias y los nuevos medicamentos fueron los sectores con mayor relevancia, tanto en el país como en el exterior. En la prensa, es común evidenciar los anuncios rimbombantes de productos médicos y multivitamínicos milagrosos[10].

Según lo anterior, se identificaron cinco fenómenos en la publicidad farmacéutica de la época frente a la problemática de la influenza española. El primero, la permanencia y posicionamiento de la Emulsión de Scott; el segundo, el fortalecimiento de la industria Bayer en el imaginario colectivo; el tercero, la aparición de nuevos medicamentos; el cuarto, un cambio en el enfoque de ventas; y, por último, un bajo control estatal en la comercialización de este tipo de productos.

El guardián de la salud: Emulsión de Scott

Si bien la Emulsión de Scott ya era conocida en el mercado colombiano, se observó el posicionamiento de la marca en los años de la pandemia debido a sus propiedades frente a: “afecciones pulmonares que exigen el empleo inmediato de la mejor medicina (...) pues centenares de médicos y millares de curados recomiendan la Emulsión de Scott” [11]. De esta manera, se promociona el producto casi a diario en diferentes periódicos y para toda la población. Con el paso del tiempo, y teniendo en cuenta el surgimiento de otros multivitamínicos, la marca decidió incluir en la fórmula diferentes vitaminas junto el tradicional aceite de bacalao, posicionándolo “fuera de toda comparación con todas las imitaciones”[12].

 

Imagen 1. Extraída de la revisión de prensa

 

Si es Bayer es bueno

De igual forma, se pudo observar que la construcción de la “percepción de calidad” frente a la marca Bayer en la población colombiana es de vieja data. La empresa alemana con su aspirina y fenacetina se intentaba promocionar como el medicamento más efectivo frente a cualquier molestia o malestar: “Ni el sol cambia su curso, ni las marean fallan, ni las tabletas Bayer de Aspirina y Fenacetina dejan de producir alivio inmediato en los casos de influenza y dengue”[13]. Por otro lado, siendo una de las farmacéuticas más conocidas del país, Bayer se pudo dar el lujo de presentar cuñas cada vez más innovadoras, pintorescas y creativas, de tal manera que el lector pudiera sentirse atraído por fisgonear su contenido. De la misma manera, la empresa también libra una batalla desde esos días hasta la actualidad en contra de las copias o sustitutos de sus productos, pues, como lo afirman actualmente, “Si es Bayer, es bueno”.

Sin embargo, la popularización del medicamento generó una suerte de discriminación ya que no todos tenían acceso, ya sea por falencia económica o por dificultad a la hora de leer. Esto último haciendo referencia a la publicidad en esta década, que se destacaba por su gran contenido escrito, haciendo énfasis en el detalle del producto más que en el efecto visual de la pauta; un acto que claramente ponía en desventaja a los que se veían afectados por la pandemia a la que se enfrentaba el mundo en esa época y que por cuestiones socioeconómicas tenían un nivel de analfabetismo alto. No obstante, para contrarrestar esta situación, las grandes industrias farmacéuticas, a principios de los años 20, emplearon gráficos llamativos para aligerar de esta forma los largos mensajes que abarcaban páginas completas de los principales diarios del país. Como consecuencia de esto, la medicina tradicional ocupaba un lugar importante, pero, teniendo en cuenta que los principales consumidores resultaban también ser los que se registraban con mayor tasa de mortalidad, se podría decir que tal medicina no era tan eficaz; lo que definitivamente posicionó aún más la imagen de Bayer y su lucha contra los sustitutos. De una u otra manera, también se debe tener en cuenta que frente al número de víctimas fatales también influían factores como la falta de higiene y la ausencia de servicios públicos que generaran mejores condiciones de salubridad para la ciudad[14].

