De jineteros y jineteras

Por: Silvia Rosero 

Mayo  2019

“Todas queremos lo mismo, y no es un mito: Que algún turista nos lleve con él o conseguir el dinero suficiente para exiliarnos”.

El término “jinetero/a” se utilizó en público por primera vez cuando Fidel Castro dijo en uno de sus discursos que los cubanos no necesitaban ganar dinero extra relacionándose sexualmente con los extranjeros. Para el Gobierno ellos ya se encargaban de todas sus necesidades básicas, así que consideraba que las mujeres se estaban involucrando con los extranjeros por placer y no por dinero. A lo anterior debe agregársele que, en el mismo discurso, Castro dijo que Cuba no tenía prostitución porque esta es ilegal en la isla, pero que, si hubiera prostitutas, estas serían las más sanas, las más bellas y las mejor educadas del mundo. Y es que, el término mismo de jinetera se refiere a las mujeres “montando” al hombre foráneo por diversión. Si se traduce el término al inglés - “jockey”- se podrá ver que tiene que ver mucho con las palabras usadas en los casinos que se asocian con placeres humanos. Sin embargo, el concepto también se trasladó después a los hombres con el término “pinguero” o “jinetero”.

Sumado a lo anterior, y en aras de entender un poco más la terminología asociada a la prostitución en Cuba, se debe comprender que los extranjeros son llamados “yuma”, término parecido a la palabra “United” pronunciado en el acento español de Cuba como “yunei”, y que con el tiempo fue tornándose en “yuma” para llamar a los foráneos. Es decir, en Cuba se vive una situación de contrastes, entre la ilegalidad y la normalidad del acto, donde prostitutas esperan pacientemente que un yuma, pase a recogerlas en un carro alquilado en dólares; paradójicamente, por el mismo lugar donde Castro lanzaba sus fuertes discursos en contra del “imperialismo yankee”: la Plaza de la Revolución.

En la isla, la incoherencia de una revolución fallida que se entrega a las mieles de los dineros extranjeros con divisas más fuertes y al mismo tiempo tener las prostitutas más educadas del mundo, convive en una sola realidad al frente de los hoteles, restaurantes, cabarets, bares y otras zonas frecuentadas por yumas. Ninguna oportunidad para atrapar un extranjero se desaprovecha, por eso los jineteros averiguan los eventos internacionales que ocurrirán en algún sector de la ciudad y aparecen allí convenientemente para ofrecer sus servicios, tanto a hombres como mujeres, sin diferenciación de edad. A esta situación debe agregársele que naturalmente la cantidad de dinero que vale un servicio de alguna prostituta ronda los 20 a 30 dólares la noche, que si se compara con los 25 dólares que gana un profesional al mes en Cuba resulta ser el ejercicio que más réditos genera en la isla. Por eso hay tanta prostitución, el negocio es tan productivo que incluso los menores de edad se adentran en él, o son obligados a hacerlo.

Sin embargo, aunque Castro se jactara en sus discursos de tener a las prostitutas más sanas y bellas, lo cierto es que es difícil encontrar en Cuba condones, así que, si el servicio es sin condón, este vale el doble. No deja de resultar extraño que en la isla sea más difícil encontrar condones que la píldora de VIH que el Estado reparte abiertamente al que lo necesite. Pero todo esto no debe verse solo desde el punto de generación de ganancias para los isleños, detrás de todo esto se encuentra un sueño; el sueño de salir de la isla aislada del mundo, el sueño de casarse con alguno de esos extranjeros que resulte ser el príncipe azul y así puedan vestir mejores ropas, ayudar a su familia, darles una casa mejor, conseguir un amor casi imposible. Y aunque esto ocurra una que otra vez, sucede con más frecuencia de la que se imagina.

Ahora se ha convertido en algo más fácil salir de la isla, no solo porque un pasaporte se puede comprar, sino también porque se puede conseguir con el trabajo ganado con los oficios de la prostitución, o porque el príncipe foráneo pagó por la salida de su amante. También porque ahora se le puede pagar a un extranjero para que se case con un cubano, bien con un intermediario, o bien por medio de internet, y según la nacionalidad el trámite puede ser más o menos costoso. Por ejemplo, casarse con un mexicano que a los pocos meses se va a dejar, cuesta unos cinco mil dólares.

Finalmente, aunque no deja de ser bastante particular la situación de prostitución en búsqueda de una salida al encierro insular, particular también es que para el momento en el que los cubanos tienen sus primeros encuentros sexuales, estos deban ser en lugares alternativos como el mar para no llegar a sus habitaciones atiborradas de familia. El Gobierno cubano es acusado desde “El Comité por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres de la ONU” de ser indiferente a la situación de explotación sexual, mientras sigue afirmando que “el fenómeno de la prostitución no tiene causas estructurales en Cuba, ya que estas fueron eliminadas tras el triunfo de la Revolución”.

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