La diplomacia médica cubana: un negocio de trata de personas con fachada “humanitaria”

Por:  Maria C. Werlau           

Abril  2019

Durante casi seis décadas, el régimen cubano ha "exportado" trabajadores transitorios a América Latina, el Caribe, África y Asia. Al menos 85 empresas estatales de Cuba venden servicios de exportación bajo acuerdos bilaterales de “cooperación” de gobierno a gobierno o del gobierno cubano con empresas radicadas en el exterior. Según Cuba, el 75% son profesionales de la salud; el resto son entrenadores deportivos, arquitectos, geólogos, músicos, marineros, torcedores de tabaco, obreros de la construcción y muchos en otras capacidades.  El gobierno cubano se refiere a ellos como “colaboradores” o “cooperantes”, aunque en ciertos contextos los denomina "internacionalistas proletarios”.

La diplomacia médica ha sido un elemento central de la estrategia de influencia mundial de Cuba “revolucionaria.” La revolución que llegó al poder el 1ro de enero de 1959 buscó legitimarse con la educación y asistencia sanitaria universales y gratuitas. Con el giro marxista-leninista del nuevo gobierno, muchos médicos se fueron al exilio y Cuba tardó algunos años en volver a alcanzar altos índices sanitarios. Gracias al enorme aparato de propaganda con proyección mundial que montó, pronto logró una opinión internacional muy favorable. Aunque muchos profesionales de la salud cubanos reportan que la manipulación de las estadísticas es sistemática y que muchos "logros" son fabricados, el control totalitario ha permitido posicionar a Cuba como una potencia médica.

Fidel Castro percibió el gran valor estratégico del "humanitarismo". Desertores reportan que lo concebía como un cálculo político, convencido de que todo el que recibiera educación o atención médica gratuita se convertiría en un aliado de la revolución y, en el peor de los casos, jamás sería su enemigo. En 1960 envió una brigada médica a Argelia y asistencia de desastre a Chile después de un terremoto. A partir de sus resultados exitosos, se diseñó una brillante estrategia para brindar atención médica en el mundo subdesarrollado que generara divisas y promoviera objetivos económicos del régimen a la vez que le cosechara influencia política, prestigio, legitimidad y apoyo.

Las misiones médicas proporcionan servicios de salud gratuitos a poblaciones desatendidas en los países anfitriones donde usualmente escasean los médicos o éstos no están dispuestos a ir a lugares remotos y/o peligrosos. Los trabajadores cubanos van “en misión” al extranjero usualmente por dos o tres años. Es difícil encontrar información oficial sobre números, países, etc. La información que proporciona el gobierno cubano es históricamente escasa, inexacta y contradictoria. Cuba reporta alrededor de 65,000 colaboradores cubanos en más de 60 países de los cuales 46,000 estaban en Venezuela en 2017.  Sobre cuántos son trabajadores de la salud, en el 2006 se reportó que más de cien gobiernos habían firmado pactos para garantizar una presencia sostenida de profesionales de la salud cubanos en sus países: 6 en los años sesenta; 22 en los setenta; 11 en los ochenta; 47 en los noventa; y 15 del 2000 al 2006. En noviembre 2008 la prensa oficial cubana informó que había 38,544 profesionales de la salud cubanos sirviendo en 75 países, la gran mayoría (29,296) en Venezuela, de los cuales 17,697 eran médicos. En septiembre 2018, reportó 21,000 colaboradores de la salud en Venezuela a los que 500 más médicos se unirían.  

Fue a partir del 2003 que la exportación de servicios de Cuba recibió un enorme impulso con la contratación de decenas de miles de cubanos para las “misiones sociales bolivarianas” en Venezuela. Para el 2005 se había convertido en la principal fuente oficial de ingresos de Cuba, situación que se mantiene al día de hoy. Durante décadas, el hecho de que Cuba recibía pago por sus servicios había sido un “secreto de Estado”. Los acuerdos comerciales se presentaban como “ayuda humanitaria” aunque los gobiernos de los países receptores u otros países y organizaciones internacionales le pagaban a Cuba. Pero, dado que Cuba reporta ciertas estadísticas económicas y que los ingresos por los servicios de exportación llegaron a ser muy preponderantes, en el 2010 el gobierno reconoció públicamente que recibía pago. Sostuvo que ponía los ingresos al servicio del sistema sanitario cubano, lo que no ha coincidido con el progresivo descalabro de la salud pública cubana.

Las últimas estadísticas oficiales indican que en el 2017 los servicios de exportación netos de turismo devengaron a Cuba casi $8 mil millones, superando los ingresos de cualquier otro sector y casi tres veces los ingresos del turismo. Refleja una merma de más de $2 mil millones a partir del 2014, presumiblemente por pagos reducidos de Venezuela. En noviembre 2018, Cuba terminó la misión médica en Brasil abruptamente, retirando sobre 8,300 médicos, lo que disminuye los servicios de exportación al menos hasta que dichos trabajadores sean enviados a nuevos destinos. El lucrativo negocio devenga más que divisas, puesto que refuerza los vínculos políticos y económicos con las naciones receptoras: 1.) propicia asistencia, préstamos, e inversiones favorables para Cuba así como mercados para las exportaciones cubanas; y 2.) compra lealtades e influencia política en organismos internacionales.