 

Imagen 2. Extraída de la revisión de prensa

 

Los brebajes “milagrosos”

 

A parte, la llegada de la enfermedad y sus síntomas generó una proliferación y reconocimiento de nuevos productos. Se pasó de solo conocer algunos multivitamínicos y los productos de Bayer a tener decenas de productos medicinales, promocionándose en la prensa tales como: sulfato de quinina, jarabes Famel, la píldora rosada del Dr. Williams, el vino de peptona, la bromoquinina, los jarabes a base de productos naturales y hasta las mismas bebidas alcohólicas: “La influenza se corta tomando la copa en la cantina” (El Nacional, 1918a)[1]. Los remedios milagrosos resultaban ser el pan de cada día sin importar los simples que fueran. Este es el caso de la vaselina, la cual era presentada como: “la mejor para usos médicos (...) Una novedad de gran valor en farmacia, de pureza sin igual y de fabricación superior” (El Tiempo, 1920).[2]

La medicina y su estrategia de mercado

Para los primeros meses de la pandemia, en la prensa eran frecuentes los anuncios que promocionaban multivitamínicos basados en su efectividad y recomendación por parte de los médicos: “Su eficacia es el resultado de años de estudio y experimentos, es recomendado por los médicos más antiguos” [1]. Con el transcurso de la epidemia, se da un giro hacia la venta de fármacos y la automedicación por parte del lector: “OXI-BI-FENOL 60 nuevo medicamento como preventivo y curativo (...) Poderoso desinfectante”[2] o, la presentación de: “Lista de medicamentos que constituyen el botiquín urgente en la familia (...) Debe usted tener presente que con muy poco dinero puede curarse”[3]. La ilustración manifiesta al público las características del producto a la venta; la estructura de la propaganda se caracteriza por la sintomatología de la enfermedad, características del producto y el respaldo farmacéutico o recomendaciones directas de un farmaceuta; estos componentes constituyen la base publicitaria de la mayoría de las imágenes en 1918.

 

Imagen 3. Extraída de la revisión de prensa

 

La medicina se descontroló

Como último fenómeno, se puede evidenciar el bajo control institucional o estatal frente a este tipo de productos para la época, pues algunos no solo mienten frente a sus beneficios, sino que también pueden carecer de estudios científicos y, por lo tanto, pueden hacer daño al consumidor. Es el caso de la solución Milton, el cual era 5 veces más fuerte que el agua oxigenada y 8 veces más fuerte que el licor de Dakin, con el cual, supuestamente, “Lavándose la boca y la garganta cada mañana con una solución débil de MILTON, se evita todo riesgo de catarro, coriza, etc.”[4].

 

Imagen 4. Extraída de la revisión de prensa

Además de los anteriores, como simple mención, también se evidenciaron otros cambios que no pudieron ser tan profundizados en la investigación debido a la carencia de información. Es el caso de la importancia que ganan las medidas sanitarias más simples como el lavado de manos o las fuertes declaraciones por parte de diferentes cultos frente a la coyuntura de la gripe.

 

Imagen 5. Extraída de la revisión de prensa

 

Paralelismo y lecciones de la gripe

Finalmente, la historia nunca se repite. Cada momento histórico es distinto de aquellos momentos pasados. Sin embargo, se pueden establecer paralelismos entre diferentes eventos históricos; Aunque la historia no nos enseña qué hacer, puede inspirarnos a actuar. Examinar la pandemia de influenza de 1918 es una oportunidad para considerar la actual crisis del coronavirus (COVID-19) desde una perspectiva diferente y actuar diferente

Evidentemente, hoy se cuenta con un control farmacéutico más fuerte por parte del INVIMA, la Agencia Regulatoria Nacional, una entidad de vigilancia y control de carácter técnico-científico, que trabaja para la protección de la salud individual y colectiva de los colombianos.  Gracias a esto, las condiciones de salubridad también son notoriamente mejores, en comparación a hace ya aproximadamente un siglo, donde no se contaba con un ente regulador del gobierno que permitiera revisar y ajustar la medicina entrante para afrontar la crisis. En cuanto a las cifras de la época, estas resultaron alentadoras frente a la coyuntura actual, ya que los reportes no tenían la misma cobertura, la información era limitada junto al alcance institucional, y si se compara la globalización y el desarrollo tecnológico, podemos percibir cómo los reportes llegan con una mayor velocidad y asertividad; esto nos enseña que para respetar e implementar medidas de salud pública, la población necesita confiar en las autoridades y que estas brinden datos reales de la crisis.

