Cuba en tiempos de Coronavirus

Por: Maydolis González*

Abril 2020

Vistas

*Directora General del Instituto Democrático para el desarrollo (DEMOCUBA)

La llegada del 2020 marcaba, para muchos, el buen augurio de quienes tenían la mirada puesta en el futuro. En Cuba, la jocosidad siempre ha sido una característica en sus habitantes. Por eso no extraña que se le asociara con la exactitud en la observación: 20-20 de medida visual. Así con los ojos bien abiertos había que estar para pasar este calendario.

Sin embargo, desde los primeros días, las noticias fueron llegando, primero de manera poco alarmante y, con el paso de los días, más desconcertantes.

Como piezas de ajedrez, la mayoría de los países de Asia, Europa y América cerraban sus fronteras, o tomaban decisiones en pos de salvaguardar la salud de la población o a las economías. Esa era la dicotomía que despertaba el debate en más de un senado o asamblea de gobierno: salud vs estabilidad económica. Cuba no escapó al hecho.

La aparición del coronavirus ha impuesto, en gran parte del mundo, aislamiento y el mayor distanciamiento social posible, es decir, impone a los cubanos el ir, prácticamente, en contra de su esencia. La cultura cubana se basa en el relacionamiento físico cercano, son abrazadores, generosos, rumberos, incluso en muchos casos comparten hasta los utensilios de uso personal. Además, por la precariedad de las oportunidades, es muy común que miembros de varias generaciones de una misma familia compartan una misma vivienda, por otra parte, la regulación de entrega de alimentos a través de una libreta obliga a que gran parte del tiempo del cubano promedio sea invertido en hacer filas para adquirir los elementos de primera necesidad. como alimentos o implementos de aseo.

Por esto, el 11 de marzo de 2020, cuando los medios nacionales cubanos confirmaron los rumores que recorrían ya medio país, tres turistas italianos que habían salido positivos al Covid-19. La población cubana quedó a la expectativa de cómo sería el manejo y gestión que el gobierno daría ante la nueva situación epidemiológica, la cual ya era una realidad. ¿Dejar abiertas o cerrar las fronteras?, ¿sacar a todos los turistas y permitir que los residentes que estaban de viaje por el mundo (una de las formas de ganarse la vida en Cuba, comprando afuera para revender adentro) entraran al país?, ¡las filas!, ¿qué pasaría con las filas diarias que convocan a miles de cubanos para adquirir los bienes básicos?, etc.

El gobierno nacional anunció políticas en beneficio de los trabajadores que prestan servicios públicos, para que estos sintieran el respaldo de la ley del Trabajo y la Seguridad Social. Y, así, muchos vieron por primera vez, antes de la jubilación, un uso eficaz de la contribución del 5% que cada mes se descuenta del salario. Igualmente, el gobierno cubano mencionó que las familias cuyos ingresos dependían de las actividades directamente afectadas por la pandemia serían censadas y atendidas por un trabajador social, y que podían acudir a las direcciones de trabajo de cada municipio para solicitar un subsidio económico. Sin embargo, hasta el momento, muchos de los que han buscado este apoyo han debido pasar de oficina en oficina, sin que nadie explique el proceso, los incluya en el censo o les entregue el apoyo anunciado.

En suma, la respuesta del Estado cubano ante la crisis generada por el coronavirus ha demostrado que la implementación depende directamente de la gestión que realicen los gobernadores e intendentes en cada una de las regiones, que desde lo nacional hay poca coordinación con lo local y que, por supuesto, es mucho más lo que se promete que lo que realmente se hace.

De ahí que el manejo y gestión de esta enfermedad en Cuba se nutra de diversas aristas. Por un lado, está condicionada por una economía dependiente del turismo, con los demás sectores que alguna vez florecieron completamente deprimidos, como la agricultura, por lo cual las importaciones constituyen la base del abastecimiento de los productos de primera necesidad. Por otro lado, es una población condicionada por una población altamente envejecida; con ancianos que viven solos y a los cuales el gobierno no llega, ni siquiera a través de los mecanismos que usualmente deben funcionar. Pero, lo mas importante, donde cada vez la Revolución pierde más adeptos; donde las nuevas generaciones no simpatizan de corazón con ella, ni con sus principios; donde el salario promedio mensual está entre los 20 y 30 dólares; donde el miedo esta desapareciendo; donde cada vez los cubanos tienen mas acceso a la información gracias al internet, que si bien es muy caro, en especial los jóvenes encuentran la forma para poder conectarse y unirse a la comunidad global; donde los que se atreven a decir lo que piensan, cada vez tienen mas apoyo de aquellos que antes no se atrevían a involucrarse en los asuntos públicos. Es decir, el coronavirus llegó a un contexto cubano con los índices de legitimidad más bajos desde sus inicios hace más de 60 años.