Vistas

En muy pocos casos Cuba no cobra por sus servicios, tal como cuando envía brigadas para ayudar en desastres naturales, las que usa para introducirse en nuevos mercados. En algunos países, los cubanos han desplazado a los médicos locales y/o Cuba percibe una remuneración mayor en relación con los médicos nativos. Los gobiernos anfitriones habitualmente pagan los servicios cubanos con fondos públicos, pero en algunos países, tal como Haití, otros Estados u organizaciones no gubernamentales o internacionales, hacen los pagos.  El esquema de pagos a Cuba varía por país. En la actualidad Namibia paga $3 mil mensuales por un médico generalista y Angola $5 mil; Arabia Saudita, paga $25 mil al mes por un cirujano plástico.


Los trabajadores de la salud exportados reciben un salario varias veces inferior al de sus homólogos en el país anfitrión y, no importa el país de destino, tienen que entregar al Estado cubano la gran parte de sus ingresos. Los médicos reciben, en promedio, 5 a 25% de lo que Cuba recibe,

pero no pueden retirar la mayor parte, que se abona en cuentas bancarias en Cuba y que pierden si no regresan habiendo cumplido la misión exitosamente. Reciben un estipendio en moneda nacional que no alcanza en algunos países para sufragar las necesidades básicas.

 

Muchos trabajadores de la salud son asignados a zonas remotas pobres e inseguras o a barrios violentos (en Venezuela muchos han sido víctimas de robos, violaciones y asesinatos). La carga de trabajo tiende a ser excesiva y en algunos países las condiciones de vida son ínfimas. Sufren las mismas vulneraciones del derecho laboral que en Cuba: no pueden formar sindicatos independientes, realizar huelgas o protestar pacíficamente. Deben asistir a reuniones políticas, delatar a sus colegas y acatar numerosas medidas arbitrarias. Están vigilados constantemente y prohibidos

de relacionarse con personas no revolucionarias, de contraer matrimonio con lugareños, pasar la noche fuera del albergue, salir a ciertas horas, etc. En algunos países, tales como Venezuela, están forzados a manipular las estadísticas para cumplir con metas exageradas y deben inducir a la población a votar.

 

Este esquema sólo es posible en un Estado totalitario que, como único patrono, garantiza una reserva de profesionales cautivos cuyas competencias secuestra. El Código Penal prohíbe que los ciudadanos salgan de Cuba sin permiso del gobierno y penaliza con años de prisión al que intente hacerlo. Las restricciones de salida del personal sanitario son severas y está prohibido entregarles acreditaciones profesionales. El conjunto de la economía cubana, comprendido el sector de la salud, está en manos del Estado y los trabajadores no pueden dedicarse a la práctica privada. Los médicos reciben un salario de unos $65 mensuales, lo que apenas garantiza la subsistencia, por lo que muchos buscan “salir en misiones” para mejorar su precaria situación económica o escapar del país. Miles han escapado, muchos sobornando a autoridades aduaneras para evitar ser regresados a Cuba caídos en desgracia.

 

Todos los trabajadores destinados al extranjero deben dejar a su familia en Cuba. Las largas separaciones les causan gran sufrimiento emocional y traumas psicológicos a los trabajadores y sus familias.  Si abandonan la misión, no se les permite entrar a Cuba por ocho años mínimo y sus familiares sufren represalias, prohibiéndoseles salir de Cuba al menos por cinco años.

 

La “colaboración internacionalista” cubana constituye un tipo de esclavitud moderna que supone numerosas violaciones al derecho internacional. El trabajo forzoso se considera un "crimen de lesa humanidad" cuando lo cometen funcionarios públicos y los acuerdos de “cooperación” violan el Protocolo sobre Trata de Personas de 2003, uno de los tres Protocolos de Palermo, así como convenios de la Organización Internacional del Trabajo, tales como el nro. 29 sobre el Trabajo Forzoso u Obligatorio y el nro. 95 sobre la Protección de Salarios. Asimismo, provoca grandes distorsiones en el sistema sanitario cubano, donde escasean los médicos y los medicamentos y equipos que se envían al exterior como parte de algunos acuerdos de cooperación.

 

Muchos gobiernos aliados usan este esquema para darle apoyo financiero a Cuba y fomentar sus propias agendas políticas. Las misiones cubanas buscan ejercen influencia para debilitar las democracias y en América Latina y el Caribe fomentan la integración bajo el modelo neocomunista “socialismo del siglo XXI”. Algunos trabajadores de la salud, incluyendo médicos, son agentes de inteligencia que realizan labores de vigilancia y contrarrestan la oposición al modelo socialista. Asimismo, algunos médicos cubanos, que ejercen sin acreditación local, no están bien capacitados,  producto de la formación masiva y acelerada para la exportación. El riesgo a los pacientes se exacerba por el escaso recurso jurídico en caso de negligencia médica.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

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