Así es como, hoy en día, la desconfianza en la información de las autoridades de salud sigue siendo un desafío, los medios modernos de comunicación y el creciente desarrollo de las redes sociales digitales lo complejizan aún más.  Aunque hoy la información no está limitada por sectores sociales y las personas tienen un nivel más alto de educación, la desinformación sigue siendo alta junto a la censura y ha sido permeada y promovida mediante el uso de redes sociales. Esto se asimila a cómo antes en la prensa se utilizaba sin control alguno la publicidad como plataforma de medicamentos caseros que no representan ser fiables a la hora de afrontar la gripe española. Lo mismo sucede hoy en día; el pánico promovido por redes sociales y por canales no institucionales ha hecho que las personas accedan y compartan medicinas caseras para combatir el Covid-19 sin tener una previa regulación.

Es así como, a pesar de encontrarnos frente a la cuarta revolución industrial, no se avanza de manera eficaz en el buen uso de estas. Es inconsciente promover brebajes milagrosos que realmente no son curas para acabar la pandemia, a esto se le suman las teorías de conspiración y las conclusiones peligrosas que pueden propagarse tan rápido como el virus. Las vidas perdidas durante este episodio nos enseñan una valiosa lección: la información transparente es crucial en todo momento y más cuando se afronta una crisis sanitaria a nivel mundial. Se espera que los avances médicos y tecnológicos logren superar las contrariedades que trae este mundo hiperconectado para la solución de la actual crisis que, por el momento, no tiene cura, y así evitar que las personas intenten evitarla con cualquier tipo de remedios naturales y brebajes milagrosos que, si bien ya no se encuentran en la prensa, ahora se pueden encontrar en las redes sociales como Facebook y WhatsApp.

Referencias

Bermúdez, J. (2020). “La sorprendente carta de Laureano Gómez sobre la pandemia de 1918 en Bogotá”. Revista Semana. Disponible en: https://www.semana.com/nacion/articulo/la-sorprendente-carta-de-laureano-gomez-sobre-la-pandemia-de-1918-en-bogota/662905

Cárdenas, F. (2008). “La gripa española en Bogotá 1918 (la imagen, imaginarios y publicidad)”. Pontificia Universidad Javeriana, facultad de Ciencias Sociales. Ciudad de Bogotá

El Tiempo. (2010) “El mundo se muere de gripa (1918-1919)”. El Tiempo. Disponible en: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-7464935

Forero, Á.; & Rodríguez, A. (2018). “La gripe que mató a más de 40 millones de personas”. El Tiempo. Disponible en: https://www.eltiempo.com/salud/que-fue-la-gripe-espanola-216356

Martínez, A.; Meléndez, B.; & Manrique, F. (2009). “La pandemia de gripe de 1918-1919 en Bogotá y Boyacá, 91 años después”. Scielo.

Uribe, C.; González, A.; & González, P. (2019).  “La encefalitis letárgica de von Economo y la pandemia de la gripe española en Bogotá y Medellín: reseña histórica cien años después”. Biomédica, vol. 39, núm. 1, 2019 Instituto Nacional de Salud. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=84359527002

[1] El Nacional. (5 de noviembre de 1918). “La influenza”. El Nacional. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=3YQzwbzlpKYC&dat=19181204&printsec=frontpage&hl=es

[2]El Tiempo. (20 de mayo de 1920). “El colmo de la eficacia”. El Tiempo. Disponible en:

https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19200507&printsec=frontpage&hl=es

[1] El Tiempo. (17 de octubre de 1918). “Caridad”. El Tiempo. Disponible en:  https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19181017&printsec=frontpage&hl=es

[2] El Cronista. (5 de octubre de 1918). “La influenza española”. El Cronista. Disponible en: http://babel.banrepcultural.org/cdm/singleitem/collection/p17054coll26/id/5646

[3] El Cronista. (10 de mayo de 1919). “Droguería”. El Cronista. Disponible en: http://babel.banrepcultural.org/cdm/singleitem/collection/p17054coll26/id/5646 

[4] El Tiempo. (1 de febrero de 1920). “¿Qué prefiere usted Miton o Catabro?”. El Tiempo. Disponible en: https://news.google.com/newspapers?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19200503&printsec=frontpage&hl=es

 

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