Las redes sociales han tomado un rol novedoso en este contexto, a través de ellas, la población ha presionado sobre las medidas que el Estado debió tomar para manejar la pandemia, donde por primera vez en la historia —reconocido así en los medios oficialistas—, la sabiduría popular fue escuchada.  Aunque, también dicho por los más sabios (los habitantes), demoraron un poco, se pudo impedir que la importación de casos y contagiados por Covid-19 fuera mayor. Por ejemplo, las escuelas cerraron luego de masivos reclamos en las redes sociales y, aparentemente, se descentralizaron ventas de artículos de primera necesidad, aunque siguen existiendo filas, hay mucha demora en la venta, pocos lugares donde realizar las compras, un solo dependiente para cada producto, etc. Parte de este artículo se escribe desde una cola que ya lleva tres días y noches por acceder a pollo, aceite y detergente.

Así, mientras las redes generan presión, los medios oficiales empezaron a transformar sus formas tradicionales y cerradas de comunicación, por ejemplo, se empezó a transmitir por televisión la Mesa Redonda de Ministros y todas las mañanas a las 11 a.m., el doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología en el Ministerio de Salud, actualiza a la nación sobre el numero de contagiados, recuperados, fallecidos y contagiados estables. También, el sistema de la Radio Cubana está transmitiendo al unísono un programa de información sobre el Covid 19 y las medidas que se aplican en cada territorio.

Todo lo anterior está sirviendo como catalizador al pánico de no saber por cuánto tiempo puede durar la posibilidad de contagio y el balance entre: si me cuido y no como o, si quiero comer y no me puedo cuidar. En muchos casos hay enfrentamientos con las autoridades policiales para el control de la distancia de más de un metro entre cada cliente y para “espantar” los revendedores, tarea que es delegada a los jóvenes que se encuentran en el Servicio Militar Activo, que tienen apenas 18 años.

En la zona Oriente del país, por ejemplo, la libreta de abastecimiento se convirtió en el mecanismo de control para que no se repita la compra del producto por la misma persona y para mejorar las probabilidades de acceso a ese producto. Por ejemplo, si en una circunscripción existen dos tiendas recaudadoras de divisas y cuatro bodegas (tiendas de víveres en moneda nacional), se dividen los consumidores a partes iguales de manera que menos compradores estén en el mismo establecimiento y la cantidad del producto sea racionalizada.

Sin embargo, las opciones hacia la región Central y Occidental todavía no ven una luz al final del túnel. Hasta el momento, en el Centro de Cuba, lo mejor que sucede es que se abastecen todas las tiendas en CUC el mismo día y, así, cada persona puede “seleccionar” frente a cuál de ellas hará la cola.

En la región occidental, es todavía más difícil. Para ellos, los horarios de salida de las personas para hacer estas diligencias están limitados. De acuerdo con la situación epidemiológica, puede estar en la calle a pie, no en carros, ni motos, desde la mañana hasta las siete de la noche. Si su municipio o consejo popular está limitado, solo puede estar en la calle hasta las 3 de la tarde y no se permite la circulación nocturna en ninguno de los casos.

La realidad es que el gobierno se ha reinventado una vez más para demostrar que tiene la situación bajo control, pero la respuesta no está llegando de manera eficaz a la población. Y, por esto, el decreto-ley 370 está siendo la herramienta de momento para callar a los periodistas independientes que se atreven a cuestionar las cifras o las medidas que se están tomando. Ya que los análisis matemáticos, partiendo de los modelos de la pandemia a nivel mundial, no responden a las cifras que el Estado cubano está entregando. En este sentido, la represión sobre el periodismo independiente, utilizando el artículo 68 del decreto-ley 370, que regula el uso de la internet en Cuba, están aumentando diariamente. Cada día mas periodistas son citados, visitados a sus hogares, detenidos arbitrariamente, amenazados y hostigados por parte de la Seguridad del Estado cubano para intentar desestimular los artículos e investigaciones que develan realmente lo que está sucediendo en la isla, violando el derecho a la libertad de expresión.

Sin dudas, el nuevo coronavirus ha supuesto para Cuba, sus pobladores y gobierno un gran reto ante el fin del statu quo como lo conocíamos y la recreación de unos nuevos modelos que, hasta ahora, están empezando a construirse y ya empezaron a dejar enseñanzas, como el gran impacto que pueden tener en redes sociales la unión de sus pobladores para presionar a que el gobierno tome decisiones clave y la importancia de no dejar a los periodistas independientes solos en sus denuncias y reclamos para protegerlos y garantizar que más catástrofes no caigan sobre Cuba, la catástrofe que puede cernirse sobre cualquier población que no sea disciplinada y la ferviente fe en que todo pasará.

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

SEMILLERO DE ESTUDIOS SOBRE CUBA

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